PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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PARROQUIA LA PURISIMA
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30120 EL PALMAR
MURCIA


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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO C

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

XXXII ORDINARIO

    Jesucristo ha resucitado de entre los muertos. Esta es nuestra fe. Y creerla nos coloca en conflicto con otros que no piensan igual que nosotros.     La fe no es de todos. Pablo así nos lo enseña hoy. De modo que hemos de estar preparados para vivir inmersos en medio de esta dialéctica constante. Y para ello se nos ofrecen tres lecciones a nuestra consideración.

    Macabeos nos muestra que frente a los sufrimientos provocados por los demás, o por el mismo mundo con sus catástrofes naturales, o frente a los sufrimientos que nuestro propio cuerpo o mente puedan infligirnos, hemos de tener el valor suficiente y la fortaleza adecuada para no quebrarnos en nuestra convicción de que Dios nos resucitará. Sin este valor y sin esta fortaleza nuestra esperanza fallecerá. 

    Tesalonicenses nos enseña que no hemos de desanimarnos a la hora de enseñar la resurrección a quien nos quiera escuchar, porque sean muchos los que no crean en ella. Si callamos nosotros sería como no decir a un sediento donde está la fuente del agua que necesita y que nosotros conocemos. La constancia a la hora de proclamar esta buena noticia a los demás que nos quieran escuchar nunca debe quebrarse. Una sola persona cuenta. Y por ella merece la pena el esfuerzo.

    Lucas nos pone hoy ante los Saduceos. Estos son los poderosos de aquellos tiempos, inmersos en conspiraciones e injusticias permanentes. Ellos sentenciarán a muerte a Jesús más adelante. Por eso creer en la resurrección no les conviene. Así se evitan que sus injusticias sean puestas en claro. Y del mismo modo se ven libres de ser considerados indignos por el mismo Dios. Tienen suerte en esta vida, eso les basta. Es señal de que su dios los bendice. Por eso desde esta opción previa, razonan contra la resurrección. Jesús razona desde su conocimiento de la verdad. Y les expone que no existiremos del mismo modo que lo hacemos aquí, que nos ocurrirá algo parecido a lo que le pasa al niño cuando sale al mundo del vientre materno. Pues en su anterior morada era incapaz de hacerse una idea de como era la realidad que le aguardaba después. Y les hace ver que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Jesús, no es tonto. No cae en tretas. No dogmatiza. Razona desde otras opciones. Y se las expone como respuestas a sus acertijos malintencionados. Ello permite distinguir donde esta la necedad y donde la sabiduría, a quien se digne considerar el debate desde su libertad. No impone nada. Sólo propone. Sin este talante razonador, sabio y propositivo, que no impositivo, no actuaremos correctamente en una sociedad tan plural como la nuestra. 

    Así que estas tres lecciones nos preparan para mantener, en un mundo donde la fe no es de todos, nuestra convicción de que Cristo Jesús ha resucitado. Y de que la injusticia y la muerte no tienen la última palabra en la vida. Si sucumbimos en este conflicto, la vida y el amor, pasarán de ser buenos a ser malos, de ser verdaderos a ser mentiras, y de ser bellos a ser feos. Cuando muere Dios, mueren la vida y el amor. Si Dios está la muerte es un paso más hacia la resurrección. Y la vida y el amor quedan a salvo. Pues no se vuelven absurdas o meras pasiones inútiles. La lección de hoy como veréis no puede ser más importante y  más definitiva.  

 

XXXI ORDINARIO

    ¿Quién es Dios? ¿Está mudo como algunos insinúan? ¿Existe y puede comunicarse? ¿le interesamos de algún modo? ¿hay datos sobre Él en alguna parte?.

    Las religiones siempre lo han buscado, algunos pensadores también, otros lo han negado. Pero todos se han relacionado con Él por las vías del culto, la afirmación o la negación. Pareciese que el concepto de Dios es connatural al hombre desde el mismo instante de su nacimiento, aunque su comprensión del mismo haya variado tanto, a lo largo del tiempo. 

    Jesucristo en medio de ese mar de preguntas que es la vida, en la que pocas veces, hayamos respuestas; sumergidos en unas aguas que no entendemos, las aguas de la vida, que están hechas de misterio; nos ofrece revelaciones que nos cambian nuestro modo de abordar la cuestión de Dios, en la que vivimos, nos movemos y existimos.     Él se sabe heredero de una tradición, la hebrea, conservada en el AT. Pero de igual manera Jesús nos indica que es necesario progresar en el conocimiento de Dios, por eso añade estas palabras: ¨habéis oído que se os dijo, pero yo os digo¨. Y el rostro de Dios que emana de sus palabras y de sus hechos, de su muerte y resurrección es el que sigue.

    Dios es el amigo de la vida. El que ha creado todas las cosas. De las más grandes a las más pequeñas. Es el que si no quisiera crear algo simplemente no lo habría hecho. Es el motor que ha puesto en marcha este universo que se auto organiza y del cual ha brotado todo lo que nuestros ojos contemplan y nuestras vidas experimentan. El mundo es Bueno para Dios. Así habla de maravillosa manera hoy el libro de la Sabiduría.

    Dios es el que nos da nuevas oportunidades cuando usamos nuestra libertad de manera torpe e inadecuada para incurrir en el pecado que no es otra cosa que el desamor. Esta misericordia tiene como fruto inmediato la salvación. Porque el afán de Dios no es otro que salvar lo que estaba perdido. Recuperándolo y sanándolo. Clemencia, bondad, misericordia. Así habla de Dios el salmo y el mismo Evangelio de hoy.

    Dios es el que nos glorifica. En Jesús glorificado vemos nuestro destino último. Ser glorificados y no destruidos. Esa es nuestra meta. Y nada ni nadie debe movernos de esa convicción profunda. El mundo es demasiado importante para perderse para siempre.

    Así que Dios es estas tres cosas por una sola razón: porque es AMOR. Por amor nos ha creado. Por amor nos ha salvado. Por amor nos está glorificando. En esa etapa del tiempo nos encontramos ahora. El Padre crea. El Hijo nos salva. El Espíritu nos glorifica. Y Dios nos ama creándonos, salvándonos y glorificándonos. De esto nos dan testimonio todas las lecturas de este día.

    Dios existe. Dios habla. A Dios le importas. Otra cosa muy distinta es ¿y Dios cuenta o no cuenta algo en tu vida? E ahí la cuestión que hoy nos plantea a todos la Palabra. 

 

LOS SANTOS

    Tres enseñanzas brotan hoy de las escrituras para todos nosotros. 

    La primera nos la ofrece el libro del Apocalipsis. Los hebreos, enfermos de un necio nacionalismo, pensaban que solamente ellos serían los herederos del amor de Dios. Pues los demás pueblos de la tierra al no ser elegidos como ellos era considerados basura prescindible. Este racismo religioso queda descartado por Juan en su visión. Pues en ese marco surrealista, el apóstol vislumbra una muchedumbre incontable de toda raza, nación y lengua, que han lavado sus túnicas en la sangre del Cordero. De modo que el cielo no estará vacío como algunos parece que les gusta pensar, sino colmado por incontables personas de todas partes. Así que los que consideran que son hijos de la polla roja, deberían abrir los ojos, y percatarse de que todos, somos hijos de la misma polla. Ser cristiano supone abandonar el miope modo tribal de ver el mundo para abrir nuestra mente a lo universal. Ahí es donde Dios está.

    La segunda enseñanza nos la ofrece el apóstol Juan en su carta. Como aún no vemos lo que seremos, muchas veces nos desesperamos. Si bien, el apóstol nos anima a seguir en la dirección contraria. No desesperes porque el amor del Padre Dios te aguarda.  Así que como los niños gestantes descubramos que nuestra evolución aún no ha acabado, descubramos que un mundo nuevo nos aguarda, y empleemos nuestro tiempo de manera adecuada, para que nuestro nacimiento definitivo se lleve a cabo de modo óptimo. Nunca perderás la esperanza si en todo momento y lugar mantienes la fe en que el Padre Dios te ama. 

    La tercera y última enseñanza nos la ofrece Mateo. No vivimos tiempos para estar cruzados de brazos. Ser creyente no es mirar al cielo esperando que del mismo nos caiga la sopa boba. No somos marionetas en manos de Dios. Nos han convertido en colaboradores suyos, a imagen de los padres que colaboran con Dios de manera definitiva en el advenimiento de nuevas vidas para el mundo. Sin ellos Dios se quedaría manco. Porque ha decidido que nosotros tengamos una palabra definitiva que dar en todo cuanto nos afecta. De ahí que se nos indique que la felicidad, la dicha, la bienaventuranza ha de ser común a todos. Y eso reclama que se erradique la pobreza, que no seamos agresivos, que consolemos a los que lloran, que saciemos el hambre y la sed de justicia, que seamos misericordiosos con los errores de todos, que nuestro corazón sea limpio de toda doblez e hipocresía, que trabajemos por la paz entre todos los hombres, que no temamos ser perseguidos, si decididos, luchamos a brazo partido contra la injusticia. Seguir a Jesús a pesar de insultos, calumnias y persecuciones. Los cielos no se toman por asalto como algunos charlatanes no cesan de gritar, el Reino de Dios se construye con las manos movidos por el Espíritu de Dios que nos impele a colaborar en la construcción de la Nueva Creación. 

    Si somos pues gente universal y no tribal, si mantenemos la esperanza porque sabemos por la fe que Dios nos ama, y si construimos la bienaventuranza común para todos, entonces seremos Santos, no de palo ni de escayola, sino de carne y hueso.

 

XXX ORDINARIO

    Cuantas veces llevados del prestigio valoramos a los seres humanos, haciendo acepciones injustas y no equitativas, olvidándonos de que la persona es lo único importante para Dios. Y bueno sería que igualmente lo fuera para nosotros. Mejor funcionaría el mundo en que vivimos. 

    Tres son las acepciones de personas que la Escritura denuncia y reprueba este domingo. 

     1. El clasismo. Éste es denunciado por la primera lectura y el salmo. Valorar a la gente por el dinero que tiene. De modo que quien mucho tiene, mucho vale. Y quien nada tiene, nada vale. En nuestro mundo de hoy sigue vigente tal forma de pensar, aunque ahora lo llamamos: la cultura del éxito. Sin valorar nunca, de donde parte cada cual en la carrera hacia el éxito, y que valores o virtudes le acompañan o no, desde el hogar. Calvino, incluso, llegó a afirmar que ser rico era una señal de estar predestinado a la salvación, mientras que ser pobre, era un pre-anuncio de su futura condenación. Desde luego, esa afirmación calvinista, nada tiene de cristiana. Y mucho de interpretación personal, dislocada de los datos globales de la fe. En fin, Quevedo supo resumir todo esto muy bien en uno de sus poemas: ¨Poderoso caballero es don dinero ¨.

    2. El puritanismo. Ser puritano es ser fariseo. Es juzgar a los demás por su condición moral. Considerando tratables a los puros, y malditos a los impuros. El fariseo del Evangelio que desprecia a los pecadores, y a ese publicano en concreto, porque llevado de su henchido orgullo, se cree perfecto y por eso superior al ¨miserable¨ del último banco. Y las razones para creerse perfecto, radican en que él es un fiel cumplidor de los ayunos, diezmos y demás normativas sociales, que le permiten percibirse y sentirse como un ser superior en el escaparate social. Sin importar demasiado lo que luego pase de puertas para adentro en su vida privada. Puritanismo e hipocresía siempre van de la mano. Moliere en su obra Tartufo, lo explica de maravilla. De nuevo la interpretación del cristianismo hecha por los puritanos farisaicos es del todo errónea. Pues Dios es misericordia y se alegra ante la humildad. 

    3. El ideologismo. Es decir aprobar o desaprobar a una persona en función de sus creencias, aunque estas formas de pensar no sean agresivas ni violentas con los demás que no piensan como ellos. Es lo que a Pablo le ocurre en la segunda lectura. Es juzgado, condenado y abandonado por ser cristiano en una época en que serlo resultaba muy peligroso. Y ello le costó la vida. Dios sabe que la verdad se impone por sí misma, y que por tanto se propone pero no se impone. Y sabe también que cada uno camina en torno a ella con sus pasos propios, y que a veces como niños recién nacidos, los seres humanos, no sabemos distinguir quien es Dios, como tampoco, somos capaces de comprender que es el sol con claridad. Y por eso Jesús no quiso mandar fuego sobre los poblados samaritanos que no quisieron recibirlo, tal y como le sugerían sus discípulos.

    A estas tres acepciones podríamos nosotros añadir una cuarta, que está muy presente en nuestra época actual.

    4. El esteticismo. O sea es bueno quien es guapo, está musculado, goza de buena cabellera, no tiene arrugas, está delgado y ¨suma y sigue ¨. Y los demás son una suerte de basura grotesca a la que es preferible evitar e ignorar. Evidentemente Jesús jamás apartó de si a los leprosos afeados por su enfermedad y malolientes. 

    De modo y manera que estas cuatro acepciones son antievangélicas. Y ante ellas la Palabra de Dios nos sugiere dos cosas: 

  - Denunciar y reprobar la inhumanidad del clasismo, el puritanismo, el ideologismo y el esteticismo. Porque atentan contra la igual dignidad de todo ser humano, en aras de unos pretendidos prestigios fundamentales. Olvidándose de que lo realmente valioso es la persona y no otra suerte de consideraciones, del todo irrelevantes a la hora de atribuirle el valor correspondiente a la realidad humana siempre sagrada, si se la considera como Dios la mira. 

    - No convertir el dolor que nos causa cuando nos maltratan haciendo acepción de nuestra persona, en rencor. Pablo nos enseña hoy esa sabiduría: No les sea tenido en cuenta el daño que me han hecho. Porque son necios y no saben lo que hacen. Si te vuelves agresivo con ellos, a parte de no curar tu herida, la empeoras y les permites que puedan decir de ti que eres un salvaje, para humillarte aún más todavía. Luther King aprendió de esa sabiduría tal como lo expresa en los sermones de su obra: ¨La fuerza de amar ¨. Pues esta manera de responder, corta la cadena de odio que está detrás de las acepciones de personas. Y nos permite crear una realidad nueva, exenta de atentados contra la igualdad. 

    Como veréis aunque estos textos fueron escritos hace miles de años, su mensaje sigue siendo vigente para todos nosotros. Y es que en realidad, quizás los seres humanos, no hemos cambiado tanto como creíamos. Al menos nuestro corazón.    

 

XXIX ORDINARIO

    El secularismo es una enfermedad de nuestro tiempo. Ya no se encuentra la fe en Jesús fácilmente y son muchos los corazones que se alejan de ella. Hay épocas donde esto pasa, y en la nuestra ocurre de manera exponencial. Jesús si busca hoy en los corazones encontrará esto en muchos de ellos (y entre los más jóvenes de un modo vertiginoso). Ya no está de moda ni bien visto en muchos ambientes ser creyente. Es más es motivo de mofa y befa. El Evangelio hoy por desgracia se cumple y su pregunta final se responde de esta manera amarga. Hay quienes no quieren ver esto, dentro de nuestra Iglesia, pero no hacerlo no remedia el incremento del secularismo. Al contrario, a veces lo incrementa. 

    Pero el Salmo es claro. Sin Dios no podemos nada. Hegel ya lo añadió cuando dijo aquello de: ¨ o Dios o la nada ¨. En cambio con Dios de nuestra parte lo podemos todo. También lo añadió otro pensador, Einstein: Si no hay un amor más allá de este universo que experimentamos, el mundo es irrelevante, en cambio si tras él, el amor eterno lo fundamenta, entonces todo se torna maravillosamente relevante. Ninguno de los dos pensadores citados se distingue por ser católico. El secularismo vigente parece ignorarlos. En el siglo XIX varios intelectuales pensaron que matando a Dios harían que el hombre encontrase su lugar cumbre en el universo. Pero lo que descubrieron es que muerto Dios, el hombre y su universo, quedan reducidos a un instante entre dos nadas. Reducido por ello al absurdo, a una mera pasión inútil, insoportablemente leve. El Secularismo por eso nos desanima, nos deprime. 

    La primera lectura además añade un aspecto a tener en cuenta. Si perdemos las fuerzas para mantener viva la espiritualidad verdadera, que no es mero postureo devocionalista, puritano y pietista, Amalec llamado hoy secularismo, destruirá la humanidad. El Pueblo de Dios es Moisés. Si bajamos los brazos, si cedemos al cansancio: el mal, el sufrimiento y la muerte devoraran a la humanidad porque estos enemigos, devoraran su amor. El mal clama que la injusticia tiene la última palabra en la vida. El sufrimiento mata la fe en que la esperanza es posible. La muerte nos envenena el alma haciéndonos pensar que somos nada. El Pueblo de Dios no puede permitir eso.

    Por eso Pablo nos enseña que las Sagradas Escrituras no deben caerse de nuestras manos, y que no podemos cansarnos de anunciar a los demás su mensaje, corrigiendo sus errores. Porque la injusticia será vencida, porque el sufrimiento no acaba con la esperanza, porque la muerte no es la puerta hacia la nada. Cristo que muere sufriendo por causa de la injusticia ha resucitado. Dios que nos ama, está, Cristo Jesús, muerto y resucitado, nos lo revela. La fe en Él, nos descubre que no somos un instante entre dos nadas. La fe en Jesucristo nos enseña que somos un instante precioso que brota del amor y puede caminar hacia la gloria.  Basta quererlo. Somos un instante para responder con fe a la vida y el amor. Porque eso es tener fe en el Dios que Jesús nos revela. 

    Así que si el secularismo impera cada vez más, testimoniemos con más fuerza, que aún somos muchos los que no nos dejamos envenenar por él. Mantened la fe, amigos, y ánimo siempre y a pesar de todos los pesares.

 

XXVIII ORDINARIO

    En una sociedad que ya no es cristiana, pues la “cristiandad” ya lleva muerta unos cuantos años (bastantes) la Palabra de Dios hoy nos ofrece 3 mensajes que deberíamos tener presentes.

    El Evangelio sale al socorro de tanto cura y tanto catequista desalentado porque son muchos los que se acercan a recibir “cosas” de la Iglesia, y son muy pocos, o ninguno los que se quedan o realmente vuelven a ésta, su casa. Y es que la cristiandad nos legó una manera equivocada de entender las cosas. Nos enseñó a usar la Iglesia como una suerte de taller. Una vez arreglado el problema del automóvil, nos vamos para no volver, hasta que vuelva a ser necesario. Y no por eso se dejaba de ser católico. Con comulgar y confesar una vez al año por Pascua bastaba. Entonces ser nacional de aquí te hacía cristiano sí o sí, y eran suficientes esos mínimos un tanto ridículos. Lo demás era para beatos o santos. Pero ese esquema ha muerto. Y hoy nos vemos todos como Jesús. De 10 uno vuelve, si es que vuelve. Y este dolor de Jesús también es el nuestro. La libertad comporta este drama. Y como Jesús hemos de aceptarlo y no desanimarnos por ello. La comunidad cristiana no es un taller, es una familia. Y a una familia no se va a tiempo parcial. No es bueno confundir por ello el curso escolar con la vida parroquial. Ya no pescamos con redes de arrastre, ahora lo hacemos con una caña humilde y mucha paciencia.

    El libro de los reyes con la historia del pagano Naaman, que muestra una fe mayor que cualquier hijo y miembro del pueblo elegido, es muy reveladora. Este sirio recibe siete baños conforme le había indicado el profeta Eliseo. Y esos baños no sólo lo sanan sino que cambian su vida para siempre, y a partir de ellos, este hombre vivirá de otra forma, porque ya su Dios será YHWH y no otro. Esos siete baños son un anticipo precioso de nuestros siete sacramentos. Pero cuando los recibimos ¿experimentamos nosotros un cambio de vida sustancial?. La respuesta de la cristiandad es que no. Pues en ella el sacramento es recibido como una suerte de sello en nuestra cartilla, un sello que no nos genera ninguna obligación una vez que lo tenemos. Es como un título que nos capacita para algo, pero que no influye en absoluto en nuestra vida personal. Esto es un craso error. Un sacramento no es un sello, es una nueva etapa en la vida, una forma nueva de existir, donde dejamos de lado unas actitudes para vivir otras movidos por la gracia de Dios que en Cristo y su Espíritu se nos regala. Así que en la época postcristiana, estos “sellos” resultan inútiles, porque ya la presión social no los exige, y como el nuevo modo de vida sacramental, es totalmente desconocido, la población que se define creyente no practicante, ajena al caudal de gracia que los sacramentos nos otorgan para vivir una vida nueva, prescinde de ellos o de algunos de ellos, normalmente, los no asociados a grandes festejos de tipo social. Se impone una clarificación sobre este tema desde hace muchos años, pero los responsables eclesiales, siguen sin ofrecerla y en esta suerte de ambigua incertidumbre vivimos, sin cerrar esta herida por la que nos seguimos desangrando y recibimos infecciones constantes.

    Por último Pablo en la carta a Timoteo nos prepara a todos para ser fuertes frentes a las “cadenas” y los insultos como ser “malhechores” en el Status quo reinante. Porque hay mucho cristiano débil. Particularmente el cristiano infantil y el joven. Y estos fácilmente se dejan manipular por los cristianofóbicos, sin tener recursos ni capacitación suficiente para poderles contestar o para ponerse a salvo de sus maquinaciones. Y además suele ser un problema poderlos formar o capacitar, porque su disposición para ello es escasa, y muchos además se niegan a recibirla. Es más recibido el sacramento muchos abandonan la comunidad cristiana, y su fe incipiente, a la intemperie no sobrevive. En una sociedad postcristiana o neopagana, o hacemos memoria constante de Jesucristo y su Evangelio, o anunciamos todos su palabra a los demás cada cual en su entorno humano, o nos unimos constante al misterio de Cristo muerto y resucitado, cuando sufrimos acoso o somos arrinconados, o no sobreviviremos. Terminaremos negando la fe. Que no es lo mismo que mantenerla aunque uno sea infiel, por sus debilidades humanas y sus miserias personales. Así que o somos fuertes, conociendo y amando a Jesús con toda el alma, o nunca seremos capaces de seguirlo, en este mundo ajeno al Evangelio.

    La cristiandad ha muerto. Ahora somos hijos de la paganidad cuando no de la ateocracia, opuesta por completo a la teocracia que la cristiandad pretendía instaurar.  De modo que la cosa es muy clara: si hacemos caso a estos mensajes tenemos futuro como comunidad creyente hoy y aquí; en cambio, si los ignoramos, como comunidad creyente hoy y aquí, carecemos de todo futuro.

 

XXVII ORDINARIO

    Jesús solía usar las parábolas para enseñar el Evangelio a las gentes.  Por eso hoy yo quiero usar una con vosotros. Un coche todos sabemos lo que es. Un habitáculo sobre cuatro ruedas con su motor y su maletero. Para viajar de un lugar a otro. Pero todo,  como decía, sustentado por cuatro ruedas. Si una falla, el automóvil no puede moverse, y desde luego no puede funcionar correctamente. Se colapsa. 

    Las Escrituras hoy nos muestran cuatro ruedas sobre las que nuestra vida debe sustentarse si queremos que se mueva correctamente. Si queremos ser felices.

    Habacuc nos muestra la primera. No cedas a la desesperación en medio del sufrimiento. El profeta se ve tentado de hacerlo porque considera, en su enfoque primitivo del universo, que el mundo es una marioneta en las manos de Dios. Pero Dios le habla. “Aún no puedes entender muchas cosas, tus conocimientos no te alcanzan, pero no pierdas nunca la esperanza. Que la fe mantenga tu esperanza viva, porque no caminas hacia la nada. Caminas hacia la plenitud. Nuestra vida por tanto rodará bien si mantenemos la esperanza incluso en medio del sufrimiento.

    El Salmo y el Evangelio refuerzan aún más esta enseñanza. La segunda enseñanza que permite que nuestra vida ruede hacia la plenitud es no ceder ante la incredulidad. Si lo hacemos dejaremos de creer en la vida, y perderemos la oportunidad de ver las maravillas que ella encierra en su misterio. Porque la fe mueve lo inamovible. Incluso la misma muerte. La Resurrección de Jesús lo proclama. Abre fuentes en medio de desiertos. Por eso es la fuente de la que la esperanza brota sin fin. La fe en Dios. Si perdemos la fe, lo perdemos todo.

    Pablo nos indica cual es la tercera rueda. Su enseñanza nos insta a no ceder ante los miedos y sus cobardías anejas. Energía, fortaleza, templanza y amor contra viento y marea. Movidos por el Espíritu Santo. Las inseguridades generan miedo. Si por algo se identifica desde sus orígenes es porque ha generado entornos donde poder vivir con cierta seguridad: cuevas, poblados, murallas, castillos, defensas, hospitales, y otras muchas cosas más. Sin cierta seguridad el ser humano se bloquea. Su confianza se fractura. Así es el hombre. El miedo desatado todo lo colapsa. Por eso es tan importante superarlo no dejándose dominar por ellos. Aplastando su cabeza como si de una serpiente se tratara. La fortaleza es fundamental si queremos vivir esta aventura. Sin ella no podemos nada. 

    El profeta y Jesús de nuevo nos ofrecen una última enseñanza. La cuarta rueda que permite que nuestra vida circule hacia la plenitud tan ansiada. Evitemos la altanería. La soberbia nos hace pestilentes. Jesús nos invita no a identificarnos con el señor que manda al siervo y lo usa a su antojo. Sino a ser siervos. A ser humildes. Aunque fuésemos capaces de hacer grandes milagros por nuestra fe. Esa capacidad nos sería dada para el Bien Común. No para sentirnos superiores a los demás. La altanería genera injusticia y desigualdad. Así es imposible construir un lugar donde todos podamos vivir en plenitud. 

    Como veréis este mensaje de hoy nos enseña a rodar hacia la vida en abundancia. Así que si quieres ser dichoso, cuida de que estas cuatro ruedas de tu vida, siempre estén en buen estado.  Escucha lo que Dios te dice hoy y serás una persona feliz.

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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