PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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PARROQUIA LA PURISIMA
PLAZA DE LA IGLESIA 1
30120 EL PALMAR
MURCIA


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Construida en 1615. Con archivo desde 1667. Y en 1795 es parroquia, dejando de ser adjunta de la Catedral.

DIALOGO CON LA PALABRA CICLO C

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    Al bautizarnos, al confirmarnos y al comulgar cada Domingo nos hacemos uno con el Señor Jesús resucitado. Es su Santo Espíritu quien obra semejante transfiguración. Evidentemente todo esto ocurre en un plano espiritual, es decir en el fondo misterioso en el que acontece todo lo que existe. 

    De modo que hablar de cristianos es hablar de otros “Cristos”. De hecho la Iglesia que es la suma de todos los cristianos y no solo de todos los clérigos, debería ser una con Cristo. Cuando se puede distinguir entre la Iglesia y Cristo algo funciona mal en ella, o en la comprensión que tenemos de ella. El Pueblo de Dios es el Cuerpo místico de Cristo hoy en el mundo. Y como Él, somos un misterio de comunión con Dios. Una comunión organizada como un cuerpo. Con una misión que desempeñar para el Bien de todos los seres humanos, y aún más, de todo el Universo. Y ese prodigio se realiza por medio del Espíritu Santo.

    Así que ¿cual es nuestra misión? La misma de Cristo. Y la Palabra de Dios hoy nos la describe.

    Isaias nos enseña que estamos para consolar a todos con nuestro anuncio. Debemos de ser portadores de una Buena Noticia para todos y para todo: Nos aguarda la Gloria como destino último. El destino último de nuestra existencia es alcanzar la plenitud. Por eso somos portavoces de esperanza siempre. Y nunca debemos ser profetas de calamidades. No estamos puestos para condenar sino para salvar. La poesía de Isaias rezuma alegría a borbotones. Eso somos: Alegría para el universo.

    El Salmo nos muestra que estamos puestos aquí para bendecir y nunca para maldecir. Porque gracias al amor que Cristo nos regala nuestra vida es una Eucaristía permanente, una constante acción de gracias. De ahí que maldecir no es propio de nosotros. 

    En la carta a Tito de Pablo, se nos revela que somos misericordia, bondad, amor para todo y para todos. Al Bautizar, al renovarnos por el Espíritu en la Confirmación, al participar en la Eucaristía, extendemos el amor de Dios a todos los que lo reciben por la Fe, los sacramentos, la oración y el amor fraterno. Así que nuestra misión es creer, celebrar, orar y amar. Y sumergir en esa nueva dimensión a todos los que escuchan y creen nuestro anuncio. Esto es misión de todos en el Pueblo Santo de Dios, porque de lo contrario, no actuamos ni vivimos como el Cuerpo místico de Cristo. Si la Iglesia obra de ese modo equivocado, se convierte en un reino más de este mundo. Y nuestro reino no es de aquí, porque el nuestro, es el Reino de Dios. De él somos portavoces y heraldos. 

    Por último el Evangelio de Lucas, nos enseña que aunque no seamos dignos de desatar la sandalia de Jesús el Señor, Él por medio del fuego de su Espíritu, nos transfigura gradualmente en Hijos amados del Padre Dios en quienes Él se complace.

    La Navidad es una Pascua en pequeño. Por eso nuestros cristianos mayores felicitaban en estos días “las Pascuas”. Ésta y la Pascua florida que celebra la muerte y la resurrección de Jesús. Cuando los cristianos primitivos organizaron la Navidad sobre las fiestas paganas de las saturnalia, allá por los siglos II, III y IV, lo hicieron siguiendo el esquema de la Pascua Sagrada de Resurrección. Pues si el amor de Dios era celebrado al hacer memoria de la muerte y la resurrección de Cristo, si dicho amor era celebrado al considerar que por la ascensión de Jesús, todo se sumergía en el mismo seno de Dios, si dicho amor era festejado en Pentecostés al considerar que el Espíritu Santo, la llama de amor viva, se derrama sobre todos los que creen; de igual modo, en la Navidad, tenemos tres grandes fiestas: Natividad donde celebramos que el amor divino nace y se hace carne en el Verbo de Dios, Epifanía donde celebramos que su luz ilumina a todos los pueblos por igual, y en el Bautismo del Señor celebramos que se derrama sobre todos los que se unen a Cristo por los sacramentos de iniciación que iniciamos con el Bautismo, su Santo Espíritu.

    Así que cristiano no lo olvides, si te bautizas, si te confirmas y si comulgas cada Domingo en la misa, te haces uno con Cristo. Y si te apartas de esa senda, si por medio del sacramento de la Reconciliación, renuevas tu vida de bautizado, confirmado y comulgante, vuelves a ser ese Cristo Vivo que el universo necesita hoy. Sin los sacramentos de la Iniciación cristiana eso no sería posible, y sin la Reconciliación, tampoco. Vive tu fe de veras cristiano, vívela por las obras de tu fe. Con este hermoso mensaje se despide hoy el sagrado tiempo de la Navidad. 

 

EPIFANIA

    Un regalo es algo que se da grátis y sin esperar nada a cambio. Por eso decimos que Dios nos regala su amor. Así que el secreto de esta día están en que todos regalemos, y así todos recibiremos regalos. Hoy llegan los reyes magos cargados de regalos. Posiblemente unos magos Nabateos, hijos de Petra, según últimas hipótesis, expertos astrólogos vecinos de Israel, hacia el Oriente. Cuyos restos mortales descansan en la catedral de Colonia en Alemania, después de haber pasado de Constantinopla a Milán, para luego ir a parar a la mayor catedral católica de  Alemania.

    ¿Qué nos enseñan hoy de como vivir a los cristianos? Según Isaias nos enseñan que el mejor regalo que podemos hacer a los demás, al mundo y a nosotros mismos es el AMOR. Porque cuando amamos brillamos e iluminamos a los demás. Cuando amamos las tinieblas del egoísmo y el odio se esfuman. El amor obra en cuanto toca un amanecer. Y nos vuelve resplandecientes a todos: a los amados y a los que aman. El amor reúne. El amor nos vuelve a todos radiantes de alegría. El amor ensancha los corazones. El amor nos enriquece, nos convierte en tesoros a todos. El amor es de oro, porque es lo más valioso. El amor es incienso porque perfuma y vuelve sagrado el mundo. El amor es mirra porque es medicina para el que sufre. Si quieres ser un rey mago con el mundo ama.

    Además si amas eres liberado de convertirte en un Nazi. Porque hay gente que cuando habla de los demás con sus palabras se vuelve un Nazi. Por ejemplo: cuando tú desprecias a alguien por ser cura o católico, sin saberlo, en tu interior estás sintiendo lo mismo que un Nazi siente cuando escucha la palabra Judío. Pero si además cuando lo haces te percatas de lo que afirmo entonces eres un monstruo.  Y esto sirve para cualquiera, cambia las palabras “cura o católico” por cualquier otra, y si desprecias por lo que es al otro, por tu falta de empatía, por no ofrecer al ser humano un trato humano, el mal moral se adueña de ti, y el nazismo anida en tu interior. En ese instante solo cabe decir de ti: ¡Nazi eres en un monstruo te convertirás!. San Pablo por eso nos enseña que el amor no desprecia a nadie, por eso Dios ama a todos los pueblos y a todas la razas de la tierra. Dios es “antinazi”.

    Por último el Evangelio nos permite comprender que si amas te conviertes en una estrella que guía a los hombres de buena voluntad por el camino que conduce a la plenitud. Y les impide convertirse en un Herodes de turno, que por egoísmo soberbio odia y quiere destruir a los demás. 

    Así que si quieres llenar de magia el mundo como estos tres caminantes: ama sin cansancio a los demás todos los días de tu vida, aunque eso enfade a los Herodes con los que puedas encontrarte. He aquí la alegría de la Epifanía. 

 

1 ENERO

    Dios en nuestra vida nos aporta mucho. Hoy podríamos destacar tres efectos que el provoca en nosotros los creyentes en Jesús el Cristo. 

    El primero es evocado por el libro de los números y el Salmo que la acompaña. Dios nos llena de paz. Porque su bendición nos auxilia y protege. Nos guarda. Cuando su rostro nos ilumina, nuestro enfoque del universo cambia por completo. Pues ya no nos sentimos arrojados en el abismo vacío y oscuro del universo. Algunos creen que esto es una fantasía inventada para encontrar consuelo. Puesto que tenemos sed de plenitud. Si bien a estos incrédulos siempre les digo que lo primero no es la sed sino el agua. Desde el origen de los tiempos del hombre sobre la faz de la tierra, la religión le ha acompañado. Las tumbas y los túmulos funerarios de distinta especie lo manifiestan. Cierto que con el paso del tiempo, igual que hemos tenido que evolucionar en distintas maneras de pensar sobre temas diversos, en nuestro universo religioso, hemos crecido en la comprensión del misterio de Dios. La muerte y otras situaciones límite nos predisponen a lo religioso y a su racionalidad subsiguiente. Porque de lo contrario el amor desengañado y roto, nos conduce al cinismo y a la depresión. Sin esperanza no hay paz. Dios es la esperanza del amor que nos conduce a la paz. La Resurrección de Jesús es el vórtice de dicha esperanza. Y esta sed de paz que solo es saciada en Dios es el límite al que la Evolución nos ha conducido para que podamos abrirnos al sentido de nuestro destino que no es otro que ser amados por Dios eternamente. 

    El segundo es revelado por Pablo en la carta a los Gálatas. Dios es causa de nuestra liberación. Ya pasaron los tiempos del Antiguo Testamento. Nuestra comprensión primitiva de Dios lo consideraba un jefe, un Señor. Un jefe manda y castiga. Un jefe causa miedo, culpa y vergüenza. Nuestros teísmos verterotestamentarios nos inundaban de esos sentimientos destructivos. La Ley mosaica conllevaba anejo un rostro de Dios incompleto y deficiente: salvaje. Pero simplemente porque nuestra comprensión del mismo estaba contaminada por nuestros prejuicios de distinto tipo. Y de un entorno salvaje brota una visión de Dios deformada. Con el nacimiento del Hijo de la Virgen: Jesús, el Dios con nosotros que nos salva, revela en plenitud el rostro de Dios y nuestra verdadera condición ante Él. Él es ABBA. Esto es: Papá. Es decir: ternura. Y nosotros no somos siervos que han de humillarse en su presencia, sino Hijos amados de Dios que pueden mirar a Dios cara a cara en pie, felices en su presencia. Donde hay amor no hay temor, no hay vergüenza, no hay culpa. Porque el amor cuida, ayuda y perdona. Así que el rostro del Dios verdadero es ocasión para vernos liberados de toda suerte de sentimientos destructivos. En cambio un rostro deforme de dios puede conducirnos a ellos de manera irremediable, como aún siguen haciendo por desgracia algunos entornos religiosos. Incluso en nuestra misma Iglesia, no exenta de cizaña. Pues como dijo Jesús no todo el dice “Señor, Señor” entra en el Reino de Dios.  

    El tercero y último nos lo pone ante los ojos el Evangelio. Dios causa admiración y provoca que el ser humano se torne eucarístico, esto es, viva inmerso en la acción de gracias y en la alabanza. Los pastores y María experimentaron eso. Un hermoso “magnificat” brotó de sus entrañas. De modo que si en algún momento te has sentido decepcionado por Dios la respuesta es clara: tu visión de Dios estaba equivocada. Porque el Dios verdadero provoca siempre la admiración. 

    Así que os deseo a todos este año nuevo, que ni uno solo de sus días e instantes deje Dios de estar presente en vuestras vidas. 

 

SAGRADA FAMILIA

    Hermanos la Navidad nos ofrece tres enseñanzas que no le hacen daño a ninguna familia:

    1. Honrar, respetar, no abandonar, ser indulgente, no abochornar, ni al Padre ni a la Madre. Así lo enseña la primera lectura. De igual modo nos enseña el Salmo que como tus hijos son renuevos de olivo alrededor de tu mesa, un padre y una madre han de honrar, respetar, no abandonar, ser indulgentes y no abochornar a su hijos.  Lo que es un derecho para unos ha de ser un deber para otros. En las dos direcciones.

    2. Colosenses nos enseña las fuentes de “la compatibilidad” más allá de los prejuicios patriacarles de Pablo. La familia se hace compatible cuando sus miembros se visten de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Porque sin misericordia, con maldad, con soberbia, con acritud y con incomprensión, dificilmente se es compatible con nadie. Sobrellarse construye la compatibilidad, perdonarse cuando se den quejas de unos con otros evita la incompatibilidad. En definitiva el amor es el ceñidor de la unidad consumada. Y evita la consumación de la división. Ser pacíficos no agresivos ni violentos. Unidos como un cuerpo. 

    De igual modo habitar inmersos en la Palabra de Cristo saca de nuestro interior lo mejor que llevamos dentro dado que nos lleva a correginos a todos conforme a ella. Cantar, dar gracias en la Eucaristía, orar con salmos, himnos y cánticos inspirados. Actuar desde Cristo y como Cristo. Esto construye la compatibilidad porque Jesucristo nos vuelve compatibles unos con otros. Ya que nos mueve a amarnos unos a otros, a no ser asperos unos con otros, a obedecernos unos a otros y a no exasperarnos para no desanimarnos unos a otros. 

    3. Los padres han de aprender a dejar volar a sus hijos conforme a su propio afán, que unas veces será conforme a sus consejos y otras no. Esto les cuesta mucho comprenderlo. Pero es lo que toca. Así que tendrán mucho que meditar en el silencio de su corazón. Porque cada hijo decidirá hacer de su vida una ofrenda particular al Padre. Y los padres les guste o no tendrán que asumirlo. Por eso es importante que los esposos nunca dejen de serlo cuando son padres. Porque siempre seran esposos pero “padres” serán de una manera durante un tiempo, y después tendrán que aprender a serlo de otra forma muy distinta. Porque no solo deberán evolucionar como esposos también como padres.

    ¿Os dañan estos consejos? ¿A que no? Pues eso tomadlos como la voz del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Tomadlos como la voz del Dios que os ama y os acuna con sus susurros en esta entrañable Navidad.

 

NAVIDAD

    ¿Quién es Jesucristo?

    1. Jesucristo es la Luz grande que vence a las tinieblas de la mente, del corazón y de la conducta errática porque no ama nada. 

    2. Jesucristo es la alegría y el gozo que surgen de experimentar la liberación de todo aquello que oprime nuestras vidas fisica o moralmente. Jesucristo es el anti mal. 

    3. Jesucristo es una maravilla de Consejero para saber conducirse en la vida. Es el Dios que guerrea con su amor eterno. Es el que nos revela el rostro del Padre Perpetuo. Es el príncipe de la paz porque nada sabe de agresividades aunque sí mucho de asertividades. Por eso es el Rey cuyo reino no es de este mundo.

    4. Jesucristo es aquel que cuando es proclamado y comprendido nos hace cantar por que su nombre es nuestra victoria y nuestras vidas se vuelven maravillas a su paso.

    5. Jesucristo es el amor gratuito que nos salva y nos reviste de su Plenitud, al unirnos a Él por medio de la fe, los sacramentos y el amor fraterno. Como miembros del grupo de los que lo siguen.  Del Pueblo de Dios que vive para amar y no para hacer el mal a los demás. Porque el amor que Él nos revela si lo vivimos, lo siembra todo de bienes. 

    6. Jesucristo es el Hijo de Dios que nos da a conocer al Padre al que nadie ha visto Jamás, porque si el Padre es el pensamiento enamorado y el Espíritu Santo es el corazón ardiente que inunda nuestras almas con sus sentimientos de amor eterno, Jesucristo es la Palabra y el Gesto que nos comunica este amor a todos y nos contagia del mismo sumergiéndonos en Él. Jesucristo es la expresión carnal y viva del proceso del Amor dándose que es el Dios que se nos ha manifestado.  Jesús es el verbo “amar” porque el amor nunca es cosa, ya que nunca está quieto. 

    7. Jesucristo es alguien histórico que nació en Belen de Judá en una condiciones que se nos narran, siendo sus padres María y José. Porque es la Vida Eterna que nos regala para hacer que nuestras pobres vidas aunque asombrosas, además se vuelvan eternas. Pues Jesucristo es la Gloria de Dios que viene a compartirse con los hombres y mujeres de buena voluntad, con todos los amados de Dios. No es una mentira. Es un Hecho histórico comprobable. Y ahora celebramos su cumpleaños que no sabemos a ciencia cierta cuando fue. 

    Por todo ello Jesús es una realidad digna de ser adorada. Es Dios con nosotros, Dios que nos ama y nos salva. Lástima que tantos no lo conozcan o lo rechacen consciente o inconscientemente. De modo voluntario o involuntario. Por eso los cristianos usamos esta fiesta pagana que conmemoraba en los tiempos de Roma el renacimiento del sol por causa del solsticio de invierno, para festejar su nacimiento. Y es que el ritmo de un astro del cielo (que aquellos romanos pensaban que era un dios) no afecta lo que pensamos y sentimos de los demás, de nosotros mismos o del mundo. Y tampoco ese ritmo estelar cambia lo que hacemos con los otros, con el mundo o con nosotros. Así que decidimos celebrar algo que si nos merece la pena. Y por eso para nosotros nuestra Navidad es Jesucristo y no los motivos de aquellos paganos, en los algunos todavía siguen inmersos. Eso sí aprovechamos su decoraciones y las enriquecimos con nuestros nacimientos y belenes. Y le damos a todo un significado nuevo. Porque es bueno que como los ángeles testimoniemos ante todos que Jesús puede nacer en sus vidas y cambiarlas para bien. No os lo calleís para vosotros solos. Hablad, cantad y celebrad y cuando os pregunten decidles: ¡Jesucristo es la causa!.

 

IV ADVIENTO

    Hermanos: Hoy la Sagrada Escritura nos muestra tres acontencimientos valiosos para nuestra vida. 

    El primerio la importancia de lo pequeño. Nos lo muestra Miqueas. Belén de Efrata es una población pequeña, incluso a día de hoy. Y aún sería más si Jesús no hubiese nacido en ella. Sin embargo por ese hecho, guardamos memoria de ella todos los cristianos 21 siglos después. Porque lo ocurrido en ese lugar humilde ha cambiado nuestra existencia para siempre. Lo pequeño puede ser definitivo e importante. A veces una simple persona ha sido capaz de evitar guerras entre dos paises. Incluso en un pasado no muy lejano hasta hecatombes nucleares. Un detalle no previsto puede cambiarlo todo por muy pequeño que éste sea. Así que si te ves minúsculo no olvides que por eso no dejas de jugar tu papel que no es sólo para tí, sino para tu familia, para tu entorno, e incluso a veces, más allá del mismo. Jesús como hombre frente a los emperadores romanos no era nada aparentemente, sin embargo hoy todos lo adoramos. En cambio aquellos mandamases han caído en el olvido.

    El segundo es la importancia del amor como fuente de santificación. Esta vez es la carta a los Hebreos la que habla. No nos santifica el dolor o el ritualismo vacío. Nos santifica la ofrenda de amor que Jesús nos regala. Nos santifica que el nos ama como el Padre porque Jesús cumple su voluntad. Así que si quieres santificarte déjate amar por Jesús y áma tu a los demás como él nos ama. Y no te embarques en dolorismos y ritualismos vacíos, propios de conductas religiosas que no aman. El unico sufrimiento valioso es aquel que se padece por causa de amar a los demás. El otro, solo se vuelve valioso cuando el cristiano por medio de la oración lo convierte en ofrenda amorosa para los demás entregándoselo a Dios para que El lo torne bendición para los hermanos. Como hizo el Padre con el de Jesús.

    El tercero es el encuentro con Dios en tu propia vida. Isabel experimenta su presencia en María de una manera que cambia su vida. Ella como María se vuelve dichosa cuando cree en la presencia de Dios. Ella como María se llena de esperanza porque sabe que Dios cumplirá su Palabra. Ella como María llena de fe y esperanza, bendice a Dios en su vida. Ella exulta llena de alegría porque el Espíritu Santo se adueña de su ser. Así que tú si no quieres hundirte en el pesimismo que no cree en nada, convierte tu vida en un encuentro con Dios y busca experimentar su presencia. Y en vez de pasarte la vida maldiciéndo, bendecirás y sabrás lo que es la alegría que nace de la fe y la esperanza. 

    Así que aprecia estas realidades valiosas, estos acontencimientos, y no desperdicies nunca los preciosos valores que emanan de ellos.

 

III ADVIENTO

    El Pueblo de Dios carece de autoestima alguna cuando Sofonías toma la palabra. Y en su oráculo el profeta le descubre donde están las razones para recuperarla: “tus enemigos y sus sentencias serán expulsados y revocados”, y la razón es clara: “El Señor está en medio de ti, valiente y salvador”. Pero eso no basta, la razón principal es ésta: “el Señor se alegra y goza contigo, te renueva con su amor, exulta y se alegra contigo como en día de fiesta”. Entonces, los hombres veían a Dios como Jefe, no como Padre, tal y como Jesucristo nos ha enseñado. Y para ellos Dios mandaba y castigaba. Y aún así el profeta mira más allá de su incompleta visión de Dios y entreve al Dios del Amor que se revelará en Cristo. Dios será Emmanuel, “Dios con nosotros”. Dios amará y salvará. Esa es la razón de la autoestima del Pueblo de Dios. Eres amado y por eso serás salvo. Así que si tú mismo te desprecias y repruebas, cambia de parecer, porque Dios quiere que goces, que te alegres hija de Sión, que te regocijes y que disfrutes con todo tu ser, hija de Jerusalén. 

    Por ello Pablo nos recomienda que para mantener la alegría y la paz del corazón, no perdamos de vista que el Señor siempre está cerca. Las preocupaciones nos distraen de esta verdad. Pero éstas se entretejen muchas veces de preguntas trampa que solo nos abocan a la ansiedad. Cuando construimos nuestros pensamientos preguntándonos: “Y si ocurre tal cosa negativa”, atravesamos la puerta de la preocupación. Como es una pregunta sin respuesta solo la ansiedad será nuestro destino. El condicional suele provocar siempre ese estado emocional. De ahí que nada de adentrarse en el terreno de la preocupación si quieres tener paz.  De los problemas hay que ocuparse y no preocuparse. Ocuparse resuelve. Preocuparse es inútil y dañino. Confía. Dios custodia tu corazón y tu pensamiento. No te dejes arrastrar. De lo contrario tu alegría y tu paz se esfumarán y pronto tu autoestima quedará herida.

    Por último el Evangelio nos aclara un aspecto más: autoestima y egoísmo no son lo mismo. Egoísmo es lo que Juan el Bautista corrige. Egoísmo es no compartir lo que se tiene. Egoísmo es exigir más de lo establecido. Egoísmo es extorsionar a los demás. Egoísmo es aprovecharse de otros desde la falsedad. Egoísmo es atentar contra el derecho de los otros, siendo un agresivo. Egoísmo es lo que le sobra al mundo por todos lados, es la paja que deberíamos aventar y quemar para quedarnos con el trigo. La autoestima es descubrir que aunque eres alguien indigno de desatar la correa de la sandalia de Jesús, Él te ama. Su amor te refunda, pero además te descubre que los demás son dignos de ser tan amados como tú. Por ello te vacuna contra el agresivo egoísmo y te defiende de la pasividad ante el egoísta. Mis derechos son mi deber contigo, tus derechos son tu deber conmigo. 

    Éste es hermanos el Evangelio de la autoestima que hemos escuchado este hermoso domingo y que si lo creemos nos llenará de alegría.

 

PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

 

II ADVIENTO

    Pasar por el mundo sin más no es lo más acertado. El “quietismo”, la indiferencia o la pasividad no son compatibles con la invitación a la conversión que Juan Bautista nos hace y que después también nos hará Jesús. 

    Convertirse es cambiar. Cambiar mi relación conmigo mismo, con los demás, con el mundo y con el mismo Dios. “Abajar todos los montes elevados y las colinas encumbradas, llenar los barrancos y allanar el suelo, para que podamos caminar” es convertirse. Ser frondoso para dar buena sombra a los demás es convertirse. Cambiar lo que está mal para que esté bien. Eso es convertirse.

    Por ello se nos indican dos pistas de conversión si queremos aprender a vivir en la gloria. La primera despojarnos de los vestidos de luto, envolvernos de gala, revestirnos de la gloria de Dios, para que nuestro esplendor quede manifiesto. Gozar y no llorar. Vivir en fiesta. Convertir la alegría en el criterio para discriminar nuestros enfoques de la vida. Optar por la alegría. Que la boca se nos llene de risas y la lengua de cantares. 

    La segunda querernos entrañablemente en Cristo Jesús. Hacer que crezca el amor en el mundo favoreciendo la vida en común donde sean apreciados los valores: la justicia, la paz, la misericordia, la seguridad. Esa es la obra del Evangelio en la que todos estamos llamados a colaborar. Esta es nuestra empresa buena. 

    Así se preparan los caminos del Señor, así se allanan sus senderos. Así se elevan los valles. Así se endereza lo torcido y lo escabroso se iguala. 

    No es excusa no ser importante. Muchos eran los hombres importantes cuando Juan apareció. Sin embargo, no por ello Juan permaneció inactivo. Nunca fue agresivo. Pero tampoco fue pasivo. Aportó su luz para iluminar a todos los que se dejaron iluminar por su palabra y sus obras. Lo propio nuestro no es “pasar del mundo”, lo genuino de un cristiano es “pasar por el mundo cambiándolo para bien”. 

 

I ADVIENTO

    Escuchar y creer lo que la Sagrada Escritura nos enseña sobre Jesucristo alimenta nuestra esperanza. 

    Jeremías nos garantiza que serán cumplidas las promesas que Dios nos ha hecho en Cristo. Pues Él es ese vástago legítimo. Así que se impondrá la Justicia y el derecho. La injusticia no tendrá la última palabra en nuestra historia. Nos aguardan días de Salvación en los que definitivamente viviremos tranquilos. Creer esto nos infunde esperanza.

    El Salmo proclama que al pecador se le ofrecen sendas de misericordia para que pueda redimirse. Creer que estas nuevas oportunidades existen también nos llena de esperanza.

    Pablo en 1 Tesalonicenses nos enseña que sólo el amor permanecerá en pie cuando todo se agote. El amor nunca pasará. El amor será mas fuerte que la muerte. Y ningún desamor podrá imponerse definitivamente sobre el. Jesucristo Resucitado es la garantía de ello. Creer este mensaje nos reconforta porque nos llena de esperanza.

    Por último en Lucas, se nos enseña que por muchos signos terroríficos, por mucha que sea la angustia, por grande que sea el miedo y la ansiedad, aunque todo se tambalee, el Hijo del Hombre: Jesús el Señor, manifestará su gran poder y su majestad liberándonos. La historia no termina en desastre aunque así lo parezca. Cuando el lazo final caiga sobre nosotros, Jesús, nos hará escapar y mantenernos en pie sin que los desastres consigan derrotarnos para siempre. Que nada enturbie la esperanza que brota de este Evangelio. No vivamos la vida sin que esta fe sea nuestra dueña. Buscando la plenitud donde no está. 

    Así que sino quieres ser un ser humano sin esperanza, ya lo sabes escucha la palabra de Jesús en las Sagradas Escrituras y cree en ella de todo corazón. 

 

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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