PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO B

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

II DOMINGO PASCUA

    En este Domingo Jesús Resucitado a través de las lecturas que se proclaman, nos plantea varias preguntas insoslayables y determinantes para nuestra vida. Empezaremos del revés. 

    En el Evangelio se nos plantean dos preguntas. “¿Porque a menudo os resistís a creer las buenas noticias simplemente porque aún no las veis ni tocáis? ¿De donde brota vuestra desconfianza? ¿Tanto os cuesta alegraros de que el mal, el sufrimiento y la muerte no tengan la última palabra en la vida? ¿De que os sirve ser como Tomás en su etapa de desconfianza severa? ¿Piensa mal y acertarás? ¿Es eso? Pues eso no es compatible conmigo, porque yo, el que estuvo muerto, ahora vivo por los siglos. Así que abandonad esa mentalidad que desangra vuestra ilusión por vivir. Pues he venido para que viváis y viváis en abundancia”

    La segunda es:  “¿Porqué no descubrís que todos los días del año son Pascua, que vivir es disfrutar de un Domingo Eterno? A menudo no valoráis la vida de este modo y la rutina se apodera de vosotros, os encerráis en vuestros  miedos y en vuestras desconfianzas y vivís una vida a medio gas como si no hubiese nada capaz de sorprenderos, más allá de lo que puede ofreceros cualquier suerte de espectáculo que pueda distraeros, divertiros y entreteneros. La vida es más que sólo eso. Indagar en el corazón de la existencia puede haceros alcanzar una glorificación insospechada para vosotros. Os conducirá a la Paz y a la Alegría con mayúsculas. Os he llamado a la vida eterna, y eso exige estar dispuesto a vivir inmersos en una fiesta inmensa que a pesar de las cruces del camino, no impedirá un final glorioso para el universo”.

    La tercera nos la plantea Jesús a través de Juan en su Carta. “¿Cuando descubriréis que los sacramentos son esos momentos en los que Yo por medio de mi Espíritu os salgo al paso transformando vuestra vida ordinaria en algo extraordinario?. Participar en ellos sin fe en mi es dejaros vencer por el mundo. Y cuando eso ocurre os convertís en simples piezas de un universo que por sí solo no puede alcanzar la eternidad. No quiero que creáis que no tenéis futuro más allá de lo que veis y tocáis. La fe en mi es incompatible con la fe en un mundo cerrado sin un horizonte más allá de convertirse en un enorme vacío oscuro y frío. No sois una explosión que se apagará. Mi amor se derrama sobre vosotros para que eso no sea. Los sacramentos: el agua, la sangre, el Espíritu son el Bautismo, la confirmación y la Eucaristía. La reconciliación es la renovación de esta iniciación cuando perdéis la senda de mi amor. Mi Espíritu me hace presente entre vosotros en cualquier lugar y todo tiempo hasta el fin del mundo. No vivís inmersos en ritualismos vacíos sino en constante contacto conmigo ¿cuando os daréis cuenta de eso? La Pascua no cesa jamás desde aquel primer Domingo de Gloria”.

    La cuarta pregunta nos la plantea desde los Hechos de los Apóstoles: “¿Por qué os cuesta tanto comprender que el Bien Común es hijo de la fraternidad? Sin amor no hay fraternidad ni unidad alguna posible. Amaos unos a otros como yo os he amado. ¿Aún no habéis descubierto que esa es la clave de todo? ¿Cuanto tiempo tardaréis en comprender que sin amor nunca evolucionaréis? No es la ley del más fuerte la que os hace evolucionar. Sino la colaboración de aquellos que aman. Esa es la mayor fortaleza que tenéis, es lo que os hace más capaces. Subsistiréis cuando entendáis que sois una familia y lo viváis como aquellos primeros cristianos que agradaban al Padre. La mayor parte de los problemas del mundo que os amenazan se resuelven amando. El día que me hagáis caso daréis un paso de gigante”

    Así que hermanos oídas estas cuatro preguntas que Jesús nos plantea a todos, dejémonos interpelar y aprendamos de las respuestas, y del caudal de su saber, que como Juan nos enseña al final del Evangelio nos acompaña para siempre en estos libros sagrados que nos ayudan a creer cada día más en Él, aunque hoy no lo veamos ni lo toquemos. Aún así siempre ellas nos permitirán siempre ser muy Dichosos. De eso se trata. Así que hermanos: ¡Aleluya!.

 

DOMINGO PASCUA

    La Iglesia es una Pascua Viva y Sagrada. Así os lo anticipé el Jueves Santo y hoy os lo confirmo. Y es una Pascua Sagrada y Viva porque Cristo Resucitado habita en ella. Así lo prometió al final de el Evangelio de Mateo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. “Con vosotros estaré para siempre”. 

    Pero poder comprobar la certidumbre de lo que afirmo es preciso dejarse hacer por el Espíritu del Resucitado. Así que para reconocer la Iglesia verdadera basta mirar con los ojos del resucitado para saber donde se encuentra uno. 

    La Iglesia es una Pascua viva si ama al mundo y está dispuesta a todo con tal de salvarlo porque Dios al crearlo vio que todo era muy bueno. Y por tanto hay que trabajar a favor de que el mundo alcance las mayores cotas de plenitud que pueda ansiar.

    La Iglesia es una Pascua Sagrada cuando no sacrifica a nadie, en aras de ningún fin pretendido. En la Iglesia si quiere ser una Pascua verdadera, el fin no justifica los medios. Nadie debe ser sacrificado por algo, pues Dios quiere que todos vivan en abundancia. Los chivos expiatorios no son del agrado de Dios.

    La Iglesia es una Pascua Viva cuando libera y no cuando esclaviza. Pues la Iglesia de Cristo Vivo y resucitado no puede ser la corte del Faraón. 

    La Iglesia es una Pascua Sagrada cuando transparenta al Dios cariñoso, al Dios que es ternura, que nos quiere a todos con amor eterno. Y no lo es si ofrece un rostro de Dios inmisericorde, severo y justiciero. 

    La Iglesia es una Pascua Viva cuando sacia el hambre y la sed de sentido de los corazones humanos con la luz de la Palabra del Señor Resucitado, haciendo comprender a los demás el sentido de las Escrituras a todos, para descubrirles cuales son los verdaderos planes del Señor. 

    La Iglesia es una Pascua Sagrada cuando es un pozo de sabiduría. La sabiduría del amor. Que es la ley pretérita de Dios. Una ley que no pasará. Pues el amor hace vivir. Pero el desamor mata. Si la Iglesia no ama a todos, si discrimina a algunos o a muchos, no es la Iglesia de Cristo resucitado y no sabe lo que es la Pascua.

    La Iglesia es una Pascua Viva cuando es la alfarería del Espíritu donde Él puede trabajar nuestro barro, para lograr que nuestro corazón de piedra se vuelva un corazón de carne. Pues solo un corazón de carne honra el buen nombre de Dios. De lo contrario Cristo Resucitado no nos conoce como suyos.

    La Iglesia es una Pascua Sagrada cuando vive los sacramentos no como actos sociales o ritos rutinarios vacíos de alma, sino como el momento precioso en que Cristo resucitado toca las vidas de los seres humanos para glorificarlas. Tanto los sacramentos de iniciación como los sacramentos de sanación y los sacramentos de vida. Pues si el ritualismo no es liturgia porque Cristo Vivo no está ahí. La Liturgia son lo más parecido a las apariciones del Resucitado entre las personas. Y eso requiere mimo y preparación, y por supuesto mucho amor a quien participa en ellos. 

    La Iglesia es una Pascua Viva y Sagrada cuando es como el ángel del Santo Sepulcro. Pues en su quinta llaga Jesús destruyó la última palabra de la muerte para hacernos nacer a la vida eterna. Las gentes vienen rotas con sus muertos a la liturgia eclesial, con la impotencia ante la losa de la muerte, con la incapacidad de moverla por sus propias fuerzas. En ese momento la Iglesia es la que grita: ¡No tengáis miedo de la muerte! Buscáis a vuestro ser querido muerto para este mundo, pero no está aquí, ha resucitado, va por delante de vosotros, y volveréis a verlos inmortales e incorruptibles, glorificados. La muerte no tiene la última palabra en la vida. Una iglesia de muertos y de zombis no es una Pascua Sagrada. La Iglesia es la Pascua cuando es la fiesta de vida sin sombra alguna de muerte definitiva.

    La Iglesia es una Pascua Sagrada y Viva cuando descubre que nosotros somos Cristo Resucitado. Pues no estamos aquí juntos por otra razón. Si nos ponemos en pie para proclamar que Cristo Vive es porque amamos a Jesús, porque creemos que ÉL VIVE, porque en Él está toda nuestra esperanza. Así que amigos nunca dejéis de ser Iglesia, ni dejéis de ocupar vuestro lugar en ella. 

    La Iglesia es una Pascua Viva y Sagrada cuando lucha contra la levadura vieja que amenaza con destruirla. No ignoro que en la Iglesia a veces se producen escándalos porque algunos de los que se dicen sus miembros, algunos incluso de gran ringorrango, actúan en contra de Cristo Resucitado. En ese momento, si la Iglesia es verdaderamente una Pascua, ha de alzar la voz y decir: ¡Ni hablar!. Ya mataron a Cristo una vez y ahora no vamos a permitir que tratéis de aplastarlo de nuevo bajo el peso de la piedra del Sepulcro. La Iglesia de la Pascua se debe rebelar siempre contra tales personas que actúan movidas por el espíritu de Judas y los que lo negaron.

    En definitiva la Iglesia es una Pascua Sagrada y Viva si hace pensar a la humanidad incrédula, cínica e interpelada que tras un sepulcro vacío, donde los lienzos están tendidos cuando deberían estar llenos por un cadáver y no vacíos y el sudario del rostro bien doblado en otra parte distinta de donde debería estar, que un misterio muy grande nos aguarda más allá de lo que vemos y tocamos en este universo. La Iglesia es una Pascua Viva y Sagrada cuando confronta a la humanidad entera con el magno misterio de una existencia que no se agota tras la expiración de los amados en este mundo. 

    Amigos no os canséis nunca de ser Iglesia, no os desaniméis ante los problemas que puedan surgir ¡Cristo ha Resucitado!. Y nosotros somos este Cristo Resucitado hoy, como otros lo fueron ayer. Él está entre nosotros y con nosotros. Nosotros somos la prueba viva de que Él vive por los siglos ¡Aleluya!. Así es como la Iglesia es una Pascua Viva y Sagrada. Cuando es una ALELUYA sin final y sin cortapisas. ¡Alegraos amigos de ser una Pascua Sagrada, una Pascua Viva, la Iglesia no es nada si deja de ser esto. No somos sal sosa, sino luz brillante y cálida en medio de esta oscuridad fría que mata el vitalismo de muchos. Así que gritadle al mundo con amor y sin cansancios ¡ALELUYA!. Eso y no otra cosa es ser Iglesia: Una Pascua Sagrada y Viva. Por eso renovemos en este día santo el Bautismo que nos glorifica. ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!¡ALELUYA!.     

 

VIERNES SANTO

    La cruz es un lugar de destrucción. En él pusieron a Jesús con mil hemorragias activas, para acabar con Él, para destruirlo. Lo que ignoraban es que Él se llevó consigo muchas otras cosas de este mundo para destruirlas juntamente con Él en el madero de la cruz, el potro de tortura preferido de los romanos.

    La primera fue la culpabilidad. Si el cristianismo alimenta la culpabilidad como dicen algunos, no es por causa de Cristo, sino por causa nuestra. De todos aquellos que sabemos que somos la causa de la muerte de Jesús. Los que la miraron complacientes, y los que la observaron acobardados y desde lejos, con ojos vergonzantes y sin hacer nada por salvarlo. La crueldad activa y pasiva que mostramos es lo que nos causa semejante cuadro emocional destructivo. Pero Isaias nos enseña que Jesús lo que quiere es acabar con esa culpa, destruirla, con su amor misericordioso y gratuito, inmerecido por nosotros, que libremente nos regala. Él es perdón y nuevas oportunidades para todos, no alimento del escrúpulo culpabilizador y vergonzante. Así que hoy Jesús crucifica consigo la culpabilidad para destruirla. Mal hacen los que desde la Iglesia la fomentan y la maridan con el miedo y la vergüenza, para manipular a las personas. Nada tienen que ver con Cristo Jesús.

    La segunda cosa que Jesús lleva consigo para destruirla crucificándola es la soledad. Él fue abandonado por los suyos, aunque los puso a salvo del complot tramado contra Él, lo llegaron a negar. Y se quedó sólo en medio de los tormentos. Pero como el salmo nos muestra su corazón tuvo al Padre consigo a cada paso de su vida. Hasta cumplir con su propósito. Hasta su último aliento. Así nos enseñó que cuando sufrimos podemos estar solos de los demás, pero nunca solos de Dios. Y por sí nos quedaba alguna duda nos regaló a su Madre, para que su compañía alivie nuestros tormentos. Y siempre con ellos, podemos tratar cuando caminamos nosotros por nuestra vía dolorosa hacia nuestro Calvario. Los que condenan a la soledad a los demás, nada tienen que ver a Cristo Jesús. Y si la sociedad lo hace, cuando eso ocurre en la Iglesia es ademas un sacrilegio.

    La tercera cosa que Jesús se lleva de este mundo para destruirla en la cruz es la incapacidad de compadecerse de los demás. La falta de empatía hacia el otro ser humano que padece. La falta de empatía que usa la obediencia para crucificar a los demás: en la familia, en el trabajo, en la sociedad, o en la Iglesia. La imposición de éticas y morales inhumanas que crucifican al ser humano, en vez de hacerlo vivir en plenitud. En la Iglesia deberíamos llevar mucho ojo cuando hablamos de obediencia y cuando en el ejercicio de nuestras responsabilidad imponemos a los demás cargas insoportables sólo porque a nosotros nos place y porque nuestras torpes razones se creen justificadas. Pues no ha de ser la Iglesia crucificadora, sino seguidora de un crucificado. Así que fuera soberbias revestidas de pompas que sólo esconden una hipocresía venenosa hasta dar asco.

    La cuarta cosa que Jesús destruye consigo en la cruz es la violencia como remedio a los problemas. Su perfil asertivo, nunca daña a nadie pero cuando lo dañan pregunta por qué lo hacen, hasta que cansado de hablar con una pared decide guardar silencio ante la terca violencia brutal de los que lo matan. Pero nadie podrá decir jamás que Él fue agresivo o violento. Y su sentido de la dignidad en todo momento, manifiesta a las claras que no fue pasivo, sino víctima, que es otra cosa muy distinta. Pues es el indefenso arrasado por salvajes. Pero Él no creía en la guerra, no había venido para eso, por eso no usó legiones de ángeles para combatir. El fue humano contra la inhumanidad, hasta el último aliento. Dar vinagre al que tiene sed de felicidad es ejercer una violencia macabra y salvaje que te convierte en un inhumano. La violencia no resuelve nada y lo empeora todo, y siembre mucho más odio de cara al futuro. Este círculo vicioso no se rompe con más violencia. Quien bendice la violencia desde la Iglesia convierte la casa del Señor, en el estercolero de Satanás. 

    La quinta y última cosa que Jesús lleva consigo a la cruz para destruirla es el hecho de que la muerte tenga la última palabra en la vida. Pero para llegar ahí, aún nos queda un tiempo, el silencio y el vacío poblado de aullidos que emana siempre de cualquier sepulcro. De momento llorosos y emocionados, adoraremos este inmenso amor hasta el extremo. Por hoy basta.

 

JUEVES SANTO

    La Iglesia es una Eucaristía viva, pues ella es una Pascua perenne aunque muchas veces no lo sepa o lo olvide. Por eso muchos rasgos que brotan de las Escrituras hoy se cumplen en ella.

    La Iglesia es una reunión familiar en torno a un cordero, cuya sangre nos Salva de la fatalidad circundante, cuyos miembros están dispuestos a caminar por el desierto de la vida con un espíritu de fiesta porque saben que Dios los ama. 

    La Iglesia es un pueblo que busca romper cadenas y encontrar la verdadera liberación. 

    La Iglesia es una memoria viva que tradicionalmente se expresa a través de unas palabras y de cuatro gestos. Las palabras del amor hasta el extremo. Y los gestos de tomar el pan y el vino, dar gracias, partir el pan con alegría y darlo con amor a los demás. Este memorial nos reúne y este memorial nos envía, pues en él aprendemos a amar como nos han amado, y nos alimentan para ello con el pan de la palabra y el pan de la Eucaristía. Y por eso la Iglesia se torna en la gran CARITAS para todos sin exclusiones de raza, sexo, convicción o cultura. Con el único afán de construir la gran fraternidad humana. No vivimos de la memoria de un muerto, sino que lo nuestro es un memorial porque cada vez que celebramos lo que hemos vivido todos los cristianos, nos ponemos en contacto con el amor de Dios que es Jesús por medio de su Espíritu, y que desde entonces vive por los siglos. 

    La Iglesia es una familia de iguales, donde unos no son más que otros. Donde los que se distinguen es por prestar servicios para el bien común de todos de modo que la salvación que el bautismo anticipado en este lavatorio de los pies surta su efecto benéfico sobre todos sin excepciones. En la iglesia no se manda, se sirve para salvar porque se ama.    

    Pero en la Iglesia podemos estar presentes como Judas y como Pedro. Judas está por avaricia y Pedro tiene el empeño de mandar y no de servir. Ambos piensan en sí mismos antes que en los demás. Ninguno de los dos ama. Uno no se volverá a Jesús arrepentido, el otro sí. Pero ambos con sus actitudes pudrirán el verdadero ser de la Iglesia, emponzoñándolo con su cizaña, en esta hora crucial de la vida de Jesús. Quienes son como ellos en la Iglesia no viven la Iglesia como una Eucaristía, no conciben la Iglesia como una familia en fiesta, sino como una empresa en marcha gestionada desde el narcisismo egocéntrico, donde los demás no importan; no conciben la Iglesia como un memorial de amor hasta el extremo donde aprendemos a amar, sino como una puesta en escena trufada de ritualismo vacío sin conexión con la vida verdadera; no conciben la Iglesia como una liberación en ciernes sino como una constelación de reglas infaustas y a veces hasta inhumanas; no conciben la Iglesia como un lugar de iguales sino como una corte faraónica donde ellos pretenden alcanzar la cota máxima de poder para que los demás les sirvan, y no para servir ellos a los demás. 

    Necesitamos siempre la Eucaristía para encontrar nuestra verdadera esencia, asistidos por sacerdotes que nos lleven siempre a todos a hacer esto en memoria de Jesús, para que como Pedro cambió, también nosotros, podamos seguir cambiando. La Iglesia nos cambia para bien, porque eso hace la Eucaristía cuando lo vivimos de veras. Así que amigos nunca dejemos nuestro sitio vacío a la hora de cenar con nuestro Señor Jesús.

 

RAMOS

    ¿Puede comprenderme Jesús en mi humilde condición humana? ¿Puede consolarme o alentarme? ¿cuando padezco el mal, cuando sufro, o cuando muero? ¿acaso Jesús puede entenderme?.

    Jesús ha padecido el mal igual que tú. El mal como resultado de la traición y el desdén de los amigos. El mal como fruto del odio de sus enemigos que se ha traducido en juicios, falsos testimonios, acosos, condenas, torturas, burlas, escarnios, violencia y hasta asesinato.

    Jesús ha sufrido de múltiples manera igual que tú. Sufrimientos físicos indecibles nutridos por mil dolores. Sufrimientos psíquicos brutales al verse traicionado, abandonado, y escarnecido. Sufrimientos morales de distinta consideración pues su amor ha sido respondido con odio y desamor, y su mano tendida ha sido rechazada con desprecio, totalmente incomprendido ha vivido en sus carnes que los que con Él vivieron prefirieran las tinieblas a la luz. Sufrimientos religiosos, pues su “comunidad religiosa” lo ha tildado de hereje y blasfemo, lo ha rechazado, lo ha masacrado, en su oración no se sintió escuchado ni atendido como a Él le hubiese gustado y el peso del mundo cayó sobre Él a pesar de sus ruegos, y con el último aliento perdió de vista a Dios expresándolo con esa frase desgarradora extraída del salmo 22, y al final su oración fue solamente un puro grito estentóreo.

    Jesús ha muerto, como lo han hecho ellos, y como lo haremos nosotros. Y lo ha hecho sin amor cercano, solo, pues su supuesta gente estaba lejos de él, y ha sido enterrado, sepultado, como todos y prácticamente en total anonimato. Y su vida se ha sumergido en el más absoluto silencio y ha dejado el mismo vacío tras de sí que dejaremos nosotros en esos instantes. 

    ¿Como no te va a entender cuando sufres? ¿Acaso crees que Jesús es un concepto filosófico o una construcción teológica? Es un existente. Es una persona. Es un hombre cualquiera que ha vivido su divinidad como tal. Y los que lo han mirado han visto sólo a un hombre si lo han mirado sin fe. Así que no dudes que Jesús, el Dios de carne y hueso, si eres humano como Él, puede comprenderte plenamente. 

    Si fuese un muerto más, de nada te serviría confiar en Él, pero Pablo hoy anticipa que el crucificado será resucitado por el Padre. Y por tanto a tu lado camina. Así nos lo anunciará el próximo Domingo de Pascua.

    No sé cual será tu sufrimiento, o que mal padecerás, o como estarás tratando con la muerte, pero quiero que sepas que en tu situación sea la que sea, no estas solo, el Nazareno en ti padece y muere contigo, para con Él, poder resucitarte.  

 

V CUARESMA

    La voz del Señor resuena. De una u otra manera esa es la guía que nos acompaña a lo largo de los textos hoy. 

    Su voz resuena en nuestro corazón. Así habla hoy el profeta. La conciencia personal por esa razón es sagrada. Por eso debe ser inviolable. Algunos les molesta esta verdad, pero  si la conciencia es manipulada, ese entorno más que un lugar eclesial, se convierte en una secta. Ni el uso de la propia inteligencia ni el de la libertad personal deben ser jamás vulnerados. Pues son dones de Dios y nadie tiene la capacidad de suspenderlos. No hay llaves que puedan usarse para cerrar puertas que Dios ha abierto. Y esto a veces se olvida con frecuencia en algunos ambientes, no ya civiles, sino también religiosos. Por eso en nombre de Dios se puede discrepar. Pues no otra cosa hicieron los profetas y el mismo Jesús, con entornos religiosos corrompidos. La voz de Dios que sonaba en su interior nunca fue acallada, por más que lo intentaron. Y es que un discurso religioso se verifica como auténtico cuando no propone marcos morales de existencia inhumanos.

    La voz del Señor responde en la oración cuando el alma se agita. Pero no suspendiendo la agitación. Muchas veces es inevitable recorrer la amarga senda del dolor. Vivir en este universo y pretender no sufrir es ser ingenuos en sumo grado. Pues esta amarga experiencia está enclavada en nuestro ser más íntimo aunque no nos guste. Getsemaní contado por Hebreos y anticipado por Juan en su original versión, nos lo muestra. La voz del Señor cuando resuena en la oración nada tiene que ver con encontrar salidas irreales, fáciles y ¨milagreras¨ a los problemas. 

    La voz del Señor cuando resuena en la conciencia es para enseñarnos a amar siempre, para mostrarnos el valor de la entrega por los demás, hasta el propio olvido de si. Nos revela la renuncia al egocentrismo y al narcisismo, como camino para alcanzar la liberación y la vida en plenitud. Amar hasta el extremo es eso de ¨perder la vida¨ de lo que Jesús nos habla. Pues en la versión de Juan, mundo significa desamor, pues su ¨príncipe o sea su primer ciudadano¨ no es el amor, sino lo que lo estorba, lo que nos divide y opone. Y este no imperará para siempre. Pues la voz del Señor nos muestra que el amor es lo que terminará venciendo al desamor. Una conciencia formada es una conciencia que sabe amar. Que es libre e inteligente para amar.

    La voz del Señor cuando resuena en la oración en medio de la agitación para indicarnos que nuestro destino no es sucumbir como una parte más de este mundo mortal. La voz del Señor nos hace levantar la mirada para otear más allá. Pues este universo da de sí lo que nos manifiesta. La voz del Señor nos muestra que nuestro destino no es la aniquilación sino la glorificación. La esperanza que nos hace fuertes y pacientes en la tribulación es el sonido de su voz. La glorificación como plenitud de la vida. La glorificación como fruto del amor de Dios y como fruto del amor fraterno al que él nos alienta. Pues cuando amamos sonreímos y cuando no lo hacemos sufrimos. He ahí la gran diferencia. El amor nos hace vivir en la gloria.

    Así que si quieres puedes escuchar la voz del Señor en tu conciencia o en tu oración incluso cuando estás sufriendo. O puedes imitar a los que en el desierto se negaron a escuchar su voz. De ti depende.  

 

SAN JOSE

    La inseguridad nos mata. Es algo con lo que a los humanos nos cuesta convivir. La confianza se rompe, y con facilidad, la angustia y la ansiedad se apoderan de nosotros. ¿Como superarla dado que vivimos en un universo que si por algo se caracteriza es por la inseguridad, por su entraña caótica e imprevisible, del todo indeterminada?.

    Repasemos las Escrituras hoy a ver si aprendemos algo. A David le dice el Señor que su linaje será eterno, cosa que no ve. Es mas ni siquiera lo entiende. Ya que su dinastía se terminará acabando. Y es que estas palabras se estaban refiriendo al Hijo de Dios, descendiente de su linaje. Salomón oirá lo mismo, y tampoco lo entenderá pues su mirada es demasiado corta y no es capaz de entender por completo lo que Dios le está diciendo. A los dos se les pide fe para afrontar la incertidumbre, la inseguridad del futuro. 

    A Abraham se le pide fe. Se le pide que se embarque en una aventura que exige de él que tenga una esperanza contra toda esperanza. Siendo así que nunca termina de ver con claridad lo que se le está solicitando. Aún así no deja de caminar, y cree que esta locura que llamamos vida no camina hacia el absurdo. Una voz potente que resuena en su interior en medio de este misterio le lleva a creer y a aventurarse en medio de la inseguridad de quien lo tenía todo para poder vivir tranquilo. 

    A Pablo se le pide fe. Para que comprenda que no nos salvamos por el mérito de haber cumplido una ley imposible de vivir. Se le pide fe en medio de su inseguridad ante su futura salvación o condenación. Se le pide fe en medio de su culpabilidad escrupulosa. Se le pide fe en la gracia. Fe en el amor definitivo de Dios, que ni es capaz de entender, y que supera todas sus expectativas. La gratuidad de la salvación lo desconcierta y asusta, pero a la vez lo maravilla, y en muchos textos suyos lo pone de manifiesto.

    A José se le pide fe, ante la inseguridad de tener un hijo que él sabe que no es suyo. Fe ante lo imposible. Fe en una mujer a la que ama, pero ante la que se siente engañado. Una inseguridad brutal que amenaza con destruir a su familia y con razones sobradas. Y de nuevo una voz interior que le habla en sueños, le lleva a creer en medio de la inseguridad más absoluta, y esa decisión le lleva a convertirse en el padre del Hijo de Dios. Pues padre es el que ama, no sólo ni principalmente el que procrea. Y hasta el día de hoy seguimos hablando de este hombre sencillo, porque en la inseguridad más absoluta, puso su fe en el Espíritu Santo. 

    El Espíritu que no se sabe ni de donde viene ni a donde va. El Espíritu que aletea sobre el caos, urgiendo cosmos desde su mismo seno. El Espíritu que es el misterio en movimiento. El misterio que no se está quieto. El misterio que nos habita. Aquel para el que no existe el caos porque está en el todo y en la parte. Y es capaz de interactuar con infinitas libertades en movimiento, en todas partes y a un mismo tiempo, pero sin violentarlas ni extinguirlas. Pues igual que respiras puedes decidir no hacerlo.

    Así que ante la inseguridad constante, lo que hace falta es mantener una fe a prueba de bombas en que esta locura, a ratos absurda, que llamamos vida, monstruosa a veces, al par que sorprendente y eso sí, siempre misteriosa, es relevante. Mantener la fe en que no es irrelevante. Fe en que tras la cortina de este universo sin sentido aparente se encierra un inmenso misterio que se nos comunica, que llamamos Dios, y cuya voz oímos en los labios de Jesucristo. Un amor, que declarará al final de todo, que todo no ha sido para nada, y que el universo no es una pasión inútil. Esa fe es la que nos hará caminar con paso firme en medio de tanta inseguridad.   

 

IV CUARESMA

    Con tres fotografías, las lecturas de hoy nos presentan el rostro diáfano de Dios. Como todas las fotografías de un mismo ser, los rasgos fundamentales son los mismos, por eso sonarán a reiterativos, y luego habrá matices, que enriquecerán de manera sublime el único rostro del Dios verdadero.

    La primera lectura insiste en que Dios siempre ha querido salvarnos, pero nunca a costa de nuestra libertad. Siempre hemos tenido la posibilidad de autodestruirnos, cosa que por desgracia hemos hecho con demasiada frecuencia. Eso explica la ira de Dios. No porque no sea bueno, sino porque como un padre y una madre nos ama. ¿Que padre o que madre no sienten coraje cuando un hijo pudiendo vivir en plenitud destruye su vida haciendo un uso equivocado de su libertad?. Visto desde esta perspectiva se entiende el texto de manera muy clara. No es plato de gusto para ningún padre y madre, ver a su hijo, destrozarse la vida, como el pueblo de Israel hizo a lo largo de su historia. Pues aun cuando con sus teismos equivocados quisieran responsabilizar a Dios de sus errores, sus decisiones equivocadas eran suyas. Negamos con relativa frecuencia nuestra culpa y la cargamos sobre los hombros de los demás. No debemos olvidar esto cuando leemos los textos sagrados. Los seres humanos escribimos lo que percibimos. Y no siempre hemos entendido a Dios perfectamente. Por eso la Biblia es un recorrido por la experiencia humana de un Dios al que no siempre hemos comprendido bien.

    Pablo en una vuelta de tuerca a nuestra comprensión de lo divino nos pone con radicalidad ante el verdadero rostro divino. En esta segunda fotografía Dios aparece como el que nos ama porque sí. Eso es la Gracia. Un amor gratuito, una bondad inagotable que no depende en absoluto de lo que hagamos y decidamos. Aunque Dios respete nuestra libertad de una manera sagrada y hasta escandalosa para nosotros mismos. Dios te ama por ser quien eres, no por lo que haces. Tu conducta le duele si te empeñas en vivir inmerso en el desamor. Porque el desamor te impedirá vivir en plenitud. 

Tu decepción interior son sus gritos de espanto. De ahí que como dice Pablo te aconseje a vivir la conducta propia de los que aman. Pero Dios no necesita tus méritos para amarte. No se trata de ser buenos para que Dios nos quiera. Dios nos quiere porque le place. Por pura generosidad como una madre y un padre aman a sus hijos. Es evidente que nos les place que sus hijos se autodestruyan inmersos en el desamor. Pero su voluntad amorosa no cesa, por eso ante Él solo cabe vivir en una acción de gracias permanente, porque vivamos como vivamos, tengamos la suerte que tengamos, su amor nunca cesa. 

    Por último el Evangelio de Juan nos ofrece otra fotografía. Y nos dice que salvarnos es hacernos vivir en Él revestidos de su ser, transfigurados, inmersos en su eternidad. No se trata de buscar un mundo nuevo, la eternidad no es un lugar alternativo, es ser en Dios sin dejar de ser tú mismo. Y para eso las tinieblas del desamor no sirven. Es la luz del amor la que te hace evolucionar hacia la meta culminante a la que nos invitan. Pretender que la vida consiste en evitar ser juzgado, castigado o condenado por Dios, es no haber entendido nada. Dios viene a salvar porque lo suyo es amar. Dios sólo sabe amar. Era lo que el judaísmo contemporáneo de Jesús nunca llegó a entender de Él. Sólo hasta que no nos amó hasta el extremo en la cruz, muchos no lo entendieron. Sólo entonces alguien pudo decir: Realmente este hombre era el Hijo de Dios. Nadie pudo amar de ese modo tan infinito. Si vosotros volcáis sobre mí todo vuestro odio destructivo lo único que encontraréis en mí es amor. Inaudito. Si alguien cree que no lo es que se deje clavar en la cruz después del palizón que Él recibió y que aún así nadie pueda encontrar en ti ni un ápice de rencor. Y si lo consigues: ¡Olé por ti!¡Pero no olvides que Él lo hizo como tú!. Ambos seréis realmente Hijos de Dios. 

    Hechas estas tres fotografías solo resta dejar claras dos cosas: No cabe ir por la vida como creyente condenando gente y solicitando juicios y castigos para los demás. Pero tampoco tiene sentido empeñarse en vivir de espaldas a este amor, amargado para siempre en una nostalgia que envenena, que sólo puedes evitar cuando te sumerges en la constante distracción de la frivolidad. Si amor nos mira tras la cortina del universo, nuestra existencia es relevante, de lo contrario es sorprendente pero irrelevante y muchas veces horrorosamente trágica, las frivolidades no duran mucho tiempo. Así que ¿por qué no nos dejamos de milongas y nos dedicamos a contemplar el verdadero rostro de Dios? Quizás esto cambiaría la vida de todos para bien. Por probar nada malo nos va a pasar, si todo es tan absurdo como algunos dicen, ¿qué más da?. Solo sé que mirar el amor eterno, es más ilusionante y vitalista, que andar mirando el abismo oscuro de la nada. Por eso los integristas partidarios de infiernos, juicios y castigos, no ayudan nada. Deforman la única salida que tenemos más allá de lo que vemos. Generan rechazo por lo religioso. Porque eso impide que las gentes dejen de sentarse junto a los canales de Babilonia a llorar con una nostalgia sin cura.

 

III CUARESMA

    Tres preguntas nos podemos hacer hoy al escuchar las Escrituras.

    En primer lugar al oír el Exodo y el Salmo, nos podemos preguntar ¿por qué la ley de Dios dice el salmista que es perfecta?. Basta usar la imaginación para entender su respuesta: imagina un mundo donde los padres y las madres son honrados por sus hijos y no olvidados y abandonados, imagina un mundo donde nadie mata a nadie, imagina un mundo donde las parejas no se traicionan ni se engañan, imagina un mundo donde nadie roba o donde nadie explota y esclaviza que es otra forma de robar, imagina un mundo donde nadie levanta falsos testimonios contra nadie o como decimos ahora sin “noticias falsas”, imagina un mundo donde nadie tiene envidia de nadie porque cada uno está contento consigo mismo, imagina un mundo donde todos tienen derecho al descanso y a santificarse en libertad, imagina un mundo donde lo sagrado no es usado con fines ajenos al amor, imagina un mundo donde nadie quiere erigirse en ídolo de los demás para manipularlos y tiranizarlos. Imagina un mundo donde cada uno ama a su prójimo como Dios nos ama a todos por igual y hasta el extremo. Por eso es perfecta la ley de Dios, porque el mundo que de ella emana es un mundo hermoso, verdadero y bueno. 

    La segunda pregunta nace en nosotros al escuchar a Pablo. ¿Por qué lo necio de Dios es más sabio que lo humano y lo débil de Dios es más fuerte que lo humano? Los judíos buscan signos poderosos que muestren la fuerza de su Dios. Los griegos buscan sabiduría para no poder ser tildados de necios por los demás. Pero la fuerza de Dios y su poder es el amor. Y su sabiduría no nutre nuestra arrogancia, sino que nos enseña a amar hasta el extremo. Cristo crucificado es la clara prueba de ello. Nada es más poderoso que el amor para cambiar el mundo y hacerlo mejor, y nada es más luminoso que el amor divino para explicar la verdad más profunda de este universo y conducirlo al fin para el que ha sido creado. Sin ese amor divino como fundamento, el universo entero se desvanece progresivamente en la nada. Así que si quieres ser fuerte ama. Si quieres ser sabio ama. Mira a Cristo crucificado y ama, y vence al odio, al egoísmo y a la muerte amando. 

    La tercera y última pregunta nos la plantea el Evangelio: ¿Por qué Jesús se enfrenta a los religiosos de su tiempo?. Por su idolatría en un triple sentido: el dinero se había convertido en uno de sus ídolos más preciados, y por eso habían convertido el templo en una suerte de mercado. Habían convertido el mismo templo una insigne obra de arte en lo más importante de sus vidas, y casi podría decirse que adoraban ese lugar que consideraban el más santo de los santos, sin reconocer que era una construcción humana y material para el servicio de Dios y los hombres. Al contrario, habían llegado a considerar que el mismo Dios y los hombres debían estar al servicio del templo. Habían convertido su autoridad de hombres de religión en un Idolo pues su voz humana la habían revestido de tal divinidad, hasta el extremo de  suplantar a Dios ante los hombres. Los religiosos de su tiempo habían falseado la religión verdadera, convirtiéndola en algo totalmente distinto de lo que debe ser.

    ¿Por qué Jesús y sus palabras pueden responder a nuestras preguntas hoy y en otras muchas ocasiones? Porque Jesús conoce lo que hay dentro de cada hombre, y por ello es capaz de ofrecernos las respuestas a las preguntas que nos planteamos si sabemos escucharlo. Algunos de sus paisanos lo hicieron, otros no, ahora te toca a ti decidir en qué grupo quieres estar.

 

II CUARESMA

    Contrariamente a la opinión de algunos, caminar con Jesús te libera de muchas cosas. Las Escrituras hoy son una clara prueba de ello. 

    En la primera lectura nos encontramos con una escena incomprensible. Dios pide a un padre que le sacrifique a su hijo para ponerlo a prueba, a ver a quien ama más. Estas escenas veterotestamentarias dibujan el rostro de un dios feroz y celoso. Su teismo es deudor del mundo en el que viven envueltos que es pagano y politeísta, y en ese panteón, los “dioses” son así. Pero si dejamos atrás esta fácil lectura en clave cultural, y tratamos de entender el mar de fondo, lo que nos encontramos es otra cosa. Sin amar a Dios, amar a los demás es un martirio chino. ¿Acaso me he vuelto loco con esta afirmación? (no lo descarto), si bien amar a los demás sin amar a Dios es lanzarse a una carrera fatal para ver como la muerte te los roba uno a uno, mientras no robe tu presencia ella a los demás. Contar uno a uno los  muchos seres amados que la muerte te robará de uno en uno, o de golpe. Esa es la vida. El amor sin amar a Dios, es una apertura al sufrimiento seguro. En ese caso, mejor nos resultaría ser piedras, que ni sienten ni padecen. En cambio si amas a Dios, tus seres amados se vuelven eternos, y simplemente dejas de pensar que el plano físico lo es todo. Tras la muerte de cada uno de ellos, si miras al Dios que te ama, te lo devuelve vivo y glorificado. Amar sin esta esperanza, es un martirio. Pues en este mundo cruel, hasta los padres pueden perder a sus hijos y de hecho, los pierden. Jesús nos permite por tanto liberarnos de una visión de la vida que termina maldiciendo el hecho de amar a los demás. El amor por los otros no es una maldición, cuando lo vives en Dios, es la mayor de las bendiciones. He aquí la enseñanza profunda que desde Cristo resucitado nos ofrece este texto de los tiempos de Abraham. Jesús nos libera de pensar que el amor es una maldición o un martirio. 

    Pablo nos enseña que Jesús nos libera del imperio del miedo, la culpa y la vergüenza ante lo divino. Quien vive la fe en Cristo como un continuo acto de contrición es un equivocado. Leer hoy a Pablo nos hace comprender eso. Si Dios nos ha amado hasta morir por nosotros en una cruz, hasta ver morir a su Hijo amado en la cruz, ¿como puedes esperar que te condene o te castigue? Los partidarios de ese enfoque oscurantista de la vida, “los profetas de calamidades que quieren convertir la vida en una suerte de penitencia cuaresmal perpetua”, los mortificantes amargados y llenos de culpas como si fuesen pústulas sin cuento de una negra peste, no saben que en el amor no hay lugar para el temor, que nos enseñaba el evangelista Juan. Lo más propio del Cristiano es vivir en una constante acción de gracias, pues hasta cuando se deja engañar por el desamor, puede encontrar una nueva oportunidad para desandar el camino equivocado. Jesús nos libera por tanto de las cadenas perpetuas que nos imponemos nosotros o nos imponen los demás. 

    En el Evangelio nos libera de esa ansia impaciente que tenemos de tener respuestas para todas las preguntas. La vida es un misterio demasiado grande para abarcarlo por completo en un instante. Y para ir entendiendo las cosas que suceden, debemos crecer, madurar. Los discípulos no eran capaces de entender lo que había ocurrido en el Tabor. De hecho se sienten perdidos. Jesús sabe que un sietemesino necesita incubadora para salir adelante, porque aún le queda mucho por madurar. Toda la vida es un proceso de transfiguración, en el que se nos va revelando poco a poco nuestra verdadera naturaleza. Y hay preguntas que sólo encuentran respuesta cuando uno ha madurado lo suficiente para ser capaz de comprender la respuesta. Transfigurarse es crecer, hay que subir montañas. Se necesita tiempo, paciencia, fortaleza, y fe en que esto que llamamos vida no es una locura. Jesús nos libera de ese enfoque. Vivir es evolucionar hasta llegar a nuestra plena transfiguración, revestidos de una luz que nos es inimaginable. Ese proceso se construye escuchando al amado de Dios y nuestro. Escuchar a Jesús porque lo amas. Eso te cambia, porque te libera. 

    Jesús libera. Los seres humanos, incluso algunos que se dicen sus seguidores, muchas veces, demasiadas, no siempre lo hacen. Así que cristiano de a pie que no te engañen, la voz de tu pastor no esclaviza: ¡Libera!. No lo olvides.

     

I CUARESMA

    Una situación límite es la que nos presiona de tal manera que nos pone al límite de nuestras posibilidades físicas, mentales o morales.  Pues nos confronta con la realidad del mal, del sufrimiento y de la muerte. En cualquiera de sus múltiples vertientes. Situaciones de esta naturaleza las hay de muchas clases: personales, familiares, locales o regionales, nacionales, sociales, culturales, eclesiales, continentales, o incluso globales. Está última es la que desde hace un año nos aqueja y de la que esperamos poder salir algún día. Las situaciones límite globales son endiabladas porque nos afectan a todos a la vez en todos los estratos concebibles de la vida humana.

    Por eso hoy resulta llamativo el ejercicio que hace Pedro en su carta, al releer el pasaje del Diluvio, en clave bautismal. Evidentemente ese no es el significado literal del texto del génesis, si bien, el hace una lectura alegórica, para sacar una lección del pasaje que iluminase la vida de aquellos cristianos, en una situación difícil. La situación que se vive, hace que la Escritura, pueda sonar de una forma o de otra, para iluminarnos en medio de la oscuridad. Y este pasaje es una clara muestra de ello.

    Así que procedamos de este modo para entender que se nos dice hoy de bueno para ti y para mí, para nosotros, en cuanto escuchamos este domingo.

    En una situación como la nuestra el Génesis y el final del Diluvio, con su precioso arco iris, nos enseña que aunque parezca que esta crisis nos ahogará a todos, no tiene por qué terminar así. En este texto (presente en todas las culturas, con diferentes versiones del mismo hecho: probablemente las consecuencias del deshielo tras el periodo de glaciaciones expresadas en un lenguaje fabulado), conviven dos modos de afrontar las situaciones límite que aún siguen vigentes: los que piensan que son castigos divinos, y los que piensan que Dios está para no permitir que éstas acaben con nosotros. Pero lo cierto y verdad es que la resiliencia humana es la voz de un Dios que en nuestro interior lucha por vivir en medio de caóticos retos. Vivir después de todo es tener que convivir con espacios de caos que conmueven nuestro Cosmos habitual cada cierto tiempo.

    Pedro, nos enseña además de lo dicho, que de los infiernos es posible salir porque Cristo no se olvida de nadie. El sábado santo, es lo que hace Jesús, “bajar a los infiernos” para dejarlos vacíos de gente. Y nos muestra que frente a las crisis, no debemos maquillarnos sino cambiar nuestra conciencia, nuestro modo de ver y enfocar la vida. 

    El Evangelio nos enseña que las situaciones límite hay que afrontarlas como Jesús. Son periodos de privaciones y sufrimientos, de “ayunar” forzosamente de cosas sin las cuales la vida se empobrece sobremanera (por ejemplo que unos abuelos no puedan besuquear a sus nietos y achucharlos hasta dejarlos “extenuados”, ¡que difícil se hace ayunar de los gestos hermosos del amor hermanos!). En estas épocas nos tientan la tristeza, el miedo, el pesimismo, la angustia, el nihilismo (cinismo), la incredulidad. Así es como estorba el mal nuestra vida (Satanás significa eso: el que estorba). Afrontar este periodo como Jesús, significa dejarse consolar por su ángeles, es decir, responder con alegría, con fortaleza, con esperanza, con angustia, con vitalismo (energía), y con fe. Significa combatir en la mente. Convertirla a cada instante, para llenarnos de paciencia porque cada día que pasa, nuestra liberación está más cerca. Pues aunque la salida fuese la muerte de todos, aún así, la resurrección tendría la última palabra en la vida de todos. 

    Alguno dirá: ¡Qué lectura más libre ha hecho Andrés de los textos!. Y yo le diré:  ¡Es cierto, tanto como Pedro en su carta!. Porque amigos no nos engañemos. Lo religioso puede aumentar el sufrimiento en la vida de la gente (pensemos en regímenes integristas) o puede alentar la vitalidad que conduce a la plenitud en muchos. Yo creo, como Pedro, que lo segundo es lo que más nos conviene siempre, y más aún, en situaciones límite.

 

CENIZA

    Tres avisos se nos ofrecen hoy a nuestra consideración. El primero lo ofrece el profeta y el Salmo se le suma. 

    Convertirse no es un postureo. Es algo que afecta al corazón. No es un espectáculo, que requiera de gestos aparatosos. Se trata de transformar el yo más profundo, que rige los destinos del pensamiento, los sentimientos y la conducta. Por eso necesitamos un espíritu nuevo. Pues el desamor no puede apropiarse del pensamiento que percibe nuestra realidad personal, y la valora de un modo que nuestros sentimientos nacen de esa visión errada de las cosas, y empujan con toda su fuerza a la conducta por caminos equivocados. No se trata de una “performance” que realmente no cambia nada en nuestro día a día. Es un movimiento existencial, no un mero carnaval, donde el disfraz es de beatería puritana y pietista, de esos de “quita y pon”. 

    Pablo nos ofrece el segundo aviso. El tiempo es nuestro aliado. El profeta se le suma. Aprovechemos el tiempo para cambiar nuestra vida equivocada, que no alcanza la plenitud porque nuestros caminos están desorientados, ya que el amor no es su destino. El tiempo es siempre una nueva oportunidad. Deberíamos valorarlo así, y no como algo que irremediablemente se nos escapa. Cada instante, te permite, diseñarte y trabajarte de nuevo. El diálogo de Gracia del Espíritu Santo contigo no cesa nunca, mientras tienes tiempo. El buen ladrón fue muy listo, y aprovecho, su último suspiro para cambiarlo todo.

    En tercer lugar el Evangelio, nos ofrece un camino de doble liberación de dos enemigos que nos torturan. El narcisismo y el qué dirán. Nada es peor que hacer las cosas porque te aplaudan porque como alguien no lo haga, prepárate a sufrir. Narcisismo herido. Eres un dependiente del reconocimiento ajeno. Y terrible resulta vivir pendiente del que dirán porque te pasas la vida sufriendo porque alguien pueda decir algo de ti. Jesús nos enseña que obremos para Dios. Porque nos encontraremos verdaderamente a nosotros mismos. El siempre nos amará. El aplauso está garantizado. El siempre nos amará nunca dirá nada malo de ti. Y dejemos en el camino narcisismos y “dimes y diretes”, pues ambos caminos nos esclavizan. En cambio vivir de cara al Padre nos libera. Así que si hacemos algo en cuaresma (limosna, ayuno, oración) que sea para liberarnos de esos dos torturadores.

    Cuando suenan los avisos en el ruedo es hora de cambiar de tercio. Pues hagamos nosotros lo propio. Y podríamos añadir:¡OLÉ! (Porque eso será lo que diga Dios cuando nos vea ser felices).

 

 

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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