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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO B

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

ORDINARIO II

    ¿Por qué hay tanta inquietud, alarmismo y dudas sin cesar en los corazones de muchos que se llaman católicos? La respuesta a esta pregunta la ofrece la Sagrada Escritura de este domingo.

    Samuel responde con claridad: “no conocía al Señor en profundidad porque aún no había escuchado ni comprendido la palabra del Señor”.  Así se encuentra mucho católico caminando por el mundo. Saben que hay un “Dios”, y poco más, las enseñanzas de las catequesis infantiles y juveniles (si es que las recibieron), han caído en el baúl de los recuerdos. Y sus casas no están cimentadas sobre esa roca. Sus convicciones espirituales son una tenue barniz que cualquier sol o frío, con ser un poco intenso, lo agrieta por completo. Y la casa edificada sobre arena no se mantiene en pie. 

    ¿Qué hacer para superar tal estado de las cosas? El evangelio nos ofrece la solución: a Jesús hay que dedicarle tiempo. Eso hicieron estos dos discípulos del Bautista: Andrés y Juan. Hasta la hora, permaneció intacta en su memoria. Estuvieron tiempo con Él. Le dedicaron su atención. No se puede aprender inglés en un minuto, ni se puede conocer a tu pareja en una tarde. Conocer bien requiere de tiempo. Sin dedicación no se puede pretender hacerse experto en nada. Un católico debería ser un experto en Jesús. Es decir alguien con experiencia verdadera de Él. Y eso reclama un proceso de iniciación: Conocer, amar, seguir, transmitir, son etapas de un mismo camino. La otra posibilidad es conocer y no amar, no seguir, no transmitir. Conocer y olvidar, viene a ser lo mismo que esta posibilidad que rechaza a Jesús y su Evangelio. Pues es posible conocer la luz y aún así, preferir las tinieblas. Pero conocer, amar, seguir y transmitir a los demás lo conocido, es un proceso, y éste reclama tiempo. Sin tiempo ni dedicación no es posible aprender el lenguaje de Dios como Samuel, Andrés y Juan.

    ¿Conocer está palabra del Señor nos enseña a vivir? Sin duda. Nos enseña a vivir pero en plenitud. Como ejemplo se nos ofrece el caso que Pablo aborda. A pesar de esta pésima traducción que nos han propuesto en los nuevos leccionarios, donde, como en el misal, se prima una traducción literalista, carente de toda belleza en castellano y a ratos, incomprensible por lo forzado de sus giros y expresiones, el trozo de la carta nos infunde luz si se contextualiza para entenderlo bien. Ni que decir tiene que Pablo parece un enemigo de la sexualidad humana, a la que reduce a mera fornicación. Si bien eso no es cierto. Desde otras cartas esa visión puede rebatirse. El problema es que esta perícopa separada de su contexto no se comprende bien. Pablo se está dirigiendo a una comunidad donde es frecuente que los varones de la misma frecuenten un templo pagano, donde las sacerdotisas son prostitutas con las que aquellos corintios que iban de cristianos, se daban “el lote” con frecuencia para alcanzar mayor número de “bendiciones”, y además, entre ellos, uno en particular, se acostaba con la que había sido esposa de su difunto padre, y había ejercido para él, la función de madrastra. Hablamos de situaciones límite. Igual que la mayoría de las veces que Pablo rezuma homofobia, realmente lo que condena, es la prostitución con adolescentes muy común en la época romana. De modo que lo que Pablo pretende es enseñarles que el cuerpo es para el amor. El sexo sin amor da placer. Pero el sexo enamorado además, te hace feliz. Y hay una diferencia de grado, entre tocar una guitarra sin saber lo que se hace por el mero placer de oír el sonido de la cuerda, a tocar el concierto de Aranjuez con ese instrumento musical, haciendo vibrar los corazones con sus acordes. Una cosa es el sonido, y otra cosa es la música. Estamos hechos no sólo para sonar, sino para ser música. Esa es la diferencia entre vivir y vivir en plenitud. El Espíritu urge esa evolución y esa madurez, cuando escuchamos la palabra del Señor. 

    Así que fácilmente se comprende el por qué de tanta inquietud en los tiempos difíciles. De modo que aprovecha la ocasión y descubre con verdad, los tesoros sin cuento, que la Palabra del Señor encierra. Ponte ante ella y como Samuel, di alto y claro: ¡Habla Señor que tu Siervo escucha!.   

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    En este último día de la Navidad la Escritura nos permite diferenciar el ritualismo vacío del culto en espíritu y en verdad. 

    Como veréis uso las lecturas propias del ciclo B. Isaias, tanto en la primera lectura como en el Salmo, Juan en su primera carta y el Evangelio de Marcos nos permiten dibujar el siguiente cuadro de comprensión de la cuestión que nos ocupa. 

    El “ritualismo vacío” no ofrece “sustancia” al corazón hambriento. Ni tampoco ofrece agua viva para el espíritu sediento de plenitud, en cambio el culto en espíritu y en verdad si lo hace. Otorga fuerza y poder, confianza frente al temor, gozo y jubilo que desean compartirse.

    El “ritualismo vacío” se opera al servicio de unos elegidos, pero excluye a muchos que son considerados impuros. El culto en espíritu y en verdad, tiene una vocación universal. Pues toda la tierra queda invitada a participar de él. Es misionero y crea una reacción en cadena de un tú a tú para que el tesoro pueda ser conocido por muchos. 

    El “ritualismo vacío” no cambia nada ni a nadie. Es mero espectáculo. El culto en espíritu y en verdad invita a cambiar el corazón y el mundo. Es fruto de una palabra viva que como la lluvia y la nieve, empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar para que de fruto y nutra. 

    El “ritualismo vacío” no tiene al Espíritu Santo dentro de sí, ya que el que preside dichos ritos ocupa todo el espacio y se convierte en el absoluto protagonista de la acción. Es una especie de egolatría, donde los planes de Dios poco importan, puesto que no se someten a las reglas preestablecidas, y por tanto no se deja a Dios ser Dios. En el culto en espíritu y en verdad se sabe que los planes de Dios no son los nuestros, sino mucho más grandes, pero la actitud del celebrante en él es la humildad ante el misterioso y no la soberbia prepotente del que se cree dueño de lo que se celebra porque como él no hay nadie. Es la actitud del Bautista la que se reclama. Porque en el culto en espíritu y verdad se sabe que es Dios quien pasa durante la celebración litúrgica y por ello lo llamamos misterio. Por eso es importante dejar que el Espíritu vaya y venga donde sea preciso sin que necesariamente tengamos que saber de donde viene y a donde va.

    El “ritualismo vacío” no está hecho de amor. El culto en Espíritu y en verdad del amor nace, en el amor vive, para el amor existe y el amor provoca. El agua es el bautismo, la Sangre es la Eucaristía y el Espíritu es la confirmación. La iniciación cristiana es una gestación en el amor: El amor se derrama sobre nosotros con el agua bautismal, se nos regala el Espíritu en la confirmación para que amemos como hemos sido amados, y se nos alimenta de amor, para que aprendamos que la medida del amor es el amor sin medida. 

    El “ritualismo vacío” llama a los participantes en él: Siervos llamados a somerterse, te sumerge en una suerte de esclavitud religiosa. El culto en espíritu y en verdad te descubre que eres Hijo muy amado de Dios, como Jesucristo, y te revela que el Padre se complace en ti. Y con el ímpetu del Espíritu te permite ver todas estas maravillas. 

    El “ritualismo vacío” usa a Jesucristo como una excusa, como un pretexto, para poder hacer de su capa un sayo. Aunque tal saya nada tenga que ver con la sagrada túnica del Nazareno. En cambio el culto en espíritu y en verdad sabe que el motor de cualquier celebración litúrgica es Jesucristo vivo y verdadero, testimonio vivo del Padre, que por medio del Espíritu Santo se hace presente en su desarrollo. 

    Por eso amigos es fácil entender que los ritualismos vacíos vacíen los corazones. Y en cambio que los cultos en espíritu y en verdad operen, que los que descubren sus tesoros, nunca dejen de acercarse a aquel que es la fuente misteriosa pero real de su dicha.  Y aunque no sean miles sean auténticos, cosa que no se opera en los ritualismos vacíos donde pudiendo ser muchos, a la hora de la verdad, nadie experimenta nada más allá que la mera vacuidad que los deja fríos. Inertes espiritualmente hablando. 

    El bautismo y la confirmación de Jesús no fueron un “ritualismo vacío”, Él puso toda la carne el asador, movido por el Espíritu, así que ve tú y haz lo mismo. Y si es que no se te da lo que necesitas para crecer espiritualmente, que no es espectáculo no lo olvides, pide lo que necesitas a quien corresponde, pues cumplir con una costumbre o con un precepto no es celebrar. Celebrar es mucho más: una vida vibrando con una energía nueva y renovada desde una fuente de júbilo inagotable: el Espíritu de Jesucristo vivo y resucitado. 

 

EPIFANIA

    Hoy celebramos el amor. Todos los textos nos permiten interpretarlos desde esta hermosa clave.

    Isaias nos enseña que nos levantamos y resplandecemos cuando amamos. Pues la oscuridad y las tinieblas que envuelven el mundo son el desamor. El amor es la luz que nos ilumina. Es la estrella que nos guía. El amor es lo que nos glorifica. Amar es caminar por la luz. El amor es la aurora que nos hace resplandecer.

    El amor es lo que nos reúne. El amor nos vuelve a todos una gran familia, donde no sobra nadie. El amor nos vuelve radiantes. El amor nos asombra, nos ensancha, nos otorga poder, nos enriquece. El amor nos hace dar lo mejor que tenemos a los demás. El amor, cuando se vive, suscita alabanzas por estar vivo.

    El Salmo nos enseña que si el amor es nuestro rey, reinará la justicia, la paz, la liberación, cesará la pobreza y la aflicción, aprenderemos a ser piadosos, gente compasiva, el amor reinando es nuestra única y verdadera salvación.

    Pablo nos muestra que el amor cuando despliega su misterio destruye toda exclusión por cualquier motivo. Rompe fronteras y etiquetas y muestra que todos somos coherederos, miembros de un mismo cuerpo y participes de la misma promesa de salvación. El amor nos vuelve una familia única: la familia humana que vive en armonía con todo y con todos. Por eso me atrevo a deciros a todos que el amor es el mayor de los sueños que el ser humano puede tener, el más verdadero, el más bello y el más bueno. Y nada puede comparársele.

    El Evangelio manifiesta que el amor nos convoca a todos a buscarlo, a adorarlo. Y el amor está en lo pequeño, en lo humilde, en lo sencillo, en el día a día. Belén simboliza hoy eso. El amor nos hace listos frente al desamor que Herodes representa en esta escena, calculador y astuto, embustero y con malas intenciones. El amor nos impele a darle esquinazo al desamor. El amor es de oro porque es un tesoro. El amor es incienso porque perfuma todo lo que toca, y no resulta fétido como el desamor. El amor es mirra porque es curativo y sana las heridas.  El amor es siempre el mejor de los regalos. Y los cristianos sabemos como se llama el amor: Jesucristo, que se acerca a nosotros como un Niño, dulce, tierno, juguetón, simpático. Así es el amor. Y en Él nos convierte, cuando amamos aunque no lo sepamos. 

    Así que deseosos de aceptar el mayor regalo que se nos hace hoy, celebremos la Eucaristía con gozo hermanos, para recibir el amor que se nos regala gratuitamente. Un regalo es pura gracia. Y así es el amor. No se da a quien lo merece, sino que se regala a todos. Alimentemonos en este amor para que nosotros hoy y siempre podamos ser este precioso regalo para todos los demás. Pues hasta en los tiempos duros y difíciles como estos, es posible amar. Mientras hay vida, hay tiempo para amar hermanos.   

 

II NAVIDAD

    A veces nos hablan del “Espíritu de la Navidad”, que asocian a renos, nieve, polo norte (olvidándose por completo del sur) y a un San Nicolas, travestido de rojo, que nada tiene que ver con aquel Nicolás de Bari que por su amor a los niños y por celebrarse en diciembre su fiesta, se asoció a la Navidad en algunos países del norte. 

    Que la Navidad proviene como fiesta del paganismo romano y sus fiestas saturnales no es un misterio. Que a ella se han asociado visiones chamánicas del norte y de otra índole, tampoco es una novedad. El cristianismo ha transfigurado para los suyos este festival romano que celebraba el renacimiento del dios sol. No celebrando que un astro vuelve a su ruta habitual por estas fechas, sino que la luz que es Cristo se hace carne esfumando las tinieblas. Y desde esa convicción ha resignificado elementos propios de aquellas manifestaciones. No debe asustarnos que el paganismo previo nos haya aportado tantos elementos hermosos. Después de todo la inculturación es lo que conlleva: recoge lo verdadero, lo bueno y lo bello que hay en todas partes y vístelo con la luz de Cristo. La Navidad como fiesta tiene mucho de eso.

    Pero otra cosa es que nos dejemos embaucar por el paganismo previo a Cristo. El espíritu de la Navidad del que nos hablan es una especie de música interior festiva que nos predispone en positivo para pasar unas fechas del año, con un alto índice de vitalismo. Es una sugestión en positivo. El problema es que tal espíritu se esfuma como el humo, cuando el sufrimiento, que es muy habitual en la vida, nos visita y nos golpea. 

    A la escucha de las Escrituras hoy, descubro que el único espíritu que habita en la Navidad, para un cristiano es el Espíritu Santo. Pablo nos habla de eso en Efesios. Y este Espíritu es el que en diálogo con nosotros nos cambia por dentro. No sólo en este tiempo litúrgico sino siempre. Y lo hace de tres maneras distintas.

    Nos llena de Gracia. La creación y la redención (que es una suerte de nueva creación), son gracia. Dios no nos necesita, nos crea porque le place, nos redime porque nos ama. Por pura gracia de Dios somos lo que somos. No somos necesarios, somos un regalo. Todo lo es. Nada es nuestro. Y a pesar de nuestra fugacidad y nuestra carencia de plenitud y perfección, el ser nos habita, nos constituye, y por ello somos lo que somos y podemos ser más de lo que somos capaces de soñar. Este sabernos amados y constituidos por amor, y tocados y transformados por los susurros de este amor creador y redentor es una experiencia única, y es el Espíritu de Dios el que nos permite tenerla.

    El Espíritu ademas nos nutre de sabiduría a diario cuando escuchamos sus susurros hechos palabra viva, verbo amoroso de Dios. Nos hace recuperar la alegría en la tristeza, nos devuelve la esperanza en el pesimismo, nos regala la paz en la inquietud, nos libera del desamor. Su sabiduría nos permite vivir en plenitud. Pues nos fortalece en la alegría, la paz, la esperanza y la caridad fraterna, en medio de los impactos de esta caótica realidad que pasa de la construcción a la destrucción en un plis plas. 

    El Espíritu nos convoca a amar, si algo nos enseña Pablo, es que cuando amamos funcionamos, y cuando no lo hacemos colapsamos. Hechos para el amor, fracasamos en el desamor. Amor en todas direcciones: amor por ti, amor por los demás, amor por el mundo, y amor a Dios. Si hacia nosotros el amor se llama autoestima, hacia el mundo y hacia los demás el amor se llama asertividad y búsqueda Bien Común. Y si se vuelve hacia Dios el amor se llama mística. El amor nos glorifica, por eso es el mayor de los dones que podemos recibir del Espíritu como nos explica 1 Corintios 13. 

    Ese es el Espíritu que habita la Navidad y todos los días de nuestra vida. En el podemos vivir, movernos y existir. Basta que lo invoquemos.  Así que no perdamos más el tiempo en tonterías, si vivimos la Navidad que sea como cristianos y no como paganos. Pues el pagano es aquel que vive como si Dios no lo amara, aunque sea un monoteísta obcecado. 

 

AÑO NUEVO

    La inquietud nos viene acompañando desde hace ya demasiado tiempo a todos. Si no teníamos suficiente con los sufrimientos habituales y acostumbrados, esta pandemia los ha multiplicado por mucho más. Necesitamos paz. Ese es nuestro anhelo más destacado en este periodo histórico que vivimos. 

    ¿Como encontrar la paz? ¿la personal y la universal? Los pastores nos enseñan el camino. Acudamos a Jesús, que nos es presentado por María y José. Y allí contemplemos, escuchemos, experimentemos, contemos, meditemos, y glorificaremos. Pues el tesoro que se nos regala no debe ser derrochado ni desaprovechado. Nada peor que la indiferencia ante el Señor Jesús y su amor hasta el extremo. Pues la puerta de la plenitud nos la cerramos como la de la salud, cuando estando enfermos de una plaga curable, nos empeñamos en desoír la palabra del médico, impidiéndonos recuperar la salud, cuando no agravarla incluso a veces, mortalmente. ¿Es que no quiere curarnos el médico? ¿Es que no quiere Jesús que tu vida sea glorificada? No culpemos a quien no lo merece y miremos mejor dentro de nosotros para encontrar la causa de nuestra inquietud.

    La paz del corazón que no la tranquilidad ordinaria brota según el libro de los números de vivir inmerso en la bendición de Dios. Pero ¿qué diferencia hay entre la paz del corazón y la tranquilidad ordinaria? La tranquilidad ordinaria la perdemos en medio de cualquier dificultad, por pequeña que esta sea. La paz del corazón es el muro que inamovible nos defiende del oleaje bravo del océano airado de la vida. Lee la bendición de Números del revés: la paz nace cuando el Padre Dios se fija en ti, te concede su favor, ilumina su rostro sobre ti, te protege y te bendice. La paz del corazón es lo que Jesús en la cruz mantiene, a pesar de los mil y un dolores que le afligen. Y esa paz brota de que sabe que no está solo, pues está en la manos del Padre, y confiando en Él deposita en ellas su espíritu. Y aunque la muerte acabe con su carne mortal, resucitado vence a la muerte y nos abre a todos las puertas de la vida eterna. La perdida de la tranquilidad ordinaria, no arrancó de Él la paz de su corazón sagrado. Todo: Vida y Muerte, en las manos sagradas del Padre, abrasado por la confianza que brota del fuego del Santo Espíritu de Dios. La inquietud es una ladrona que no sólo quiere robarnos la tranquilidad ordinaria, sino también la paz del corazón. Jesús, olvidando la tranquilidad ordinaria, defiende la paz de su corazón frente a los achaques constantes de la inquietud, con la confianza. 

    La paz universal también se encuentra junto a Jesús. Porque Él nos enseña que si Dios es Padre, todos somos sus hijos, nadie debe ser esclavo, y todos debemos ser hermanos. Y nos concede su Espíritu para que podamos lograrlo amándonos unos a otros como Él nos ha amado. Es triste ver como habitualmente desoímos su voz en nuestra mente. Cuando veo esos alardes nacionalistas, con sus manifestaciones, banderines multicolores, y sus paradas con armas diversas y uniformes de diferente corte, y además muchas veces bendecidas por ministros religiosos, contemplo lo lejos que estamos de entender lo que demandan los signos de los tiempos. En la era de la globalización económica, cultural, científica, tecnológica, pretender mantener el tribalismo en lo político o en lo religioso es simplemente de necios, por mucha que sea la pompa o la circunstancia que pongamos en el empeño. Una única familia humana como una es la globalización. La globalización del amor para construir la civilización del amor. Donde la diversidad no se convierte en límite ni frontera, y ni siquiera en causa de confrontación. Más bien en fuente de comunión que es la madre del Bien Común. 

    En nuestro país durante mucho tiempo hemos sido deudores de una guerra civil de godos, que los árabes (imperio en alza entonces), complicaron. Y desde entonces andamos divididos en tribus varias, ahora autónomas y ayer reinos o taifas. La cosa es no ser uno ni tampoco construir la unidad, salvo que sea por imposición o a la fuerza. Pero rara vez de buen grado. O sea, el antitipo de lo que debería ocurrir con el mundo, y en las antípodas de las exigencias de la globalización y de la fraternidad que Jesús nos enseña. Lejos pues de la acción del Espíritu y entregados a la división que en griego se dice diablo. Es triste pero dolorosamente cierto. Y os confieso que mi alma sufre de ver lo pertinaces que recurrentemente somos aquí para inventarnos patrias enfrentadas unas contra otras en debates caducos, reaccionarios y estériles, preñados de un espíritu medieval que debería ya estar extinto, por pútrido y pestilente, un feudalismo que aún perdura travestido de nacionalismo venenoso. Y por desgracia esto no sólo ocurre aquí. En otros lugares donde están más cohesionados, el espíritu de esta reacción funesta se resume en el lema: Nosotros primero y si hace falta contra los demás. De este discurso nunca nacerá la paz que provoca el nacimiento del Bien Común. Y mientras nos empeñemos en esta senda torpe, torticera y angosta, no tendremos paz y retrasaremos su venida, y la culpa será sólo nuestra y de nadie más. 

    ¿Queremos paz? Llenémonos del Espíritu de Cristo. ¿Queremos inquietud? No tomemos nunca el camino que lleva a Belén. De nosotros depende. 

 

SAGRADA FAMILIA

    La familia está sufriendo. Este periodo amargo que estamos viviendo por causa de esta plaga, atraviesa el corazón de las familias con la espada de la inquietud, el miedo, las dudas, la angustia, la soledad, y todo ello junto, sumerge a la familia en las tinieblas. Como María, la familia hoy presenta el corazón atravesado por la espada del sufrimiento, pues ve como sus miembros son acosados y amenazados por un virus que por enfermedad, paro o muerte, puede complicarles mucho las cosas. Y cuando sufre la familia, es la humanidad la que padece, porque la familia es la base de fundacional sobre la que la humanidad se articula. 

    Cuando una amenaza esteriliza las ilusiones de la familia, cuando los sueños y los anhelos de la familia se ven destinados a la frustración, la vida de todos se marchita. Abraham es un claro ejemplo de ello, pues ve como el fruto de todo su esfuerzo no tendrá heredero. Y su frustración lo seca por dentro. Si bien algo le devuelve la fe en la vida. Esa fe que había perdido.

    Pues esto es lo que las familias necesitan hoy más que nunca: recuperar su fe en la vida y en el amor. Abraham y su familia han podido superar mil crisis porque su fe en su vida y en el amor que se tenían había sido recuperada, es más había sido refundada de manera inquebrantable. Hebreos no nos ha dejado de eso ningún tipo de duda.

    ¿Pero como se recupera la fe en la vida y en el amor en medio de una cruz pesada y amarga como ésta que padecemos? Poniendo nuestros ojos y nuestra confianza en Cristo Jesús, como hizo Simeón al tomar al Niño en sus Brazos. Acudiendo al templo como hizo Ana para encontrarse con Cristo Jesús. Las familias, como la de José y María, debe ponerse a tiro del Espíritu Santo, para que Él los colme con su sabiduría luminosa, de modo que el lado tenebroso y oscuro de la vida no pueda dejarlos sin vitalismo alguno, cual si fuera un malvado vampiro. Jesús nos muestra como la cruz no es lo último. Aquel que dijo: ¿Dios mío por qué me has abandonado? Superó tal agonía, poniendo su fe en el Padre, garante amoroso de todo,  y lo hizo con una frase sencilla: ¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu!. Su confianza, lo llenó de la esperanza, para no perder la fe en la vida y en el amor, en medio del horror. Definitivamente en medio de la tiniebla mirar esos ojos, reconstruye el alma de cualquiera. 

    Cierto que nuestra tierra ya no es cristiana. Hace mucho que no lo es, aunque algunos se hayan negado a verlo. Y hoy es frecuente que un miembro de la familia sea cristiano y otro no. Los cristianos nos percibimos en esta situación como injertos que renuevan la savia de todos los miembros de la casa. Pero no siempre la convivencia de unos y otros se resuelve de manera pacífica. Caben dos posturas equivocadas: la del creyente machacón que aburre a todos con su insistencia en lo religioso de manera impertinente hasta aburrir al más santo de los santos y la del no creyente que se propone como objetivo primordial fastidiar a la parte creyente, haciendo lo posible por boicotear su vida religiosa incluso presionando al creyente para que deje de serlo. Ambos tienen derecho uno a ser creyente y otro a no serlo, pero ninguno tiene derecho a ser agresivo con el otro.  O a pretender que el otro deje de ser quien es, porque así lo he decidido ella o él. No cabe mayor estupidez o necedad porque al final dos personas que hasta podrían haber sido felices terminarán separándose por no saber respetarse, y por tanto no saber quererse, aunque se quieran mucho. Es gana de hacerse infelices el uno al otro. Amar al distinto sería la solución de todo. Pero por condicionar el amor por la uniformidad impuesta, sólo la infelicidad encontrarán. 

    Necesitamos luz en la tiniebla, necesitamos sabiduría para afrontar la vida y sus problemas, necesitamos amor. Necesitamos fe en que lo nuestro merece la pena. Cristo te da todo eso sin cesar: ¿Qué haces pues que no lo escuchas?.

 

NAVIDAD (MISA DEL DIA)

    Hermanos la luz vence a las tinieblas, porque Cristo nos ha nacido. Las tinieblas nos llevan acompañando desde hace bastantes días. En medio de tantos sufrimientos se hace difícil mantener el espíritu alegre. Por eso necesitamos la Navidad más que nunca.

    ¿Pero como nace Cristo hoy en mí? Las Escrituras nos ofrecen la clave. Isaias lo llama recibir un mensajero que nos inunda de paz. Hebreos lo señala como el Hijo del Padre, su vivo reflejo, cuya voz es superior a la de los ángeles. Juan habla de una palabra viva y dinámica, que se mueve, el Verbo, que cuando se la escucha, todo lo crea de nuevo, pues en el origen de todo estuvo, construyendo el orbe que conocemos y en el que somos, vivimos, nos movemos y existimos. 

    Al comienzo de esta pandemia, allá por el mes de Marzo de 2020, me dio por enviaros mensajes acústicos y escritos por Wasap, pretendía hacerlo hasta el final de aquel duro confinamiento. Sin embargo muchos de vosotros me pedisteis que no cesara de hacerlo una vez hubo acabado. Pues alguno decía que lo llenaba de paz, y otros que encontraban luz en medio de la oscuridad. ¿Y todo eso por qué? Muy sencillo. Yo simplemente comentaba y sigo comentando la Palabra viva de Dios a diario, en relación con el momento presente que vivimos. El verbo se hace carne cuando descubrimos como el amor operativo de Dios se relaciona con sus Hijos en medio de tanta tempestad y marasmo. Y en ese instante, en que descubres como su palabra amorosa ilumina tu vida para que tú puedas encontrar paz, alegría, fortaleza, esperanza o aliento para amar y vencer al desamor, cuando experimentas como ese mensaje te infunde ánimos para vivir en medio de los problemas y dificultades, cuando oyes esa voz singular que no es la de un ángel sino la del mismo Dios que te ama en su Hijo Jesús, te dan ganas de cantar y alabar a Dios como el salmo nos ha señalado.  Tu vida se torna una gran acción de gracias, una Eucaristía. He ahí la mística que brota de la escucha atenta de su palabra.

    Cada eco de su voz es un nacimiento de Cristo en ti que con su luz, despeja toda tiniebla venenosa. Por ello puede ser constante su nacimiento en ti, basta que escuches su palabra que amándote no deja de hablarte nunca. De ahí que podamos recibir: Gracia tras Gracia. En eso se convierte la vida de aquel que no prefiere las tinieblas a la luz. Sus susurros amorosos sacan de ti lo mejor que llevas dentro. A mí hombre de corazón roto y astillado, me enseña a amar a cada instante, y a veces mirándolo a los ojos, le digo: “ Amor mío me sacas todo lo que quieres”. 

    Así que si no quieres que las tinieblas se apoderen de ti y aniden en tu alma, escucha su voz, comprende tu vida a la luz de ella, y encuentra las fuentes de plenitud que brotan para tu vida. Y el hontanar de su paz y de su luz se adueñarán de ti, y tu vida se transformará en un canto sin fin. Esa es la navidad: tu nuevo nacimiento porque la Palabra de Dios nace en ti cuando la escuchas. Y ella que es creadora te engendra de nuevo. Así que desde Marzo estamos inmersos en esta gran Navidad sin saberlo, de modo  que la pandemia nos ha robado los oropeles, se ha convertido en un macabro Herodes para todos, pero no ha podido robarnos la luz que brota de su voz, de su mensaje, y de su Palabra viva y eficaz, de su Verbo, así que amigos, por todo ello, una vez más: ¡Feliz Navidad!. Pues si es verdad que dice el villancico: …en Belén un niño lloraba mientras su madre sufría… no es menos cierto que añade: “Y sin embargo en Belén era Dios el que nacía”. Navidad sin oropeles. Pero siempre Navidad del Dios con nosotros que se hace palabra viva para ti y para mí. Ánimo siempre amigos. Ánimo pues. 

 

NAVIDAD

    “En Belén no había campanas, en Belén no había alegría, en Belén un Niño lloraba, mientras su madre sufría”… esta Noche Buena nos hace mirar esa ausencia del esplendor con el que los cristianos solemos celebrar esta noche santa.    

    Si bien la Navidad no son los oropeles que la acompañan, aunque algunos sólo vean eso de estas nobles fiestas. La Navidad tiene un mensaje único para un cristiano: ¡Cristo ha nacido!. Por eso aunque nos aflija esta pandemia esta gracia no cesa: la luz vence a la tiniebla. 

    Isaías explica por qué: Jesús vence a la tristeza con la alegría, pues erradica las mayores causas de pena que existen, basta leer los evangelios para entenderlo. Jesús vence las opresiones que nos afligen y nos colma del gozo que nace de la esperanza que a su lado nunca cesa. Jesús es el consejero que aconseja la paz al corazón, y guerrea contra la inquietud, por eso es príncipe de la serenidad que brota de la fortaleza, la paz que destila no conoce límites. Jesús defiende el derecho y la justicia porque vence el desamor con el amor hasta el extremo, con un amor eterno que no cesa.

    El Salmo expresa que todo canta a su nacimiento, porque todos los pueblos y el mismo universo descubre en Él la confianza segura en que la plenitud es su destino, y no el vacío que desangra todo vitalismo e ilusión por ser feliz.

    Pablo enseña que Jesús saca de nosotros lo mejor que llevamos dentro, y nos libera de aquello que nos impide disfrutar de los demás, del mundo, de nosotros mismos y del gran Dios que tanto nos ama y que Él nos revela.

    El Evangelio nos muestra a un Niño que lleva consigo aneja la promesa de que el destino de todo es la Gloria y eso llena de paz el corazón de quien ama la vida contra todo pronóstico.    

    ¿Como no adorar a Jesús que nace aunque estemos rodeados de soledad y privaciones? Los pastores lo descubrieron en su humildad y sorprendidos para bien no dudaron de ponerse en camino. 

    Así que amigos a pesar de los pesares: Noche de paz, noche de Dios, claro sol brilla ya, y los ángeles cantando están: gloria a Dios, gloria al rey inmortal, duerme Niño Jesús, duerme el niño Jesús. ¡Feliz Navidad! La esperanza nace amigos, ánimo pues, ánimo aún en medio de los mil pesares que nos rodean. Que ninguno de ellos apague para siempre el fuego de nuestra dicha. 

 

IV ADVIENTO

    Encontrar a Dios he ahí la cuestión que el ser humano tiene ante sí. Y la cuestión no es extraña, pues ya lo he definido en algunas de estas homilías en diversas ocasiones: O Dios o la Nada. Es decir: o la vida está abierta a la plenitud o simplemente será pasto del absurdo. Conste que este enfoque no es mío sino que es un acervo compartido por varios autores a lo largo de la historia humana. Ni siquiera permanecer inmerso en el misterio y nada más, justifica nada, porque esa condición no despeja la sospecha de que la vida sea un sueño, no siempre bonito, sino a veces incluso, una macabra pesadilla. No es pues una cuestión extraña sino definitiva. Que tiene mucho que ver con si “todo” lo que vivimos y somos merece la pena. Si compensa o no lo hace. 

    Las Escrituras hoy en la víspera de la Navidad, en este último domingo de Adviento, nos ofrecen tres consideraciones a la hora de plantearnos esta cuestión fundamental y fundacional de la vida y su sentido.

    La primera nos la ofrece David con su empeño de construir un templo para Dios. La religión es lo que siempre ha pretendido, buscar a Dios, encontrarlo y encasillarlo en un lugar y en unos tiempos, para manipularlo. Encerrándolo en templos y en prácticas determinadas. Pero Dios se resiste a eso. Pues no es el hombre el que está en posición de encontrar a Dios, sino que es Dios quien puede encontrar al hombre. Su amor creador y salvador es el que nos sale al paso. Esa es la respuesta que por el profeta este Rey de Israel recibe.  No se trata por tanto de buscar a Dios, sino de dejarse encontrar por Él. A Dios se le encuentra por Gracia. Él es el que se dona. 

    La segunda nos la muestra Pablo en la carta a los romanos. Dios es el misterio que nos habla. Eso es lo que nuestra generación cultural, no le permite. Somos un misterio sin duda, con la razón es lo único definitivo que puedo decir, pero no tengo porqué creer que este misterio que somos, tiene porqué estar mudo. Eso es lo que muchos estudiosos y pensadores nuestros creen. Y concluyen como no serio aceptar algo que trascienda nuestra inmanencia. Sólo existe lo que vemos y tocamos según ellos. Y conviviendo con un misterio vivo que nos sorprende en múltiples ocasiones, se niegan a verlo y percibirlo por adoptar ante él una mera actitud dogmática de rechazo de corte totalmente acrítica. Tan cuestionable como la dogmática perniciosa de los crédulos que hacen lo mismo pero en sentido contrario. Para poder encontrar a Dios por tanto es preciso aceptar que el misterio puede hablar, y a estar al menos, abierto a considerarlo. 

    La tercera y última nos la ofrece el Evangelio. Dios no es polimorfo o desconocido. Dios tiene derecho a tener rostro. No tiene que ser necesariamente lo que todos quieren que sea. No todos los dioses ni sus credos son iguales. Algunos dioses pueden ser verdaderos monstruos, otros energía impersonal, otros silencios y nadas, otros guerreros y protectores de un clan humano en particular. Y podría seguir el mundo de los teísmos religiosos ha dado para mucho. Pero este evangelio enseña dos cosas: Dios tiene rostro, tiene un propósito, quiere darse a conocer como quien es, pide permiso para hacerlo, y lo único que demanda, es que cuando lo conozcamos: lo aceptemos o no. El Dios de este evangelio es alguien que como un enamorado busca darse a conocer a quien ama. Es un Dios esponsal. Pero no un violador. Así que no está justificado que las religiones o los pensadores quieran manipularlo o pretender dominarlo como si fuese un caballo a quien hay que domar, para ponerlo al servicio de nuestros intereses. 

    Así que si en medio de este tiempo oscuro y difícil quieres encontrar a Dios, presta atención a lo que hoy se te dice, y con la humildad de María préstate a recibirlo, pues el misterio se te va a dar, como un enamorado se entrega por entero a quien lo ama si se le acepta tal cual es. 

 

III ADVIENTO

    Este tiempo define a la Iglesia. Porque la Iglesia es un adviento vivo sobre todo. Y tres son las llamadas que las Escrituras nos hacen. 

    No perder de vista nuestra misión. Pues esta consiste en dar buenas noticias a los sufren, vendar los corazones desgarrados, amnistiar a los cautivos, y dar la libertad a los prisioneros, proclamar años de gracia, desbordarnos de gozo, y alegrarnos con nuestro Dios, vestirnos un traje de gala y envolvernos en mantos de triunfo. Hacer que la gente fructifique, que brote la justicia y los himnos ante todos los pueblos. La salvación es nuestra misión y no así la condenación. No es nuestra misión infundir tristezas, causar sufrimientos, y envenenar las posibilidades de plenitud de los demás. Por eso en una situación de pandemia tenemos mucho por hacer, y mucho que decir, porque el mundo necesita esperanza y razones firmes para no perder la alegría en estos tiempos difíciles.

    No abandonar la espiritualidad formada. Sería la segunda llamada. Nada de todo lo anterior, esa misión, es imposible de cumplir y vivir si el Espíritu no está con nosotros. El profeta lo ha proclamado y Pablo lo reafirma: Para estar siempre alegres, nada mejor que orar constantemente, celebrar la Eucaristía, no apagar el espíritu, ni el don de la profecía en aras de ortodoxias rigoristas, esclerotizantes y patéticas. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno, místicos (que no beatos y devotos “castratis”) y formados con capacidad crítica (los curas sabios que Teresa de Jesús tanto apreciaba para evitar oscurantistas que a la primera de cambio adoptaban poses inquisitoriales). Sin maldad, en paz, estando nuestro espíritu, alma y cuerpo inmerso en Jesucristo, mientras que no cese la historia. Nada que ver con un devocionalismo pútrido, tan al uso entre muchos, que reducen su vida al servicio del misterio en travestirse de múltiples maneras sin mesura a la hora de hacer el ridículo sin cesar como verdaderas “locas” de los altares.

    Comprender bien quienes somos. Juan el Bautista (a quien el otro Juan, el Evangelista, conocía muy bien porque fue su discípulo durante un tiempo, junto con Andrés), es quien nos ayuda: No somos el Mesías, tampoco profetas, somos una voz que grita muchas veces en un desierto, somos los que preparan el camino al Señor para que Él con su Espíritu toque los corazones, aquel que viene detrás nuestro, al que no somos dignos de desatar la correa de la sandalia. Somos testigos de la luz, pero no somos la luz. Somos la luna, no el Sol. Es la tercera llamada que se nos hace.  No hay peor cosa que una iglesia que se endiosa. Se vuelve repulsiva, fétida y ridícula. Somos discípulos, no somos el Señor. Descubrir esto nos liberaría de muchas ansiedades vanas e inútiles, pues a veces nos creemos que todo depende de nosotros, “los divinos”, y sin ser todopoderosos. Neuróticos neurotizando su ambiente, eso somos cuando nos tomamos el manejo de las cosas de esta forma tan torpe.

    Tres llamadas intensas, interpelantes y claras. Si no las tomamos en serio seremos como Iglesia: sal sosa que sólo sirve ser tirada y pisoteada. Pero si las escuchamos y las integramos, seremos sal de la tierra y luz del mundo, y a nuestro paso la alegría brotará de manera espontánea, así que elige tú mismo.  

 

LA PURISIMA

    Tres enseñanzas se nos ofrecen hoy. Génesis nos descubre que Eva y sus cosas ya prefiguran a la nueva Eva que es María. Pues ella pisará la cabeza de la serpiente y si Eva es la madre de los que viven, María es la madre de la nueva Humanidad. Y esta humanidad llena de gracia como ella sabe salir airosa de la tentación. Pues distingue entre sentir y consentir, y entiende que cuando se ve tentada por el desamor, tiene una ocasión espléndida para pisar la cabeza de esa serpiente, amando con todo el corazón. Por eso la tentación no es el pecado, sino la ocasión magnífica de evitar su desamor.

    Y aquí entre la segunda enseñanza. Efesios nos enseña lo que es ser puro. No creo asustar a nadie si afirmo que durante mucho tiempo, hablar de pureza para muchos significaba hablar de braguetas y sujetadores. Como si la pureza fuese el sobrenombre piadoso de una sexualidad que siempre resultaba pecaminosa, y si eso no, algo sucio, en cualquier caso. Pero ocurre que puro es aquel que es fiel a su esencia. Y nuestra esencia es el amor. Esa es nuestra bendición, para eso hemos sido elegidos y destinados, y el amor es la causa de nuestra gloria. De hecho María revela como nunca su pureza, su inmaculada Concepción, cuando como Jesús nos ama hasta el extremo en el Calvario, al aceptar como hijo suyo al género humano que es la causa de la muerte de su Hijo Jesús.  Si el centurión dijo de Cristo “realmente este era el Hijo de Dios”, al ver que su capacidad de amar era inaudita e impropia de este mundo para el cual este amor es “lo ignoto”. Nosotros sin temor a equivocarnos podemos decir que Ella es la Madre de Dios al expresar un amor tan puro por nosotros que somos la causa de que una espada le atraviese el corazón. Como el Padre, nos ha perdonado, porque no sabíamos lo que hacíamos. Obediente a su Hijo, el Mesías, hasta su último suspiro. Eso es ser Puro, ser del amor y sólo del amor. Y eso afecta a todas las dimensiones del único ser humano que existe, que es el que está vivo con los demás en medio del mundo y ante Dios. 

    La tercera enseñanza que hoy se nos ofrece tiene mucho que ver con nuestro presente. Leer la Anunciación hoy supone darse cuenta que estamos cercados en muchas ocasiones por la turbación y por los temores ante circunstancias anormales que no comprendemos y que nos desbordan. En medio de ellas, el mensaje de Dios es claro: ¡Alégrate!¡No temas!¡Mi Hijo está con vosotros!¡Seréis salvados del mal, del sufrimiento y de la muerte! ¡Saldréis de ésta!. Pero esto amigos nos llena de extrañeza. ¿Como podrá ser eso?. He ahí el misterio. Y la respuesta no se hace esperar: Ha habido otras ocasiones donde de la nada ha surgido todo, y el mundo se ha adentrado en una nueva etapa. No es la primera pandemia que nos afecta como género humano. Y las superamos. Lo que parecía imposible, fue posible. Porque el mal no tiene la última palabra sobre el mundo. Sino Dios, y Él es Dios de vivos y no de muertos, Dios que salva porque ama. Y entonces es cuando podemos dar la respuesta de María y pisarle la cabeza a la serpiente que nos quiere inocular el veneno del desaliento o dejarnos matar por su mordedura. Necesitaremos llenarnos de Gracia, del Espíritu Santo, para pisar la cabeza al desaliento, diciéndonos: que se cumpla tu palabra, confiamos en Ti, hágase como dices, así deber ser, que así sea. Pues es imposible amar una vida que no tiene sentido. Y no hemos sido elegidos y destinados para eso, sino para la bendición y para la gloria. 

    María es nuestra guía tras los pasos de Cristo Jesús, es importante que hoy no olvidemos esta hermosa enseñanza amigos. ¡Ánimo! Con ella a nuestro lado, sabemos que no estamos solos. 

 

II ADVIENTO

    Nada es mejor que encontrar una voz consoladora en medio del desierto. Pues tantas veces la vida se vuelve dura, como una estepa yerma, un valle intrincado, montes y colinas difíciles de subir y bajar, la vida se tuerce, se torna escabrosa. En esos tiempos nada es mejor que tener a nuestro lado un pastor que nos apaciente, que nos guíe, que nos aliente a poner un paso delante del otro, para poder seguir caminando.

    Nada es mejor que descubrir que la paz es fruto de la justicia. Pues la injusticia causa dolor que si no se cura, puede tornarse rencor con facilidad y envenenar nuestra alma. Y ese veneno inyectado en nosotros por la injusticia acabará emponzoñando a todos. Sólo la justicia cura la injusticia y construye la paz. Pues cuando todos disfrutan de un trato justo, no hay razón ni presión para la agresividad más allá de la locura como única causa que la genere.

    Nada es mejor que mantener viva en el corazón la esperanza contra viento y marea. Pues vivimos inmersos en una constante desintegración de lo que existe y de aquello que amamos. Y eso es aún más claro en tiempos de pandemia como los nuestros. Que rápidos desaparecen y se consumen los vivos, que ligero se derrite todo. Por eso es más necesario que nunca que mantengamos inmaculado e irreprochable nuestro corazón esperanzado, pleno de paciencia y fortaleza, pues de no ser así, no subsistiremos.

    Nada es mejor que quedar lleno del Espíritu Santo. La religión con ser admirable, no es más que una búsqueda humana de Dios, de un más allá esquivo que explique el más acá. Juan el bautista es un religioso más de los muchos que han existido. Pero es profeta de algo nuevo: Ya no buscará más el hombre a Dios porque ahora será Dios quien venga a buscar al hombre. El hombre no puede abrirse las puertas de la eternidad porque la historia espacio temporal lo tiene preso. Pero su anhelo íntimo si será escuchado. Dios que lo visita lo hará. Hará lo que él, un humano más, no puede hacer. Acabos los tiempos de la religión comienzan los tiempos de la revelación integral, la salvación progresiva y la glorificación definitiva, y es el Espíritu quien lo hace. Si la religión es el deseo, Jesucristo con su Espíritu es su respuesta y cumplimiento, y aún más su superación inaudita.

    María, madre de Dios y madre nuestra, lo sabia. Y por ello llena de esta gracia, aceptó el consuelo de Dios, aprendió la senda de la verdadera paz, mantuvo esta esperanza contra toda esperanza, y se lleno de la gracia del Espíritu Santo. Nada es mejor que imitar a Maria, pues cada vez que abrimos la Sagrada Escritura y la leemos con fe, vemos su rostro puro e inmaculado, grabado a fuego entre sus letras. Así que ruega por nosotros Señora y danos fuerzas sin cesar para que como los novios de Caná podamos juntos superar esta dura prueba. 

     

I ADVIENTO

    La Escritura hoy nos lleva a descubrir cuatro facetas de nuestra mejor humanidad. 

    La primera la ha mostrado el profeta: Somos capaces de anhelar hasta el infinito. Los animales por su propia naturaleza no son capaces de eso. Viven inmersos en su dimensión y son “presa” de su propia naturaleza. Son incapaces de soñar universos alternativos a aquel del que forman parte. El ser humano, en este sentido, o es un error del universo o ha sido predispuesto por él para nuevas cotas de existencia, porque el ser humano es capaz de soñar universos distintos y formas de existencia muy dispares de la que actualmente goza. Y eso a parte de innecesario para un ser vivo como los que son habituales en este universo, es contradictorio con el proceder evolutivo, porque al ser humano lo convierte en un inadaptado permanente que siempre ansía la eternidad impulsado por el amor que lo posee. De modo que si no es un ser preparado para “más” será el craso error más destacado de todo este universo evolutivo. “Ojalá rasgases el cielo y bajases” expone el descontento con el mundo del que formamos parte, que no con la existencia, es esta capacidad de superar nuestra existencia espacio temporal, lo que más nos define, lo que nos capacita para explorar posibles “más allá”. Dios es el único por tanto que como tal puede responder a tal anhelo, porque el universo se ve desbordado por completo. Ya que es un marco cerrado, sometido al espacio y al tiempo. Solo un Dios que no sea amo, sino Padre, para el que los humanos, sean hijos y no siervos ni esclavos, podrá hacer posible que los anhelos humanos encuentren respuesta. Somos un destino abierto al infinito que no se verá frustrado si Dios Padre nos ampara. De lo contrario: fracaso. No queda otra. Pues todo será para nada. Este es el drama de llevar dentro de sí la chispa divina de la eternidad como anhelo último. La fuente de esta sed de infinito que nos define y que nos desclasa por completo del mundo animal del que formamos parte.

    La segunda la muestra el salmo. Nuestra capacidad de restaurar todo lo que queda roto. Pues muchas veces la verdad es rota por la mentira, la bondad es dañada por la maldad, y la fealdad amenaza con derruir la belleza. El ser humano tiene la capacidad de poner en su sitio las cosas, y de volver a recuperar la verdad, la bondad o la belleza donde estas se hayan perdido. Basta que se deje cautivar por la chispa creadora de Dios que lo habita, como antes hemos visto, y será capaz de alumbrar una nueva creación. No es la destrucción nuestro único sino. En todo caso es una opción libre dirigida por la necedad, pero esa elección no expresa para nada nuestra mejor naturaleza. 

    La tercera la ofrece Pablo. A los Corintios los va a poner en su sitio, porque son una recua de pendencieros: desunidos, enfrentados, idolatras, incestuosos, faltos de esperanza, y mil cosas más. Sin embargo eso no le impide descubrir las otras mil cosas buenas que ellos tienen. Y por eso convierte su carta en una suerte de Eucaristía. Aunque en muchos momentos ande repartiéndoles estopa sin cesar. A parte de tus defectos ¿qué tienes de bueno en tu vida?. Porque nada es mas fétido que un quejica. Y mientras que dar gracias por lo bueno, nos infunde el optimismo que precisamos para luchar con vitalismo en medio de nuestros desvelos; ser un quejica, nos llena de pesimismo que nos envenena el ánimo y nos deprime y acobarda para hacer frente a nuestros retos. Pablo los va a corregir porque los corintios tienen muchas cosas buenas que salvar. Y eso bueno no debe perderse jamás. Por eso inicia su carta dando gracias. 

    La cuarta y última la ofrece el Evangelio. Jesús nos invita a estar en vela. Nada más necesario. Durante mucho tiempo fuimos presa fácil para bestias dispares. De ahí que aprendiésemos a comer a resguardo, y a hacer lo propio al defecar, dormir, hacer el amor, y otras muchas cosas. Los valores de la intimidad, la higiene, y otras lindezas, las hemos descubierto después. Pues lo primero fue no quedar expuesto a la furia y el hambre de los bichos que podían acabar con nosotros, cuando quedábamos expuestos por bajar la guardia. Estar en guardia, en vela, para no permitir que las fieras acaben con nosotros. Esto vale para la biología, para la integridad física, para la política, la economía, la cultura y las inculturas, para lo social, y para lo religioso o lo antireligioso. Estar en vela para que no se nos cuele una fiera y nos destruya pues nunca tenemos nada asegurado que no esté expuesto al caos. 

    La Escritura nos retrata y expone estas cuatro facetas de manera sucinta y clara. Y estas cuatro facetas en tiempos de pandemia son un lujo. Anhelemos otra situación alternativa a nuestra presente, restauremos lo bueno que se ha perdido, demos gracias por lo bueno que nos quede para no caer en el derrotismo y mantengámonos en vela frente a esta fiera que amenaza con destruirnos. ¿Quién da más? ¡Ánimo pues hermanos!.  

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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