PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO A

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

II ORDINARIO

    Las Escrituras nos envían un mensaje muy claro a todos. “No basta que seas luz para Israel, es necesario que lo seas para todos los pueblos”, nos dice Isaias. “Os anunciamos el Evangelio a los cristianos que viven en Corinto, y a todos los que por cualquier rincón del mundo creen en Cristo Jesús”, nos enseñan Pablo y Sóstenes. “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”, nos enseña el Bautista. “Todos los pueblos, todos los que por cualquier rincón del mundo, y quitar el pecado del mundo”. Lo universal queda muy claro para las escrituras hoy.

    Ya basta de tribalismo, de nacionalismo, de patrioterismo, de otras muchas categorías mentales del ayer. Universalismo. Catolicidad. Globalidad. Dios ve el mundo con una mirada tan infinita y tan vasta como el ser mismo, como el cosmos existente. No darnos cuenta de esto es ridículo. 

    Si compartimos el mismo aire sin fronteras que lo limiten ¿qué sentido tiene que andemos pintando límites cuando ni Dios ni el mundo lo han hecho? El concepto nación es perverso cuando se usa para la división y el conflicto. “Por todos vosotros”, “por muchos”, “por todas las personas del mundo”. Por eso se entregó Jesús y por ello, derramó su sangre. Pretender dividir el amor de Dios en compartimentos es la cosa más grotesca de cuantas puedan imaginarse. Todas las Escrituras hoy se desenvuelven en ese marco de catolicidad. 

    Por ello imploremos hoy al Espíritu de Dios. Juan Bautista nos insta a ello. Porque la mentalidad humana sigue atrasada con respecto a los retos que la historia nos plantea. Necesitamos  una nueva creación, y sólo su aleteo sobre nuestro caos puede hacernos caminar hacia un cosmos, ojalá y que no permanezcamos más tiempo sordos a su voz. El tiempo pasa y los graves problemas que nos aquejan siguen sin resolverse. Y esto no nos saldrá gratis. Así que ¡Ven Espíritu Santo!.

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    El laicado es el grupo más numeroso de la Iglesia. Y todo lo que en ella sucede es para bien del Pueblo de Dios de modo que este pueda ser revestido de la gloria de Dios. Por ello en esta fiesta singular, con la que damos fin al tiempo de la Navidad, las Escrituras nos permiten comprender mejor la figura y la misión del laico dentro de la Iglesia. 

    En primer lugar el profeta nos muestra que el laico es un elegido de Dios para construir una realidad nueva, sin asomo de tiniebla y plena de luz. Y ese cambio consiste en llevar el imperio de la justicia y del derecho a todos los campos básicos de la comunidad humana: la familia, la cultura, la política, la economía, el mundo laboral, la realidad social, la ciencia, y tantos otros campos. No es la misión de un laico ser la sombra del clero, su papel fundamental ha de desempeñarlo en medio del mundo. La transformación de la realidad para transfigurarla desde el amor es su misión específica. El laico es el cristiano de a pié en medio del mundo, y el sentido de la fe lo acompaña siempre porque para eso se le ha dado el Espíritu de Jesús. Algún día debería estudiarse hasta que punto la voz de Dios es la voz de su Pueblo Santo en medio del mundo.

    En segundo lugar el Salmo nos indica que la voz del Señor debe oírse en el mundo. Y los laicos en este campo, tienen mucho que hacer, pues ellos están presentes en ámbitos a los que la Iglesia si no estuvieran ahí, sería incapaz de llegar. Por ello la Evangelización permanente en la que vivimos inmersos, no se puede llevar a cabo si no es con su participación definitiva. Sin laicos el mundo no se evangelizaría jamás. Varios escritos del Nuevo Testamento nos dan sobrada prueba de ello. Es más todos hemos sido evangelizados por un laico. Eso no debe olvidársenos nunca.

    En tercer lugar los Hechos de los apóstoles nos testimonian que los laicos deben derribar todas las fronteras y superar todas las acepciones de personas porque el Señor es de todos. Si no aprovechamos la globalización para lograr la unidad de la familia humana, seremos incapaces de resolver grandes y graves problemas que demandan una intervención global. Y esa tarea es laical. El laico debe enseñarles a todos que en la unión está la fuerza, y que esta nueva hora mundial demanda una búsqueda constante del bien común. El concepto tribal del mundo ha quedado obsoleto. Está batalla es laical. Hoy como ayer y como mañana es la hora del laicado siempre y esa es la razón de que su mayoría en la Iglesia sea aplastante.

    En cuarto lugar el Evangelio nos descubre que el laico debe enseñar a todos a mirar al otro ser humano, no como a un objeto, o como a una cosa, o como a un esclavo. El otro está llamado a ser un Hijo amado de Dios, y ello, porque en él, el Padre Dios se complace. El otro no es objeto, es sujeto. El otro no es cosa es persona. El otro no es esclavo es Hijo amado de Dios y hermano nuestro. Ese redescubrimiento constante de la dignidad humana, de sus derechos y sus valores anejos, es tarea permanente del laico. El laico se sabe amado por Dios y por eso es capaz de hacer descubrir a todos porque ellos también deben sentirse amados por el Padre que en nosotros se complace. Pues Él decide que nosotros seamos lo más sagrado que existe.

    Para llevar esto adelante el laico cuenta con la acción viva y eficaz del Espíritu Santo. Que hoy es una constante en todos los textos bíblicos propuestos. Por ello es importante que el laicado esté inmerso en Él. Y para que eso ocurra el laico tiene cuatro fuentes a su disposición: El Bautismo que lo prepara para convertirse en Templo del Espíritu Santo. La Confirmación que lo configura como testigo del Evangelio en medio del mundo como fruto de la presencia del Espíritu Santo en él. La Eucaristía, donde gracias al Espíritu Santo, se alimenta el laico cada domingo con la Palabra viva de Dios y el Pan de Vida. Y con la Reconciliación, este sacramento tan olvidado por muchos, que renueva nuestro bautismo cuando perdemos el camino que iniciamos en él por nuestro pecado de desamor a Dios, a los demás, al mundo y a nosotros mismos. Sin estos cuatro sacramentos es imposible ser un laico de verdad. Un cristiano en medio del mundo ungido por el Espíritu de Dios. Así que en esta Eucaristía pidamos al Padre que por el Hijo nos inunde a todos con su Santo Espíritu, de modo que todos, como Jesús podamos cumplir con nuestra singular misión en el mundo.

 

EPIFANIA

    Amigos Jesús vivo por su Santo Espíritu hoy nos hace comprender la grandeza de este día. Porque el Señor Jesús camina con todos los hombres. Por eso su mirada al mundo hoy nos devuelve varias enseñanzas a tener en cuenta. Nos habla a nosotros como a los nuevos magos de Oriente. Y como una nueva estrella viene a guiarnos en la dirección correcta. 

    Él nos pide a través del profeta que logremos la gran reunión de todos los pueblos en uno solo. Porque de otro modo no podremos reconstruir lo que está caído en el mundo. Pues las ruinas que tenemos que afrontar son muchas y muy grandes, y es preciso el esfuerzo de todos. De lo contrario no seremos capaces de salvar a este mundo y a quienes lo habitamos. La destrucción del medio ambiente y de los seres humanos es fruto de estructuras enormes, que sin el apoyo mutuo y global no podremos deshacer. El ser humano debe dejar atrás su pasado tribal y nacer a la nueva era global, donde las fronteras se tornan irrelevantes e incluso estorban para resolver los problemas actuales. El bien o será común o no será. Sea pues este el oro que el Espíritu de Jesús desea que pongamos a los pies del nuevo mundo que puede nacer y que hoy apenas es un niño emergiendo entre mil dificultades.

    Él nos pide a través del apóstol que descubramos que no hay excluidos. No puede haber exclusiones si queremos vivir en plenitud. Nadie debe ser excluido de la verdad, de lo que es bueno y de los que es bello. Marginar a gente porque no son de los nuestros, es como querer su destrucción. Y todos estamos destinados a la salvación. Y sólo puede excluirse el que así lo decida, pero él o ella, exclusivamente. Nadie puede ni debe excluir a nadie de los bienes que Dios nos ha regalado a todos. Lo universal es para todos, no para unos pocos. Sea pues nuestro incienso para el mundo hoy la integración de todos sin dejar de lado a nadie, salvo que esa persona libremente decida otra cosa. 

    Él nos pide a través del Evangelio que no miremos a los demás como una amenaza. Porque cuando hacemos esto sale de nosotros lo peor que llevamos dentro. Basta ver el caso de Herodes para entenderlo. Ver al otro con los ojos de los magos nabateos (según la última hipótesis), es mirarlo con adoración a la expectativa de poder descubrir cual es el tesoro que puede aportarnos. Con qué luz personal, puede él o ella iluminarnos. Y como su presencia puede cambiar nuestra vida para bien. Si descubriésemos que quien convive con nosotros aunque sea un instante es un tesoro, que distinta sería nuestra vida. Pero nos empeñamos en vivir en el mundo de Herodes, y por eso “lloramos tanto como Raquel, porque muchas veces descubrimos con dolor que nuestros hijos ya no viven”. Y no es nadie, somos nosotros, los que nos empeñamos en vivir el mundo así. Y convertimos fácilmente lo que podría acercarse a ser un paraíso, en un macabro festín de rabiosos cocodrilos voraces. Sea pues nuestra mirra para el mundo naciente una mirada que adore y no unos ojos que agredan a los demás. 

    Lo sé. El Espíritu de Jesús al convocarnos a ser los nuevos magos de este mundo nos saca del circuito de vida ordinario, y nos enloquece en parte según la lógica de Herodes, contra el que nos vacuna para que seamos listos frente a él y no tontos. Pero así es la magia de Jesús. Pues como recordarás Él es el Rey de reyes, pero, su Reino no es de este mundo. Si lo sigues no lo seas tú tampoco.  

 

II NAVIDAD

    Dios y el hombre no son opuestos. Pues la respuesta a las expectativas del hombre se encuentran en Dios, de modo que cuanto más humano te haces, más divino te vuelves, y cuanto más divino te haces, más humano te vuelves. Pues en lo divino encuentra lo humano su plenitud, pues lo natural ha sido creado para revestirse de lo sobrenatural.

    Esta intuición queda fundada en la meditación sosegada de las lecturas propuestas para hoy. Escuchemos nuestro corazón y lo entenderemos.

    ¿Acaso no anhelamos sabiduría para afrontar los retos y las cuestiones de nuestra vida? Pues Jesucristo es esa sabiduría que ha sido puesta en medio de nosotros y que está a nuestro alcance. Y podemos considerar nuestra vida a su amparo enriqueciéndonos siempre con sus inmensos tesoros. El libro del eclesiástico nos lo anuncia.

    ¿Acaso no deseamos no vernos solos? El ser humano no está hecho para la soledad. Es más privado de los demás humanos, el hombre no se desarrolla de manera conveniente. Pues si este es tu deseo, Jesús te regala una familia inmensa: la familia humana, pues en ella constituye un pueblo nuevo integrado por todas las razas y culturas. Y esa familia es la Iglesia. Pues esa palabra no significa “junta de clérigos”, sino una asamblea convocada por uno que viene de más allá de entre nosotros. La soledad para un cristiano sólo existe cuando este la busca. El salmo es claro en eso.

    ¿Acaso no nos gustaría conocer cual es nuestro destino? Pues Cristo como nos enseña Pablo, nos lo desvela. Nuestro destino es amar y ser amado. Pues cuando amamos funcionamos y vivimos en la gloria, en cambio cuando no lo hacemos, lejos de funcionar convertimos nuestra vida en un infierno. ¿Acaso no necesitamos recuperar el aliento muchas veces? Porque hay situaciones limite que nos cortan la respiración por la dureza de las mismas. Pues Jesús nos regala su Espíritu que nos resucita, nos revive, nos devuelve la esperanza, nos ilumina, y nos convoca a la eternidad como nuestro destino último. Y el aliento vital vuelve a nosotros.

    ¿Acaso no sería nuestra vida tiniebla sin Cristo de nuestro lado? Jesús, con su palabra viva, que eso significa verbo, una palabra actuante, una palabra transformadora, lo inunda todo de luz. Pues sin Cristo, la realidad no sería un mundo amado, sino del todo irrelevante. Por eso con Cristo el universo todo, se llena de luz y de calor. Pero sin Cristo el universo es un entorno frío y oscuro. Y esa es la diferencia entre la bendición y la maldición. Con Cristo la vida es una sucesión de gracia tras gracia hasta alcanzar la plenitud. Sin Cristo la vida es un camino hacia ninguna parte, porque todo es para nada, y nada vale nada. El prólogo de Juan lo explica a la perfección.

    No hay oposición entre lo divino y lo humano. En Cristo ambas realidades se desposan y la plenitud de una, por puro amor gratuito, enriquece a la otra, que enamorada responde agradecida si libremente tiene a bien consentir. Nuestro destino último son las bodas del Cordero. Esa es la alegría que Cristo nos transmite hoy.  

 

1 ENERO

    En esta fecha tan señalada las Escrituras nos aconsejan abrir nuestro corazón como María, la Madre de Dios, a la acción del Espíritu Santo, de modo que llenos de gracia podamos como ella, dar a luz a Jesús en medio de nuestras vidas. 

    Cuando el ser humano recibe el Espíritu de Dios bendice y protege todo: el mundo, los demás e incluso sí mismo. Pues Dios con nosotros, que eso es el Espíritu Santo hoy, nos conduce a amarlo todo, pues todo ha sido hecho para el amor.

    Cuando el ser humano recibe el Espíritu Santo, construye la paz y no emprende la destrucción de la guerra. Bajo la acción del Espíritu de Cristo, los seres humanos buscan el imperio del Bien Común, porque es imposible la globalización verdadera sin auténtica unión de los que son distintos en la comunión. La globalización solamente fructificará cuando evolucione y se convierta en una plena globalización del amor. Mientras será una casa sin terminar.

    Así nos han hablado los textos del Antiguo Testamento. Pero Pablo da un paso más. Solamente seremos capaces de superar la lacra de la esclavitud, travestida hoy de múltiples formas, cuando descubramos que somos hermanos. Si bien eso sin el Espíritu de Dios resulta muy difícil, pues Él nos capacita para entender que todos somos hijos de nuestro Dios a quien deberíamos llamar todos “Papá” que es lo que Abba significa realmente. La fraternidad es pues un fruto del Espíritu Santo. Y por ello la libertad y la igualdad, que son sus deudoras, solamente superarán su sempiterna dialéctica, cuando la fraternidad sea su habitat inmediato y natural. El Espíritu de Dios está detrás de todo eso.

    Lucas nos hace descubrir que sin el Espíritu de Dios el Evangelio se quedaría mudo, pues es el Espíritu de Jesús el que nos mueve como a los pastores a dar testimonio de sus maravillas a todos los demás. Sin pudores ni cobardías.  Es el Espíritu de Jesús el que nos adentra en la verdadera espiritualidad que pasa por meditar los misterios de Jesús en el corazón de un modo constante, pues es demasiado rico y profundo, para poder conocerlo a primera vista. Por ello la Iglesia se embarca cada año en este proceso obsesivo que es cada año litúrgico, para profundizar aún más en el misterio de Jesús. Aunque ello tristemente moleste y canse a algunos sacerdotes. Es triste que la espiritualidad para algunos de ellos hoy, haya quedado reducida a mero devocionalismo pietista, porque eso no es espiritualidad sino espiritualismo vacuo, como diríamos hoy: mero “postureo” sin cimiento ni sustancia. Propio de esta postmodernidad tan frívola en que vivimos, donde la verdadera existencia ha quedado reducida a un carnavalesco baile de máscaras. Y eso es lo que determinados estamentos clericales parecen hoy: una burda mascarada.

    En fin, amigos, si este año necesitamos algo es que en cada uno de los trescientos y pico días que tendrá, no deje nunca de visitarnos el Santo Espíritu de Dios como visitó a María. Ojalá y que su intercesión maternal nos alcance tal beneficio. ¡Feliz Año Nuevo en el Espíritu de Cristo a todos!.   

 

SAGRADA FAMILIA

    Hermanos hoy no os hablaré de la familia tal cual, sino de la familia de Jesús: aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. “Esos” a los que él llamaba sus hermanos y sus hermanas. Hoy os hablaré de la familia cristiana, de la Parroquia, de nuestra comunidad, llamadla como gustéis.

    Pues lo que de la familia puede decirse de bueno y de malo, de igual modo, y eso mismo en diferente grado, puede decirse de la Parroquia. 

    Los conflictos intergeneracionales que se perciben en las familias, entre padres e hijos y entre nietos y abuelos, esos mismos se producen en las parroquias. Con los cristianos de siempre y los cristianos de nuevo cuño. De modo que lo que el Eclesiástico detecta en las familias, eso igualmente ocurre en las comunidades parroquiales. Y ni unos deberían dejar de respetar y honrar a los demás, ni los otros deberían exasperar a los que son nuevos. Y nuevo en una parroquia se puede ser por diversos motivos: por reciente conversión o por ser de otro lugar y haber venido a parar aquí. Si perdemos de vista el amor en todo ese proceso, la familia se hunde y por ende, con la parroquia pasa lo mismo.

    En la familia el papel de la mujer sigue a veces siendo discutido, como si de un ser de segunda división se tratara, y eso mismo, muchas veces pasa en las parroquias, donde el machismo no está del todo eliminado. Aunque es cierto que en ella la mujer gana por goleada, porque sin ella, la Casa de María, se quedaría vacía. Y la mujer es el mayor de los regalos para el hombre, lástima que tanto “machito” siga sin darse cuenta. El salmo lo expone a las mil maravillas.

    El peor enemigo de la Sagrada Familia es Herodes. Y también lo es de las parroquias. Herodes quiere matar a Jesús, y eso es lo peor que a una parroquia le puede pasar. Y ¿por qué quiere acabar con Él? Porque le tiene celos. Considera que Jesús viene a robarle la corona, cosa no cierta, ya que el Reino de Jesús no es de este mundo. Además le tiene envidia al Rey de reyes, porque Herodes se considera poca cosa. Su autoestima es un desastre. Y para conseguir acabar con él, miente y es un hipócrita con los magos de oriente, con tal de poner en juego su macabro plan. Pues los celos, las envidias, las mentiras, los miedos infundados, y la hipocresía echan a perder muchas familias y por supuesto, también, infinidad de parroquias y comunidades cristianas, porque cuando cogemos esa senda, una cosa queda siempre clara: Cristo es lanzado al exilio y sufren lo indecible los inocentes. Y eso pasa en los hogares y en la comunidad cristiana. Y eso no huele a Jesús, sino a Herodes. 

    Por último el modo de curarlo lo expone con claridad Pablo. Oración, Acción de Gracias (es decir Eucaristía) y mucha Palabra de Dios. Porque por esas puertas el Espíritu de Jesús se adueña de nosotros y nos muestra la lógica de la bondad, la humildad, la paciencia, el modo de vivir en Paz como un sólo cuerpo, la misericordia y el perdón pues nadie está libre de meter la pata. Todo eso no nos brota en nuestro interior porque sí, sino mirando a los ojos de Jesús. Y su amor nos cambia para bien. Y así crea la comunión de los que son distintos. Y eso vale para la familia y para la parroquia. Pues la parroquia no es otra cosa que una familia de familias.

    Así que hermanos hemos de preguntarnos una cosa ¿queremos que la parroquia sea una familia sagrada? Porque si no escuchamos hoy el mensaje que se nos dirige, en la parroquia sólo encontraremos discordias y competencias, y eso es lo que ocurre en la calle, y para eso no necesitamos la Iglesia para nada, porque nos ahorraríamos un lugar más de pugnas y de odios. En ese caso la sal se habría vuelto sosa y sólo serviría para ser tirada a la calle y ser pisoteada. Así que si deseas que la parroquia sea una familia Sagrada, no destierres a Jesús, expulsa a Herodes de tu vida.

 

NAVIDAD

     Sin Jesucristo la Navidad está vacía. Pues es como un parto en el que no hay niño. Sin Niño la Navidad no es nada. El ritmo habitual de un astro no mueve el corazón de nadie, por mucho que ahora, vuelvan algunos a querer revitalizar una fiesta pagana, que en el fondo también era religiosa porque afirmaba que el astro sol, que para ellos era un dios, renacía. Sin alma religiosa la Navidad es consumo y ruido. 

    Pero ¿por qué el nacimiento de Jesucristo merece la pena ser celebrado en este tiempo? Son muchas las razones, las Sagradas Escrituras, muy ricas y variadas, que se nos proponen en esta jornada, nos las ofrecen:

 

  1. Jesucristo erradica las tinieblas del horizonte humano y lo inunda de luz, pues pone un sentido amoroso en todo lo que vivimos.
  2. Jesucristo es una maravilla de consejero, es el Dios que guerrea a nuestro lado, es el que nos regala un Padre Perpetuo, y es el que llena nuestro corazón de Paz.
  3. Jesucristo es el que proclama que la injusticia no tendrá la última palabra en la vida y en la historia humana. Y ello colma nuestra esperanza cuando sufrimos.
  4. Jesucristo otorga dignidad a nuestra condición humana y la reviste de derechos.
  5. Jesucristo es la afirmación de la alegría y el gozo, frente a la opresión de la tristeza.
  6. Jesucristo es la bondad, la gracia y la misericordia de Dios que nos visitan para hacernos mejores personas por medio del amor.
  7. Jesucristo es la buena noticia que estábamos esperando: nuestro destino es la felicidad, nuestra vocación es vivir en la Gloria y ésta nos aguarda porque Dios nos ama. Y por ello nuestra existencia no es irrelevante, ni absurda, y menos aún, una pasión inútil.
  8. Jesucristo es el que reúne a los pueblos en un Pueblo Nuevo: la familia de los Hijos de Dios a la que se invita a todos los seres humanos a formar parte de ella. Sin más muros ni nuevas fronteras.
  9. Jesucristo es nuestro salvador porque no seremos simplemente pasto de la muerte, sino que Él es la posibilidad real de que nuestras vidas sean eternas.
  10. Jesucristo nos regala el Espíritu Santo que crea y renueva nuestras vidas.
  11. Jesucristo es la promesa cumplida por Dios de que seríamos salvados.
  12. Jesucristo es el que abre para nosotros las puertas del Reino de Dios donde se hará patente nuestra victoria.
  13. Jesucristo es el que sostiene el universo con su palabra poderosa para abrirlo a la plenitud.
  14. Jesucristo es Dios que se nos comunica, hecho carne, en el respeto más estricto de nuestra libertad, para enriquecernos con su plenitud.   

    Cada una de estas razones, explicarlas una a una podría llevarnos toda la noche y aún nos faltaría tiempo. Llevaba razón Juan cuando nos decía que ni todos los libros que pudieran escribirse alcanzarían para desentrañar su asombroso misterio. De modo que bástenos como a los pastores saber que Jesucristo cambia todo para bien y como María dediquemos nuestra vida a meditar sobre ello. Así que después de todo lo dicho te pregunto hoy: ¿Quieres una Navidad sin Jesucristo?, mi respuesta es clara: ¡Yo por nada del mundo!.

 

IV ADVIENTO

    Ajaz es un prototipo de como es nuestro corazón en el siglo XXI. Pues como este rey hebreo nosotros muchas veces hacemos gala de nuestra desconfianza en Dios. 

    Cuantas veces creemos que Dios está ausente, que no le importamos lo más mínimo. Pero Dios se nos presenta como el “Dios con nosotros”. Así lo ha presentado Isaias. El hecho de sufrir o morir no nos convierte en abandonados de Dios. Somos, y en nuestro ser Dios late. Y luego nuestro ser lo convertimos en existencia, cuando libremente decidimos tomar uno u otro rumbo, con lo que somos. Ahí ya no late Dios. Sino cada uno de nosotros. Ahí impera nuestra libertad. Que puede abrirse o cerrarse a la acción de la Gracia de Dios. Permitiéndonos alcanzar metas que de otro modo para nosotros serían imposibles.

    Cuantas veces consideramos que el universo se explica sin Dios alguno, porque ya sabemos como ha ocurrido, pero ignoramos por qué ha ocurrido. Y es el Salmo esta vez el que nos enseña, en comunión con algunos pensadores, que de la nada no sale nada. Y que en cada realidad creada que contemplamos late la presencia de Dios que la ha hecho posible, poniendo en movimiento todo lo creado que se ha auto organizado evolucionando. Deberíamos recuperar ese carácter místico que se manifiesta en todo lo que existe y que al llamarlo naturaleza lo reducimos a mero objeto, sujeto a nuestro capricho, como si nosotros fuésemos capaces de vivir sin ello.

    Cuantas veces miramos lo negativo de la Iglesia y olvidamos lo positivo que en ella se nos ofrece. Una multitud de testigos vivos movidos por el Espíritu de Santidad que nos hacen descubrir a muchos, que Dios nos ama y nos glorifica, si nosotros aceptamos su designio. Pablo nos lo recuerda y nos estimula a todos a unirnos a ese maravilloso grupo. 

    Cuantas veces en fin creemos que Dios no cumple sus promesas, y la principal de ellas que fue amarnos hasta el extremo a través de la persona del Mesías, es precisamente la que nos disponemos a festejar de manera inminente que se realizó hace dos mil y pico años. Creer que Dios calla y está en silencio después de conocer a Jesucristo es no querer enterarse de nada. Creer que es un ausente y que no cumple sus promesas después de ver a Jesús clavado en una cruz con tal de salvarnos es tener la mente muy cerrada. Jesucristo, el fruto del Espíritu Santo e hijo de María, el Hijo de Dios, es Dios con nosotros amándonos y salvándonos. ¿Qué más se puede pedir? Y Él sufrió y murió, más no por ello, el Padre Dios lo abandonó, sino que le resucitó. Y por su Espíritu Santo, eso mismo hará con nosotros si queremos. 

    Pero Ajaz sigue ahí. Clavado en nuestro corazón. Y Ajaz  desconfía porque no cree. Y al no creer no permite a Dios entrar en su vida. Y retrasa o impide su propia salvación y la de los demás. Así que amigos liberaos de la sombra de Ajaz. Por que de lo contrario estas fiestas solemnes y profundas se reducirán a comilonas y algarabía, pero no descubriremos el océano de alegría y paz con el que pueden inundar nuestros corazones. 

 

III ADVIENTO

    El plural es usado constantemente en las Escrituras en este domingo tercero de Adviento. Así lo hace el profeta, el apóstol y el mismo Evangelio. Porque hoy el mensaje va dirigido a la comunidad. No nos salvamos nosotros solos. Esto no va de “sálvese quien pueda”. Somos un pueblo, una comunidad.

    Sin comunidad es imposible experimentar la alegría de la que hoy nos habla Isaías. La alegría es la de un pueblo. Pues no puede edificarse una verdadera alegría a costa del sufrimiento de los demás. No podemos dejar el camino sembrado de cadáveres y quedarnos tan campantes. Jesús es la alegría para todos los hombres y no solo para algunas personas. Pues su salvación es para todos. Sin los otros, mi alegría se queda manca. La alegría mesiánica tiene vocación universal. Esto es fácil de comprender: si un miembro de la familia no está alegre es difícil que los demás puedan estarlo. Así debería ser entre los humanos. Pero nuestro mundo parece no haber descubierto que la alegría debería ser un bien común.

    Sin comunidad es difícil mantener viva la esperanza, la paciencia y la fortaleza. En múltiples ocasiones perdemos la ilusión, la templanza y las fuerzas. Con facilidad nos quebramos. Que importante entonces es hallar una mano amiga, que te impulsa a levantarte.  Santiago es lo que nos enseña. Él alienta a una comunidad que sufre para que mantenga la esperanza, la paciencia y la valentía. Esto es algo que necesitamos todos más de una vez. Solos no vamos a ningún sitio, la unión hace la fuerza. La comunidad nos ampara y nos protege. Hoy por ti y mañana por mi.

    Sin comunidad no podemos cambiar el mundo. En el mundo hay muchos sufrimientos. En el Salmo y en el Evangelio se señalan muchos de ellos: enfermedades, injusticias, flujos migratorios, catástrofes, hambrunas, desigualdades y conflictos. Tras ellos están enormes estructuras sociales que se fundamentan en el desamor. Sean locales, regionales, nacionales e internacionales. Globales en definitiva. El individualismo ante ellas no resuelve nada. Es simple y llanamente, meter la cabeza en el hueco del suelo como el avestruz, para imaginarte que así pasará el peligro. Es pura alienación. Sólo iniciativas comunes y organizadas son capaces de cambiar esas estructuras y por ende, sus consecuencias. Sólo en común podemos preparar como Juan los caminos al Señor. Son estas iniciativas las que cambian las cosas. Y abren en el mundo una puerta a la verdadera solución de los problemas. Un hombre sólo no basta. Ni siquiera Jesús caminó sólo. Sino que puso en marcha una comunidad que alentada por su Espíritu pudiese proseguir entre los hombres la misión de amor que Él inició. La Iglesia no es otra cosa que eso: una prolongación de su cuerpo que nos descubre cual es la verdadera naturaleza del tiempo mesiánico. La Iglesia es un grito misionero general y comunitario: que se enteren todos de que algo muy importante desde la venida de Cristo ha cambiado. Y en esa misión todos tenemos parte y no solamente algunos. Esos discípulos de Juan a quien Jesús les pide que vayan a contar lo que ven y oyen, somos todos los que caminamos tras Él por este mundo.

    Sin seguir a Jesús en comunidad estamos perdidos. Porque no se trata de que cada uno salve su alma en una carrera de ciegos. Nuestro mundo precisa de soluciones globales y no de más fronteras ni más divorcios en la familia humana, pues con individualismo y rupturas solamente conseguiremos fracasar. Por eso hoy se nos habla en plural porque necesitamos despertar, sin los demás, estamos perdidos todos. Que no nos engañen los que nos enseñan lo contrario.

 

II ADVIENTO

    La revisión es previa siempre a la conversión. Por eso amigos hoy el Domingo nos pone ante los ojos una gran verdad. Si el Espíritu Santo nos llena de consejo y valentía, de inteligencia y sabiduría, de ciencia y de temor del Señor, si el Espíritu de Dios nos visita es para vivir de una manera distinta a como el desamor puede inspirarnos. Pues este Espíritu de Dios nos mueve a construir una sociedad justa donde el hombre pueda vivir con dignidad y además, nos invita a establecer un espíritu armónico con la creación. Pues de ella formamos parte, y sobre toda ella fue pronunciada la bendición del Altísimo, resumida en estas sonoras palabras: Y VIÓ DIOS QUE TODO ERA MUY BUENO. Hoy no podemos, alentados por egoístas poderosos que viven de espaldas al paradigma científico reinante, ignorar como sordos y ciegos, que nuestro impacto sobre la creación como realidad viva es brutal. No son pocos, incluidos hasta el Papa, los que ya hablan de una nueva era planetaria conocida como el ANTROPOCENO. Dado el singular impacto que nuestro desarrollo como especie provoca sobre nuestro hermoso planeta. Isaías nos invita a la armonía con él, porque nosotros estamos unidos al Vástago de Jesé lleno del Espíritu de Dios, por el bautismo y los sacramentos. Y Cristo no es enemigo del mundo sino su culminación evolutiva.

    Por ello en el Evangelio se nos recomienda no vivir con un espíritu farisáico, es decir presos de una doble vida. Dejemos que el fuego del Espíritu se derrame sobre nosotros y queme toda nuestras inmundicias. Y eso hoy más que nunca supone un cambio en nuestra forma de vivir y de decidir. Y ello aunque como Juan seamos pequeños e irrelevantes, y hasta indignos para desatar la correa de la sandalia de Jesús. Porque muchas gotitas de cera crean un cirio pascual, como decía un gran amigo mío. Esta conversión para crear un entorno digno de cada uno y de toda la creación, ha de empezar por todos y cada uno de nosotros. Porque quien atenta contra el mundo, contra el hombre atenta. Y quien atenta contra el hombre, contra el mundo conspira. No atentemos contra el mundo, ni contra el hombre y otorguemos la responsabilidad de nuestras sociedades a personas y equipos capaces de construir formas de vida sostenibles y respetuosas con todo y con todos. Decir hoy: Ven Señor Jesús, es gritar alto y claro: Ven Espíritu Santo. 

    De modo que hoy puedes comprobar como revisión y conversión van juntas, y donde está la clave para que eso pase. Está en las Escrituras. Pablo nos lo enseña. Porque el estudio de las mismas abre nuestra mente para comprender nuestro presente con unos ojos diferentes y eso lo cambia todo. El Espíritu de Dios se cuela en nuestro interior hecho palabra. Así afecta nuestra mente, y está mueve nuestro corazón. Y es el corazón entonces, el que renovado, dirige nuestra conducta. Esta es la voz del Adviento para nosotros hoy. Maranathá.

 

LA PURISIMA

    Varios consejos sobre como proceder en la Vida concreta del cristiano, teniendo a la Virgen María como patrona. Pues no debemos olvidar que un patrón, es una pieza previa para poder cortarnos a medida el traje que luego, tras tejerlo, vestiremos.

    Pisa la Cabeza de la Serpiente. Siempre estamos decidiendo. Constantemente. Y en cada instante podemos inclinar la balanza del mundo hacia uno u otro lado. Pisar la cabeza de la serpiente es no dejar que el mal se salga con las suya. Es un juego hasta divertido. Percibir que es lo malo, mirar a la serpiente a los ojos, y decirle: esta vez no te escapas. Somos la estirpe de Eva que está llamada a pisar la cabeza del maligno con cada uno de nuestros actos, porque nuestra Madre es la Nueva Eva, Jesús mismo, nos la ha regalado. El Génesis puede cumplirse hoy si actúas como María.

    Llénate de Gracia. Es decir, llénate de amor. Porque el amor nos hace resplandecer. Y para amar hemos sido creados. Que bien lo explica Pablo en Efesios. Cuando amamos a Dios, a los demás, a nosotros mismos y al mundo, todo funciona. Cuando heridos por el odio y el egoísmo, por el desamor, nos movemos, todo se estropea. No hemos sido hechos para vivir en el desamor. En el viviremos sí, pero nunca felices esta es otra gran verdad. Así que llenémonos de gracia, llenémonos del amor de Dios, y nos volveremos resplandecientes, como si fuésemos una estrella fulgurante sobre la cabeza de María. 

    Hágase. Para responder así a Dios hay que fiarse mucho de Él. La confianza en Dios está hecha de infinitos instantes de fe. La fe es creer a cada momento. La desconfianza brota de que esta cadena de instantes creyentes se ve interrumpida. Restablecerla supone volver a creer instante a instante. María confía porque sabe que Dios puede hacer posible lo imposible. El que hizo todo de la nada, ¿no va a ser capaz de hacer que de la nada de un vientre virginal, brote una vida humana? Confiando: haremos. Desconfiando: no. María nos enseña a vivir con paz en medio de los tumultos propios de los que anhelamos ver nacer una nueva creación. 

    María nos enseña a vivir, porque (como me enseñó Pepe Ruíz) nos descubre como retomar nuestro ser inmaculado, ese que nos regaló Dios en el momento primigenio en que dijo: Sea el mundo. Así que aprende de ella y tenla por intercesora, no hacerlo, es de necios.

 

I ADVIENTO

    La mirada al mundo actual muchas veces más que insuflar esperanza desalienta. Y no se trata de ser profeta de calamidades. Ni tampoco agoreros simplistas. Pero en el horizonte de nuestra historía presente se están planteando problemas y retos que no acabamos de resolver con tino. Es más en ocasiones pareciera que lejos de querer resolverlos actuamos como colectivo en dirección contraria. 

    Por eso la Palabra de Dios abre hoy ante nuestros ojos cuatro caminos para encontrar la senda de la esperanza.

    El primero de ellos lo muestra Isaias. Se abren caminos a la esperanza cuando todos los pueblos caminan unidos en la búsqueda conjunta del bien común. Se cierran esos caminos cuando los pueblos viven desunidos, o cada uno va a lo suyo creyendo que es posible salvarse sin los demás. Lo queramos o no vivimos una época globalizada, y pretender otra cosa, es como aspirar a volver a tiempos pretéritos del todo superados. Así que hay esperanza cuando actuamos como una sola familia humana, y deja de haberla cuando no lo hacemos.

    El segundo camino a la esperanza se nos abre cuando todos sentimos alegría porque la justicia y la paz se impongan. En cambio se nos cierra cuando los seres humanos sentimos alegría por lo contrario, es decir, por aceptar que se adopten medidas injustas o agresivas pensando que con ello vamos a poder resolver problemas. La injusticia y la violencia, rara vez resuelven nada, y siempre lo complican todo mucho más. Así nos lo muestra el salmo.

    El tercer camino a la esperanza se nos dibuja ante nuestros ojos cuando buscamos mantener y defender la dignidad de todos, la nuestra y la de los otros. Sin convertirnos en esclavos de nada ni de nadie. Ser un objeto de los demás o tratarnos a nosotros mismos como objetos, es un error destructivo. Pero muchas veces por desgracia, todos nos compartamos de manera autodestructiva. Cuando hacemos esto la esperanza fenece. Pablo en su carta, tras sus palabras, es lo que parece querer comunicarnos. 

    El cuarto y último camino que se puede abrir a la esperanza, nos lo muestra Jesús. Que aunque nos habla del más allá nos centra en el más acá. Pues no acostumbra el Señor Jesús a tenernos pendientes de la otra orilla, sino a remar en esta en la que vivimos. De ahí que su consejo claro y terminante sea estar en Vela. La esperanza se abre en el mundo un camino cuando los seres humanos comprendemos que lo que consideramos un progreso en nuestro modo de vivir, lo podemos perder en un abrir y cerrar de ojos. Cuando mantenemos la tensión de salvaguardar de cualquier amenaza los bienes logrados por todos y para todos, la esperanza se abre. Pero si nos dormimos en los laureles la esperanza se resiente, porque inmersos en el sueño perdemos la capacidad de reacción ante las alimañas y fácilmente nos convertimos en presa de sus ardides. La esperanza requiere de nosotros estar despiertos, en vela, es decir en guardia.

    Es verdad que el desaliento nos cerca, pero no  es menos cierto que si escuchamos, creemos y ponemos en práctica lo que la Palabra de Dios hoy nos enseña lo superaremos con un corazón lleno de esperanza. El Adviento se abre hoy para todos nosotros hermanos.  

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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