PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO A

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

LA ASCENSIÓN

    Siempre nos han dicho que los creyentes somos una sombra. Una sombra de otro. Y que por tanto nuestra vida no es una existencia verdadera, sino una suerte de alienación, esto es, un “postureo”, un decorado, pero sin consistencia propia ni autenticidad alguna, un desperdicio de vida, que no ha llegado a madurar, persistiendo en un infantilismo perpetuo. De modo que según quienes así piensan el único que viviría sería Jesús y no yo, o tú, o cada uno de nosotros. Algunas palabras de Pablo se han interpretado de esa manera. 

    Por eso es importante comprender bien a Pablo, y no sólo un texto suyo, separado del resto de todos sus escritos. Lucas pone el dedo en la llaga. No hay presencia física de nadie entre nosotros, de modo que es imposible ser sombra. Sólo hay un Espíritu que puede o no recibirse, al que se puede escuchar o no. Hay una presencia que no condiciona, ni impone nada. Sólo propone. Sólo trata de seducir. Pero que reclama y requiere un tú verdadero ante Él que le responda, sin dejar de ser el mismo. Pues lo que pretende este Espíritu es dialogar. Y para hacerlo no se puede tratar con una máscara sino con alguien auténtico, único, irrepetible. Nadie puede desposarse con una sombra. Sólo es posible hacerlo con una persona plena de idiosincrasia singular totalmente distinguible de los demás.

    Tratar con Dios no es ser una sombra suya, sino disfrutar de un diálogo enamorado con Él. Lo cual exige el mayor grado de madurez del mundo. Donde del egocentrismo es destruido y superado por completo. Por eso hay experiencias religiosas auténticas, otras falsas, y otras muy necesitadas de crecer y madurar. 

    Qué bien lo hace Dios Padre con llevarse a Jesús corporalmente presente de entre nosotros. Para que podamos crecer. Cortar el cordón umbilical. Dejar atrás la infancia, y tras la juventud, caminar hacia la madurez, donde nadie se difumina, sino donde todos se entregan compartiendo entre ellos, su inmensa riqueza. La infancia es fusión. La juventud convulsión. Y la madurez es comunión. Jesús nos dice muchas veces que necesitamos que se vaya para crecer. En el Evangelio de Juan se ve. Por eso Lucas pone en boca de los ángeles una llamada preciosa a crecer y madurar. Dejad de ser sombras y poned en juego vuestra riqueza personal al servicio del propósito del amor desbordante. 

    Así que no somos ni unos inmaduros, ni unos equivocados, ni unos neuróticos, ni unos alienados por afrontar esta crisis pandémica, escuchando la voz del Espíritu de Jesús entre nosotros. Porque como Pablo nos enseña éste Espíritu, si queremos, nos inunda de sabiduría y revelación para conocer, ilumina los ojos de nuestro corazón en este tiempo convulso, nos hace comprender la verdad y el fundamento de la esperanza y de su necesidad en esta hora oscura, y nos regala su fuerza poderosa porque la necesitamos más que nunca. Como ocurre en los matrimonios entre dos personas, el flujo de valores entre ambos es constante, y uno fecunda al otro, en el colmo del altruismo. Si quieres comprender como relacionarte con Dios, que hoy y mañana será ya Espíritu ardoroso, piensa en un matrimonio enamorado, y entenderás como hacerlo. Y un matrimonio como ese reclama madurez y no infantilismo. El Espíritu es fuego y viento, y ni el uno ni el otro, tienen sombra ni la causan. Porque el viento te acaricia, y el fuego de entre las sombras saca tu rostro precioso para hacerlo visible. 

    Por eso en esta relación sé tu mismo. Y entrega la riqueza de tu yo más íntimo voluntariamente al Espíritu Sagrado que te ama para que fluya la vida. Recuerda el cantar de los cantares o el cántico espiritual de Juan de la Cruz, y entenderás lo que te digo.

    Así que no vaciles. No eres una mentira ni un desperdicio de vida. Simplemente eres una persona que ha optado por no darle con la puerta en las narices a un Dios que un día se hizo hombre total y verdadero para darse a conocer de una vez por todas, harto de que las religiones y las filosofías deformarán su verdadero rostro. Y una vez que su presencia física finalizó como la de cualquier humano, su aliento enamorado perdura. Porque está vivo por los siglos. Los que se niegan a aceptar tratar con Él, están en su derecho, pero como ya os dije, ese aliento como el aíre los envuelve hasta que decidan o alcancen a comprender como podrá ser tratar con este misterio alentador. Pues este amor en expansión es para todos como Jesús nos dice. Sin exclusiones. Hasta para los ateos que creen que estamos equivocados. También para ellos hay sitio. No vaciles amigo  es esta hora amarga y oscura, porque el Espíritu de Jesús, te enseña, te guarda, y está contigo y con todos, todos los días hasta el fin del mundo. Así que cuando te quiebres, amigo, recuerda esto. Ánimo Pues tesoros. 

 

VI PASCUA

    ¿Quienes son los que contagian la Pascua a los demás? ¿Quienes son una Pascua viva? Las Escrituras hoy los retratan. 

    Son esa gente dinámica que con sus acciones y sus palabras llenan el mundo de alegría, y como el sol hace con la noche, con su forma de ser, expulsan la tristeza de su presencia, llenando el corazón de los demás de júbilo, aunque sólo sea por unos instantes.

    Son esa gente que razona a favor de la esperanza. Esas personas que no flaquean nunca a favor del pesimismo. Son luminarias en medio de la oscuridad. Son los que buscan razones aún en medio del sufrimiento, para no perder nunca la esperanza, en medio de tales situaciones. Son los que fuertes en la tribulación no cejan en el empeño de luchar contra toda suerte de desesperación, con una paciencia inflexible. 

    Son esa gente que ama sin cesar. Llevados de la convicción de que si amas puedes hacer lo que quieras porque todo lo haces bien. Estas personas pueden ser desacreditadas, ridiculizadas por los demás y hasta perseguidas. En cambio, incansables, no cejan en el empeño del amor. Y por eso pasan por el mundo siempre haciendo el bien. He ahí su grandeza humana. 

    

    Son esa gente que nunca deja huérfanos a los demás. Son esa gente que siempre vuelve. Son esa gente que siempre está contigo. Son esa gente que sólo somete su libertad al imperio del amor como te dije antes. Pues si la libertad ha de estar supeditada al imperio de la verdad, es preciso tener muy claro que la Verdad, con mayúsculas, es el Amor. Y todo lo que no nazca de él, viva en él y tienda hacia él, es pura mentira. Los amigos del amor son los amigos de esta gente que como levadura esponja el mundo.

    Son esa gente que llena de un Espíritu Nuevo, no parece gente de este mundo. Son un mundo nuevo que pugna por nacer, en medio de tanto egoísmo y tanto odio. Son gente cuya única meta es lograr la glorificación de todo y de todos. Porque esta gente jamás permitirá que todo se convierta en un infierno, mientras que en sus pechos haya un mínimo aliento.

    Si os dais cuenta Jesús es la Pascua Sagrada habitando entre nosotros. Lo fue ayer, lo es hoy, y lo será siempre. Pero tú y yo, si nos dejamos imbuir de su Espíritu, también podemos serlo para los demás.

    Pascua, como canta el Salmo de hoy, es pasar de la esclavitud a la libertad, de la condenación a la salvación, de la muerte a la vida, del sufrimiento a la dicha, de lo malo a lo bueno, de lo falso a lo verdadero, de lo feo a lo bello. Y hoy como siempre nuestro mundo enfermo hasta sus raíces más íntimas y ordinarias necesita pasar de la pandemia y sus macabros efectos en todos los órdenes, a la salud y sus alegrías. Y lo necesita tanto como en los años cuarenta del siglo pasado, necesitaba pasar de la guerra a la paz mundial. Y gente que es pura Pascua de carne y hueso, es lo que más necesitamos hoy en esta hora amarga.

    Así que no perdemos de vista esta llamada de atención que las Escrituras nos dirigen. Los que no están lejos del Reino de Dios viven así, y lo sepan o no lo sepan, tienen a Cristo Jesús a su lado. Ánimo y fortaleza hermanos: Si Cristo ha vencido al mundo, al resucitar de entre los muertos, también nosotros venceremos juntamente con Él. Seamos una Pascua Viva en el mundo hoy. No perdamos la senda que lleva a la luz. Ánimo pues hermanos. 

 

V PASCUA

    Amigos míos, la Palabra de Dios en esta hora tenebrosa en la que estamos inmersos, nos orienta para que no nos perdamos en medio de esta noche oscura.

    Por eso nos ofrece varias enseñanzas que debemos escuchar con atención. No hacerlo es suicida.

    En los Hechos se nos dice que la oración y la Palabra son fundamentales en momentos como éste. Siempre lo son, pero ahora más. Pues muchas veces vivimos inmersos en el quehacer diario. Eso nos distrae. Eso nos ocupa. Y a veces llevados de nuestra hiperactividad no dedicamos tiempo a lo que nos llena de esperanza y a lo que otorga sentido a nuestra vidas. Y no basta vivir, es mucho más importante saber porqué se vive. He ahí la diferencia entre vivir solamente o vivir en plenitud. Esto último es otra cosa. Y eso requiere de cuidado. Sin espiritualidad el ser humano vive la vida de una planta. Y aunque eso es hermoso, para un ser vivo con la capacidad mental del ser humano eso no basta. No os conforméis con poco pudiendo aspirar a mucho. Esta época ha puesto de manifiesto que necesitamos saber por qué y para qué vivimos. Y eso no se encuentra en el estante de un comercio. 

    Pedro sale al paso de otra cosa que en este tiempo nos ha acompañado cada día: la soledad forzosa. La soledad es una sensación constante. Nacemos y morimos solos. Pero podemos reaccionar frente a ella. He ahí la clave para vencer su imperio. Es importante empeñarse en que yo soy parte de algo. La lucha contra el vacío solitario se demuestra empeñándose en vencerlo. Es preciso trabajar para destronar a la soledad. Y eso se logra sabiendo que uno forma parte de un pueblo, no uno cualquiera, sino del Pueblo Santo de Dios. Uno es en él, una piedra fundamental que lo construye y desarrolla. El Espíritu Santo es quien despierta en el corazón humano dicha conciencia. Y cuando preferimos escuchar su voz, frente a otras voces funestas, nos sabemos miembros de una gran comunidad, con nuestro lugar, que nadie puede ocupar, pues ese sitio tiene para ti y para mí, nombre y apellidos. Nunca estaremos solos si escuchamos su voz y la creemos.

    El Evangelio nos ofrece tres lecciones más. La primera es que no debemos ceder nunca al miedo y sus temblores. Sentir miedo, no es ser cobarde. Cobarde es el que se deja dominar por él. Contra el miedo se lucha. Y esto se hace cuando se tiene una fe más allá de todo miedo. “Que no se turbe vuestro corazón, creed en el Padre, creed en mí”. Cuando creemos en Jesús, nunca tendremos la sensación aneja a la que brota de pensar que caminamos hacia la nada. Con Jesús siempre caminaremos hacia la Vida en Plenitud. Esa es nuestra verdad, y ahí los miedos no deben anidar nunca. Aunque alguna vez se paren en una de nuestras cornisas.

    La segunda es que aunque creamos conocer el Evangelio, nunca lo conocemos lo suficiente. De ahí que insistir en su conocimiento, nos descubre siempre nuevas facetas del gran misterio que vivimos. Cuantas cosas hemos aprendido en este tiempo porque escuchamos su voz maravillosa. Sin esa voz, este tiempo hubiese sido terriblemente oscuro. Por eso es importante tener siempre un oído puesto en el Evangelio. Porque una sorpresa nos aguarda siempre, en cada rincón, y en cada momento de la vida. Y esas sorpresas, a veces, son definitivas a la hora de superar múltiples baches y quebrantos.

    La tercera es preciosa. Qué lejano nos parece Dios en muchas ocasiones. Y qué equivocados estamos por nuestra ignorancia. ¿Tú sabes que estás inmerso en el mismo corazón del Padre Dios cada uno de los días de tu vida estés triste o alegre, estés sano o enfermo, estés sufriendo o seas feliz, vivas o estés en trance de morir?. ¿Y por qué? Muy sencillo porque estás unido a Jesús el Cristo. ¿Como es eso posible dirás? Porque el Espíritu Santo lo hace posible. Tú y Jesús Vivo y Resucitado sois uno. Si crees en Él, si esperas en Él, si lo amas, eres uno con Él. Y eso es así porque el Espíritu que es como el aire, está en todos a la misma vez y en múltiples lugares. Si respiras el aire está dentro de ti, dándote vida, si no lo haces, aunque no lo respires, te envuelve a la espera de que decidas respirarlo. Nunca te abandona. La analogía nos permite comprender este misterio desbordante. Así que nunca estás lejos de Dios, sólo si tú quieres lograrás que no entre en ti, más aún así, está siempre a tu lado. Porque no goza con ver como vives tu vida asfixiándote pudiendo respirar. Esa es su grandeza y su generosidad. La Trinidad es para nosotros la historia de como el ser humano se ha metido por puro regalo de Dios en el seno mismo de su vida divina. Ni la noche más oscura puede nunca separarte de su lado, como la cruz no pudo alejar al Padre de su Hijo, templo del Espíritu Santo. Y tú formas parte de ese templo, no olvides nunca la enseñanza de Pedro.

    ¿Merece o no la pena tener un oído puesto en Dios en medio de esta noche oscura? Lo que sientas aquí poco importa, porque si sabes lo que Dios te dice y enseña en medio de esta hora tenebrosa, siempre podrás hacer frente a los mil retos que esta situación te plantea. 

    Ánimo pues hermanos que ya falta menos que cuando empezamos, que no se quiebre vuestro temple ni se debilite nunca vuestra fortaleza. Os quiero siempre amigos. Bien sabe Dios lo mucho que os quiero a todos en Cristo Jesús.  Y en esta hora tenebrosa mucho más. Ánimo pues. 

 

IV PASCUA

    Las expresiones contenidas en las Escrituras que se nos proponen hoy, guían nuestros pasos para escuchar la voz de Jesús resucitado en esta Jornada, el domingo del Buen Pastor. 

    En los Hechos oímos: “escapad de esta generación perversa”. En el Salmo escuchamos: “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. En la carta de Pedro se nos indica: “Cristo…nos ha dejado un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Y por último en el Evangelio resuena alto y claro: “los ladrones y los bandidos  entran para robar y matar y hacer estrago,.., pero yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”. 

    No es fácil vivir en plenitud. Y la razón es sencilla, hay formas de pensar, de sentir y de actuar que lo impiden. Si llamamos “paradigma” a ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas, podemos afirmar que hay paradigmas perversos. Porque nos hacen caminar por cañadas oscuras. Esos paradigmas se comportan en nuestro interior como ladrones y bandidos, y cuando se adueñan de nosotros nos roban, nos matan y hacen estragos con nuestra felicidad. 

    Da igual de qué se vistan. Da igual de qué se disfracen, cuando te impiden ser feliz, o sea, vivir en plenitud, ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas deben ser evitados y rechazados, para seguir el ejemplo de Jesús. Porque Jesús no destruye, sino construye. No roba, da. No mata, resucita. No es perverso, sino amor hasta el extremo. No hace estragos, te hace vivir en plenitud. 

    Por eso cuando alguien te diga: “Dios hace o dice o quiere esto”, párate y pregúntate: ¿eso que esta persona me dice me hace pensar, sentir y actuar de una forma que mi vida sea una vida abundante, o sea, una existencia plena? Y si en tu conciencia oyes un ¡No!, no lo disfraces. Simplemente no hagas caso del que te destruye. En cambio si en tu conciencia oyes un ¡Sí! No lo niegues, escúchalo y actúa en consecuencia.

    Así que ahora vuelve tu mirada al momento vital que nos aflige. Oímos muchas voces. De todo tipo. Considera todos esos paradigmas, todos esos conjuntos de ideas, de sentimientos y de actitudes, y escucha la voz de tu conciencia, cuando los oyes. ¿Oyes plenitud o destrucción?. Hay ideas destructivas, sentimientos tóxicos y actitudes equivocadas. En ellas no está el Santo Espíritu de Jesús. Escapa de esos paradigmas perversos.     

    El ejemplo de Jesús no te lleva tras ellos. Así que si en medio de esta cañada oscura, llamada pandemia, no quieres ser presa de infinidad de temores, vive acompañado de lo que te hace vivir tranquilo, come en la mesa con paz enfrente de tus enemigos, agárrate con tu mente, tu corazón y tu conducta de aquel cuya vara y cuyo cayado te sosiegan. No te dejes guiar por cualquiera. Pues no todos llevan por el sendero justo. Buen pastor de tu mente y de tu corazón, será aquel que te haga recostar en verdes praderas, que te conduzca a fuentes tranquilas y que repare tus fuerzas.

    Os mentiría si no os dijera a todos que a quien yo oigo y a quien yo sigo, tiene nombre y rostro, y se llama Jesús el Cristo. Él es mi Señor y mi Dios. Él es mi buen pastor. Él me enseña a vivir en plenitud. Y en medio de esta pandemia su bondad y su misericordia me acompañan en los días de mi vida, por eso quiero habitar en la casa de su corazón por años sin término. 

    Así que cuidado a quien designáis como pastor de vuestra vida, aunque no tenga nombre porque simplemente pueda ser: o tu egoísmo o tu odio personal. No todos los pastores lo son, algunos simplemente son bandidos y ladrones que te impiden a ti y a los demás a vivir en plenitud. Evita todo aquello que no permite vivir en plenitud a todos. La vida en plenitud es un bien común. He ahí la clave de todo. Ahora y siempre. 

    Ánimo pues amigos. El Buen Pastor ha vencido al mundo para que nosotros también podamos vencer con Él ¡Aleluya!.

 

III PASCUA

    Qué cuesta arriba se nos hace caminar por el mundo, en circunstancias traumáticas como ésta. Con sensación de estar abandonados, solos, vacíos, sin ganas de nada, decepcionados, sintiéndonos engañados, errantes. Incluso enfadados hasta el extremo de encararnos con el que se atreva a preguntarnos qué nos pasa. La desesperación es lo que tiene. Y ella va unida de la mano de la impaciencia. Pues ésta no es otra cosa que “no saber esperar”. 

    Así marchaban hacia Emaús aquellos dos cuando Jesús se les unió en el camino. El corazón ciego, a oscuras, sin fuego, frío. Muertos en vida. Zoombies. ¿A quien le gusta una vida así? Sin ilusión, sólo vivimos por vivir. 

    Es posible que en medio de esta traumática situación que vivimos, en la que se conjugan sentimientos destructivos a borbotones, hijos del miedo, de la decepción y hasta del enfado y de la rabia (porque ir contando los muertos de mil en mil y llevar mucho tiempo haciéndolo conlleva ese desgaste), nos incapacite para ver la salida de este oscuro túnel. Y aunque encontremos testigos de la esperanza, nuestros oídos se endurecen para escucharlos.  

    Pero Pedro, en su carta, nos enseña que esta forma de  proceder es inútil y que debemos combatirla, ejercitando contra ella nuestra fe y nuestra esperanza en Dios. No hacerlo supondría vivir de espaldas a Jesucristo que ha derramado su sangre para salvarnos. No luchar significaría tirar su preciosa sangre derramada a la basura. La historia, podrá ser difícil, trágica, dramática, dolorosa, y todo lo que se desee añadir, pero terminará bien. Dios está. Este enfoque esperanzado que nos fortalece es el propio de los cristianos. Como diría Pascal hay que jugarse la vida a favor de la carta de la esperanza, porque sólo con ella tenemos posibilidad de ganar algo, pues con la carta de la desesperación, nada ganaremos. Y ese juego sería inútil y absurdo.

    En los Hechos y en el salmo 15, se explica el porqué.  La injusticia se ha impuesto a la vida del Buen Jesús, ha muerto en una cruz, pero al tercer día ha resucitado y hoy es para nosotros fuente del Espíritu que nos resucita a nosotros. Y las palabras de David en el Salmo 15 se han cumplido en él. Y estás palabras son un reclamo hoy para nosotros católicos en estas horas amargas: “Tendré siempre presente al Señor, y con Él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte eterna, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida eterna, y sé que me saciarás de gozo en tu presencia”

    ¿Veis? por muy dura que se haga la ruta , si caminamos la senda con Jesús vivo y resucitado, si nos alimentamos con el pan de su palabra que parte para nosotros al caer la tarde, nuestro corazón iluminado arderá. Y el desaliento mortecino cesará y como fruto de la esperanza, la alegría y sus alientos renacerán. Nuestro destino es el Renacimiento. Tras la oscuridad renacerá la luz. Ese es el significado de la Pascua cristiana. Ese es el fruto del Espíritu de Cristo Jesús resucitado. Así que amigos y hermanos venzamos al llanto con la fuerza de nuestra esperanza y de nuestra fe inquebrantable. ¡Ánimo pues Pueblo Santo de Dios! Una tierra prometida nos espera. La Pascua dominical nos lo anticipa. 

 

II PASCUA

    Escuchar hoy la voz de Dios en la Escrituras me lleva a descubrir varios mensajes contenidos en ellas y que son un verdadero lujo para todos nosotros.

    En los Hechos de los Apóstoles se nos sugiere que en los tiempos que vivimos es fundamental no romper los lazos comunitarios. El confinamiento que se alargará en el tiempo puede aislarnos. Hoy disponemos de múltiples medios para que eso no pase. Podemos estar unidos en el amor, con mensajes constantes. Podemos escuchar las Escrituras, meditarlas y transmitirlas, a muchas personas que quizás precisen satisfacer su sed de aguas vivas oyéndolas. Los medios a nuestro alcance lo permiten. De hecho hemos renovado planteamientos catequéticos que en el futuro podrán cambiar nuestro modo de llevar nuestras reuniones. Algo insospechado hasta ahora. Podemos partir el pan con alegría, con el Papa o el Obispo diocesano a diario (menudo lujo) y escuchar la voz de nuestro cura a diario, cosa que quizás antes no hacíamos nunca. No era tan necesario como ahora, pero eso también nos acompaña. Oramos incluso en común, cada cual en su cubículo, pero a una hora y con una misma intención. Quizás no habíamos orado tanto juntos desde hacía mucho tiempo. Y podemos compartir, de hecho lo hacemos, apoyando a gente que lo necesita. Cáritas sigue funcionando de una manera distinta pero igual de efectiva según sus fuerzas, y eso es admirable. La comunión espiritual y la contricción como modo de perdón de los pecados, que eran enseñanzas arrinconadas en el catecismo, en este momento presente han despertado y se han puesto a funcionar, y las experimentamos y nos mantienen en la fe. Si estaban ahí era por ocasiones como esta que hasta ahora gracias a Dios no han sido frecuentes, aunque si se han dado. Pensad en los años de la guerra, y lo entenderéis. Las iglesias no solo fueron cerradas sino en muchos casos destruidas. Los japoneses durante siglos vivieron su fe sin clero: esto es sin Misa, sin confesar, sin unción de enfermos, sin orden sacerdotal, sin Confirmación y los misioneros en el siglo XIX los encontraron allí, incólumes, se habían mantenido con el bautismo y el matrimonio, y poco más. Este tiempo nos hace comprender que la comunidad cristiana es mucho más que el clero. Es una época de privaciones sí, pero también de liberaciones. Liberación del clericalismo. Sin clérigos omnipresentes la Iglesia sigue viva, y el laicado, puede hacer maravillas. Después de todo, ese era el principal objetivo de este curso pastoral, hasta que el caos como me gusta decir, ha puesto patas arriba todo este universo de trabajo diocesano en el que estábamos inmersos. La intercomunicación es básica en momentos así, y la capacidad de reacción también, y en eso estamos reaccionando bastante bien. La comunidad no ha muerto, solo está dispersa en sus hogares, pero unida en Cristo Jesús, quizás más que nunca.

    Pablo y el Salmo, nos vuelven a destacar la importancia de la esperanza, más allá de lo que vemos y tocamos. A Jesucristo lo amamos, aunque no lo hemos visto. Nuestra fe se está acrisolando como el oro en medio del fuego. Y el fuego es la pandemia cruel y sus efectos. La incertidumbre constante que genera en nosotros. Y las emociones que eso conlleva. Que muchas veces son tenebrosas, no hay por qué ocultarlo. Es lo que tiene ser acosado por una realidad desconocida que pone en jaque la normalidad total de nuestra existencia. ¿Como pretender pasar por esto y no padecer?. Es imposible. Pero ahogarse en el sufrimiento ¿es la respuesta? Para un cristiano no. Pues la cruz y el sepulcro no tienen la última palabra en la vida. Sino la Resurrección de Cristo. De ahí que la esperanza sea nuestro camino, no una esperanza cualquiera, sino una esperanza contra toda esperanza, y su fundamento es claro: el amor a Jesucristo a quien no vemos ni tocamos. Y en una crisis como esta, la fe muchas veces se queda desnuda en medio de la desolación. Conocer a Juan de la Cruz y a Ignacio de Loyola pueden ayudarnos mucho en esto.

    Por último el Evangelio nos muestra el camino para encontrar la paz. Creer en Jesús sin ver. Si no renunciamos a ver el final del túnel en esta situación no sabremos lo que es ser dichosos. Si queremos tocar el fin de esta crisis a cada paso, nos privaremos de hallar la paz del corazón. Renunciar a tocar el fin de esta pandemia constantemente, supone luchar contra la incredulidad que nos roba la paz. Jesús nos enseña que hay futuro, aunque no lo vemos. Jesús nos dice que ha vencido y que también venceremos, nos lo dice con palabras hermosas: “En el mundo tendréis sufrimientos terribles  pero ¡Ánimo Yo he vencido al mundo!”. Pero no lo vemos ni lo tocamos. Como cuando en el vientre materno no veíamos el mundo que nos aguardaba, pero el mundo estaba ahí: esperándonos. Eso es la fe. Ser Tomás en estas circunstancias ayuda muy poco a encontrar la paz. Y esto es válido para un ateo. Porque después de todo, Tomás, se negaba a ser creyente. 

    Paciencia y paz van unidas. No existe la una sin la otra. Por eso la dureza del momento que vivimos que nos impacienta constantemente, de ahí, nuestra constante inquietud. Si no somos capaces de pretender constantemente ver el final de esta reclusión. ¿Si dura nueve meses un embarazo, y en él estuvimos confinados, porque no vamos a ser capaces de superar esto?. Así que invoquemos al Espíritu constantemente en este tiempo, Jesús “lo soplará sobre nosotros”, si se lo permitimos y nos fortalecerá. Y gracias a eso, seremos capaces de superar este duro tiempo de gestación. Vamos a nacer de nuevo, después de esto, no lo olvidéis, bien aquí o bien más allá. Y gestarse requiere su tiempo. Así que puedes vivir en un lamento constante o empeñarte en alumbrar tu nuevo ser. De ti depende. ¿Mi consejo? Escúchalo a Él constantemente y Él te llenará de su Espíritu, lo demás se te dará por añadidura. Al menos así me pasa a mí, ojalá y que también pueda ocurrir también contigo.

 

DOMINGO DE PASCUA

    Hermanos, esta pandemia pavorosa que nos está crucificando no tendrá la última palabra en la vida. Esta pandemia macabra que nos ha sumergido en un silencio ensordecedor no es el final del camino. El Viernes Santo y el Sábado Santo han pasado. Ahora es Domingo de Pascua.

    Por eso: Hoy resuena alta y clara en nuestras mentes la palabra de aquel que estuvo muerto y ahora vive por los siglos. Y Él nos dice a todos, ya por fin libre de cruces y sepulcros: “¡YO HE VENCIDO, Y VOSOTROS TAMBIÉN VENCERÉIS, NO TEMÁIS! ¡ALELUYA!”. 

    Es la Pascua Sagrada hermanos. Y Pascua significa “pasar de la esclavitud a la libertad”. Por eso en estos tiempos en los que un virus nos tiene esclavizados y nos oprime es importante oír la voz del Resucitado que resuena con inmenso amor esta noche y este día sin par en todo el año litúrgico, pues ni siquiera la noche santa de la Navidad se le iguala. 

    ¿Y qué nos enseñan las Escrituras hoy? Que la vida vence a la nada porque el universo brota del caos. Nos enseñan que la vida vence al integrismo religioso que destruye la vida humana en nombre de “dios”, porque Dios desea lo contrario. La gloria de Dios está en que el hombre viva. Nos enseñan que la vida vence a la esclavitud y a los esclavistas, porque en la tierra prometida no tienen derecho a existir. No hay lugar para ellos. Nos enseñan que la vida vence al terror y a la opresión, porque ha sido hecha para ser libre. Nos enseñan que la vida vence a la ansiedad perpetua y al sinsentido porque existe para ser satisfecha en su anhelo de plenitud. Nos enseñan que la vida vence al necio desamor que la destruye y que llamamos pecado, porque ha sido hecha para ser respetada, promovida y amada. Nos ensañan que la vida vence a la dispersión pues su futuro radica en hacer que todos descubramos que somos uno, nosotros, el planeta, todos los seres vivos, y el mismo universo. Nos enseñan que la vida vence los corazones de piedra y los convierte en corazones de carne. Hasta aquí el Antiguo Testamento. 

    El Nuevo Testamento va “hasta el infinito y más allá”. El Evangelio nos enseña que la vida vence el poderío eterno de la muerte y le hace perder su dominio. ¿La vida vence a la muerte? ¡Sí! En Cristo Jesús resucitado. Por eso en medio de esta hora tenebrosa al adorar a Jesucristo resucitado la vida vence al miedo con el vigor y la fortaleza, la vida vence a la tristeza y su llanto desconsolado con la alegría, la vida vence al desaliento con la esperanza, la vida vence a la duda y sus inquietudes con la fe, la vida vence a la nada y su vacío con la plenitud, la vida vence a la incredulidad con la sabiduría, la vida vence a la angustia malhumorada con la paz. La vida se hace más fuerte porque se convierte en amor hasta el extremo, y como Dios es amor, al divinizarse por amar, la vida se torna eterna. Y cuando se ve libre de las coordenadas del espacio y del tiempo, del mundo que no es Dios, se glorifica al revestirse del ser divino. 

    La palabra clave hoy mirando a Jesús resucitado es: ¡VICTORIA!. Así que mi consejo es que nunca dejéis de acordaros y de adorar a Jesús vivo y resucitado. Y menos ahora que luchamos contra este fiero enemigo que está arrancando de nuestro lado a miles de hermanos. Pero tranquilos. Porque es Jesús, el que estuvo muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, el que nos dice: “Ánimo pues hermanos, yo he vencido al mundo y sus muertes, esta peste, puede matar los cuerpos, pero nada puede contra vosotros, vuestro espíritu está a salvo”. 

    Si Cristo ha muerto y ha resucitado, nosotros que podemos morir en cualquier momento y por la causa que sea, también resucitaremos. Después de todo esta dura pandemia lo único que puede hacer es matarnos. Y eso aunque nos aterra como le ocurrió a Jesús en Getsemaní y en algún momento en la cruz, no es definitivo. La Resurrección de Jesús lo prueba. Por eso hoy más que nunca cree en su amor, espera en su amor y ámale como Él te ha amado a ti y a los demás.

    Por eso prosigue el Nuevo Testamento diciéndonos más cosas en este tiempo tan aciago. Nos dice sed testigos de la Resurrección y de su significado para los demás en este momento tenebroso. Nos dice dad gracias a Dios por su amor eterno manifestado en Cristo Jesús resucitado, y que esta tiniebla no aborte vuestros cantos alegres. Nos dice eliminad todos los “virus” que no os dejan vivir en plenitud. Eliminadlos de vuestra mente, de vuestros sentimientos, y de vuestro hablar y actuar. Desintoxicaos de lo que os mata, porque la gloria de Dios está en que viváis en plenitud, en abundancia. Y el virus nos vence si dejamos que envenene no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros espíritus. Nos dice que entendamos bien a Dios pues Él quiere la glorificación de la vida y no su destrucción o su mera provisionalidad precaria. Y para hacerte eterno quiere que como un esposo o una esposa, respondas enamorado que sí a su propuesta de esponsales para ser uno con él sin dejar nunca de ser tú mismo. El Nuevo Testamento nos dice que no tiremos la toalla en medio de estas dificultades o cualquiera otras. El Nuevo Testamento te dice que si desesperas, si caminas sin rumbo, si pierdes el norte, te indica que escuches a Jesús, pues el hará arder tu corazón, y con el fuego de su Espíritu recuperarás todas tus energías. 

    Así que hermano, en medio de esta tiniebla, esta es una Noche Santa, la noche de la Pascua, no te acuestes hoy acongojado, mira a Cristo resucitado y esboza la mejor de tus sonrisas. ¡Venceremos!¡Lo haremos! “El sudor, la sangre y las lágrimas” no serán nuestro destino último. Con ánimo y firmeza sigamos luchando sin echarnos atrás, amando a cada instante que es lo contrario que hacen los virus destructivos, eso es lo que nos ha enseñado Jesús estos días santos.  ¡No seas un virus que destruye vidas! ¡Ayuda a la vida y lucha por ella contra cualquier virus que quiera destruirla, cogido de la mano de Jesús! Pues para eso ha venido Él para sanar y salvar. Nunca lo olvides. ¡Feliz Pascua a todos! ¡Aleluya!. Que nunca decaiga el aliento, a pesar de los nervios, seamos más fuertes que ellos. ¡Ánimo pues amigos!.

 

VIERNES SANTO

    Hermanos hoy nuestros ojos se ponen en la Cruz y en la sepultura. En este segundo capítulo del triduo pascual, las Escrituras dirigen nuestra atención a esas dos realidades. Duras, muy duras, para los que hoy las vivimos en carne propia. Así que escuchemos la voz del Señor que nos habla por las palabras de las Escrituras.

    Isaias afronta un tema espinoso. De difícil comprensión para muchos. ¿Por qué el Padre quiere que su Hijo sufra ese amargo tormento? ¿tan cruel es necesita ver la sangre de su Hijo para sentirse satisfecho por el daño que le ocasionan nuestros pecados? Visto así Dios parece un monstruo. Alguien inmaduro a quien podemos herir con nuestras torpezas. Pero el problema no está en Dios sino en nosotros. En nuestra comprensión equivocada de los hechos. En nuestra interpretación. Tenemos con Él un serio problema de percepción. El evangelio proclama siempre de manera rotunda que Dios es amor y misericordia. ¿Como es esto compatible con la pasión de Cristo al parecer querida por el Padre?. Por una sencilla razón: si Dios nos amara y su amor consistiese en cerrar sus ojos para no ver nuestro mal, y las injusticias que con nuestros males hemos perpetrado, Dios sería terriblemente injusto. Injusto con las víctimas de la injusticia humana. ¿Quien daría satisfacción a las víctimas de la injusticia?¿Acaso tendrían que padecer sin más esos atropellos sin que los que los han perpetrado sufriesen castigo alguno? Los injustos se irían con las manos limpias de polvo y paja. Muy felices y orondos. Los sumos sacerdotes, Pilatos, la soldadesca, el populacho, el mismo Judas, quedarían impunes. Y todos los que han seguido sus pasos y hecho lo mismo con los demás, gozarían del mismo destino: la total impunidad. Pero la injusticia no puede quedar impune. ¿Ese amor sería verdadero? No lo sería. Por ello el Padre Dios ha decidido que su Hijo pague el precio de nuestras injusticias. Ya nadie podrá decir que el injusto no ha sido castigado. Lo ha sido pero en las espaldas de Jesús. O sea: Dios hecho hombre ha querido pagar el precio de toda la injusticia humana y sin merecerlo: sólo por pura generosidad. Dios nos ama con exceso. Para poder así salvar a los que no merecen ser salvados. Sólo pone una condición: acepta tu injusticia, llórala viendo el martirio que le ha supuesto a Cristo Jesús pagar por ella, y cambia de vida. Si lo haces de veras, sabrás lo que es la misericordia gratuita de Dios. Dios ha pagado por ti. Su amor no ignora tu injusticia, no te deja impune, carga tu castigo sobre Él, y así te muestra que te ama hasta ese extremo. Por eso el Siervo de Dios de Isaias, muestra a las claras, que el amor de Dios, no tiene parangón. Pues asume el castigo de mi injusticia para que yo no tenga que pagar por ella, y así, pueda salvarme. Amor como este no hay otro. Yo por ti para que tú puedas vivir. 

    Y ahora es cuando mis ojos se van a los sanitarios, a los servicios civiles, a los servicios que prestan tantas y tantas personas para sacarnos adelante en medio de esta atroz pandemia en la que nos han sumergido diciéndonos que era una gripe más, cuando este virus multiplica por diez la capacidad que la gripe tiene de contagiar y de matar. Esas personas, aunque nos han engañado, arriesgan su vida por mí y por ti, por todos, y son la viva expresión de Cristo sufriente, cargando sobre sí nuestra cruz, para intentar salvarnos a todos, a riesgo de su propia vida. Pues muchos de ellos se contagian y hasta mueren, y todo, porque están dispuestos a ocupar nuestro destino, si pueden salvarnos. Son Cristo. Son Dios hecho hombre. Y eso me maravilla, porque sin darnos cuenta, es Cristo quien nos socorre en cada uno de ellos, y eso los convierte en gente sagrada para mí. 

    Pablo y el salmo además me hacen ver a los ancianos que tanto están sufriendo esta pandemia. Porque son dejados de lado muchas veces, para poder salvar a otros. Y el criterio es simple: son ancianos, tienen menos posibilidades de salir adelante, y son rechazados con mucho dolor, pero dejados de lado, y caminan en medio de la pandemia, como ovejas destinadas al matadero. No hay medios suficientes para atenderlos a todos, ningún sistema sanitario está preparado para algo tan monstruoso como esto. Porque esto no es lo que sucede a diario. Cierto que algunos ancianos se escapan. Pero son muy pocos. La mayoría, se van. Un 40% de las víctimas son ellos. Pero ¿sabéis qué? Cristo está en ellos. Sufriendo su destino, y a gritos y con lágrimas habla al Padre en sus nombres, para que no se pierdan en un océano de indiferencia. Cristo los comprende como nadie, porque Él, paso por su situación. Fue despreciado, rechazado, ninguneado, condenado a muerte atroz. Esta es otra razón de que Dios hiciese pasar a su Hijo por el calvario: que nadie que sufra la injusticia del mundo o de los hombres, se quede sólo e incomprendido. Que nadie se quede abandonado. Así es como Dios interactúa con nuestro universo caótico sin vulnerar sus coordenadas para salvar en todo momento la verdad de nuestra libertad. Por eso Jesús no prometió que no sufriríamos ni tampoco que no moriríamos. Eso forma parte de existir fuera de la plenitud de Dios, en este marco de existencia que llamamos mundo. Lo que si hizo y dijo fue que nadie se quedaría solo de Dios ni en el sufrimiento ni en la muerte. Y que igual que Él resucitaría, los que como Él, sufriesen y muriesen y creyeran en su amor, vivirían para siempre. Así que dejemos de pensar en el “dios pagano” que salva de las plagas a unos sí y a otros no, llevado de sus caprichos. Dios no es injusto. Si fuese así de caprichoso, lo sería sin duda alguna. Nuestros torpes modos de hablar de Dios, crean ateos a cada paso. Y no permiten a los demás encontrar al Dios verdadero que nos llena de luz en medio de esta oscuridad.

    Por último de la pasión de Juan sólo resaltaré un detalle. La conversación con Pilatos. “Quien escucha mi voz encuentra la verdad”. Y es que en medio de esta pandemia sin escuchar la voz de Jesús es muy difícil, sino harto improbable, no sucumbir ante la tentación de pensar que todo es para nada, y que este universo nuestro, con nuestras vidas incluidas son una pura manifestación del absurdo. Dile tú a un padre o a una madre que la vida de su hijo o de su hija es absurda y fíjate bien en la mirada que te dedicarán sus ojos. Y entenderás que cuando se ama de veras, esa opción nunca es aceptable. Por eso Jesús crucificado, sufriente, muerto y sepultado, pero que ahora resucitado, vive por los siglos, es la verdad que el amor que profesamos a muchos, reclama desde el mismo día en que dejamos de ser simples brutos para convertirnos en personas. Su verdad nos permite ser rebeldes contra esta brutal pandemia y sus efectos. Y es esa verdad la que no nos permite lavarnos las manos como Pilatos, frente al dolor de los demás, sólo porque a mí o a los míos, no les esté pasando lo peor que en esta situación puede sucedernos, y que de hecho les está sucediendo a muchos otros. La verdad de Jesús es que la vida y el amor son más fuertes que la muerte y esa es la madre de todas las esperanzas, porque en mayor o menor grado, la esperanza supone eso. Saber que la vida es más importante que nada, y que conviene hacer cualquier cosa por arriesgada y costosa que esta sea con tal de salvarla. Incluso la de entregar la mía propia por salvar la de todos los demás. Eso es la cruz y no otro cosa. Cristo crucificado es una memoria subversiva en medio de esta pandemia y todas sus injusticias y crueldades, que nos impele a sacar lo mejor de nuestra humanidad para construir un mundo diferente en el que las injusticias no campen a sus anchas. Ocultar la verdad de una pandemia para defender la economía capitalista a costa del bien común, o para, no ser tildado de ser un régimen incapaz de controlar con eficiencia que este tipo de catástrofes humanitarias se produzcan, son actitudes hijas del Sanedrín, de Pilatos, de Judas, del populacho o de la soldadesca, pero nunca de Cristo crucificado, víctima de ellas. Y por ello memoria subversiva frente a ellas.

    Decidme: ¿es o no la Cruz una realidad que merece ser mirada con detenimiento en esta jornada de Viernes Santo que acontece en medio de esta catástrofe sanitaria? ¿Quién se atreve ahora a decir que los que adoramos a Cristo crucificado estamos poniendo nuestra atención cordial en una tortura macabra? Amigos Cristo crucificado es la proclamación subversiva de que las víctimas de esta injusta y macabra pandemia vencerán. Como bien dice el mensaje que nos ha enviado a todos mi querida Maruja: no hay ningún coronavirus que pueda vencer esta CORONA. La corona de espinas que ciñe la frente de Cristo Jesús nuestro rey victorioso y resucitado. No es nuestro destino final la sepultura o la hurna de cenizas. Jesús el Rey de reyes jamás lo permitirá. Así que cuando hoy grito ¡Viva Cristo Rey! quiero decir que todas las víctimas de esta macabra pandemia jamás serán olvidadas ni abandonadas, quizás sí por los hombres, pero jamás por Dios, y ese amigos es hoy el fundamento de mi esperanza contra toda esperanza. Ánimo pues hermanos. 

 

JUEVES SANTO

     Hoy nuestra atención se desplaza a un momento curioso al par que dramático: una Cena. Las Escrituras nos ayudarán a entender lo que os digo y el significado de este hecho, y como se cumple hoy en nuestra vida.

    Una cena dice el Éxodo. Una cena frugal: panes ázimos porque no hay tiempo para dejarlos fermentar, cordero asado a fuego,  hiervas amargas por ensalada, y vino. La muerte recorre las calles. Somos esclavos. Y nos disponemos a realizar un duro viaje. Así estamos nosotros, esclavizados, alimentados de aquella manera, rodeados por la muerte que se nos mete en casa sin cesar a través de teléfonos, internet, radio y televisión. Por eso es importante hoy, hacer fiesta, para soñar en el transcurso de nuestra cena, con la libertad que nos espera. La provisional y la definitiva. Soñar y esperar, animarnos para el duro camino, he ahí el cometido de nuestra Cena Eucarística. El Señor está con nosotros, y nada ni nadie nos podrá separar de su amor: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”. Porque su amor por nosotros es un amor hasta el extremo. Estamos cercados por la muerte hoy, y necesitamos este aliento, he aquí una razón por la que es importante no abandonar nunca esta sagrada cena y celebrar siempre la Eucaristía.

    Porque su amor alimenta nuestra esperanza contra toda esperanza, damos gracias en medio de un presente lleno de desgracias que hielan el alma. Y alzamos unidos la copa de la Salvación. Eso significa Eucaristía, acción de gracias, en medio de la oscuridad. Sí. Acción de gracias cuando nos vemos cercados por la muerte. El Salmo nos lo dice. Brindamos cuando la muerte traidora, se sienta entre nosotros, con el nombre funesto de Judas. Y lo hacemos porque no vamos a permitir que su feo rostro nos hiele el alma. Porque Dios está de nuestro lado. Y el que pudo sacar todo de la nada nos auxiliará. Su amor eterno, revelado en su disposición a dar la vida, nos lo revela y por eso le damos gracias. He aquí la razón básica para acercarse a celebrar la Eucaristía. Adoramos un amor como pocos. 

    Por eso Pablo nos da la clave de todo: cuando la muerte nos amenaza, nos acosa y fustiga, hacemos memoria de Jesús de su amor hasta dar la vida por nosotros, derramando hasta la última gota de su sangre preciosa: Sangre enamorada. Pues hacer memoria de su amor que fue más fuerte que la muerte, es lo que nutre nuestra esperanza, nuestra fortaleza, y nuestra paciencia frente a la tribulación. He ahí una razón importante para acercarse a celebrar la Eucaristía. 

    Así que mientras nos cerca la muerte, y habita entre nosotros, no tenemos más que un cometido en esta vida. Jesús lo enseña de manera preciosa en el Evangelio. Lavar los pies, es decir, servir. O sea amar y también dejarse amar. No sólo amar a los demás. Dejarse amar por los demás es importante. No seamos cabezotas como Pedro. Y mientras nos amamos, a “don Judas” que le den dos duros. El cometido de la vida es amarse y si es posible o necesario, hacerlo hasta el extremo. Y esto es válido para todo ser humano. En amar y ser amado consiste existir si es que quieres ser feliz. Si ríes hazlo por amor. Si lloras hazlo por amor. Del amor, decía mi Maruja, nunca sacarás nada malo. Ser un amor, y no un amo, eso es lo que Jesús nos enseña siempre. He aquí otra gran razón para celebrar la cena eucarística, entender la magnitud de su sacrificio enamorado por nosotros para alimentar nuestra capacidad de amar con su palabra y su persona hecha pan y vino, y posibilitar que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Llenarnos de su gracia. Dejarnos visitar por su Santo Espíritu. Pues que Jesús sea nuestro Señor, sólo significa, que convertimos al Amor con mayúsculas, en el Señor de nuestra existencia.

    Así que centrar nuestra atención en una Cena hoy, merece la pena. Porque es nutrirse de amor esperanzado mientras caminamos por este desierto en el que la muerte nos acecha. Por eso, no te hagas remolón como el maleducado al que hay que estar diciéndole constantemente: ¡Nene come que te hagas grande!. La vida no es una broma, es una aventura difícil y no podemos afrontarla de cualquier manera. Nutridos de amor pleno de esperanza sí. Ánimo pues Hermanos míos: ¡AMADOS!.

 

DOMINGO DE RAMOS

    Qué importante resulta, en estos tiempos, tener el oído espabilado que sepa escuchar como el de un iniciado una palabra de aliento. Los oídos abiertos a su Palabra (que se hace nueva cada día por acción del Espíritu de Jesús resucitado) nos ayudan sobremanera, no sólo a nosotros, sino a los demás. Pues lo que escuchamos para nosotros también beneficiará a otros, que incluso pueden ser muchos. Pues no sólo estamos abatidos nosotros sino también muchas más personas. Las palabras de Jesús resucitado hoy nos endurecen. Nos hacen fuertes como piedras, y nos inundan de una esperanza sin par para no sentirnos defraudados ni siquiera ante las puertas de la muerte misma. Resistencia y capacidad de aguante. Fortaleza. Eso infunde en nosotros su palabra si la oímos sabiendo que no es un texto muerto, sino la voz del Jesús vivo que por medio de su Espíritu, resuena en nuestros corazones con un vigor y una actualidad inusitados. Como una vez resucitado experimentaron los discípulos en el cenáculo o caminando hacia Emaús.

    Por ejemplo: ¿como nos sentimos hoy muchos seres humanos? Miremos a Jesús en su pasión y veremos que nos sentimos como Él, se sintió en aquellos amargos momentos. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando lo vendió un supuesto amigo suyo por 30 monedas de plata? Ahora lo que les preocupa mucho a los poderosos más que las personas es como va a afectar esto a la economía. De hecho no se decretó antes el confinamiento para no dañar la buena marcha del dinero, aunque eso supusiese el contagio y la muerte de miles de personas por todo el mundo.  Y los famosos ERTES han venido a reforzar aún más esta sensación de que las “perras” lo son todo. El que debe cuidar de ti te vende. Así que tu enfado es el suyo. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús teniendo que compartir mesa y mantel con quien lo ha vendido y encima hacerle partícipe de su amor hasta dar la vida y derramar su sangre por él? Beber vinagre es poco. Quizás te toque este tiempo convivir con alguien a quien no te resulta nada fácil poder tragar, y con quien sólo eres capaz de vivir a su lado, porque tenéis tiempo sobrado para descansar uno de otro. Pues si te sientes así que sepas que Jesús, también pasó por eso. Y es capaz de entenderte.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando sus amigos lo dejaron solo a las puertas de su cruz? Se entristeció y se angustió. Así lo dice el texto. Una soledad opresiva, inquietante, demoledora. Porque estaban sí, pero dormidos. Incluso después lo negarían, como si no le conocieran. O  imagínate si te ves teniendo que afrontar situaciones muy duras y difíciles en completa soledad, sí o sí, sin poder cambiar nada. A veces se nos olvida que Jesús camino de la cruz, no fue defendido ni auxiliado por el falso “dios” milagrero, que viene a romper la independencia del universo con su intervenciones caprichosas (para unos sí y para otros no). ¿Te oprime tu soledad? Pues alguien que pasó por ello es capaz de comprenderte.

    ¿Como se sentiría el que vino para amar y para enseñarnos a amar, al ver, que a la primera de cambio, sus amigos lo primero que hicieron fue sacar la espada para atacar?. ¿Es frustración y fracaso lo que sientes. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se sintiese juzgado y condenado siendo inocente? ¿Has pasado por eso? y si los demás no lo han hecho, ¿lo hace tu mente? Porque mira que a veces nuestra mente es farisea y saducea. Y sólo la soportamos saliendo a la calle y poniendo nuestra atención en otras cosas. Pero ahora, eso, es imposible. Y hay que estar con ella a diario. Minuto a minuto. Y a veces, por obsesiva, se puede llegar a atragantar hasta el extremo. Si te ves así aprende de Jesús que paso por ello, y decidió no hablarle ni responderle. Porque no pretende corregirte ni ayudarte, sino acosarte y destruirte. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando fue torturado, apaleado, maltratado con brutalidad y sufrió burlas?. El salmo de hoy es para leerlo con calma y entender que pasó por esa alma. Pero ahora piensa en los que están en los hospitales o en sus casas solos pasando esta enfermedad. ¿No sentirán que la vida los tortura, los apalea, los maltrata con brutalidad y que se burla de ellos?. Si eres uno de ellos, tu que lees estas palabras hoy, que sepas que Jesús pasó por eso, y sabe bien lo mucho que este duro cáliz puede llegar a atragantársete. Cógete de su mano, porque a Él si puedes tocarlo sin temor a contagiarlo de nada. Se le toca, por medio de la fe en él. Desahoga ante Él tu corazón pues le importas. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando Pedro y Judas se arrepintieron tarde de lo que habían hecho, cuando ya era imposible cambiar nada? Al menos Pedro no se ahorcó. Su cobardía le brindó una nueva oportunidad. No como a Judas, cuyo exceso de valentía, lo sumergió en la  nada más fría y oscura. Pensamos bien muchas veces, pero tarde. ¿Sientes tú que con esta pandemia ha ocurrido lo mismo? ¿Qué nuestros líderes mundiales ahora se arrepienten de tanto tiempo perdido en bobadas? Pues amigo o amiga, no eres el único. Jesús también pasó por eso. Y no por ello, dejó de lado su lucha por lograr el bien de sus hermanos, aunque estos le estuviesen demostrando con sus actos, que no parecían merecer mucho la pena. Pienso en responsables civiles, servicios básicos o sanitarios. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando viese que Pilatos sólo lo usaba como una posibilidad política de ser capaz de controlar una situación y salir así airoso y reforzado, sin importarle la justicia lo más mínimo? ¿No es así como nos sentimos nosotros cuando vemos a los que gobiernan y a los que quieren gobernar hacer lo mismo? ¿Ver a ver como mueven sus hilos para mantenerse en el poder o para hacerse con él?. ¿Que vergüenza verdad? Pues Jesús paso por el mundo, de nuestro lado, y no del lado de ellos.

    ¿Como se sentiría Jesús preso de la burla o la tortura, siendo totalmente desnudado? ¿O como se sentiría cuando fue clavado en la cruz después de haberlo azotado hasta provocarle un desangramiento lento pero mortal de necesidad por debilitamiento progresivo? ¿Se sentirán así los que se ven morir como Jesús en medio de esta pandemia? Los que mueren solos, los que mueren a las puertas de las UCI porque no hay sitio para ellos. Seguro que se sienten como Jesús abandonados hasta por Dios. Por el Dios amo del antiguo testamento, no por el Padre Dios que Él nos reveló, ese lo resucitaría. Hoy lo que vivimos como ayer, es un horror que estamos volviendo a ver y a vivir, y por desgracia muchos, demasiados, en primera persona.

    ¿Como se sentiría Jesús al morir entre bandidos? Quizás como se sienten muchos que al morir hoy, sabiendo que mañana solo serán un número más en las listas de los miles que ya van muertos porque la incompetencia de nuestros gobiernos no se ha sabido organizar con tiempo y mucha previsión, globalmente hablando. Y las razones ya os las he dicho. Poderoso caballero es don Dinero. Pues eso mismo creo le pasó a Jesús por la cabeza y el corazón en esa hora triste. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se dedicaron a decirle si estás ahí es porque te lo has buscado? Pues supongo que como al que fue a un lugar, al que podía haber evitado ir, y se contagió de la plaga que nos devora. Como si eso fuese culpa suya. No hablo aquí de los que van buscándola temerariamente tentando a Dios por un exceso de confianza en la providencia. Eso es otra cosa. Pero aún así. Que mal se siente uno cuando encima parece que la culpa de lo que le pasa la tiene él, cuando solamente es responsable, porque nunca tuvo intención de causar mal alguno ni a él ni a los demás. 

    ¿En fin como se sentiría Jesús al ver que a su propuesta de amor lo único que le dio la vida fue vinagre? Pues creo que como los que en estas oscuras horas, reciben de la vida el mismo trato, y solo por amar y vivir, sin hacerle daño irreparable a nadie. 

    ¿Como se sentiría la madre de Jesús María cuando no pudo ni estar en el entierro de su Hijo, porque hubo que enterrarlo de prisa y corriendo en total anonimato y por la acción de tres o cuatro personas entre las que ella no se pudo contar? Pues como se sienten hoy muchos que ni siquiera pueden ir a despedirse de los suyos porque están sujetos a una cuarentena que no pueden romper como algunos si se permiten el lujo de hacer. Y es que como siempre, hay quien tiene vergüenza y responsabilidad social, y quien carece de ella. Nada nuevo bajo el sol. ¿O como se sentiría María cuando su hijo fue hasta custodiado tras la muerte sin poder acercarse a la tumba para nada? Pues creo que como los que pierden de vista los cuerpos de sus familiares porque las autoridades estiman que hay que deshacerse pronto de ellos para evitar contagios, o recluirlos en espacios vedados para los demás. 

Ella pasó por ahí.

    ¿Veis? Jesús y su Madre, como nosotros, pasaron por estas horas amargas. Cada uno de una manera, cada cual desde una posición distinta, pero todos solidarios en el mismo sufrimiento. Nunca estamos solos si no queremos, pues ellos, María y Jesús, nos acompañan porque pasaron por lo mismo que nosotros.

    Que se haya rasgado el traje del sumo sacerdote y el velo del templo, es una expresión viva de que el Dios amo del antiguo testamento, se ha ido al garete. Y en Cristo se ha revelado el Dios amor. La letra “r” lo cambia todo. Antes el ser humano cuando sufría creía que tenía a Dios enfrente castigándole. Ahora el ser humano cuando sufre, sabe que Dios está con él, más que nunca, pues en esta su hora amarga es cuando con más fuerza lo ama, para que si la muerte lo destruye que no se pierda el tesoro precioso que cada uno es. 

    El Dios de Jesús es un hombre cualquiera, ni siquiera se viste de forma distinta a como visten los demás, hay que darle un beso falso, para poder reconocerle y así apresarle. Dios no nos es ajeno. Pues El que se puso a nuestro lado, hasta el dolor y la muerte, fue resucitado. Y eso mismo ocurrirá con nosotros, como Mateo preanuncia hacia el final de su pasión. Basta unirse a Él, a Jesús con fe, con esperanza y con amor, por medio de la vida sacramental y la oración. Si respondes que sí a su amor, enamorado, te regalará todo lo que es suyo. Pero ni quiere, ni puede imponerte su amor. Tenlo presente. El Dios que te ha creado sin ti, no puede ni quiere salvarte sin ti. San Agustín lo tiene muy claro. Y yo con él. 

    ¿Largo Eh? Tenemos tiempo. Por eso me he explayado. No suelo hacer minifaldas de mis predicaciones: cortas y que enseñen mucho. Lo mío es hacer refajos, faldas largas, multicolores, muy bordadas y llenas de muchos detalles y adornos. Debe ser que Lorca y sus bordados me gustan mucho. Pero escuchar en esta hora amarga se hace básico y fundamental si queremos encontrar fuerzas. Así que amigos: oídos bien abiertos. Que  para vivir los tiempos duros, hay que endurecerse como las mismas piedras, el corazón que ama la vida, debe ser defendido contra viento y marea. ¡Escuchad! y ¡Ánimo pues!.   

 

V CUARESMA

     Hermanos que duro se hace convivir con la cifra de muertos que no cesa de subir. Cuanto deseamos todos ver llegar el día en que en vez de subir, estas cifras desciendan. Son horas oscuras y amargas. 

    Son horas de reproches. Como Marta y María parece que echamos en falta a Jesús. Y vemos como la muerte se impone. Y languidecemos. Nos falta el aliento. Muchos lloran sin consuelo. Voy a hacer un entierro ahora en breve. Y tendré que hacerlo como se hizo el de Jesús, en la entrada del cementerio, de prisa y corriendo, y serán pocos familiares y cercanos los que puedan estar presentes. Qué horror. Qué desconsuelo. Pero así fue el funeral de Jesús, pocas personas, en el lugar donde murió, y deprisa y corriendo, aquel Viernes Santo poco antes de que cayese el sol. 

    ¿Donde está Jesús? En esos difuntos hoy. Jesús que lloró dos veces en el funeral de Lázaro está hoy en todos los que lloran las pérdidas humanas: familiares, amigos, sanitarios y población en general, en todos los seres humanos de buena voluntad, que no asisten indiferentes ante esta horrible tragedia, en la que los muertos se cuentan ya por miles.

    Y Jesús está en su palabra. El apóstol Pablo nos lo ha mostrado. La carne morirá lo sabemos todos. Pero si nos unimos a Jesús por la fe, el amor, la esperanza y los sacramentos, el Espíritu de Jesús resucitado, nos glorificará como Él ha sido glorificado tras la cruz y el sepulcro. El Espíritu sólo sabe vivificar. Su oficio es aletear sobre el caos informe para contribuir con su obra a sacar universos nuevos de la nada. En esta circunstancia la carne no puede ser nuestra apoyatura última. Necesitamos mirar más allá. Y la palabra de Jesús es la que nos permite hacerlo. Eso es lo que Jesús ha respondido a Marta y a María, que somos hoy, todos nosotros. 

    Amigos, Ezequiel nos lo dice con tanta rotundidad, con su verbo poético apasionante, que con cada verso enciende en nosotros el fuego de la esperanza en medio de este clamoroso sufrimiento. Nuestros sepulcros serán abiertos. Saldremos de estos oscuros sepulcros y seremos llevados a una nueva tierra, ese día sabremos que Él es el Señor y viviremos para siempre. Y colocados en esa nueva tierra sabremos que el Señor lo dijo y lo hará.

    Así que sólo nos cabe hoy, creer esto. Él es la Resurrección y la vida y el que crea en Él aunque haya muerto vivirá, no morirá para siempre. La cultura de la muerte no tendrá la última palabra en la vida. Y si es que eres pecador, no temas, el salmo enseña que Dios sabrá tener misericordia de todos, y si lo recibes ese regalo, será tuyo. 

    De modo que si lloramos hoy porque queremos a los que mueren, si los amamos, decid con todo vuestro corazón las palabras de Marta: “Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Y si aún no puedes decirlo, al menos desea poder decirlo. Que Jesús sabrá estar a tu altura, para salvarte, porque aunque no creas en Él, le importas, como tú ni siquiera eres capaz de pensar hoy. 

    Que la muerte y su trágico dramatismo no os envenene el alma, en la Palabra de Dios de este día tenéis a vuestro alcance el antídoto que todos necesitamos. Ánimo pues hermanos.

 

IV CUARESMA LETARE

    No hace falta repetir que estamos inmersos en la oscuridad. Basta poner las noticias un rato o leer algún periódico o tabloide, y se hiela el alma. La pandemia crece y las cifras de víctimas mortales también, y eso parece que no nos deja percatarnos de que también se producen altas hospitalarias. El dolor eclipsa la luz. Por eso contemplar hoy las escrituras es importante. Para comprender lo que nos pasa y no asustarnos de nosotros mismos.

    Samuel no ve quien es el elegido de Dios para ocupar el puesto de rey de su pueblo. Sus ojos no son capaces de ir más allá de lo que tiene delante en este instante. Sin embargo en la voz del Señor encuentra luz para acertar en el momento oportuno. La voz del Señor lo guía en medio de la oscuridad a la iluminación.

    Pablo nos invita a no ser tinieblas en estos momentos oscuros, sino a ser luz. Buscando lo bueno, lo justo y lo verdadero. Porque algunos da vergüenza ver lo que hacen lanzando noticias falsas, adoptando actitudes irresponsables con ellos y los demás, buscando el mayor rédito para su propio grupito o partido sin preocuparles en absoluto el bien común de todos que ahora es lo único importante, o  intentando estafar a la gente en medio de una pandemia como ésta.  Y que merecen ser denunciados por su inhumanidad. Merecen ser puestos ante la luz para que sus patrañas, su inconsciencia, su necio partidismo y su mala fe queden en evidencia. 

    También Pablo nos insta a levantar nuestra atención de la muerte que la pandemia genera en nuestro entorno. Estar mirando a la muerte constantemente es como mirar al sol sin cesar y sin protección alguna. La muerte con su espesura sensorial quema los ojos del alma. Mirad a Cristo y no a la muerte. Y en medio de tanta oscuridad encontraréis la luz que no hallaréis en otros lugares. Cristo es sinónimo inmediato de que la muerte no tiene la última palabra en su vida. 

    El Evangelio nos hace comprender que somos ese ciego. Todos somos ese ciego en estos momentos. Incluso no faltan puritanos moralistas que dicen que nos merecemos lo que nos pasa por ser pecadores. Despreciables fariseos nunca faltarán según parece. Incluso abra quien cuestione la luz que Jesús haga resplandecer en nuestros corazones con el poder de su palabra. Y nos acusará de mil cosas distintas. Los expertos de la duda que nunca cesan y que vienen a intentar privarnos de las fuentes de nuestra esperanza para dejarnos inmersos en el oscuro abismo del sinsentido. Y en ese grupo hasta nuestra familia puede estar incluida. Los miedos nos lleva a todos a decir muchos disparates y tonterías.

    No desoigamos el Evangelio que en este sentido es enormemente claro. Incluso nosotros como el ciego no entenderemos todo el tiempo quien es Jesús, donde está o que quiere de nosotros, sólo sabremos que su presencia en nuestra alma, cambia las cosas. Y hace que nuestra oscuridad tenebrosa, levante. La niebla interior se desvanece cuando Él está presente en nuestra mente. Y esto no sabremos explicarlo del todo a los que nos discutan, pero esta verdad interior nos resultará incuestionable, aunque ello nos condene a la incomprensión y la soledad en medio de los demás. Tendremos miedos, nos sentiremos como expulsados del grupo de los sensatos. Pero Él nos volverá a salir al paso, nos solicitará la fe, sólo veremos ante nosotros al hijo de un hombre, pero que no es un testigo de la luz más, sino que Él es la LUZ. 

    Cuanto necesitamos en estos momentos oscuros decir con toda el alma: Creo, Señor. Para que como ciegos podamos ver con la luz de sus ojos. 

    Envía tu Espíritu sobre nosotros Jesús, como fue derramado sobre David. Tu Espíritu hoy es el viento que mueve nuestra mente que es la veleta. Lo necesitamos más que nunca, para que en medio de este valle tenebroso, sintamos a nuestro lado tu paso firme de buen pastor que con tu bondad y tu misericordia nos acompañan todos los días de nuestras vidas y que siempre nos guía por el camino justo. 

    Señor Jesús no nos dejes ahora defiéndenos de nuestros enemigos. Mantente a nuestro lado porque él enemigo nos cerca. Guarda Buen Pastor a tus ovejas perdidas en medio de estas cañadas oscuras. Llegada la hora, recuéstanos a todos en verdes praderas y condúcenos hacia fuentes tranquilas. Y mientras tanto Señor, repara constantemente nuestras fuerzas.

 

SAN JOSÉ

    Envueltos en la oscuridad así nos encontramos. Horas como ésta que estamos viviendo nos lo hacen comprender. Una hora tenebrosa, sin duda alguna. Por eso las lecturas hoy vienen en nuestro socorro.

    David en la primera lectura recibe una promesa de bendición para su progenie. Una bendición que no vera. Y solo puede creerla. Mantener la fe en medio de la oscuridad incierta del futuro, es caminar en parte, a tientas. Y la firmeza, en esa situación es muy prudente, porque no sabes bien donde pisas y tienes que ir con muchísimo cuidado. Pero una cosa es cierta, sin fe, no sales de la caverna. Lo sé porque durante un tiempo en mi juventud me encantó la espeleología, y por tanto, meterme en todas las cuevas habidas y por haber. La vida es muchas veces como caminar por una caverna. Y se necesita mucha fe, para recorrerla. Y decir fe, significa, decir no verlo todo claro. En una noche oscura, se camina con esta fe. Juan de la Cruz y Teresita de Lisieux, lo experimentaron muy bien. Y lo pusieron por escrito en varias ocasiones.

    Abraham da un paso más en la epístola. Él cree en que Dios lo ama, y ello le lleva a mantener viva la esperanza contra toda esperanza. Cuantos ratos tendremos de perder la esperanza, sobre todo cuando vemos las noticias, que no cesan de helarnos el alma. Creer contra toda esperanza. Es la clave. Mantener viva la esperanza a toda costa. Y cuando el mundo y sus circunstancias fallan, sólo Dios queda. Y eso es lo que descubrió Abraham a confiar en Dios, aunque todo a su alrededor no le resultaba agradable. Y así es como pasado un tiempo largo pudo encontrar su lugar, desarrollar su misión y ser el padre de pueblos. La fe, lo llenó de esperanza, y la esperanza lo hizo fuerte y paciente. Eso necesitamos: el corazón de Abraham.

    El Evangelio nos pone ante una hora nueva. La hora de los que no dejan de soñar en medio de situaciones contradictorias y difíciles. José es ese hombre. El sueño le lleva a moverse. Y en sus sueños encuentra la voz de Dios que le abre senderos insospechados por él, e infinitos. Soñar en medio de esta reclusión es lo que no podemos dejar de hacer. Acordaros de aquella gran película: cadena perpetua, que no se mueran ahora vuestros sueños. Y no os olvidéis de que todos estuvimos en el vientre materno nueve meses o un poco menos. Y estábamos encerrados y solos. Y todo terminó bien. Tras esta gestación nos aguardará un futuro nuevo.

    No dejéis de leer los textos bíblicos del día porque vienen llenos de guiños que fortalecen nuestra fe. Así que ánimo pues. Esta expresión tan mía, es el nombre de un canto de la fiestas de San Fermín. Y se toca el primer día para tomar conciencia de que se harán largas las fiestas y necesitaremos aguante. Que la Biblia sea ahora vuestra música.

    Y si es que tu fe se quiebra, agárrate de mi mano amiga, y dile al Señor, conmigo: Jesús en medio esta oscuridad, te digo que tengo fe, pero aumenta mi fe. Y recordad, lo importante, no es salir pronto hermanos, es salir bien. Ánimo.

 

III CUARESMA

    Hermanos podría comentaros hoy lo hermoso que es el carácter bautismal de estos densos y bellos textos. Sin embargo dada la especial situación que todos estamos pasando, pues nos ha tocado vivir una cuaresma como al Señor en Getsemaní: aislados, encerrados en casa, solos de nuestro entorno natural, ansiosos y angustiados por una amenaza real que no vemos, y que puede resultar letal para gente a la que queremos con toda el alma, sudando casi sangre, con las ansiedades a tope, y los ansiolíticos junto a la cabecera, en una espera tensa, con datos que no paran de crecer acerca de nuevos contagios, teniendo que luchar a veces con personas de nuestro entorno que no se percatan de lo peligroso del momento, porque un estado de alarma prácticamente internacional no se declara porque sí, (algunos parecen dormidos a nuestro lado poniendo en riesgo a muchos y a ellos mismos). En fin, caminamos hacia el calvario, cogidos de la mano de Jesús, y estas horas se harán largas, pesadas, y enervantes. Y aguardamos con impaciencia la salida de este oscuro sepulcro, pero eso aún tardará. Anhelamos una resurrección que todavía no despuntará. Tardará pero vendrá. Aún así, mientras, podemos sufrir momentos de enorme desaliento y oscuridad. Y ver como nuestros planes sujetos al impacto del caos se vienen abajo por completo.

    Por eso ante este panorama, en la Iglesia parroquial, solo, celebrando la Eucaristía, acompañado de los hijos de Dios que están revestidos de luz en la casa del Padre y que por medio de la comunión de los santos me han sugerido su presencia, en esta hora de las tinieblas para nosotros y de la luz para ellos, las lecturas han resonado con voz propia.

    Números me ha hecho descubrir que en medio de la ansiedad y el desaliento nunca debemos dudar de que el Señor está en medio de nosotros. El salmo nos ha advertido que no endurezcamos el corazón. Porque en la dificultad es muy fácil salir corriendo, dudar de Dios, eso hizo el pueblo de Israel. No sigamos nosotros su ejemplo, el Señor hoy lo deja claro, está y estará entre nosotros, tanto en la vida como en la muerte, en la alegría como en el sufrimiento.

    Y el motivo de su actitud, nos lo demuestra Pablo: nos ama. Dios nos ama hasta el extremo. Dios nos ama por encima de todas las cosas. Y ahí radica una esperanza que va más allá de todo, incluso de la misma muerte. Somos hijos de Dios Padre, y aunque suframos o muramos como Jesús, nunca nos olvidará. La humanidad que sufre pandemia hoy, es Cristo crucificado, y por eso, está misma humanidad puede esperar ser Cristo resucitado. Con esta fe no perderemos la esperanza en medio del sufrimiento. El miedo, la ansiedad, la angustia, son nuestros peores enemigos. Ellos y sus ruidos. No desalentemos la esperanza con los reveses del mal. Alentemos al que cae. Aunque también a nosotros nos tiemble el corazón por dentro.

    Por último el largo Evangelio de Juan nos da la clave: lo importante no es el monte donde demos culto a Dios, lo importante es dar culto al Padre en Espíritu y en Verdad. Y eso aislados, recluidos, sin poder celebrar la Eucaristía en la comunidad tiene un enorme valor. Tiene un infinito mensaje para todos. El Padre está con todos aunque cada uno estemos en casa. Y en él todos estamos unidos. Recordad el refrán español: cada uno en su casa y Dios en la de todos. Y añade tú:  el Dios que está con todos, hace que todos estemos unidos en él. El Espíritu nos une de verdad, aunque estemos recluidos en pequeños conventículos cada uno en su hogar. Hemos vuelto a las catacumbas, pero ellas nos hacen auténticos, aunque en esas lúgubres estancias se está de todo menos feliz, tranquilo y a gusto. 

    Cuarenta años, tardaron los israelitas en cruzar el desierto, esperemos no tardar tanto nosotros en salir de ésta. Así que ánimo hermanos y escuchada esta palabra recordemos las palabras de una querida santa hispana bajo cuya intercesión os pongo a todos, la gran Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa,….” Lo que falta añádelo tú con tu corazón.

 

II CUARESMA

    Dios siempre lleva la iniciativa. Dios es creador. De la nada hace brotar mundos y universos. Y eso hoy queda puesto de relieve en la Palabra que hemos escuchado. 

    Abraham no hubiera podido salir de su tierra y cumplir con su misión si la bendición de Dios no hubiera estado de su parte. Dios lleva la iniciativa y el ser humano responde.

    El orante del Salmo no podría superar el efecto destructivo de su propio pecado si la misericordia de Dios no lo amparase. Dios lleva la iniciativa y la persona humana responde.

    Timoteo no podría cumplir con su misión apostólica si el Espíritu de Dios no lo hubiera llenado de Gracia. Sólo así puede ser para los demás un testigo de Jesucristo resucitado y vivo. 

    Santiago, Juan y Pedro son capaces de escuchar la Palabra de Jesús, reconociendo en Él al Hijo de Dios, gracias a la visión del Tabor, que no terminan de entender, y cuyo sentido, sólo descubren plenamente, tras la resurrección. Es Dios quien les hace ver lo que ellos no son capaces de entender, es Dios quien les anticipa el momento en que comprenderán, es Dios en Cristo quien lleva la iniciativa. Y además es Dios en Cristo quien los hace levantarse y liberarse de los miedos que los atenazan.

    Esto es la espiritualidad verdadera. Dejar que Dios sea Dios, y responder a la acción de su gracia que no es otra cosa que la sombra benefactora del Espíritu Santo que se posa sobre cada uno de nosotros. Pero no lo olvides: hay que aceptar esa gracia y dejarse transformar. No es tiempo para renuncias pietistas hijas de devocionalismos trasnochados. Es tiempo para dejarse transfigurar por el Dios creador que hace nuevas todas la cosas. No se trata de mortificaciones sino de aprender a vivir en plenitud, dejando de lado todo aquello que nos envenena. Ponte a la escucha y deja al Espíritu de Dios que por medio de su sagrada voz ilumine tu conciencia y guíe tu vida. Y también te revestirás de luz porque serás transfigurado. 

 

I CUARESMA

    La centralidad del Espíritu de Dios define por completo el alma de estos días. El Evangelio lo afirma desde el principio. Es el Espíritu Santo el que desencadena el proceso de conversión. Es quien lo tutela y lo dirige. Si no comprendemos esto no entendemos lo que es la conversión.

    El Espíritu es como el aire. Gracias a Él, todos podemos vernos afectados por la Salvación que Jesús nos ha regalado. Sin el Espíritu su obra sólo le hubiese afectado a Él. Pero nosotros no nos podríamos contagiar de ella y sus efectos regeneradores. Pero el Espíritu aunque nos envuelve sólo lo podemos recibir si decidimos abrirle la puerta de nuestra mente, de nuestro corazón y por ende, de nuestra conducta. Aunque vivimos envueltos en aire, si nos negamos a respirar podemos asfixiarnos. 

    El Espíritu es quien nos invita hoy a superar tres grandes errores en nuestra vida, en los que ya fracasaron los hebreos caminando por el desierto. 

     El materialismo que afirma que el ser humano para ser feliz sólo necesita de cosas materiales. Este error es muy propio de nuestra cultura consumista. La manipulación de Dios y de los demás para conseguir nuestros objetivos, sin importarnos para nada ni Dios ni lo demás. Convertir a Dios y a los demás en objetos, en medios para lograr nuestros fines, también es un vicio que nos acompaña desde siempre. Y por último la idolatría de la avaricia que sólo rinde culto a la riqueza y al poder como único logro importante en la vida. Estos tres errores nos visitan como voces mentales, y no como seres de rabo, cuernos y piel carmesí. 

    Tenemos al demonio metido en nuestro mundo interior. Y eso no debe darnos miedo. Así podemos imitar a Jesús, que es fiel hijo de su madre, y por eso, usa su cercanía para pisarle la cabeza, a cada paso. El Espíritu vivo de Jesús es el que nos da fuerzas para hacer eso posible. No estamos solos. El Espíritu y sus ángeles nos acompañan en el combate. 

    Por eso no desperdiciemos el Espíritu que se ha derramado por el mundo para llenarlo de vida. Sin el Espíritu de Dios sólo seríamos polvo de estrellas, pero sin estructura personal. Es una pena que llevados por el texto del mito creacional yavhista y de una superficialidad literalista, nos perdamos el mensaje que encierra: cuando no escuchamos ni recibimos al Espíritu de Dios perdemos la senda del paraíso y emprendemos el camino al infierno al construir un mundo materialista, que manipula personas sin cuento y que sacrifica a millones en el altar idolátrico de la avaricia del poder y las riquezas. La espiritualidad, la vida con el Espíritu de Jesús es el camino firme hacia el paraíso donde la persona es lo primero y el bien común su medio ambiente habitual, y Dios, el que nos ama  hasta el extremo, y no la maquina tragaperras que nos da premios en ocasiones, y nos decepciona la mayoría de las veces. 

    Hoy es tiempo de gracia, por ello, imploremos con fuerza a Dios unidos al salmo, para que no nos quite su santo Espíritu porque sin el Espíritu de Dios no hay vida en plenitud. No lo olvides. 

 

CENIZA

    La llamada a la conversión siempre es global. Porque el mundo necesita respuestas globales. Joel es claro. Los problemas de hoy son hijos de la globalización: calentamiento del planeta, el terrorismo internacional, la pobreza endémica que provoca los flujos migratorios constantes en manos de mafias, con sus peligros anejos para todas las personas inocentes que tratan de encontrar un futuro mejor, las epidemias que nada saben de fronteras superadas, la economía de todos sujeta a los bandazos de un mercado imposible de controlar con estados nación totalmente obsoletos. Son graves los problemas que nos afligen, con estructuras de pecado tan asentadas, que un sólo ser humano no podrá contra ellas. Por eso la convocatoria es para todos. El Evangelio no va de salvación de almas sino de salvación de mundos, de crear universos nuevos. 

    Reconciliarnos con el Padre es una invitación para todos porque el mundo necesita más que nunca reencontrar la senda de la fraternidad. Pablo lo tiene muy claro.

    Por eso el Evangelio es tan claro: La limosna es la invitación a la solidaridad y a la construcción del bien común. El Padre nos lo pide y la limosna pomposa que nutre el propio ego no es lo que nos solicita. 

    La oración es el camino para descubrir que somos Hijos de Dios y por tanto: hermanos los unos de los otros. El Padre nos alienta y nos ayuda a construir la fraternidad si se lo pedimos de corazón y no por simulación en busca de otras cosas.

    El ayuno es la auto privación. No es una mortificación. Es la elección del amor frente al desamor. Así de simple. Sin esta opción definitiva es imposible construir la civilización del amor que nuestro mundo necesita. Y para eso hay que renunciar a muchos egocentrismos hechos política, sociedad, cultura, y economía, incluso religión, filosofía, ciencia, tecnología o ideología. Sin un ayuno global de desamor la sociedad del bien común siempre será un imposible.

    La cuaresma como una reedición de un periodo de mortificación individual para cultivar un pietismo narcisista y devocionalista es pura basura. Reducir a eso, la enseñanza de Cristo es una blasfemia. Así que hagamos de esta invitación algo serio: pidamos un Espíritu nuevo que nos dé un corazón nuevo. Y dejemos de lado las patrañas caducas que tanto daño han hecho a nuestra fe, y tantos enemigos del cristianismo han generado. Ya nos lo advirtió el concilio hace muchos años, no echemos en saco roto su enseñanza, construyendo teísmos que nada tienen que ver con Cristo, para eso, hermanos no murió el Señor en una cruz. Si no reinventamos este tiempo litúrgico desde claves verdaderamente bautismales dudo que realmente estos cuarenta días sirvan para algo que sea fiel al Espíritu de Cristo.

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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