PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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PARROQUIA LA PURISIMA
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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO A

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

4 ORDINARIO

    En casi cuarenta años que soy cristiano, la Iglesia que yo he conocido, con la que he convivido, por la que he sufrido y a la que he amado es la que hoy describe la Escrituras. Una asamblea, a veces no muy grande, ni siquiera mayoritaria en las poblaciones en las que he vivido, un resto como enseña el profeta Sofonías. Un grupo formado por:

 

  • Personas que son los humildes de la tierra.
  • Personas que buscan practicar el derecho.
  • Personas que buscan la humildad y la justicia. 
  • Personas pobres, de estrato social no muy alto.
  • Personas que no buscan hacer el mal.
  • Personas que no mienten ni engañan.
  • Personas que encuentran la paz y el descanso en medio de las inquietudes.

 

  • Gentes oprimidas por diversas causas.
  • Gentes hambrientas de plenitud.
  • Gentes cautivas con ansías de liberación.
  • Gentes ciegas con necesidad de curar sus ojos de su mente.
  • Gentes que se inclinan bajo el peso de los años y otras circunstancias y ansían poder alzarse.
  • Muchos huérfanos y viudas de personas muy amadas que se han ido de su lado y les han dejado un vacío enorme en el alma.
  • Gentes que tratan de trastornar el camino de los malvados.

 

  • Humanos que no son considerados sabios por los sabios del mundo y que los ridiculizan y desprecian por ser creyentes.
  • Humanos que no son poderosos  y menos aún aristócratas en general.
  • Humanos que son considerados necios por el mundo y débiles por los fuertes.
  • Humanos que se glorían en el Señor y nada más. 

 

  • Los Pobres de espíritu que saben que con Dios lo pueden todo y sin Dios no son nada.
  • Los Mansos que no viven para agredir a los demás.
  • Los que lloran necesitados de consuelo.
  • Los que tienen hambre y sed de la justicia.
  • Los misericordiosos que se compadecen y perdonan.
  • Los limpios de corazón que ven a Dios en su vida.
  • Por los que trabajan por la paz, a veces, teniendo que enfrentarse a los agresivos y pararlos para defender la integridad y la paz de los inocentes.
  • Por los perseguidos y marginados por buscar lo que es justo.
  • Por los que son insultados, perseguidos y calumniados de cualquier modo por la causa de Jesús. 
  • Por gentes que se alegran y se regocijan.

 

  • En definitiva POR TODOS VOSOTROS que hoy me leéis y en los que alguna de estas características se reproduce a la perfección.

 

  • ¿Que en la Iglesia hay Judas?  Seguro. ¿Qué hay cizaña? También más no tanta como trigo. ¿Que hay quienes se pelean por los puestos de poder? No faltan también muchos más que sirven con amor a su prójimo. ¿Que hay fariseos, saduceos, maestros de la ley que son dignos de la reprimenda de Mateo 23? Sin duda, más son mayoría los seglares que no convierten en un carnaval grotesco  y esperpéntico su fe cristiana.                                                                  

 

  • Así que casi a los cuarenta años de mi fe cristiana, al poco tiempo del aniversario de mi Confirmación, quiero deciros a todos mis hermanos en la fe, a los que he conocido en la Iglesia de Dios: ¡Muchas gracias! Porque os he experimentado como gente dichosa, feliz, y bienaventurada de conocer, amar y seguir a Cristo y vuestra vida me ha conmovido y alentado, habéis hecho arder mi corazón y gracias a vosotros soy cristiano. Esta es la Iglesia de verdad. La Iglesia de la calle. La Iglesia del día a día. Y por ella, es un gozo para mí, dar la vida.

 

3 ORDINARIO

    La Iglesia, en cuanto fruto del Espíritu Santo, hace posible que la humanidad se siga encontrando con Cristo Vivo y Resucitado. Pues nuestro Dios, nos busca, nos sale al paso. Viene a nuestro encuentro.

    Pero eso no ocurre por que sí, sin más. Si nos convertimos en la sinagoga de Satanás, no transparentaremos a Cristo Jesús. Si la sal se vuelve sosa, no serviremos para nada. 

    De ahí que sea tan importante escuchar hoy las Escrituras. La Iglesia se manifiesta como sacramento de Cristo cuando es una luz que brilla en la tiniebla, para todos, sin excluir a nadie por motivo alguno, sin considerar a nadie “despreciable gentil”. Cuando todos , sin etiquetas, encuentran en ella un sitio para iluminar su vida. 

    La Iglesia se manifiesta como sacramento de Cristo cuando lejos de llenar de miedo los corazones infunde en ellos la esperanza y el ánimo. 

    La Iglesia se manifiesta como sacramento de Cristo cuando busca la unidad y no la división resultante de las distintas escuelas religiosas, como si la verdad sobre la que discuten, fuese algo diferente del amor. Jamás entenderé que hayamos roto el amor en nombre de teologías, que cuando logran tal cosa, se transforman en ídolos a los que sacrificamos la fraternidad que es lo más sagrado que deberíamos defender siempre. Quizás convendría en aras de mantener la caridad, dejar abierto el campo de la teología, hasta que seamos capaces de encontrar el camino que nos conduzca a todos a la correcta comprensión de las cosas, pues muchas veces, la soberbia y su impaciencia subsiguiente, han provocado la división y el enfrentamiento. Y eso es un signo claro, no del Espíritu, sino de Satanás, del que estorba dividiendo. Jesús, el Cristo fue paciente con nuestra torpeza a la hora de entender sus palabras, y nunca expulso a nadie de su lado, salvo que tú por tu cuenta, decidieras irte. La libertad tuya es otra cosa. Pero Él nunca le dijo al Joven rico que se fuera de su lado. 

    La Iglesia se manifiesta como sacramento de Cristo, cuando Jesús en ella es lo único importante que cuenta, y no otra suerte de componendas travestidas de sagrado y que nada tienen que ver con Él. Esas redes han de ser dejadas de lado siempre, porque de lo contrario no seguiremos verdaderamente a Cristo y entonces, no seremos fieles a la naturaleza auténtica de la Iglesia que no es otra que ser sacramento de Cristo en medio de las gentes.

    Así que otros Cristos. He aquí la importancia de vivir en un espíritu de conversión permanente. Y conste que a día de hoy, para manifestarnos como sacramento de Cristo, quedan muchas cosas por hacer. 

 

2 ORDINARIO

    Europa está enferma de nacionalismo. De nuevo la guerra se apodera de una de sus áreas. Una guerra fratricida. Y desencadenada en nombre de un nacionalismo trasnochado y tribal. Y lo triste es que tal agresión provoca que en el bando opuesto, el veneno nacionalista también se reactive. Que patética ceguera la del clero cristiano de distintos lugares y diferentes estratos (y algunos de ellos de muy alto nivel), cuando en sus predicaciones, estudios y documentos, tratan de encontrar las bases teológicas de un concepto tan venenoso y peligroso como el de nación. Que hermosas en cambio las palabras “Plus Ultra”. Si en algo disintieron los Austrias hispanos con sus sucesores dinásticos, fue en que unos mantuvieron una visión global del mundo (los reyes planeta), y otros optaron por el concepto de hegemonía, tan chauvinista y tribal como el mismo Richelieu. También nuestra patria chica  hoy, está enferma por tanto nacionalismo absurdo, al que a veces reaccionamos desde un patrioterismo trasnochado, y no desde esas bellas palabras: “plus ultra”. Deberíamos pensar más en ello, porque para curarnos de verdad del veneno de estos “rufianes”, el camino es mirar “más allá” y ver que nuestro terruño no es más que una parte más de un gran mundo. Ese universalismo hispano, no deberíamos perderlo jamás. 

    Porque las Escrituras hoy no dejan lugar a dudas. “Es poco que seas salvador de mi pueblo, quiero que seas luz de las naciones”. El tribalismo desagrada a Dios, en cambio, la universalidad, el catolicismo de veras le complace. Por eso el confesionalismo religioso es al Evangelio lo que el nacionalismo a la historia: una falsa diversidad que lejos de conducir a la comunión nos lleva a la confrontación competitiva hija de la soberbia. He ahí la perversión nacionalista y su raíz satánica y diabólica: aquella que en nombre de la soberbia estorba la comunión de los pueblos dividiéndolos. Con la religión y con el mismo cristianismo ocurre lo mismo. La división y la subsiguiente confrontación, es hija de Luzbel y lleva su fatua marca. 

    Recibir el Espíritu Santo nos convierte en otros Cristos. Y hoy en el Evangelio Jesús es presentado por Juan Bautista, como “el Cordero de Dios que quita los pecados del Mundo”. No como el cordero pascual judío, preso de nacionalismo tribal travestido de religión. Los pecados “del mundo”. Jesús viene a romper los esquemas de los que quieren ver los cielos vacíos, pues El quiere llenarlos con todos, restableciendo de una vez por todas la única familia humana, diversa y rica, pero una en el amor. 

    Por ello, si la Iglesia es verdadera, ha de tener el alma que se muestra en la Carta a los Corintios, y de la que Pablo y Sóstenes son testigos: somos los que encontramos hermanos en cualquier lugar. A eso viene Jesús a convertirnos en hermanos, a todos los seres humanos, que divididos por el tribalismo nacionalista, ideológico o religioso, caminamos a ciegas. Y si esto no es lo que la Iglesia vive y cumple, convertida en la sinagoga de Satanás, será la sal de la tierra que se ha vuelto sosa y la luz del mundo que se ha apagado. 

    Así que en este momento aciago pidamos que Europa se sane del impacto del tribalismo nacionalista que vuelve a llenarla de horror y sangre, y que la Iglesia no se confunda, y sepa estar a la altura de estas circunstancias. Que el Espíritu de Dios, hoy, venga sobre nosotros. 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR

    Este Domingo tras la Epifanía, termina el tiempo litúrgico de la Navidad, y da comienzo, el tiempo ordinario. Y hoy mi memoria al leer el Evangelio me lleva al pasaje donde Pedro se niega a dejarse lavar los pies. Ahora es Juan el Bautista el que tiene reparos para lavar a Jesús, pero el Señor, como con Pedro, le insta a que lo bautice, a que lo lave, para que se derrame sobre él todo el amor de Dios. Pues no es posible un nuevo nacimiento si el amor de Dios no nos recrea, no se derrama sobre nosotros. Así que debemos preguntarnos hoy: ¿Quiero yo dejarme lavar como Jesús, quiero que el amor de Dios se derrame sobre mí? Porque esta es la enseñanza central de esta jornada. 

    ¿Qué ser humano quiero ser? ¿Quiero ser como Jesús o quiero ser otra clase de ser humano? ¿Quiero que su Espíritu habite en mí, se derrame sobre mí y que me lleve a buscar el reinado de la justicia para que el mundo se llene de luz o quiero ser causa de oscura injusticia en medio del Mundo? En ese caso, el Espíritu de Jesús habrá sido expulsado de nuestra vida. 

    ¿Quiero pasar por este mundo haciendo lo posible porque vivamos todos en la gloria o buscando convertir mi vida y la de los demás en un infierno?.

    ¿Quiero levantar fronteras y ser fuente de exclusión para los demás o quiero derribar fronteras y ser causa y manantial de comunión para el mundo?. La comunión es la unidad amorosa de los que son diversos y se enriquecen unos a otros con sus respectivos tesoros. 

    ¿Quiero pasar por el mundo siendo esperanza o amenaza para todos?.

    ¿Quiero pasar por el mundo haciendo el bien y liberando a los oprimidos o ser un diablo que hace el mal y oprime a los demás?.

    ¿Quiero o no quiero que Dios esté conmigo?¿Quiero ser su servidor, su elegido o quiero que Dios esté muerto?.

    ¿Quiero ser un Hijo amado de Dios, un predilecto del Padre o quiero ser una ocasión de plenitud perdida para este rincón de la historia y del universo que soy yo?.

    Pues si respondes a estas preguntas como lo haría Jesús, si quieres dejarte bañar por las aguas del amor de Dios que se derraman para todos, entra en tu corazón, y en silencio pide al Espíritu de Dios que baje y se pose sobre ti. Y que tu vida cristiana se renueve. No pierdas la ocasión de despedirte este año de la Navidad de esta manera tan entrañable. 

 

EPIFANIA

    Adorar. A eso nos enseñan hoy los magos de oriente. Adorar a Jesucristo. 

    Porque adorarle nos llena el corazón de luz, nos convierte en estrellas en medio de la oscuridad. Adorarle nos hace encontrar la senda para salir de los desiertos. Adorarle nos enriquece infinitamente de amor y de gracia. Adorarle nos une a los demás superando cualquier barrera, límite o frontera que culturalmente hayamos establecido entre nosotros. Adorarle vuelve nuestro corazón universal, nos globaliza, pues no estimula a amar en todas las direcciones sin exclusiones. Adorarle potencia nuestra idiosincrasia sin convertirla en causa de ruptura y confrontación, sino en riqueza compartida por medio de la comunión. Adorarle nos cambia la vida como a Pablo, pues nos hace pensar de otra manera, nos lleva a sentir en otra dirección y nos impulsa a actuar de un modo distinto. No nos permite ser un venenoso nacionalista ni un absurdo “tribal”. Adorarle nos permite descubrir que la humanidad es una y está destinada toda ella a la Plenitud que Dios le quiere regalar. Adorar a Jesús el de Belén de Judea, nos lleva buscar, a preguntar, a indagar, a equivocarnos, a corregirnos, a escuchar, a ponernos en camino, a dejarnos guiar, a encontrarnos con Él, a llenarnos de una inmensa alegría, a admirar y a meditar lo que vivimos, a caer de rodillas y a entregarnos por completo. Adorarle nos libera del yugo de Herodes, porque no es su odio lo que nos guía, sino el amor por Jesús lo que nos define. Adorarle nos lleva a soñar nuevos caminos para dejar de lado, el efecto oscuro que Herodes y sus cuitas (nuestros odios y egoísmos) puede generar en nuestras vidas. Adorarle nos llena del sueño de la esperanza para no sucumbir en medio de los sufrimientos oscuros. 

    POR ELLO NO LO DUDEMOS HOY, IMITEMOS SU MAGICO PROCEDER: “Y cayendo de rodillas, lo adoraron”. Sea esa nuestra vida, al amparo de su tierna sonrisa. 

 

AÑO NUEVO

    Hoy las Escrituras nos permiten comprender los efectos que se producen en nosotros, cuando Dios nos ilumina al contemplar su rostro. 

    El libro de los números, empieza por decirnos que nuestro corazón se llena de Paz. El Salmo añade que nos inunda la alegría, y un deseo de felicidad para el universo, sin asomo alguno de nacionalismo venenoso. Es más el Evangelio se une al Salmo, al señalar que otro efecto que provoca en nosotros que Dios nos muestre su rostro es que se suscita en nosotros la alabanza, y así nuestra vida se transfigura en una Eucaristía constante, en una acción de gracias sin final, pues su caudal de amor es lo que nos provoca. De hecho Pablo es el que nos muestra el por qué de eso. Dios es “ABBA”. Es decir papá, ternura y misericordia, y no nos considera siervos, sino hijos muy amados. De modo que no estamos sometidos bajo el imperio de la ley de un amo. Contemplar el Rostro del Dios que nos ama hasta el extremo nos libera. Y eso es lo que Pablo nos enseña, que no es lo mismo un dios amo que un DIOS AMOR. El Evangelio añade dos enseñanzas más. Contemplar el rostro del Dios Verdadero, nos llena de admiración y de meditación, es decir nos lleva a la adoración. Pues no hay adoración sin admiración y meditación. Dado que la suma de las dos es lo que la componen. No hay adoración sin admiración y tampoco sin la meditación del corazón. Y además nos enseña el Evangelio, en segundo lugar, que contemplar el rostro de Dios nos abre a la gloria como destino, y a la plenitud como camino. La gloria de Dios es que el hombre viva en plenitud. 

    Esta enseñanza nos permite descubrir cuando no vivimos una verdadera religión. Porque la religión es la búsqueda humana de Dios. Y no siempre esa búsqueda lleva a buen puerto. Estamos ante una religiosidad falsa cuando su visión de Dios nos inquieta y angustia. Estamos ante una religiosidad falsa cuando conduce nuestra vida a una amarga tristeza, y arranca de nuestros corazones, no alabanzas y Eucaristías, sino lamentos. Estamos ante una religiosidad falsa cuando nos envenena de nacionalismo y nos hace perder de vista lo universal, en aras del tribalismo enfermizo y repugnante, por fétido y muchos defectos más. Estamos ante una religiosidad falsa, cuando se nos invita al sometimiento y a entender la obediencia como una esclavitud y no como la entrega cordial de los enamorados. Una religión es falsa cuando dibuja ante nosotros el rostro de un dios amo, que no es AMOR, donde no se es hijo sino siervo o esclavo. Que funesto resulta en particular ese lenguaje en boca de gentes que se pretenden cristianos. Una religiosidad es falsa cuando nos invita a la frivolidad pietista y al devocionalismo superficial que no conduce a parte alguna, que no admira ni medita con el corazón. Esa religiosidad es muy del gusto de funestos populistas de poca monta que rayan a veces en lo chabacano. Estamos ante una religiosidad falsa cuando no glorifica nuestra existencia, sino que impide nuestra plenitud, castrando nuestro vitalismo. 

    No se nos puede regalar una enseñanza mejor para este comienzo de año, pues como un faro nos orienta para no perdernos entre las múltiples ofertas religiosas que encontramos en esta nueva Roma del siglo XXI en la que nos ha tocado en suerte vivir. El rostro de Dios ilumine nuestras vidas mostrándonos a todos su verdadero y luminoso rostro. A ver si así dejamos de ser tan bestias y le regalamos al mundo la paz que tanto necesita, acallando de una vez y para siempre nuestras armas. Pues a este paso, aunque pasen los años, no evolucionaremos nunca.

 

NAVIDAD

    Hoy celebramos que las tinieblas cesan y aparece la luz, una luz cálida que nos ilumina y que libera nuestro destino de fría oscuridad.

    Hoy celebramos que la tristeza se esfuma y la alegría y sus gozos, se apoderan de nuestra alma. 

    Hoy celebramos que los opresores tienen los días contados, y que nuestro horizonte definitivo es un destino de liberación sin cortapisas. Hoy quedamos convocados a una esperanza sin límites, una esperanza contra toda esperanza.

    Hoy celebramos que los lamentos se vuelven cantos festivos que nos hacen vibrar como cuerdas acariciadas por dedos expertos.

    Hoy celebramos que no es la iniquidad lo que nos aguarda sino la salvación que nace de la gracia. 

    Hoy celebramos que no estamos abandonados, ni solos. Sino ante Alguien que nos habla como gran consejero, como fuente de fortaleza, como manantial de eternidad y como príncipe de la paz. Una palabra que nunca ha cesado de hablarnos de distintas formas y maneras, hasta que una vez suficientemente preparados ha decidido hablarnos en primera persona.

    Hoy celebramos que nuestro destino no es la nada, sino la Gloria como bien han conocido esos pastores. Lo que Juan entendía también como la Vida Eterna. 

    Hoy celebramos que lo ordinario, se torna extraordinario, porque el Suelo recibe al Cielo. Y por esa razón, lo que consideramos más humilde e irrelevante en nuestra existencia, se torna relevante hasta extremos inusitados. 

    Y la Señal de que esto ha ocurrido con certeza es la misma para todos: “encontraréis una niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”, “el Verbo que se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros y de cuya plenitud recibiremos todos, gracia tras gracia”. 

    Por eso puestos en pie, volvamos nuestra mirada ante Jesucristo hecho niño, y como los pobres pastores, solicitemos con fe profunda la paz, para este mundo, donde esta noche siguen sonando las explosiones de las bombas y los ecos de los disparos, y donde siguen muriendo personas fruto de la furia de la guerra y el veneno nacionalista, que sólo sabe llenar de sangre las páginas de la historia humana. Necesitamos Señor que los tiranos caigan y se agoten sus furias. Necesitamos paz más que nunca, pues aunque hemos dados pasos firmes para dejarla atrás, aún nos asedia una epidemia, que nos sigue robando algunas personas queridas simplemente porque son muy mayores. Gentes que se emocionan en ese trance cuando un capellán de hospital les lleva la sagrada comunión, simplemente porque Tú así estás con ella. Que los sanguinarios tiranos que sólo saben matar inocentes dejen de hacernos sufrir a tantos por múltiples razones. Rey de reyes, no nos dejes. Líbranos del imperio definitivo del Mal. Intercede ante el Padre por nosotros. Amén. 

 

4 ADVIENTO

    A veces oigo decir a algunos católicos, que Dios tiene que estar cansado de escucharlos, de tanto que le piden. Pero Dios no se cansa de escucharnos. En cambio si se cansa por otras cosas. ¿Cuando cansamos a Dios y por qué? A esta pregunta permiten responder hoy las Sagradas Escrituras.

    Isaias nos enseña que cansamos a Dios cuando como Ajaz, le tenemos miedo. Pues si este rey se niega a pedir la señal que le querían dar, si alega que no quiere tentar a Dios, es porque conoce que es un rey injusto, y tiene miedo a que Dios le castigue con sus palabras. En cambio Dios quiere ofrecerle una señal de salvación que llene su corazón de confiada esperanza. Así que cansamos a Dios, pero cuando lo miramos con miedo. Esa comprensión de Dios, esa percepción inadecuada, cansa al Altísimo que no sabe hacer otra cosa que amar. 

    Pablo nos muestra que cansamos a Dios cuando nos empeñamos en afirmar que la salvación que Jesucristo nos ha regalado, sólo es para algunos. La vileza nacionalista se vuelve más sibilina cuando además se reviste de religión. Pues no sólo los hebreos están llamados a salvarse, sino todos los pueblos de la tierra, también los llamados gentiles, o sea, una suerte de basura que no está a la altura del pueblo de los elegidos. En nuestra tierra tan envenenada por nacionalismos de alma racista y en algunos casos hasta nazi, deberíamos repetirnos a menudo que Dios nos ama a todos por igual sin distinción, pues los hechos diferenciales son meros constructos culturales nuestros. Todos provenimos de Africa, en diferentes oleadas, y nada en nuestra biología señala que existan “razas” humanas. Eso es una pura ficción. Simplemente hay matices evolutivos que nos han teñido la piel y el cabello de diferentes maneras y nos han dado una u otra estatura, en función de la conveniencia de la adaptación al medio. Por eso la salvación regalada por Dios es universal. Sin exclusiones. De la salvación sólo se sale quien libre y conscientemente, sabiendo lo que significa, así lo decide. Pero las puertas están abiertas para todos. Pues todos hemos nacido del mismo amor. Cansamos a Dios con nuestros nacionalismos iletrados y denostados, y más cuando encima se travisten de religión, cayendo en lógicas “confesionalistas” que denigran los esfuerzos ecuménicos. El “confesionalismo” es el rancio nacionalismo religioso. Eso si cansa y repele a Dios.

    El Evangelio nos enseña que cansamos a Dios cuando pensamos que Él es un Dios lejano. Cuando no aceptamos que es un Dios con nosotros. Un Dios que interviene y se da a conocer, en el estricto respeto de nuestra libertad, para que esta nunca deje de ser verdadera. Jesús no se impone. Se propone. El sueño de San José es eso. Un susurro de Dios que no elimina la libertad de José, sino que la ilumina. Y no es lo mismo eliminar que iluminar. Pero estamos empeñados en decir que sólo hay que tomar en serio lo que se puede tocar o medir. Pero mis sentimientos no se pueden localizar con una radiografía, y por eso, no dejan de existir. A veces hablamos de la ciencia de una manera estúpida. Si no puedo demostrar con mi método de análisis que esto es así, eso no existe. O sea: si uso un detector de metales, sólo existe, lo que mi maquina encuentre. Y lo que no sea metal, como no se ajusta a mi máquina, eso no existe. Dado que con mi método no puedo demostrar su existencia. ¿No será que ese método es insuficiente para comprenderlo todo? Y que hay arena y otros materiales aunque mi detector de metales no pueda localizarlos. La ciencia no es el problema, sino el uso estúpido que algunos pretenden hacer de ella. Que la ciencia explique como pasan muchas cosas no excluye que tras esos procesos exista un amor definitivo que hace nuevas todas las cosas. Puedo explicar porqué se mueve mi cuerpo, pero con un análisis de sangre no puedo saber cuales son los sentimientos y pensamientos que me mueven de una u otra manera. Es posible por ello aceptar que la trascendencia se despose con la inmanencia, y que eso obre el prodigio del Emmanuel, el prodigio de un Dios con nosotros. Cansamos a Dios cuando somos tan necios, que nos creemos sabios, cuando realmente es posible que no sepamos nada, o más bien, muy poco. 

    Así que no cansas a Dios por hablarle de tus cosas, supongo que muchas veces con tus palabras harás sonreír al Altísimo. Pues te mirará como una mama y un papa, miran a su bebe y al oírle decir cosas chocantes, que aun estando equivocadas, les mueven a una ternura infinita. No tengas miedo a Dios. No excluyas a nadie del Amor de Dios. No te empeñes en creer que Dios es un ser lejano. Así es como no cansarás a Dios. 

 

3 ADVIENTO

    La vida no es fácil, aunque tenga sus momentos buenos. Pero en un abrir y cerrar de ojos, a veces, todo se complica de una manera, que puede llegar a ser hasta terrible. Por eso hoy las Escrituras nos regalan un caudal de sabiduría para hacer frente a tantas dificultades.

    Isaias nos recomienda dos cosas. La primera afrontar todo con fortaleza y firmeza. Algo es fuerte cuando no se rompe, cuando el miedo no lo apresa ni lo domina. Algo es firme cuando no se vuelca fácilmente. Cultivar estas actitudes es fundamental. La segunda es mantener firme la convicción de que la pena y la aflicción quedarán atrás. Sin esta esperanza constante, sin esta confianza, será imposible alegrarse, saborear el gozo y experimentar el júbilo, inmersos entre tanto sinsabor.

    El salmo y el Evangelio que cita al profeta Isaías nos describen con metáforas poéticas, que ante esta vida hay que tener una determinación constante de erradicar el mal y sus causas, luchando contra él de manera constante y permanente, “militante”. El amor nos mueve a ello. No nos invitan las Escrituras al conformismo ni al quietismo ante los males que nos atribulan, sino a la lucha contra los mismos con las armas del amor. Porque sólo el amor constante y eficaz es capaz de dibujar una sonrisa en quien sufre injusticia o incomprensión. Dibujar sonrisas de alegre felicidad es un buen propósito para una vida. 

    Pablo nos invita a la paciencia y a la resistencia. Luchar contra el mal no es fácil. Y los cambios no suceden rápido. Y es frecuente desanimarse. Ahora hablamos de la resiliencia, esto es de la capacidad  de reconstruirse cuando la vida nos golpea. Son primas hermanas. Teresa de Jesús en su poema “Nada te turbe”, nos ilustra sobre lo importante que la paciencia resulta a quien mantiene un pulso duro con la vida por las circunstancias que le toca vivir. La paciencia nos hace resistentes.

    Es evidente que este caudal de consejos nos vienen bien a todos.  Fuertes y firmes frente a los temores. Luchadores constantes del amor contra cualquier suerte de mal que nos afecte. Esperanzados en dejar atrás cualquier pena y aflicción. Pacientes y resistentes en el empeño de inclinar la balanza a favor de la alegría. Un amor fuerte y firme, un amor luchador incansable contra el mal, un amor pleno de esperanza en que es posible dejar atrás la oscuridad, y un amor paciente y resistente que no se canse de llenar de alegría los rostros tristes. Que Dios nos de su Espíritu como a Juan el Bautista para que podamos vivir amando así de esta manera, cada uno de los días de nuestra vida. Este es el modo como Dios reina en nosotros. 

 

2 ADVIENTO

    El mundo necesita verse libre de muchas cosas. La voz de Dios hoy lo grita con la claridad rotunda de sus testigos. 

    El mundo nos dicen Isaias y el salmista,  necesita verse libre de violencia, de maldad, de injusticia y de deslealtad, de conflictos, de falta de armonía, de daños causados por los demás, de carencia de Paz, de esclavitudes y aflicciones, de falta de solidaridad con los indigentes, de la existencia de la pobreza provocada por la opresión y la extorsión, de falta de comunión entre todos los pueblos de la tierra. Y por eso nunca deberíamos de cansarnos de pedir la Venida constante del Espíritu de Señor. Pues ese Espíritu es el que hace retoñar el tronco seco de Jesé, en el que podemos ver simbolizado este mundo siempre necesitado de renovación a cada nueva generación.

    El mundo nos enseña Pablo necesita verse libre de impaciencia, de desconsuelo y de desesperación. El mundo necesita verse libre de discordia y de falta de unanimidad. El mundo necesita dejar de lado la falta de acogida mutua, pues Cristo acogió a todos, judíos y no judíos, sin rechazar a nadie por causa de origen o condición. Sólo la salvación de todos nos consuela, nos llena de esperanza, nos dota de paciencia y promueve el acuerdo mutuo y la unanimidad. La acogida de todos nos libera de infinidad de males.

    El mundo nos enseña Juan el Bautista necesita verse libre de tanto religioso, neocón e integrista. Los fariseos y saduceos de ayer y hoy, convierten la religión en un desfile de disfraces, y se comportan como una camada de víboras, no usan el Evangelio para convertirse, sino que viven conforme a sus convenciones y reglamentos, muchas veces ajenos a Cristo. Como en el rito eucarístico deformado en la época carolingia, se interponen entre Cristo y el Pueblo, secuestran a Cristo de los ojos de los demás, y lo deforman. Y no temen nada porque se sienten muy seguros de sí mismos, ya que se creen hijos de Abraham, pero Dios no los reconoce como a tales, y saca nuevos hijos suyos de las piedras. El fuego del Espíritu Santo no arde en sus corazones, pues son paja que no soporta el imperio de su sagrada llama. Estos hipócritas hacen que la Iglesia deje de ser sal y se vuelva sosa, y además esconden la luz del mundo bajo sus largos y oscuros ropajes. 

    Así que una vez más te imploro, Ven Santo Espíritu de Dios y libéranos de tanta miseria. 

 

1 ADVIENTO

    ¿Por qué no ocurren cosas que sería oportuno que sucediesen? A esta pregunta nos permite responder la Escritura hoy. 

    Que hermoso sería que los pueblos se uniesen en una armónica civilización del amor, donde de las espadas se forjaran arados y de las lanzas podaderas, donde no alzara la espada pueblo contra pueblo y nadie se adiestrara para la guerra. ¿Porqué no ocurre? Según Isaias porque no subimos al monte del Señor y no nos dejamos instruir en sus caminos y tampoco marchamos por sus sendas. O sea si escucháramos a Jesús y oyéramos sus palabras, las creyésemos y viviéramos según ellas, amaríamos a los demás como él nos ha amado. 

    Que hermoso sería ver las iglesias llenas, pero muchas veces están vacías. Y aunque no sea la única causa, el salmo nos da que pensar. ¿No tendrá que ver que convertimos las comunidades parroquiales en entornos poco “alegres”?. Hacer de la Iglesia una especie de velatorio y no una celebración juega en su contra. No convertir las iglesias en fuentes de paz, sino de miedo, culpabilidad o vergüenza, espanta a mucha gente. No deberíamos olvidarlo.

    Que hermoso sería que el amor llenase de luz y calor este mundo nuestro. Pero ocurre muchas veces lo contrario. La oscuridad y el frío del desamor se adueñan de la escena del gran teatro del mundo, con demasiada presencia. Quizás es que la dignidad no es nuestra opción, y que con demasiada frecuencia no nos pertrechamos con las armas de la luz. No luchamos. Nos dormimos en los laureles. Cuando no ocurre que nos alienamos con frenesí o Conflictos absurdos. No nos vestimos de Jesucristo con frecuencia.

    Que hermoso sería no perder el tren de la historia, desaprovechando ocasiones en las que sería necesario intervenir, pero como nos señala el Evangelio, no solemos estar en vela. Que importante es velar, ante los signos de los tiempos. Que importante es velar ante lo que pensamos, sentimos y actuamos. Nada es peor que dejarse llevar sin pensar, considerando igualmente válidas cualquiera de las maneras de sentir o actuar. Velar nos impide desperdiciar la ocasión oportuna y orienta nuestros pasos en la existencia. No velar, lo impide.

    ¿Por qué no ocurren cosas que sería oportuno que sucediesen? Por estas razones expuestas ¡sin duda alguna!. 

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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