PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA CICLO A

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

ORDINARIO XXX

    ¿Cual es el mandamiento principal de nuestra vida? Habría que preguntar ¿para nuestra sociedad o para mí?. La respuesta inmediata para mí podría variar, pero para mi sociedad actual es evidente: ¡ganar dinero!.

    Tener un mandamiento principal es reconocer que el humano es un ser ético. Todos somos personas sí, pero no todos somos malas o buenas personas. Nuestros actos nos definen. Y lo que nos hace buenos o malos es la capacidad de reconocer el valor que las personas tienen para mí. El ego propio puede devorar a los demás como si fuese un nutriente a mi servicio, o puede pretender dominar a los demás como si fuesen mis piezas en el tablero del ajedrez. Devorar o dominar. Menudos verbos. Si no fuésemos libres simplemente obedeceríamos al instinto, como los animales. Nadie puede culpar al león o al tiburón de morder a sus presas, está en su naturaleza. Pero aunque algunos quieran verlo así nosotros no somos animales. Desde luego nos sería más cómodo porque actuaríamos como marionetas de nuestros instintos y nunca seríamos culpables de nada. Pero no seríamos dueños de nuestro destino, sino sólo habitantes de una parcela del mundo en la que se nos ha destinado a vivir. El ser humano si quiere puede optar a múltiples posibilidades, que un animal por sí solo nunca podría. La libertad nos vuelve seres éticos.

    Pero la libertad es como un coche. Necesita un piloto, un yo que determine, donde quiere ir. Ese es mi mandamiento principal. Lo que algunos también llamaron mi opción fundamental. Y un enamorado de Cristo Jesús, como los hermanos de Tesalónica, lo tiene claro: mi mandamiento principal es amar. Cuando amo y soy amado, sonrío. Cuando no amo y no soy amado, sufro. Estoy hecho para el amor. 

    No puedo equiparar los bienes materiales, a los seres personales. No puedo sacrificar en el altar de la Idolatría a las personas para rendir culto al Idolo dinero. Una persona no puede ser considerada un medio para obtener rentabilidad. Eso no significa que no luchemos por alcanzar el máximo beneficio para todos, pero no a costa de dejar muertos en la cuneta. Construir el bien común, incluye pensar en todos, y no sólo en algunos. Nos queda mucho para llegar ahí. Necesitamos un cambio en nuestra vida tan vertiginoso como el que se opera en los tesalonicenses una vez que escuchan la palabra de Jesús y la creen con toda su alma. Necesitamos romper con la idolatría que es la avaricia. 

    Sólo así llegaremos a cumplir con los anhelos que el profeta nos propone: no oprimir, no vejar, no explotar, no serás usurero, devolverás lo que te han prestado. Estos reclamos no se entienden evidentemente si no se ha descubierto que las personas son más valiosas que el dinero. 

    Por eso Jesús en el Evangelio centra la cuestión, lo más valioso: Dios y el prójimo, es decir, el otro ser humano. Que no es sólo el que vive junto a ti, sino además, aquel que vive en el otro lado del planeta. Porque ya no estamos en la edad antigua,  sino en la era digital, y en ella todos estamos interconectados. 

    Dios y el prójimo, son seres personales. Seres que aman y pueden ser amados. Y por ello amar, y no utilizar, devorar o dominar, es lo principal que debemos hacer. Si queremos que Dios reine en nuestra vida sí. Si queremos que siga reinando la avaricia del dinero y nuestro propio narcisismo pues no. 

    Que nadie entienda con esto que soy enemigo y contrario a poner en marcha tejidos empresariales o financieros. Sin medios de vida es imposible construir el bien común. Ahora bien, constrúyanse en aras del bien común y no en función de egoísmos o narcisismos particulares. 

    Además consideremos que hay personas que no se merecen ser amadas. Cierto. Pero para un cristiano ahí radica el quid de la cuestión: “Dios ama gratis”. No espera que te lo merezcas para amarte. Si Jesús le hubiese contestado así al fariseo que le preguntaba, no lo hubiera entendido, sin verlo pender de la Cruz amándonos hasta el extremo, desde luego que no. Por eso el amor al prójimo y a Dios van juntos. De otro modo hacer el ejercicio de descubrir que el otro nos es valioso como persona, aun cuando actúa como una mala bestia o un monstruo, resultaría cuando menos… insufrible. Pero para dar ese paso hacia la plena madurez, aquel fariseo, aún necesitaba recorrer un largo camino.  

    Así que la enseñanza de hoy es simple: ¡No a la Idolatría! Y ¡Sí al amor!. Este es nuestro mandamiento principal como cristianos. Seguro además que esta enseñanza en tiempos de pandemia, como los que afrontamos, podrá sernos de la mayor de las ayudas. ¡Todos a amar!¡Ánimo!.

 

ORDINARIO XXIX

    Tres grandes consejos se nos ofrecen hoy. Isaías y el Evangelio nos dan la primera enseñanza. Por buen gobernante que seas y aunque Dios te sea desconocido conviene que tengas presente que el Cesar no es Dios. En el tiempo de Isaias y de Jesús, los reyes se creían seres divinos y los cesares, dioses. Pero Dios es Dios, y el Cesar el Cesar. Cierto que a veces el gobernante tiene en su mano hacer mucho bien a muchos. Pero no debe por ello considerar que es intocable, inmortal, el único, el que es lo más. La megalomanía en un gobernante es una tentación fácil, como lo es la “papolatría” en la Iglesia de Dios.  Quien gobierna no debe buscar la adoración ni el aplauso fácil, sino el bien común de sus ciudadanos, pues por ellos ha sido elegido, no para hacer lo que quiera o le venga en gana, sino para construir el bien común y favorecer el máximo de felicidad para su pueblo. Además tiene una responsabilidad mayor: no puede construir el bien para los suyos sin construir el bien común universal. Pues mal gobernante será el que no se percate que nuestro bien depende hoy y siempre, del bien de todos. El salmo nos ha iluminado con su apuesta decidida por la  universalidad: la familia humana es una aunque esté nutrida por innumerables culturas distintas y sorprendentes. 

    Francisco lo ha aclarado muy en su encíclica Fratelli Tutti. (Que tanto ha desagradado a los integristas con dos neuronas, una para llamarse a si mismos elegidos de Dios, y otra para declarar a los demás malditos de Dios, herejes y endemoniados).  

    La segunda enseñanza nos la ofrece Pablo. En todo tiempo recibe el Evangelio de Cristo y al Espíritu Santo que le es anejo, con fruto y convicción. No oigas su palabra como el que oye llover, ni tampoco, derroches al Espíritu de Dios, olvidándolo en un rincón o tirándolo como basura inútil. Un verdadero cristiano que ha recibido el Evangelio y al Espíritu con fruto: tiene una fe activa, y no desactivada. Tiene un amor esforzado y no perezoso. Tiene una esperanza fuerte, y no una esperanza sin aguante. Pues el mundo necesita eso constantemente: motivos para la fe, la esperanza y el amor. Por eso hemos de ser activos, esforzados y fuertes. Para que nadie decaiga en los momentos oscuros y difíciles. 

    La tercera nos la ofrece el Evangelio. Hay que ser inteligentes para no dejarnos atrapar por las tretas de los que quieren que el mal triunfe. Recibirlos, atenderlos, escucharles, no significa, caer en sus redes. A pesar de su error son personas.  Pero es preciso ser más inteligentes que ellos, pues el bien se merece no ser devorado por el mal. Pues si eso es así, los seres humanos no seremos felices, sufriremos más, y hasta es posible que terminemos destruidos. 

    Luces en medio de las tinieblas eso recibimos. Así que atentos a la voz divina que nos acompaña, para que no tropecemos en medio de esta noche oscura. Pues es su voz la que enciende en nuestra mente y en nuestro corazón, la llama del amor viva.

 

ORDINARIO XXVIII

    Vivir por vivir, no es vitalismo. Es resignación. Y ese enfoque de la vida, deja mucho que desear, y resulta poco estimulante. A parte que cuando el sufrimiento se cruza en nuestra senda, la depresión nos acechará a cada paso. Sin ilusión vital, ¿quién acepta sufrir para seguir viviendo?.

    La Escritura hoy nos enseña que nuestra aspiración ha de ser la de vivir en plenitud, la de vivir en abundancia. Vivir y nada más no basta. Eso es no vestirse de manera adecuada, para afrontar esta aventura que llamamos vida, y en la que el componente de dolor y de muerte, están asegurados. Así que se hace imprescindible para nosotros si queremos ser dichosos escuchar estas palabras y edificar sobre ellas nuestra praxis. 

    Isaias nos dice en medio de una situación agónica,  una dura  batalla, pues Jerusalén estaba siendo cruelmente sitiada por los asirios, que el futuro es un festín universal, para todos, pleno de abundancia, sin los velos de la guerra, el hambre, la peste y la muerte. Pues el destino de la muerte es perecer. Las lágrimas serán enjugadas, no habrá más oprobio. La salvación nos colmará de gozo y celebración para siempre, pues que la mano de Dios se pose sobre ti, es lo que conlleva. Esperanza a borbotones en medio del sufrimiento. Quien pierde esto lo pierde todo. Quien mantiene la esperanza contra toda esperanza vive en plenitud, pues el sufrimiento aunque le afecte no la ahoga.

    El salmo nos enseña que confiar en el Pastor que nos ama hasta el extremo, ese cuya bondad y misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida, confiar en Jesucristo nuestro Dios y Señor, es la fuente de nuestra paz y el alimento de nuestra fortaleza aunque atravesemos valles oscuros. Sin confianza no seríamos capaces de dar un paso en este mundo. Y más cuando sabemos que estamos rodeados de enemigos. Sin el sosiego que nos procura su vara y su cayado, los temores nos “congelarían” y nos bloquearían. Pero su amor repara nuestras fuerzas y nos conduce hacia fuentes tranquilas. 

    Pablo nos muestra el camino para no hundirnos en medio de las crisis económicas y las carestías que conllevan. Ejercita tu libertad frente a todo lo que tienes. Tenlo todo como si no tuvieras nada. Aprende a vivir en pobreza y en abundancia. Entrénate. Hartura y hambre, abundancia y privación, todo forma parte de la vida. Se libre frente a los bienes. Aprende a poner tu corazón en lo que nada ni nadie puede quitarte. Los cristianos sabemos que es el amor de Jesús. Y ayuda a los atribulados compartiendo su tribulación. No estamos solos, sin Dios no podemos nada, pero con Dios lo podemos todo. 

    Por último, el Evangelio nos indica dos cosas: vivir es una invitación a un banquete, a una fiesta universal. Puedes aceptarla o rechazarla. Y si aceptas, debes vestirte de fiesta, y prepararte para gozar de dicho evento. Porque no hacerlo es llevar el luto a un banquete, y eso es inapropiado. Festejar. Aceptarlo y vestirnos de manera adecuada. Afrontar la vida como una fiesta. Por eso sufrimos tanto en este mundo, porque nos negamos a aceptar dicha invitación, y nos vestimos siempre el mono del esclavo que sólo vive para producir, que sólo vive para trabajar, que trabaja para vivir, y que en medio de tanta esclavitud, no sabe para que puñetas desea vivir. Estoy convencido que algo salió muy mal en la revolución neolítica, cuando dejamos de ser recolectores, y nos convertimos en productores. Ese salto hacia el imperio del Idolo dinero cuyo culto se llama avaricia, y cuyo templo se llama banco, supuso una ruptura con todo, comparable a la que nos narra el génesis con el mito del abandono del paraíso por parte de nuestros primeros padres. Ahí se acabó la fiesta y comenzó una suerte de esclavitud, en mayor o menor grado para el ser humano. Deberíamos repensar que traje nos hemos vestido para afrontar la vida que vivimos, porque cómodo, parece que no acaba de resultarnos. Algo falló en el origen y por nuestro bien deberíamos repensarlo.

    De modo que si quieres vivir animado, ya sabes: esperanza contra toda esperanza, confianza en el amor que no te fallará nunca y que es fuente de tu paz interior, libertad frente a las posesiones, y afrontar la existencia como una fiesta, para la que nos vestimos como tal. Revisemos en profundidad nuestra praxis habitual pues ahí es donde reside el que muchas veces sólo vivamos por vivir. Ya que vivimos ¡Vivamos en plenitud!.  

 

ORDINARIO XXVII    

    Desde sus orígenes el ser humano ha gustado de culpar a los demás de todo lo malo que le pasa. Ya el mismo Génesis en uno de sus relatos de la creación da testimonio de ello. Al parecer asumir la responsabilidad propia no es lo nuestro.

    En el salmo de hoy a primera vista parece que el que lo canta responsabiliza a Dios de los males que afligen a su pueblo. Pues en su opinión Dios los ha castigado. 

    Pero ¿acaso está tan claro que Dios sea culpable de todo lo que nos pasa? Isaias y el Evangelio disienten. 

    Dios ha creado una viña preciosa a la espera de buenos frutos, y cuando esperaba derecho ha recibido asesinatos, cuando esperaba justicia, ha cosechado lamentos. Dios ha podido comprobar a lo largo de la historia que la empatía de unos con otros: reconocer al que está frente a ti como otro ser humano, como una persona plena de derechos y digna de respeto, no siempre ha sido nuestro fuerte. Y en vez de ofrecer un modelo social construido sobre la base del bien común, hemos ofrecido muchas veces una suerte de infierno antisocial, donde el bien común brilla por su ausencia. Tampoco es culpa del sistema tal o cual, pues el mal no deriva de ellos sino del uso que les damos y las intenciones sobre los que los construimos. Por eso el Evangelio es certero cuando dirige su mirada, no tanto a la viña en sí como a los labradores que la gestionan. De ahí que los sistemas A, B, C… muchas veces fracasen, porque el ser humano que los gestiona no siempre tiene empatía por los demás. 

    También existe una queja que tiene que ver con mis estados emocionales como si Dios, fuese responsable de que las circunstancias que vivo me acaben destruyendo anímicamente. Pero cuando escarbas en ese corazón perdido, descubres que ni sabe nada de Cristo, ni muchas veces quiere saber nada de Él. Así que sin saber muy bien lo que hace, culpa a Jesús de lo que le pasa, cuando es Jesús la medicina que precisa para curar su alma. El ser humano suele por desgracia ser en muchas ocasiones bastante necio. Y como estos labradores, echa de su vida, a Jesús sin darle ni siquiera la oportunidad de hablar. Sin escucharle se le condena. Y claro quien funciona de esta manera se priva de la fuente de la esperanza, el amor, la paz y la alegría. Si echas de tu vida el fuego, en una noche oscura y fría, no esperes tener luz y calor. Pues tú solito te castigas y envenenas. No solo existe el suicidio biológico, sino también el moral. Y hay personas que optan ellas solas por este marco de existencia. 

    Así que lo mejor, más que andar culpando a Dios de nuestras tristes circunstancias, deberíamos escuchar a Pablo: busca siempre lo bueno, lo bello y lo verdadero. Ponte en manos del Dios que te ama, asume este universo imperfecto del que tú formas parte sí, pero llamado por Dios a revestirse de su gloria en Cristo, y como dice Pablo, y Teresa de Jesús comenta: “Nada te turbará”. Nadie te puede imponer eso. Esta gracia se te regala, y tu puedes aceptarla o rechazarla derrochándola. Isaias y el Evangelio suscriben esta afirmación. Sus parábolas lo expresan claramente. 

    Yo soy culpable de mis errores. No necesito culpar a ninguna Eva o Dios, de mis miserias. Así que maduremos, crezcamos y dejemos de tenerle tanto miedo a nuestra propia libertad. 

ORDINARIO XXVI

    ¿Qué es ser bueno? ¨Mil veces nos han dicho desde niños esto: tienes que ser bueno ¨. Pero realmente ser bueno ¿en qué consiste? a esto responde la Sagrada Escritura hoy. Varias de sus afirmaciones lo aclaran. 

    1. Ser bueno es ser capaz de cambiar de vida porque uno que se ha equivocado o ha hecho algo mal, lo reconoce y cambia de actitud. Pues da la espalda a la muerte y se abre de nuevo a la vida. Porque el mal es lo que nos destruye, en cambio el bien es lo que nos lleva a vivir en plenitud.

    2. Ser bueno es ser capaz de perdonar y dar nuevas oportunidades no al que simula estar arrepentido, sino a aquel que lo está realmente.

    3. Ser bueno es consolar al desconsolado, es aliviar al abatido, es amar a todos, es tener entrañas compasivas, es dar alegrías a los demás y no causarles tristezas evitables, es buscar la unanimidad y la concordia, es evitar la rivalidad y la ostentación, es dejarse guiar por la humildad, es no encerrarse en los propios intereses, sino buscar el interés de todos, el bien común. Ser bueno es tener empatía con los demás. Ser capaz de ofrecer al ser humano un trato humano. Ser bueno es por tanto tener los sentimientos de Cristo Jesús. 

    4. Ser bueno es no sentirse por encima de nadie, ni considerar a los demás como despreciables. 

    5.  Ser bueno es ser capaz de recapacitar y de rectificar dado que el ser humano ni es un río ni tampoco una rambla, y por ello puede volverse cuando quiere (como solía decir siempre un amigo mío entrañable e inolvidable). 

     6. Ser bueno es como Jesús decir a quien se lo tiene que decir, aquello que debe oír, por su propio bien y por el de los demás.

    7. Ser bueno es estar en disposición de aprender de Dios, de dejarse enseñar por Él, de permitir que nos instruya. Caminar iluminados en la vida  por su ternura, por su misericordia eterna, por su bondad y por su rectitud.

    Tenemos que ser buenos ahora y siempre, y en esta coyuntura difícil que nos ha tocado vivir, mucho más. Así que no cedamos ni al desánimo ni al desaliento. Pasemos por el mundo como Cristo haciendo el bien.   

 

ORDINARIO XXV

    Dios y los hombres son distintos. Los planes de Dios y de Los hombres no coinciden. Por algo decimos en el Padre nuestro que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Porque en el cielo se cumple la voluntad del Padre, pero en la tierra no. Nosotros decidimos aquí. Hasta el punto de que hoy por hoy si queremos con apretar un botón podemos acabar con el mundo. Quienes piensan que la historia humana es una manifestación de la voluntad de Dios están profundamente confundidos. Ese enfoque resulta muy cómodo porque irresponsabiliza al ser humano, y lo convierte en una suerte de marioneta no culpable. Y atribuye a la incomprensible sabiduría divina todos los actos humanos de cualquier naturaleza. Pero no es así. Dios ha replegado su omnipotencia para que pueda amanecer nuestra libertad. Por eso existe el pecado como algo real, y no sólo como una mera actuación teatral, según un guión previo previsto. El mundo es nuestro, porque Dios así lo ha querido. Y podemos mejorarlo, conservarlo o simplemente destrozarlo. Dios es Dios, pero los hombres son los hombres. Dios no es el amo del mundo sino quien ama el mundo. Esto el ser humano aún no lo ha descubierto.

    Y si queréis comprobar la verdad de cuanto os digo, sólo tenéis que repasar las lecturas de hoy. Dios es misericordioso y clemente, el ser humano no siempre lo es. Dios es lento a la ira y el ser humano no siempre lo es. Dios es cariñoso con todas sus criaturas y el ser humano no siempre lo es. Dios es bueno con todos y en todas sus acciones y el ser humano no siempre lo es. Dios da nuevas oportunidades y el ser humano no siempre las da. Hasta en el plano social se distingue de nosotros. Para Dios no es bueno que quede gente a la orilla del camino sin alcanzar solución alguna. Por eso lleva a trabajar a todos a su viña. Y a todos paga por igual. Y la razón es bien clara para Él, la persona es lo primero, y cualquier sistema económico que se precie de bueno será el que mejor sirva a la persona. Pues para Dios no existen primeros y últimos, Dios nos ama a todos por igual, sea cual sea nuestra responsabilidad o nuestro ejercicio de la misma. Nos ama por lo que somos y no por lo que hacemos. Esa es su grandeza. La igualdad de Dios radica en el ser no en el hacer. Por eso para Él no existen ni primeros ni últimos. Su generosidad es para todos. 

    Así que una vez queda probada la diversidad entre Dios y nosotros, y que si es trascendente a nosotros es precisamente en su capacidad de amar, nuestro deseo debería ser que nuestra voluntad y la del Padre Dios coincidieran. Pues de su amorosa conducta surge el bien, mientras que del pecado brota simplemente el mal. Para lograrlo Pablo nos enseña el camino: conoce a Cristo, enamórate de Él, y síguelo. Viviendo conforme a su Evangelio. Si por algo es conocido Jesucristo era porque vivía para hacer la voluntad del Padre Dios. Por eso pasaba por el mundo amando a los demás y por tanto sembrando el mundo de bienes. Por eso el centurión romano dijo de Él: realmente este hombre es el Hijo de Dios. 

    Que el Santo Espíritu de Dios nos ayude en este anhelo y que nuestra libertad personal se convierta en barro húmedo en manos de este alfarero sagrado.   

 

ORDINARIO XXIV

    El perdón siempre aparece en nuestra vida como un reto y a veces lo vemos como una meta inalcanzable. Sin embargo es nuestra mayor medicina. 

    Por eso Jesús hoy nos ofrece varias enseñanzas para convencernos de que el perdón es el mejor camino que podemos tomar. 

    1. El rencor es dolor, pero mal orientado. La primera lectura lo aclara. El rencor tiene tanta intensidad porque brota de un corazón herido. Y el dolor se transforma en una energía destructiva. Porque incita a golpear al otro, con la mano que precisamente ha sido herida. Y eso no remedia el dolor, sino que lo aumenta. De ahí que sea tan importante distinguir dolor y rencor. El dolor es propio de la herida emocional y moral que te han infligido. Pero transformarlo en rencor es una opción. Una opción por devolver el daño recibido. Pero eso es hacer que la herida se vuelva mayor. Es mejor, dejar estar la herida. Curarla. Suturarla. Defenderla para que no te la puedan incrementar. A veces tomarse un tiempo, es mejor que pretender arreglar las cosas pronto, porque el corazón herido está inflamado y cualquier detalle puede hacer que estalle de dolor. Necesitamos estar serenos para poder hablar. Por eso es muy importante no estar haciendo memoria constantemente de lo que me ha pasado. Porque cuando hago memoria lo revivo. Es mejor mandarle a la cabeza que se centre en otras cosas, y para eso es preciso saber usar la atención. Donde pongas tu atención allá ira detrás tu pensamiento. Puedes tener la radio puesta o estar en clase y no enterarte de nada, en cambio si pones atención te enterarás de todo. No pongas la atención en tus heridas. Porque eso te lleva a reabrirlas y a infectarlas. Cúralas y déjalas estar.  El rencor no cura, empeora la situación.

    2. Aprende de Dios. Dios es compasivo. Y no nos trata conforme actuamos. Porque sabe ver lo necios que podemos llegar a ser cuando actuamos mal. Y más que aborrecernos se compadece de nuestra ceguera vital. Porque en esos casos más que juicios y condenas lo que necesitamos es ayuda.

    3. En la vida y en la muerte somos de Dios, como dice el apóstol, significa que: en la vida y en la muerte somos del amor. El día que nos convenzamos de esto dejaremos de ser un espejo del odio que los demás en un momento determinado vierten sobre nosotros. No podemos convertir a los demás en el criterio de nuestra actuación porque les concederemos todo el poder sobre nosotros, y acabarán convirtiéndonos en una marioneta. Se tú mismo. Opta por el amor como único camino en la vida. Permite que en la vida y en la muerte, el amor sea tu único Señor. 

    4. Hasta 70 veces 7, significa que sin perdón es imposible vivir porque todos la hacemos a la entrada o a la salida. Sin misericordia la convivencia social es imposible. Nada ni nadie es perfecto en un universo imperfecto, que a ratos es un cosmos ordenado y a otros ratos un caos brutal. Sin compasión no se puede convivir con la imperfección. 

    5. El que esté limpio de pecado que tire la primera piedra. Si yo soy pecador y necesito perdón como voy a negar el perdón a los demás cuando estos me lo piden. Antes de condenar a nadie mírate a ti mismo. Y comprende que tú eres torpe a ratos, te equivocas muchas veces, yerras con frecuencia, y actúas mal porque piensas que ahí está tu bien. Y comprenderás. Comprensión y compasión van juntas. Por eso perdonado serás y comprendido, si tú comprendes y perdonas. 

    Así que hermanos dichoso el misericordioso. No sólo porque alcanzará misericordia sino porque se verá curado de todas sus heridas emocionales y morales. En cambio el rencoroso, enfermo para siempre, no se verá liberado de los sufrimientos que lo aquejan. 

    Este tiempo debería hacernos ver que la reconciliación es más importante que el conflicto. Pero como insistimos en el partidismo fratricida añadimos más dolor a nuestro dolor.

    ¡Ánimo pues! El camino del perdón merece la pena.   

 

ORDINARIO XXIII

    Hoy el Señor Jesús nos regala un compendio de actitudes a tener presentes en la situación que vivimos. Y todas ellas nos humanizan para que sepamos ofrecer a los demás un trato verdaderamente humano.  Es la virtud que Jesús posee: siempre saca de nosotros lo mejor que cada uno llevamos dentro, si realmente lo conocemos, lo amamos y lo seguimos.

    Ezequiel y la primera parte del Evangelio nos recuerdan que nunca debemos ser como Caín. Pues nuestro afán ha de ser salvar a nuestro hermano. Por eso cuando se equivoca, sin vulnerar nunca su libertad, hemos de hacer lo posible por tratar de salirle al paso y ofrecerle un camino alternativo. Y si aún así no quiere escucharnos, pues respetar su libertad, con dolor y pena, pero sin imponerle nada, ni por tanto despersonalizarlo. Tenemos derecho a equivocarnos. Pero eso no debe conducirnos a la indiferencia ante los demás. ¿Acaso soy el guardián de mi hermano? ¡Pues sí lo eres!. Caín no puede habitar nunca en un corazón cristiano. Pues lo que nos salva es la verdadera fraternidad. Y un buen hermano nunca será indiferente si ve errar a su hermano. Si puede le hablará y si este lo escucha podrá salvarlo. 

    Pablo insiste en lo que Jesús nos enseña en varias partes de los Evangelios. En el amor a Dios y al prójimo se resume la ley entera. Quien ama no hace mal a su prójimo, no puede dañarlo. Por eso no lo matará, no le robará, no le mentirá, no lo tratará con envidia ni injusticia, no lo traicionará. Ama de verdad y haz lo que quieras. Pero el amor no debe confundirse con la mera atracción o con el simple querer. Que muchas veces por ser tan exclusivos se vuelven raquíticos. El amor es universal. El amor es global. El amor nada sabe de fronteras ni de barreras. Es para todos. Ese es el amor que Jesús nos pide, y que muchos, libremente viven. Es un amor más allá de los límites del afecto. Es un imperativo moral.

    El Evangelio en su segunda parte escueta, ofrece dos enseñanzas claras. Atentos a nuestro libertad, tenemos en nuestras manos la capacidad de atar muchas cosas y de desatar otras. No somos marionetas. El mundo no es así. El mundo lo hacemos así o de otra manera. Y lo que en el hagamos no es indiferente. Nos convierte en una u otra clase de persona. Y por otro lado, si somos capaces de lograr acuerdos Jesús realmente estará en medio de nosotros. Que importante es que todos a la vez pidamos una misma cosa, unidos como verdaderos hermanos. El desacuerdo invalida cualquier tiempo y tipo de oración. Deberíamos percatarnos de esta gran verdad. Orar desde el odio no sirve para nada. 

    Como veréis se nos regala un compendio de actitudes que nos permiten en este momento dramático preguntarnos si somos el indiferente Caín ante el dolor ajeno, si respetamos la libertad ajena, si amamos sin hacer daño, buscando salvar a los demás, si atamos al desamor y desatamos al amor, o si llegamos a acuerdos o vivimos en el desacuerdo, orando desde el odio, cosa que condena nuestras súplicas a la nada. Si estas actitudes siempre son importantes, en medio de esta hora oscura, más aún. Así que pidamos a Dios que nos regale su Espíritu de modo que podamos dar fruto según los tiempos lo demandan. Ánimo amigos.

 

ORDINARIO XXII

    Ser cristiano no tiene nada de conformista, pues no consiste en fortalecer y consolidar ningún status quo. Si algunos ayer u hoy han pensado o piensan de esa forma, están tan equivocados como Pedro en el Evangelio. 

    Cuatro pistas se nos ofrecen que nos muestran la verdad de cuanto acabo de afirmar. Jeremías vive en la controversia. No es “un a ver que dices que me opongo”, que sólo pretende llamar la atención. Jeremías sabe que tiene que comunicar un mensaje que no es suyo y que va a causar sensación porque interpelará a los suyos sobre lo que están viviendo. Y es consciente de que lo dejarán solo por ello. Porque tendrá que oponerse a personas, instituciones, mensajes y actitudes equivocadas. Su relación con la sociedad de su tiempo es dialéctica.

    El salmista es creyente en tiempos de increencia. Cuando todos rechazan al Dios verdadero, él confiesa, que no sabe vivir sin Él y que muere de sed existencial. Y por ello llevado de un espíritu de oración más intenso no ceja en su empeño de abrir su vida a la presencia del Dios vivo. 

    Pablo invita a huir de la distracción y la frivolidad. Y aconseja iniciar un viaje hacia nuestro interior, en el que nuestra mente deberá ser transformada en aras de lo bueno, lo verdadero, lo perfecto, lo realmente bello. No es el emotivismo lo que propone Pablo, donde se privilegia el sentimiento espontáneo, que puede ser feroz, salvaje o brutal (Llamadlo como gustéis). Pablo propone una visión sensata de la vida, donde la mente conduzca la libertad hacia la vida en plenitud.

    El Evangelio nos enseña que el egocentrismo narcisista nunca será el camino del que dice seguir a Cristo Jesús. Su camino será el amor hasta el extremo, simbolizado a la perfección en la cruz, el altruismo máximo, darlo todo, por el bien común de los demás. Así es como el ser humano se encuentra a sí mismo y alcanza su máxima madurez. Porque por el egoísmo y el narcisismo adonde únicamente se aboca es a la autodestrucción. 

    Así que como veréis ser cristiano no es ser conformista. Es entrar en controversia cuando la situación lo demanda. Es negarse a ser uno más en la fila de los que por moda afirman que Dios ha muerto. Es evitar el emotivismo frívolo en aras de una conducta guiada por una mente lúcida que busca lo verdadero, lo bueno y lo bello. Es optar por el altruismo, por el amor hasta el extremo, evitando el narcisismo egoísta. O sea que ser cristiano hoy te descoloca con pandemia o sin ella. Que la gracia de Dios, que es la acción de su Santo Espíritu en nosotros, nos permita a los que queremos ser cristianos, estar hoy a la altura de las circunstancias que vivimos hermanos.

ORDINARIO XXI

    Ejercer la autoridad es un arte. Hoy podría hablaros del Papado y su origen, pero como es un tema ya muy trillado en la explicación de nuestra fe, prefiero mirar en estos textos, como Jesús nos enseña a los cristianos a ejercer cualquier tipo autoridad.

    Isaias y el Salmo nos enseñan que la soberbia es mala consejera para ejercer cualquier responsabilidad sobre los demás. Y que es preferible la humildad. Porque cualquier autoridad puede perderse antes o después. Y uno puede ser sucedido sin más por cualquier otro. Y de creer serlo todo, pasar simplemente a no ser nada. De ahí que a la hora de ejercer la autoridad sea preferible ser misericordioso a ser un rigorista de tres al cuarto que al final provocará en los demás el rechazo y la burla. La soberbia en el ejercicio de la autoridad te vuelve fétido.

    Pablo nos enseña que es la sabiduría del que ejerce la autoridad lo que lleva a todos a reconocerle dicha responsabilidad. Pues la ignorancia sólo suscita el desprecio de quienes lo soportan que en ningún momento reverenciarán su cargo al frente del colectivo sobre el que ejerza su servicio. Porque la autoridad es un servicio a los demás y no otra cosa, por ejemplo, un desatado narcisismo ignorante que no conduce a parte alguna. 

    Mateo nos enseña que quien ejerce la autoridad debe tener un claro punto de vista acerca de la verdad y lo que debe hacerse en cada instante. Saber valorar la situación, juzgarla y actuar del modo conveniente. Más allá de lo que digan unos y otros. Debe ser alguien dichoso y no un atormentado ni un desequilibrado, una piedra sobre la que pivote el bien común de todos aquellos que están bajo su responsabilidad. Pues su principal cometido es que el mal no derrote al bien común en ningún momento. Debe saber usar las llaves para que nunca el desamor se adueñe del colectivo que preside. Y por último no debe hacer ostentación de su autoridad ante los demás para no suscitar rechazo entre los suyos.   

    Ahora resta plantearnos si en esta hora difícil, dentro y fuera de la Iglesia, los que ejercen la autoridad lo hacen como la Escritura aconseja o por el contrario hacen lo contrario. Porque no afrontamos una situación frívola sino una pandemia de graves consecuencias en todos los órdenes. Por ello en el modo como ejerzan su responsabilidad al frente de los demás, comprenderemos si nos hallamos en manos de buenos o malos pastores.

     

DOMINGO XX

    Hemos fracturado el mundo con fronteras constituyendo naciones. Cada cual con su costumbre e idioma distinto. Convirtiendo muchas veces la diversidad entre nosotros en causa de enfrentamiento en vez de en ocasión de enriquecimiento mutuo. 

    Ahora mismo asistimos a la carrera por las vacunas contra este virus que nos aflige. Y cada nación busca encontrar la suya propia, y unos temen que otros les roben los resultados de su particular investigación. Y a la mayoría de personas esto les parece normal. 

    Además si tratara de cuestionar semejante enfoque del mundo no faltaría quien dijese que el mundo es así. Dios piensa de manera diferente. Y las lecturas de hoy lo explican bien. Los tres mensajes caminan al unísono. 

    La oración de todos los pueblos será escuchada y no sólo la oración de un sólo pueblo, pues todos los pueblos pueden alabar al Señor. Isaías y el Salmo lo dejan muy claro. Pablo insiste en la misma dirección en esa suerte de enseñanza al estilo fariseo, que nos resulta un tanto complicada, pero que deja un mensaje muy claro sobre la mesa: la misericordia de Dios es para todos. Sin exclusiones de ningún tipo. Y Jesús pone en cuestión el nacionalismo religioso en su propia persona, pues permite que una mujer pagana lo sorprenda con su fe humilde y poderosa. Mostrando que quien ponga su fe en Él, sea quien sea, y venga de donde venga, será escuchado y salvado. 

    ¿Quién será capaz después de esto de mantener el tribalismo nacionalista tan propio por ejemplo de pueblos que hace poco adquirieron su independencia o de los que anhelan volver a fracturar la corteza del planeta Tierra para premiar a unos y castigar a otros? Si la ONU o la Unión Europea, no funcionan como podrían es porque seguimos enfermos de un nacionalismo tribal y pestilente que retrasa el nacimiento de una nueva forma de plantearnos las cosas. Si las religiones siguen en guerra es porque aunque nos creamos otra cosa, no adoramos al Dios verdadero. Dios es católico, es decir universal. Y tuvo que morir en una cruz para quitarse de encima el teísmo errado que lo catalogaba como el Señor de los Ejércitos, cuando la verdad es que Dios es amor para todos por igual.  

    Así que no es cierto que el mundo sea así. El mundo lo hemos hecho así. Simplemente eso. Cada pueblo o cada tribu, llevado de su egoísmo de grupo, incurre en un enfoque patológico de la realidad que se traduce en el presente que vivimos. Y me temo por desgracia que esta división irá para largo, y que seguiremos siendo catalogados como apátridas o locos, los que pensamos de una manera diferente. Algo así le ocurrió a Jesús y por eso terminó crucificado por su nación que lo repudiaba y por un imperio porque podía amenazar su corona particular. 

    Ni que decir tiene que ante esta coyuntura el virus se frota las manos. A río revuelto, ganancia de pescadores. Si la unión hace la fuerza, entonces divide y vencerás. Y divididos estamos. Y convencidos de que ese es el único camino posible. Así que de momento gana la pandemia y perdemos nosotros. 

    Pero claro: “el mundo es así”. ¿Es así o lo hacemos así? Dios tiene clara la respuesta, ¿Y tú?. ¿Hago yo el mundo así? Esa es la pregunta que tenemos que responder hoy. Pues este domingo asistimos al momento en que Jesús renuncia al tribalismo judío en el que ha crecido para asombrase de la grandeza de la fe de una mujer pagana. Ese hecho produce un eco enorme para todos. Queda mucho por hacer, así que al tajo, y ánimo: ¡ánimo pues!.

    

LA ASUNCIÓN DE MARIA

    Varias son las palabras que aparecen insertas en el conjunto de lecturas que nos visitan tanto en la víspera como en la festividad de la Asunción de Santa María, y estas palabras son para nosotros hoy una suave brisa fresca que alienta nuestra esperanza en medio de esta experiencia difícil y macabra que estamos viviendo de un tiempo a esta parte. 

    Así que partiendo de ellas elevaré esta mañana una plegaria al Padre Dios por intercesión de Santa María a quien imploro para que venga en nuestro auxilio.

    “1. Fiesta. Cuanto necesitamos como David poder festejar la superación de este tiempo incierto y oscuro. Así que Madre Santa ruega por nosotros para que podamos alcanzar esa meta. Aunque sabemos que la fiesta definitiva trasciende las fronteras de este mundo y su caos congénito. 

    2. Victoria. Tiempos en los que el sufrimiento y la muerte se han enseñoreado sobremanera de la vida global de todo nuestro planeta. Precisamos poder ver derrotado a este enemigo actual que nos aflige a todos sin cesar. Así que Santa María de la Victoria infunde en nosotros fortaleza, coraje y sabiduría para poder vencer a este enemigo que nos acosa.

    3. Dichoso. Que difícil se nos hace a todos ser felices en medio de una situación como ésta. Así que ruega por nosotros Santa María, tú que has tenido un puñal clavado en tu corazón, tú que fuiste afligida por siete dolores, pues nosotros hoy como tú estamos crucificados en medio de este calvario. Y necesitamos de tu auxilio de madre.

    4. Parto. Algo nuevo se anticipa en la historia, pero en medio de esta crisis son muchos los peligros que nos acechan. Y sin la correspondiente protección todos podemos caer presas de los dientes de este furioso dragón que no cesa de atacarnos, devorando a muchos de los que apresa. Madre Santa en medio de esta amargura con tus ojos vigílanos, con tus manos protégenos y con tu pie sagrado defiéndenos pues la ferocidad de esta mala bestia no cesa.

    5. Resurrección. Ver caer a miles de personas presas de la muerte desalienta a cualquiera. Que importante resulta no perder de vista que la muerte no tendrá la última palabra en la vida. No permitas Madre Luminosa que apartemos nuestra mirada de los ojos resucitados de tu Hijo para que en medio de tanto sufrimiento no perdamos la esperanza en medio de la locura del mundo. 

    6. Alegría. Como Isabel, Señora, necesitamos aliento en medio de nuestras tristezas presentes. Porque vemos peligrar hasta el fruto de nuestras entrañas. Así que Madre del Arrixaca tú que has vivido en las periferias de la alegría, Señora del Rosario, Purísima, ven en nuestro auxilio pues más que nunca necesitamos en esta hora amarga, tu bendita presencia, hónranos pues con tu visita.

    7. Liberación. Que necesidad tenemos de romper estas cadenas que nos han encarcelado a todos. En esta prisión nos han robado los abrazos y los besos, los instantes de encuentro con familiares y con amigos, hasta la celebración de la misma Semana Santa en común con nuestros hermanos, y los medios para poder comer el pan nuestro de cada día. Y muchas cosas más. Necesitamos romper más que nunca el yugo que nos oprime. Así que Señora de la Caridad, Fuente Santa de gracia para todos, socórrenos perpetuamente para que seamos capaces de alcanzar esa meta liberadora de modo que junto contigo podamos cantar sin cesar las maravillas propias que se experimentan unidos al Dios que nos ama. Aún en medio de este oscuro tiempo de amargura. 

    Así que madre hoy vengo ante ti con esta rogativa. Tú Madre Santa y milagrosa no nos dejes ni nos abandones. Pues en tu maternal intercesión confiamos: ¡Auxílianos pues nos quedamos sin el vino necesario de la ilusión por vivir! ¡Amén!.”   

    Tener a nuestra Madre Asunta en los Cielos nos permite dirigirnos a ella siempre que la necesitemos. Amparados por ella os digo amigos: ¡Ánimo pues!.

 

DOMINGO XIX

    A veces en la vida las cosas se ponen muy difíciles. Nos caen encima todos los males habidos y por haber. La vida pasa muchas veces sobre nosotros como un huracán y nos deja absolutamente desnudos, porque arranca de nuestro lado lo que más queremos. La vida pasa otras veces sobre nosotros como un terremoto resquebrajando y derruyendo todo lo que nos importa. En otras ocasiones la vida se torna para nosotros en un fuego abrasador que todo lo devora. 

    En esas ocasiones huimos como Elías. En esas ocasiones nos encerramos en la caverna más profunda que somos capaces de encontrar. Como Pedro, perdemos la fe en la vida y en todo lo que ella supone, y presos de mil dudas diferentes sobre aspectos esenciales de nuestra existencia, nos hundimos en las aguas oscuras y tempestuosas. 

    Lo que no contamos es con la mano que nos agarra, o con la brisa suave que nos visita. Dios en el caso de Pedro es una mano. Y Dios en el caso de Elias es una tenue brisa. Pero en ambos casos es una voz poderosa que les cambia el corazón. Y esa voz les dice: ¡Ánimo soy yo no tengáis miedo!. Esas palabras las dice Jesús. Y no son las palabras de alguien que lo ha tenido fácil en la vida. Son las palabras del que sabía que saldría crucificado del mundo. Del que se enfrentaría a una de las muertes más crueles que existían. Y aún así su voz es clara y firme. Podemos mover las montañas que nos caen encima si no perdemos la fe en que no estamos solos, en que el mundo no es todo lo que nos aguarda, si mantenemos la esperanza firme en el Dios que nos ama en Cristo y que pone luz en medio de nuestras tinieblas.

    Por eso como a Pablo han de dolernos tanto nuestros hermanos de “raza” (la humana es la única que existe para mí). Dolernos que desconozcan esta buena noticia que supone saber que hay uno que camina sobre las aguas embravecidas, y que puede hacer que tú hagas lo mismo, si crees y confías en Él, más allá del impacto de las dudas, los desánimos y los miedos. Pues estos nos visitarán como visitaron el corazón de Jesús en Getsemaní. Pero en medio de la agonía mantuvo firme la fe, y la esperanza, aunque atacada por muchos dolores, terminó venciendo en Él. La Resurrección fue el siguiente paso. Dios nunca suprime la autonomía del universo. Por eso interviene como suave brisa o como presencia humana, sin más. Y propone un salto de fe pues desvelarse por completo eclipsaría nuestra libertad. El mundo es verdaderamente mundo y Dios sigue siendo Dios. 

    Por todo ello como Pablo hay que ponerse manos a la obra. Para que al menos algunos puedan afrontar estas experiencias destructivas al amparo de Cristo Jesús. Como veréis estas enseñanzas nos vienen muy bien a todos en esta hora preocupante y en ocasiones agónica.  Así que cogeos fuerte de la mano de Jesús para no hundiros y que la brisa suave de su Espíritu te aliente en medio de tanto huracán, tanto terremoto y tanto incendio. Una palabra como la suya en medio de tu vida, tiene el mismo efecto que una gota de cloro, sobre las bacterias presentes en un vaso de agua. Escucha su voz y entenderás porqué repito tanto aquello de ¡Ánimo Pues!.

 

DOMINGO XVIII

    Los seres humanos estamos sedientos y hambrientos de muchas cosas. Isaias y Mateo lo saben muy bien. Y aunque deseemos objetos, salud, bienestar, dinero, en el fondo, lo que deseamos es que la vida nos trate bien. Deseamos que la vida nos quiera. Porque de lo que los seres humanos estamos sedientos es de amor. 

    Pero el amor no siempre nos sacia. El mundo a veces nos pone ante nuestros ojos situaciones como esta Pandemia que nos hacen comprender que no nos ama como desearíamos. Los demás no siempre nos aman, y a veces estos, no son los extraños ni los lejanos, sino los más cercanos. Esa madre o ese padre, que no han sabido amarte como a ti te gustaría. Ese hermano de sangre o de comunidad con el que no tienes ninguna empatía. O aquel hijo o hija con la que no te entiendes bien. Y esas heridas nos desangran y marchitan a diario. Nosotros mismos, muchas veces somos incapaces de amarnos por distintos motivos. Nos despreciamos por nuestra apariencia física o nuestra psicología o por otras muchas razones. No siempre nos sentimos amados por los demás, por el mundo o por mí mismo. Estamos enfermos de un amor incondicional y gratuito. San Agustín eso lo sabía muy bien.

    El profeta nos ha prometido que el Señor Jesús nos saciará de esta sed y de esta hambre de amor infinito. Y que además será grátis y no nos costará nada. El Evangelio nos muestra cuando, como, quien, y donde nos ha abierto a nosotros las fuentes de tal amor: Jesús el Nazareno, el Cristo. 

    Pablo es el Eco de semejante experiencia. “Nada ni nadie podrá separarte del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor Nuestro”. El amor de Dios por ti es incondicional, gratuito e infinito. No es el resultado de nuestra búsqueda, sino que Él, nos ha salido al encuentro. Cristo Jesús es la expresión factual y verbal de que el Padre nos ama con amor eterno, y es El que nos contagia del afecto enamorado de Dios que conocemos como Espíritu Santo. Y este amor no depende ni de lo que hagas, ni de lo que sientas, ni de que vivas con más o menos cosas, ni de que tengas más o menos dinero. Es un amor que se da porque sí, porque a Dios le place. Mirar a los ojos de Jesús es llenarte de este amor. Orar es estar como una planta dejándote amar por la tierra, el sol, el agua, y el aire. Que en nuestro caso es el amor de Dios que nos nutre, nos ilumina, nos revitaliza y nos renueva. Orar es la quietud con el enamorado. 

    Así que si deseas saciarte de este amor, la Eucaristía es el banquete que te espera. Pues el Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces es una alegoría de lo que es nuestra Eucaristía. Llegamos a ella hambrientos y sedientos de amor. Y se nos ofrece para nuestra sed de amor, su palabra enamorada que nos vuelve radiantes, como cuando los enamorados se hablan el uno al otro. Y para saciar nuestra hambre de amor infinito, se toma un pan y un cáliz lleno de vino (presentación de ofrendas), se da gracias (plegaria eucarística), se parte el pan (cordero de Dios) y se da (Comunión). A veces en comunidades pequeñas, también se da el vino, aunque ahora con esta pandemia se entiende por qué el cáliz dejó de darse al pueblo cuando era muy numeroso. Y en este momento que se consagran los dones, con los gestos de Jesús que aparecen claros en los Evangelios, además se pronuncian sus palabras que resumen toda su vida: Entrego mi vida por vosotros y derramo mi sangre por vosotros. No hay mayor amor que el de Aquel que da la vida por sus amigos. El Espíritu Santo obra el prodigio misterioso de que su amor infinito se haga presente entre nosotros realmente en toda la celebración eucarística. Y cuando termina, nos vamos saciados de este amor si hemos participado en ella con la atención y el interés que nacen de una fe madura y auténtica. 

    Así que si estas sediento y hambriento de amor, no lo dudes acércate a Dios que se nos ha dado a conocer en Cristo Jesús y déjate amar por Él. Que aunque el mundo nos trate mal, los demás no sepan amarte siempre y tú mismo a veces te maltrates, aunque estés crucificado por ti mismo, por los demás o por el mundo, Dios no dejará de amarte nunca. Quien piensa que Dios sólo lo ama cuando las cosas de la vida le van bien, simplemente es un “gilipollas del espíritu”, que nunca ha mirado con profundidad la cruz de la que pende el Cristo. 

    Así que en medio de esta pandemia, más amados que nunca, o tan amados como siempre, como gustéis. Dios así lo dice y así lo quiere, en Cristo, lo ha firmado con su sangre enamorada.    

 

DOMINGO XVII

    En estos tiempos la Escritura hoy nos propone varias enseñanzas a tener en cuenta para que sepamos lo que tenemos que pedir en la oración pues estamos muy necesitados de ellas. Es curioso como Jesús Vivo y Resucitado, por medio de su Espíritu, nos visita cuando escuchamos con fruto su palabra.

    Necesitamos pedir discernimiento, sabiduría e inteligencia. Discernir es distinguir. Sabiduría es acertar en la conducción en la propia vida. Inteligencia es capacidad de comprender la situación que vivimos. Y estas tres cosas son muy necesarias para afrontar los retos de estos tiempos.

    Necesitamos pedir moralidad. El Salmo lo dice. Y la moralidad no es otra cosa que saber ofrecer al ser humano un trato verdaderamente humano, superando nuestros odios, torpezas, soberbias y egoísmos. 

    Necesitamos pedir entendimiento de nuestro destino. Pues todos hemos sido escogidos pues nos han predestinado a ser llamados por Cristo para ser por Él justificados y a continuación, ser glorificados. No es nuestro destino la soledad infinita, tampoco la injusticia condenatoria y menos aún la nada. La gloria se nos regala si decidimos aceptarla. Sólo repudiaremos ese destino si libremente decidimos rechazarlo.

    Necesitamos descubrir que hay cosas en la vida que son más importantes que todas las riquezas juntas del universo. Necesitamos pedir que seamos capaces de tener una escala ajustada de valores, para que no antepongamos a lo más valioso, lo que no lo es tanto. Pues toda la riqueza del mundo debe estar al servicio justo de la persona y el Bien Común, a sabiendas de que la libertad individual nunca debe ser eclipsada, pero tampoco debe pisotearse en su nombre el amor, pues si esto ocurre, la libertad se torna esclavitud del desamor.

    Necesitamos pedir que sepamos aprovechar todo. Lo nuevo que cada época nos aporta y lo antiguo que nos legaron las generaciones pretéritas para ser capaces de usarlo todo al servicio del Bien. 

    En estos tiempos difíciles necesitamos orar. Porque en medio de esta pandemia ser capaces de discernir, ser capaces de proceder con sabiduría e inteligencia, ser capaces de actuar moralmente, ser capaces de comprender nuestro destino último no perdiendo nunca la esperanza, ser capaces de descubrir que es lo realmente valioso y ser capaces de usar lo antiguo y lo nuevo al servicio del Bien es lo mejor que nos puede pasar.

 

APOSTOL SANTIAGO

    La Escritura hoy nos ofrece cuatro consejos importantes en este momento que vivimos en el mundo.

    El primero es hacer lo necesario aún a riesgo de nuestra vida. Pues eso hizo nuestro querido patrón. Obedecer a Dios antes que a los hombres, y eso le supuso el martirio. Pienso hoy en los sanitarios, en los farmacéuticos, en los policías y en otras personas que por no dejar de servir a la humanidad en esta hora amarga, han perdido su vida, como tantos otros, por causa de esta horrible pandemia. Pero que en vez de ponerse ellos a salvo, por servir a todo el mundo, se han contagiado de ella y han caído. No son momentos para la cicatería y la mezquindad, sino para el altruismo. Por ello, aunque dolorido, me siento infinitamente orgulloso de ellos. 

    El segundo es pensar en toda la tierra, el salmo nos invita a ello. Superar el tribalismo nacionalista y mirar más allá, pues en el mundo, sólo hay una sola familia humana. Es emocionante oír a algunos investigadores que insisten en que el fruto de sus esfuerzos serán puestos al servicio de toda la humanidad. Si es así, también me sentiré profundamente orgulloso de ellos.

    El tercero es la fortaleza para llevar las marcas de Jesús. Que bien lo dice Pablo. Aunque somos frágiles como vasijas de barro, si ponemos nuestra mirada en Cristo Resucitado, aunque nos aprieten por todos lados no nos aplastarán, aunque estemos apurados no desesperaremos, aunque nos derriben no nos rematarán, aunque nos sintamos acosados no estaremos abandonados. Sabemos por la fe en Jesús que Él nos resucitará y ni mil cruces podrán destruirnos. Esa es la fuente de nuestra fortaleza, la fe y la esperanza en la resurrección. Esto es particularmente importante para tantos de nuestros amigos, que están perdiendo gente querida con ocasión de este cruenta pandemia. 

    El cuarto y último consejo, es que no debemos buscar nuestro propio bien, sino la construcción del bien común. Los apóstoles peleándose por los primeros puestos son un ejemplo triste de como los humanos solemos funcionar en muchas ocasiones. Usar esta pandemia para presumir y hacerte famoso, por ejemplo negándola o diciendo estupideces de las medidas sanitarias que es preciso adoptar, o siendo un perfecto egoista aprendiz de asesino de masas que se niega a utilizar algo tan sencillo como una mascarilla porque piensa que el será asintomático, es no dar culto al Padre en espíritu y en verdad. Y la falta de generosidad y de sensatez en un momento tan dramático como este puede ser especialmente suicida en el plano sanitario y en el plano social.

    Así que si Santiago es tu patrón debes evitar que la mezquindad y no el altruismo se apoderen de ti, debes evitar pensar en clave tribal y egoísta, debes evitar la debilidad y la desesperación, debes construir el bien común. Pensar en Santiago es pensar en el que dio su vida, el primer apóstol en hacer de la Eucaristía el motor de su vida, pues por nosotros se entregó y por nosotros derramó su sangre. La lección de Santiago hoy nos hará brillar a sus hijos como luz en medio de la tinieblas que nos cercan. Fortaleza y generosidad amigos con todos, ánimo pues. ¡Santiago guíamos en la batalla contra el virus!. 

 

XVI ORDINARIO

    En medio de los acontecimientos del mundo y sobre todo cuando la voluntad humana nos ofrece su rostro más feo muchas veces nos preguntamos por qué Dios no interviene e impide a los seres humanos matarse mutuamente, o hacerse sufrir hasta extremos insospechados los unos a los otros.

    Como algunos no encuentran una respuesta satisfactoria tratan de pensar que esas cosas son permitidas por Dios para nuestro bien, en aras de su plan supremo, lo que en parte hace que Dios se vuelva solidario de los salvajes que aplastan a sus víctimas. Es lo que el enfoque hegeliano de Dios conlleva. 

    Las Escrituras hoy nos responden esa pregunta. Y nos ofrecen para ello dos razones. 

    1. La primera es que Dios es misericordioso. Y ofrece nuevas oportunidades siempre. Tanto la primera lectura como el Evangelio así lo exponen. Su voluntad no es condenar, ni juzgar, ni castigar. Su voluntad es salvar. Dios no sabe hacer otra cosa que amar. De hecho ha aceptado que su Hijo pague el precio que la justicia exige por el daño infligido a las víctimas con tal de poder salvar a todos los que quieran ser salvados. Las palabras de la primera lectura llegan a ser emocionantes por su inmenso poder poético. 

    2. La segunda es que la libertad del hombre es sagrada para Dios. No somos marionetas de Dios. No somos sombras chinas de sus movimientos. Somos verdaderamente nosotros delante de Él. Si bien es cierto que nuestra libertad acontece dentro de unos parámetros definidos: como por ejemplo comer, beber, dormir, etc…, no es menos cierto que somos dueños de decidir cosas tan relevantes como el poder acabar con nuestra vida si así lo queremos. Por eso, como seres suficiente y verdaderamente libres, Dios puede establecer con nosotros una relación de amor auténtica. Donde es posible responder a su oferta enamorada de manera positiva o negativa. Sin ser libres, el amor verdadero es imposible, entre seres que existen. Aunque sean diversos. Si pensamos en la relación que algunos seres humanos establecen con animales (que aún sujetos al instinto y con una capacidad craneal y cerebral diferente de los humanos), comprendemos que en el misterio de la diferencia, entre ellos nacen relaciones, que sin poder llamarse personales, tienen una carga emocional misteriosa y sorprendente, que muchas veces emociona. Ser diferentes en el modo de existir, no nos priva de poder amarnos, en la medida de nuestras posibilidades. El animal humano es personal porque puede ser inteligente y libre. Y para que eso pueda quedar salvaguardado, se requiere que Dios no intervenga en su historia, pues sólo el misterio de su ser, posibilita que la libertad humana no quede excluida ipso facto. Pues la contemplación plena de su rostro, nos sacaría para siempre del mundo, y el amor entre nosotros no sería posible, porque nuestra libertad quedaría convertida en puro embeleso. En este aspecto el Evangelio que hemos escuchado hoy insiste de una manera definitiva. 

    ¿Entonces por qué nos cuesta tanto entenderlo? Pues porque solemos preferir la venganza a la justicia, y la misericordia para ello, nos estorba. Y porque además tenemos un miedo congénito a la libertad y por eso ser marionetas de un “superplan” divino, nos acomoda más, dado que nos ofrece una falsa seguridad en que todo saldrá bien a pesar de que nuestros errores puedan echarlo todo a perder. 

    Por eso es tan importante escuchar al Espíritu que grita en nuestro interior. Como Pablo nos enseña. Porque el Espíritu nos advierte que igual que podemos salvarnos, podemos destruirnos. Escuchar su voz nos permite saber que aunque erremos, si libremente nos volvemos a Él como el ladrón arrepentido, por el ejercicio de nuestra libertad enamorada, podremos abrirnos a nuevos horizontes concedidos por su misericordia de una manera gratuita. Sin su misericordia no sería posible alcanzar tal gracia. 

    Vivir en la escucha atenta al Espíritu de Dios responde a nuestras preguntas y nos hace superar los escollos que en ocasiones nos llevan a darle la espalda equivocadamente al Dios verdadero. Ni la falta de espiritualidad ni el espiritualismo (una religiosidad falsa y frívola) nos ayudan a vivir realmente en Dios. Así que ánimo pues amigos, conozcamos de verdad a Dios y entenderemos porqué Dios es capaz de permitir que hasta sucesos como esta pandemia (con tintes de sospechoso genocidio) acontezcan, porque está en juego que el universo a través nuestro pueda mantener una relación de auténtico amor con Dios. Su misericordia y su respeto por nuestra libertad nos convierte en un tú verdadero plenamente ante Dios.    

 

XV ORDINARIO

    Jesucristo hoy es una Palabra viva que lo cambia todo para bien. Una Palabra que como la lluvia cambia todo lo que toca. Igual que el agua hace brotar la vida a su paso, la Palabra viva que es Jesús transfigura nuestra vida y de ordinaria la vuelve gloriosa. Esta Palabra revela que nuestro misterio existencial puede ser un misterio de salvación. 

    De hecho la creación gime con dolores de parto. Porque necesita superar tristezas, dejar atrás inquietudes, angustias, ansiedades y miedos. La creación necesita no ahogarse en un pesimismo desesperado. La creación ansía dejar atrás el desamor, y las terribles consecuencias de sus egoísmos y de sus odios subsiguientes.  Una nueva creación alegre, pacífica, plena de esperanza y fraterna, amiga del Bien Común. La civilización del amor. Pero eso no brota porque sí. Es preciso cambiar la manera de pensar, la manera de sentir y el modo de actuar. Sin ese cambio personal un futuro diferente será imposible, y la esperanza será abortada. Ese cambio es tarea de todos. Lo estamos viendo y viviendo con el manejo de esta pandemia: las mentiras que empiezan a probarse, la insolidaridad y la incompetencia a la hora de adoptar medidas adecuadas para crear un entorno sanitario solvente, la falta de conciencia global a la hora de adoptar medidas convenientes para afrontar como una sola familia internacional estos acontecimientos oscuros, dolorosos y tristes, el funesto ¡Sálvese quien pueda! que tanto sufrimiento está causando. Podría seguir pero resulta innecesario hacerlo. Todo ello prolonga los dolores de parto que nuestra tierra está padeciendo. 

    De ahí que si queremos mantener una esperanza contra toda esperanza, sea tan importante que recibamos la Palabra de Jesús sin ser piedras duras incapaces de recibir esa semilla que puede cambiar las dimensiones fundamentales de nuestra personalidad. Es importante que no recibamos esa palabra como una tierra llena de piedras o de abrojos que impiden que esta semilla arraigue en nosotros o que asfixian esa semilla que trata de germinar en nuestro corazón. La Palabra viva que es Jesús hoy, requiere, que seamos buena tierra, para que su semilla pueda crecer y madurar en nuestro pensamiento, de modo que éste movilice nuestros sentimientos que puedan dar a luz nuevas conductas que incidan en la realidad de un modo eficaz y útil. 

    Así que Jesús es una Palabra viva hoy que puede cambiarlo todo cuando la escuchamos. Pues cuando lo hacemos el Espíritu de Jesús se adueña de nosotros y nos transfigura en Hijos de Dios y por ello en ciudadanos de la Nueva Creación. Pero para que esto ocurra no podemos dejar que esa Palabra resuene en el desierto simplemente porque permanecemos sordos ante ella. Sin interactuar con ella, sin intercomunicación condenamos a Cristo al silencio y a la Creación a la frustración. Así que hermanos oídos abiertos, hoy más que nunca. Nuestro mundo lo reclama y lo necesita. Lo contrario lejos de animarnos, será fuente de desánimo constante.

 

XIV ORDINARIO

    ¿Por qué sigo a Jesucristo? ¿Por qué me enamora hasta ese extremo? A esta pregunta responde hoy la Escritura.

    Amo a Jesús porque siempre suscita en mi alegría y gozo en medio de mi vida, que a menudo viene cargada de lamentos y tristezas. 

    Amo a Jesús porque me descubre que el mundo es más grande que mi tribu particular. Porque universaliza mi percepción del mundo. Porque me lleva a descubrir que sólo hay una familia humana sobre la faz de la tierra, y que no tiene sentido ninguno que compitamos y guerreemos entre nosotros como si fuésemos radicalmente diferentes. Y no sangre de la misma sangre.

    Amo a Jesús porque de entre las diversas visiones de Dios que hay en el Antiguo Testamento, señala como plenamente acertada la que el salmo hoy nos propone: un Padre clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas. Un Dios que no sabe otra cosa más que darnos su amor. Un Dios que es ternura. Como al derramar su sangre por nosotros y entregar su vida por nosotros, Él mismo nos demuestra. Mayor amor que éste ninguno.

    Amo a Jesús porque me arranca de mi carne para vivir según el Espíritu. Como muchos libros de moral católica han sido escritos por varones reprimidos sexualmente, cuando repasamos los temas que en ellos se tratan, descubrimos lo hipertrofiado que está el tema del sexo, en relación con otros asuntos de naturaleza moral. Muchos de ellos, incluido Lutero, interpretaron el concepto paulino de “carne” en clave sexual, incluso algunos de ellos llegaron a demonizar el deseo sexual como si éste fuese absolutamente perverso. Sin embargo Pablo no habla de esta forma al decir “carne”, sino como hablan los profetas al hablar de carne. “No te cierres a tu propia carne” es sinónimo de afirmar: deja de pensar en tu ombligo y en el ombligo de los de tu tribu, y rompe esas barreras, vuela y descubre que hay todo un mundo más allá que reclama tu amor. Pasa del egoísmo y del odio, al amor. Vivir sólo para tu carne es una castración fatal de tu capacidad de amar a los demás. Evidentemente nada tiene esto que ver con el deseo sexual, sin el cual, no existiría el genero humano. Pues sin este aspecto de nuestro ser, sería imposible la procreación fuera de un laboratorio. La carne y la sangre en Pablo, es su raza judía, aquella por la que ha dejado de ser valorado simplemente por conocer, amar y seguir a Jesús. El mundo es mayor que mi raza. El mundo es más grande que mi tribu. El universo me espera. En ese sentido Jesús me hace empatizar con todo ser humano. Sin importarme su ADN o grupo sanguíneo. Cosa tan del gusto de los necios nacionalistas que viven gritando: mi tribu primero. Primero el mundo, porque sin él, nunca existirá tu tribu. La universalidad de Jesús me enamora. Convertir la “carne” en sexo en este texto, es propio de idiotas de primera clase. 

    Amo a Jesús porque no me desprecia por ser pequeño o irrelevante. A Él los romanos lo consideraron una suerte de idiota y lo caracterizaban como un asno. Pero que Él eligiese un asno para entrar en Jerusalén no lo convertía en un podenco, sino que lo mostraba como alguien sencillo, que sabe que el lomo de un pollino es infinitamente más digno y sorprendente que todas las aparatosas carrozas que los romanos usaban para sus desfiles de la victoria. Los pequeños junto a Jesús tenemos valor, y podemos alcanzar la plenitud. Y no somos marginados por nuestra condición humilde. 

    Amo a Jesús porque cuando estoy cansado y agobiado siempre me alivia. Su mansedumbre y su humildad de corazón me hacen encontrar el descanso, y su palabra, infunde en mí esperanza y eso es definitivo para que yo pueda seguir viviendo en medio de innumerables sufrimientos. 

    Así que aquí están mis respuestas hoy. Y he de deciros que en medio de una pandemia brutal como la que vivimos donde las víctimas se cuentan por miles a diario, encontrar razones para la alegría y el gozo, descubrir que somos uno y que por ahí y no por el tribalismo primitivo, está la solución a este grave problema, saltar de mi propia carne hacia la empatía con los demás con la apertura universal del Espíritu Santo, y siendo pequeño e irrelevante no verme privado del alivio y del descanso porque Dios en Cristo me ama como yo ni siquiera soy capaz de amarme a mí mismo, me viene de perlas. Mi ser expuesto al peligro constante e inminente se fortalece hasta extremos insospechados. Verme privado de Él, en esta situación oscura, haría insoportable mi condición de viviente que tiene como único horizonte la nada y el absurdo como único destino exclusivo.

    Así que ahora la pregunta es para ti, ¿tú por qué amas a Jesús? de tu respuesta depende el fundamento de tu fe en que vivir merece la pena. Yo amo a Jesús porque Él me mira a los ojos y me dice: ¡Andrés ánimo pues!. 

 

XIII ORDINARIO: SANTOS PEDRO Y PABLO

    Hoy la Escritura pone ante nuestros ojos el testimonio de estos dos enamorados de Jesús. Que sin duda no fueron perfectos, como ellos mismos lo acreditan, pero enamorados de Jesús sin duda, porque sólo en Él encontraron “palabras de vida eterna”.

    Hoy no son tiempos fáciles para los que vivimos en este planeta. Al contrario, son tiempos difíciles. ¿Que pueden pues enseñarnos estos dos enamorados de Jesús?. 

    Nos enseñan que de cualquier cárcel se puede salir. Pues nada está decidido, nada está cerrado, y siempre una inesperada circunstancia puede cambiarlo todo; esas circunstancias podemos llamarlas ángeles. De modo que la liberación no tiene porque ser una ensoñación imposible. Esperar esta liberación aunque estemos presos de cadenas, guardias y barrotes es una opción plausible. Ni siquiera la cárcel de nuestra condición mortal nos podrá retener siempre.

    Otra cosa que nos enseñan es que se puede convivir con las ansias. La ansiedad no te mata. Sólo te hace sufrir. De ahí que contrapongamos a la ansiedad el equilibrio que brota de un acto de confianza en que el futuro es posible.

    Nos muestran que combatir es nuestro destino, que la vida no es una tarea fácil. Que la pereza y la debilidad moral no son buenas compañeras de camino. Pues es una carrera con obstáculos la que emprendemos, y para alcanzar la corona, hay que pasar por todo y de todo. Y no siempre bueno o placentero. Y eso requiere de gran fortaleza.

    Por eso nos proponen el secreto para alcanzarla: conocer a Jesús como Mesías, enamorarse de Él, y seguirlo. Pues eso te convierte en una piedra que el mal no podrá derrotar, y te concede las llaves para conducirte en la vida, de modo que Dios y su amor puedan reinar sobre ti. 

    Estás dos columnas de la Iglesia nos sorprenden para bien en estos tiempos oscuros de pandemia, que rueguen por nosotros siempre y nos guíen con su aliento en nuestra andadura que ahora mismo está bastante complicada. Esperanza en la liberación real, confianza frente a la ansiedad, fortaleza para combatir, y un rostro pétreo para no sucumbir a los impactos. Está es su enseñanza. 

 

XII ORDINARIO

    Si la pandemia ha sido dura, ahora comenzamos un tiempo de incertidumbre, que algunos llaman “nueva normalidad” aunque yo prefiero llamarlo “tiempo de contención de la pandemia”. Es más largo pero es más certero. El virus sigue activo. Lo estamos viendo en América y África. Y también en Europa donde los contagios no cesan aunque en menor escala, y en particular en Alemania, donde se ha desatado un terrible rebrote que casi implica ya a un millar de personas. 

    En este tiempo la inseguridad nos vuelve a ofrecer su feo rostro. No hay tantos contagios sí, pero el virus sigue estando aquí y aún no tenemos vacuna para prevenirlo. Por otra parte se nos insta a reactivar el motor económico, porque parece que esto es lo que más importa ahora. Algunos de los que proponen esta singladura, pareciera que no hubieran visto un programa televisivo llamado “más vale prevenir que curar”. Son los tiempos que nos toca vivir, no porque el mundo sea así, sino porque nosotros decidimos hacerlo así. 

    Pues mirad hoy se nos ofrecen tres lecciones para ayudarnos a combatir la inseguridad imperante. Una brota de Jeremías y el salmo, que están muy unidos. Para superar el Acoso de lo que nos amenaza hay que creer y confiar mucho en Dios y en uno mismo, como un ser amado por Él. Frente al acoso, confianza interior firme e inquebrantable. Pues lo exterior sólo nos afecta en tanto en cuanto le abrimos la puerta de nuestra fortaleza interior y lo dejamos entrar. Convicciones firmes y fuertes, y pasos prudentes, digan lo que digan y hagan lo que hagan. Tú se tú mismo aunque los demás funcionen de otra manera. Jeremías es lo que hace. Confiar para poder caminar contracorriente.

    En segundo lugar Pablo nos aclara que la muerte no tiene un imperio absoluto. El amor de Dios es más grande que esa realidad. No nos engañemos mirar al virus es mirar a la posibilidad de la muerte cara a cara. Y esto nos interpela. ¿La muerte lo es todo? De la respuesta a esta pregunta un enfoque u otro de la vida y sus pandemias, se adueñará de ti. ¿Qué enfoque quieres tener?.

    Y aquí entra, en tercer lugar, el Evangelio insinuando la respuesta a esta difícil pregunta. La muerte no puede matar el alma. El virus puede matar el cuerpo. Pero no puede matar el alma. La conclusión emotiva subsiguiente a esta afirmación es obvia: No tengáis miedo. No seáis presa del miedo. No estáis solos. Ni uno solo de vuestros cabellos se perderá (lo cual es una alegría para los que somos calvos). Sólo nos aconseja temer al desamor que puede echar a perder toda nuestra vida y la vida de los demás. Pues los que se declaren contra el amor, no tienen futuro. Pues sólo el amor tiene eternidad. Dios es amor. Y sólo Dios es eterno. Así que el desamor es el camino hacia la nada. 

    Así que frente a la inseguridad del nuevo periodo que afrontamos, estás tres lecciones hiladas entre sí: Convicción y firme confianza en que la muerte no tiene un imperio absoluto, y por tanto valentía para afrontar con prudencia, sentido común y sangre fría las nuevas circunstancias, no siendo presa de los miedos irracionales.

    Como veréis la Palabra Viva de Dios nos socorre a cada paso, basta sentarse a escucharla en la confianza de que el Espíritu Santo siempre nos acompaña. Ánimo pues amigos. 

 

XI ORDINARIO: EL CORPUS 

    La Eucaristía es un antídoto contra cuatro venenos que nos afligen. Y en una circunstancia como ésta aún más. 

    El primer veneno del que nos cura es el veneno del sinsentido. En medio del sufrimiento en sus vertientes física y moral, el ser humano busca respuestas y no siempre las encuentra, a veces hasta razona en medio de ellas equivocadamente. Y se hunde más en el cieno. Con facilidad esos procesos mentales matan la esperanza. El Deuteronomio nos expone esa circunstancia. En esa situación comprendemos que no sólo de pan vive el hombre. Sin esperanza se hace imposible vivir aunque uno tenga consigo todo el pan del mundo. Hablad con un depresivo y lo entenderéis. La Eucaristía nos dice que la última palabra en la vida la tiene Dios que nos ama y no los sufrimientos que nos afligen. La cruz y la resurrección de Jesús nos lo enseñan. Y la Eucaristía es el memorial de ese misterio pascual que enciende siempre en nosotros la llama viva de la esperanza contra toda esperanza. Una esperanza que se asienta en el infinito. Una esperanza que no se quiebra en medio del sufrimiento. Frente al sinsentido la esperanza firme e incombustible. He ahí el primer efecto del antídoto eucarístico. 

    El segundo veneno del que nos cura es la soledad poblada de aullidos. Sin embargo con el salmo se nos enseña que si sabemos escuchar todo es palabra viva de un Dios que nos ama. Aprender a escuchar esa voz, los susurros del Espíritu Santo, es lo que despeja todos los aullidos que nos roban la paz en medio de la soledad. Y que nos hacen experimentar la vida como un infierno y no como una evolución constante hacia la gloria. Frente al aullido que nos aterra una palabra viva que nos alienta. Una palabra que nos llena de paz. He ahí el segundo efecto del antídoto eucarístico.

    El tercer veneno del que nos cura es la división. Comulgamos un cuerpo, bebemos un cáliz. Pablo nos lo enseña. La unidad por tanto es la llamada definitiva que la Eucaristía nos hace. Sin la unidad nunca construiremos el Bien Común. Y el mundo no funciona al grito salvaje de sálvese quien pueda. Esto es evidente en medio de esta pandemia, un sólo foco, puede destruirnos a todos en un plis plas. En Murcia, prácticamente la incidencia de la plaga, ya es mínima. pero en cuanto varios trabajadores han salido fuera a trabajar, diez de ellos han vuelto enfermos. En esta situación la vida no puede desenvolverse en paz. De ésta no saldremos solos porque eso es imposible. Podríamos hablar ademas del calentamiento global pero eso ya lo hace de modo muy oportuno el Papa Francisco, basta leer sus enseñanzas para comprenderlo. Así que no resulta necesario hacerlo. Hay muchos más temas donde esta verdad es rotunda, pero esto no es una conferencia. Así que basta con afirmar que frente a la división que nos destruye se nos propone constantemente la llamada a la unidad el camino cierto hacia el Bien Común. He ahí el tercer efecto del antídoto eucarístico. 

    El cuarto y último veneno del que nos cura es el dominio absoluto de la muerte. El Evangelio es muy claro en esto. La comunión con Jesús vivo y resucitado transforma nuestra vida en eterna. La muerte en esa perspectiva es la puerta a la transfiguración, no la senda de la destrucción. En este tiempo hemos descubierto que la comunión puede ser física o espiritual. Algo que desconocíamos por desuso. Pero que ahora hemos revivido redescubriendo este inmenso tesoro de la vida cristiana. La vida ante todo. La vida por encima de la muerte. La muerte debe perder su dominio. Por eso esta pandemia debe enseñarnos a valorar la vida como lo más importante de todo. Incluso más que el mismo capitalismo salvaje sin escrúpulos en el que vivimos inmersos, con sus tiránicas exigencias que sólo nos impulsan a rendir culto a la idolatría del dinero. La avaricia es enemiga de la vida. Porque la somete, la estresa y la destruye en aras de la máxima ganancia. Su dinámica es suicida y el planeta lo está diciendo a gritos. La vida debe ser eterna, pero la avaricia nunca. Vida y no muerte como único destino. He ahí el cuarto efecto del antídoto eucarístico.

    La Eucaristía no es el antídoto contra la pandemia, pero si que es el antídoto contra el sinsentido, contra la soledad aullante, contra la división ciega y contra la cultura de la muerte. Y estos cuatro venenos aumentan y alimentan los efectos destructivos de la pandemia que nos azota. Si no eres creyente, lee entre lineas, pues estoy seguro que estos cuatro venenos también te azotan y torturan y ansías verte libre de ellos. En ese camino yo creyente me encontraré contigo para luchar juntos contra ellos. Y así lograremos vencer esta macabra pandemia. Animo pues hermanos, en este sentido, el día del Corpus es una fiesta para todos. Pues su mensaje eterno nos libera. 

 

X ORDINARIO: LA SANTISIMA TRINIDAD

    Un pueblo de dura cerviz. Así nos describe Moisés. ¿Por qué dirá eso de nosotros?. La razón que se me viene al pensamiento es sencilla: somos muy tercos a la hora de entender, comprender y conocer el rostro del Dios verdadero. Incluso el mismo Moisés podría haber dicho de sí mismo esas palabras. Porque si prestamos atención a los textos sagrados de hoy descubrimos que Dios se presenta a sí mismo como:

 

  • Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.
  • Dios del amor y de la paz, amante de que nos saludemos y besemos, de que tengamos un mismo sentir y vivamos en paz. Un Dios que nos ama gratis y que hoy busca que vivamos en comunión unos con otros.
  • Dios que nos ama tanto que entrega a su Hijo único para no perezca ninguno de los que se dejen amar por Él. Un Dios que nos quiere regalar su vida eterna. Un Dios que no ha mandado a su Hijo a juzgar al mundo sino a salvar al mundo. Que sólo pide que creamos en su amor, eso le basta.

 

    Si bien lo que nosotros pensamos es que Dios es inclemente, desleal, iracundo, justiciero y vengativo. En vez de pensar que Dios ama la paz, le pedimos que nos haga ganar nuestras batallas y nos de la victoria frente a nuestros enemigos porque nos gusta un Dios guerrero. En vez de creer en un Dios que nos quiere unir pensamos en un Dios tribal, el que bendice a mi tribu, el que nos divide en naciones y clanes, en un Dios que prefiere mi clan o mi nación a las demás, a las que considera malditas. El Dios guerrero y nacionalista, tan omnipresente hasta en textos bíblicos y en otras muchas presentaciones literarias. En vez de creer en un Dios que nos ama hasta entregarse en la Cruz por nosotros para que ninguno perezcamos sino que tengamos su vida eterna, creemos en un Dios que viene a juzgar y a condenar y no a salvar. En el Dios de los Infiernos. El Dios del miedo. 

    Si alguien duda de esto último basta repasar las publicaciones que en esta pandemia se han dado por parte de algunos llamados a sí mismos “religiosos”, tildándola de castigo divino. Estás obtusas mentes quisieran que Dios en vez de desear que creamos en Él, nos lo impusiera por medio del miedo a su poder monstruoso capaz de destruirnos con una sola de sus rabietas infantiles. Dudo incluso de que alguno de ellos, no desee en su fuero interno, restablecer la funesta inquisición que me niego a llamar “Santa”. Y son los que gozarían con la destrucción de “los infieles” que ellos consideran basura. Incluso algunos hasta creen que Dios les es propicio cuando matan a los demás en su nombre. Se sienten y creen los terroristas de Dios. 

    ¿Cual es la razón de todo esto? que confundimos nuestro modo, torpe, raquítico y pequeño de ver a Dios, con el Dios verdadero. Una cosa es Dios y otra nuestro “teísmo”, es decir nuestra comprensión de Dios. De ahí que seamos un pueblo de dura cerviz, así que dinamitemos nuestros teismos (a veces por ello conviene ser siempre un poco ateo para permitir que el Dios verdadero pueda asomar su rostro libre de deformidades). 

    Dios no manda plagas, ni bendice la división, ni la confrontación, ni castiga ni juzga, ni goza con el terrorismo o las guerras o purgas en su nombre, Dios ama. Es amor en las alegrías y en la penas, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, y quiere hacer eterno en el universo. Y no impone nada, invita a creer en su amor. Eso es todo. En este Dios merece la pena creer amigos con pandemia o sin ella: ¡Ánimo Pues!.

 

PENTECOSTES

    ¿Como es posible escuchar la voz del Espíritu Santo? ¿Como podemos entender su lengua misteriosa? No es tarea fácil. Pues hay que mirar no hacia afuera sino hacia adentro de uno mismo, cosa que en nuestra frívola y distraída sociedad, no solemos hacer con frecuencia. 

    Según Jaspers el ser humano suele mirar hacia adentro de sí, abandonando la superficialidad, en lo que él llamaba: las situaciones límite (la experiencia del mal en cualquiera de sus manifestaciones, los sufrimientos y la vivencia de la muerte de un ser querido o de la propia defunción). Pues nuestra existencia en esos momentos es puesta al límite de sus fuerzas, y en esas ocasiones es más necesario que nunca encontrar aliento, para no “desalentarse”. Pues en esto consiste la diferencia entre subsistir y no hacerlo. ¿Os suena amigos que hemos padecido y aún padecemos los efectos de esta macabra pandemia? Y encima confinados, aislados, sin muchas cosas, y hasta comprobando como dice un gran amigo mío (mi querido José Miguel), que hasta sin futbol es posible vivir. Con mucho tiempo, para uno mismo y sus circunstancias. 

    Así que cuando dejamos de estar aturdidos por los ruidos de fuera, nos ponemos en situación de escuchar. Pero la mente humana es un coro de voces, algunas incluso, alocadas. ¿Cual de ellas es la del Espíritu Santo?. 

    Las Escrituras ofrecen hoy varios criterios para descubrirla, y lo hacen con profusión e inusual riqueza. Pues con esta gran solemnidad finaliza el hermoso tiempo de Pascua.

    No está la voz del Espíritu en la soberbia y la vanidad. No esperes encontrar su aliento en la búsqueda del relumbrón o el alarde de la egolatría. 

    No está la voz del Espíritu en las recomendaciones a la uniformidad donde la idiosincrasia personal se desvanece.

    La voz del Espíritu alienta en el anhelo de mirar más allá de lo que vemos y tocamos, aunque eso suponga subir montañas, o afrontar terrores inmensos. Pues es ese viaje interior, el que nos abisma a la aventura de la fe en todo lo que existe, y nos convierte en miembros de un pueblo que no se conforma sólo con vivir, sino que desea vivir en plenitud. 

    La voz del Espíritu alienta en la esperanza sin límites en medio del sufrimiento y de la muerte. Pues el Espíritu alienta siempre a esperar contra toda esperanza, a mirar más allá de todo, al horizonte infinito. 

    El Espíritu invita siempre a dar vida, y nunca a causar la muerte de lo vivo. Jamás lo encontrarás inmerso en la cultura de la muerte pues ni los egoísmos y ni los odios asesinos lo expresan. 

    El Espíritu Santo habla muchas veces por voces inesperadas, la de un niño, la de un joven, la de un anciano, la de una mujer o la de un esclavo. Pues todos podemos ser altavoces de su palabra. El Espíritu no es patrimonio de uno sólo. Se muestra en el sentido de la fe que todo el pueblo de Dios tiene. El Espíritu es demócrata. Así que lejos de encerrarte, vive en la escucha atenta de los demás. Porque en sus palabras aunque ellos lo ignoren, la musicalidad del Espíritu no para de resonar.

    La voz del Espíritu no cesa de resonar en los gritos de liberación que la creación no para de alzar. En sus dolores de parto. En sus anhelos de verse libre de tiranías. En nuestro clamor interior contra esta pandemia que mata a miles de personas en un sólo día, la voz del Espíritu se escucha, y el transforma en oración, nuestro gemido. Así que cuando ansías liberación por cualquier cosa, el Espíritu de Dios está hablando en ti. 

    La voz del Espíritu resuena en tu sed de paz, de alegría, de esperanza, y de amor. La voz del Espíritu está en lo que sacia tus ansias, tu profunda sed de felicidad, que es mucho más que el mero goce fugaz de la satisfacción inmediata de tus deseos habituales. No le son ajenos, pero es mucho más que eso solamente. Pues del pan de cada día es preciso llegar a la necesidad del Reino de Dios. 

    La voz del Espíritu resuena en ti cuando buscas la universalidad, donde siendo cada uno quien es, todos viven unidos en una profunda comunión de amor. El Espíritu de Dios de lo local nos lleva a lo global, porque lo local sin lo global se empobrece. No basta para el Espíritu una tribu familiar. El tribalismo no es del Espíritu. Del Espíritu es la globalidad. Porque gracias a que todos compartimos un mismo y único misterio, todos, somos una sola familia humana. 

    Por eso la voz del Espíritu igualmente habla siempre en todo lo que te impulsa a buscar y favorecer el bien común. En la economía, en la sociedad, en la política, en la cultura, en la ciencia, en la filosofía o en la misma religión. Cada uno puede aportar su riqueza particular, para que el bien compartido reine entre todos. El Bien Común es sinfónico. Esto es, se construye con la participación del instrumento y la voz de cada uno, que cuando alcanzan la armonía, llenan de la preciosa música del bien para todos, la convivencia humana. Leed la doctrina social pontificia y entenderéis que la igualdad y la libertad son hijas de la fraternidad, pues sólo ella busca y consigue el bien común. Ni el comunismo soviético ni el capitalismo salvaje nos han conducido a él. Juan Pablo II fue con Pablo VI un profeta de esta gran verdad para todos. Y Francisco prosigue en esa andadura que le lleva a ser tildado de “antisistema” por voceros mediáticos de uno y otro espectro.

    El Espíritu Santo nunca causa inquietud, angustia, duda o miedo. El Espíritu Santo provoca la paz. El Espíritu es paz para el propio corazón y para la comunidad humana. Cuando la paz es rota, en el anhelo de recuperarla es el Espíritu quien grita. El Espíritu es perdón, reconciliación y nuevas oportunidades, sin cesar. 

    El Espíritu es la voz que te invita a usar tus llaves para abrir las puertas de tu vida siempre al amor y a saber usarlas también para cerrarlas siempre al desamor. 

    ¿Ves? No es imposible escuchar su voz. Sólo hay que educar el oído. Y la Escritura lo hace, hoy con verdadera generosidad. El Espíritu es libertad, es incontrolable, porque es Dios vivo hoy con nosotros, actuando sin cesar, en todo lugar, en todo momento, y en cada uno de nosotros, en el todo y en la parte, y lo sepamos o no, lo respiramos. Podrás no conocer la composición o las valencias atómicas del aire, pero aún así lo respiras. Así es este aliento divino. Por eso decimos que la conciencia personal es su altavoz. Y esto no gusta nada a los que gustan de convertir a los demás en sus sombras. Pero el Espíritu es Dios hoy. Y éste Dios está con todos y en todos. Pues en él todos vivimos, nos movemos y existimos: creyentes y no creyentes.

    Así que no te lo pierdas más. Esto es otra cosa. Esto no es simple religión al uso. Escucha su voz y te llenarás de su gracia. La mente que escucha su voz, mueve el corazón en sintonía con Él, y éste crea una conducta luminosa para él y para todos. Ese es hoy nuestro nuevo Pentecostés.  Y en medio de esta oscura situación en que vivimos, aún lo necesitamos más, así que: ¡Al lío! ¡Ánimo pues hermanos y amigos!. 

 

LA ASCENSIÓN

    Siempre nos han dicho que los creyentes somos una sombra. Una sombra de otro. Y que por tanto nuestra vida no es una existencia verdadera, sino una suerte de alienación, esto es, un “postureo”, un decorado, pero sin consistencia propia ni autenticidad alguna, un desperdicio de vida, que no ha llegado a madurar, persistiendo en un infantilismo perpetuo. De modo que según quienes así piensan el único que viviría sería Jesús y no yo, o tú, o cada uno de nosotros. Algunas palabras de Pablo se han interpretado de esa manera. 

    Por eso es importante comprender bien a Pablo, y no sólo un texto suyo, separado del resto de todos sus escritos. Lucas pone el dedo en la llaga. No hay presencia física de nadie entre nosotros, de modo que es imposible ser sombra. Sólo hay un Espíritu que puede o no recibirse, al que se puede escuchar o no. Hay una presencia que no condiciona, ni impone nada. Sólo propone. Sólo trata de seducir. Pero que reclama y requiere un tú verdadero ante Él que le responda, sin dejar de ser el mismo. Pues lo que pretende este Espíritu es dialogar. Y para hacerlo no se puede tratar con una máscara sino con alguien auténtico, único, irrepetible. Nadie puede desposarse con una sombra. Sólo es posible hacerlo con una persona plena de idiosincrasia singular totalmente distinguible de los demás.

    Tratar con Dios no es ser una sombra suya, sino disfrutar de un diálogo enamorado con Él. Lo cual exige el mayor grado de madurez del mundo. Donde del egocentrismo es destruido y superado por completo. Por eso hay experiencias religiosas auténticas, otras falsas, y otras muy necesitadas de crecer y madurar. 

    Qué bien lo hace Dios Padre con llevarse a Jesús corporalmente presente de entre nosotros. Para que podamos crecer. Cortar el cordón umbilical. Dejar atrás la infancia, y tras la juventud, caminar hacia la madurez, donde nadie se difumina, sino donde todos se entregan compartiendo entre ellos, su inmensa riqueza. La infancia es fusión. La juventud convulsión. Y la madurez es comunión. Jesús nos dice muchas veces que necesitamos que se vaya para crecer. En el Evangelio de Juan se ve. Por eso Lucas pone en boca de los ángeles una llamada preciosa a crecer y madurar. Dejad de ser sombras y poned en juego vuestra riqueza personal al servicio del propósito del amor desbordante. 

    Así que no somos ni unos inmaduros, ni unos equivocados, ni unos neuróticos, ni unos alienados por afrontar esta crisis pandémica, escuchando la voz del Espíritu de Jesús entre nosotros. Porque como Pablo nos enseña éste Espíritu, si queremos, nos inunda de sabiduría y revelación para conocer, ilumina los ojos de nuestro corazón en este tiempo convulso, nos hace comprender la verdad y el fundamento de la esperanza y de su necesidad en esta hora oscura, y nos regala su fuerza poderosa porque la necesitamos más que nunca. Como ocurre en los matrimonios entre dos personas, el flujo de valores entre ambos es constante, y uno fecunda al otro, en el colmo del altruismo. Si quieres comprender como relacionarte con Dios, que hoy y mañana será ya Espíritu ardoroso, piensa en un matrimonio enamorado, y entenderás como hacerlo. Y un matrimonio como ese reclama madurez y no infantilismo. El Espíritu es fuego y viento, y ni el uno ni el otro, tienen sombra ni la causan. Porque el viento te acaricia, y el fuego de entre las sombras saca tu rostro precioso para hacerlo visible. 

    Por eso en esta relación sé tu mismo. Y entrega la riqueza de tu yo más íntimo voluntariamente al Espíritu Sagrado que te ama para que fluya la vida. Recuerda el cantar de los cantares o el cántico espiritual de Juan de la Cruz, y entenderás lo que te digo.

    Así que no vaciles. No eres una mentira ni un desperdicio de vida. Simplemente eres una persona que ha optado por no darle con la puerta en las narices a un Dios que un día se hizo hombre total y verdadero para darse a conocer de una vez por todas, harto de que las religiones y las filosofías deformarán su verdadero rostro. Y una vez que su presencia física finalizó como la de cualquier humano, su aliento enamorado perdura. Porque está vivo por los siglos. Los que se niegan a aceptar tratar con Él, están en su derecho, pero como ya os dije, ese aliento como el aíre los envuelve hasta que decidan o alcancen a comprender como podrá ser tratar con este misterio alentador. Pues este amor en expansión es para todos como Jesús nos dice. Sin exclusiones. Hasta para los ateos que creen que estamos equivocados. También para ellos hay sitio. No vaciles amigo  es esta hora amarga y oscura, porque el Espíritu de Jesús, te enseña, te guarda, y está contigo y con todos, todos los días hasta el fin del mundo. Así que cuando te quiebres, amigo, recuerda esto. Ánimo Pues tesoros. 

 

VI PASCUA

    ¿Quienes son los que contagian la Pascua a los demás? ¿Quienes son una Pascua viva? Las Escrituras hoy los retratan. 

    Son esa gente dinámica que con sus acciones y sus palabras llenan el mundo de alegría, y como el sol hace con la noche, con su forma de ser, expulsan la tristeza de su presencia, llenando el corazón de los demás de júbilo, aunque sólo sea por unos instantes.

    Son esa gente que razona a favor de la esperanza. Esas personas que no flaquean nunca a favor del pesimismo. Son luminarias en medio de la oscuridad. Son los que buscan razones aún en medio del sufrimiento, para no perder nunca la esperanza, en medio de tales situaciones. Son los que fuertes en la tribulación no cejan en el empeño de luchar contra toda suerte de desesperación, con una paciencia inflexible. 

    Son esa gente que ama sin cesar. Llevados de la convicción de que si amas puedes hacer lo que quieras porque todo lo haces bien. Estas personas pueden ser desacreditadas, ridiculizadas por los demás y hasta perseguidas. En cambio, incansables, no cejan en el empeño del amor. Y por eso pasan por el mundo siempre haciendo el bien. He ahí su grandeza humana. 

    

    Son esa gente que nunca deja huérfanos a los demás. Son esa gente que siempre vuelve. Son esa gente que siempre está contigo. Son esa gente que sólo somete su libertad al imperio del amor como te dije antes. Pues si la libertad ha de estar supeditada al imperio de la verdad, es preciso tener muy claro que la Verdad, con mayúsculas, es el Amor. Y todo lo que no nazca de él, viva en él y tienda hacia él, es pura mentira. Los amigos del amor son los amigos de esta gente que como levadura esponja el mundo.

    Son esa gente que llena de un Espíritu Nuevo, no parece gente de este mundo. Son un mundo nuevo que pugna por nacer, en medio de tanto egoísmo y tanto odio. Son gente cuya única meta es lograr la glorificación de todo y de todos. Porque esta gente jamás permitirá que todo se convierta en un infierno, mientras que en sus pechos haya un mínimo aliento.

    Si os dais cuenta Jesús es la Pascua Sagrada habitando entre nosotros. Lo fue ayer, lo es hoy, y lo será siempre. Pero tú y yo, si nos dejamos imbuir de su Espíritu, también podemos serlo para los demás.

    Pascua, como canta el Salmo de hoy, es pasar de la esclavitud a la libertad, de la condenación a la salvación, de la muerte a la vida, del sufrimiento a la dicha, de lo malo a lo bueno, de lo falso a lo verdadero, de lo feo a lo bello. Y hoy como siempre nuestro mundo enfermo hasta sus raíces más íntimas y ordinarias necesita pasar de la pandemia y sus macabros efectos en todos los órdenes, a la salud y sus alegrías. Y lo necesita tanto como en los años cuarenta del siglo pasado, necesitaba pasar de la guerra a la paz mundial. Y gente que es pura Pascua de carne y hueso, es lo que más necesitamos hoy en esta hora amarga.

    Así que no perdemos de vista esta llamada de atención que las Escrituras nos dirigen. Los que no están lejos del Reino de Dios viven así, y lo sepan o no lo sepan, tienen a Cristo Jesús a su lado. Ánimo y fortaleza hermanos: Si Cristo ha vencido al mundo, al resucitar de entre los muertos, también nosotros venceremos juntamente con Él. Seamos una Pascua Viva en el mundo hoy. No perdamos la senda que lleva a la luz. Ánimo pues hermanos. 

 

V PASCUA

    Amigos míos, la Palabra de Dios en esta hora tenebrosa en la que estamos inmersos, nos orienta para que no nos perdamos en medio de esta noche oscura.

    Por eso nos ofrece varias enseñanzas que debemos escuchar con atención. No hacerlo es suicida.

    En los Hechos se nos dice que la oración y la Palabra son fundamentales en momentos como éste. Siempre lo son, pero ahora más. Pues muchas veces vivimos inmersos en el quehacer diario. Eso nos distrae. Eso nos ocupa. Y a veces llevados de nuestra hiperactividad no dedicamos tiempo a lo que nos llena de esperanza y a lo que otorga sentido a nuestra vidas. Y no basta vivir, es mucho más importante saber porqué se vive. He ahí la diferencia entre vivir solamente o vivir en plenitud. Esto último es otra cosa. Y eso requiere de cuidado. Sin espiritualidad el ser humano vive la vida de una planta. Y aunque eso es hermoso, para un ser vivo con la capacidad mental del ser humano eso no basta. No os conforméis con poco pudiendo aspirar a mucho. Esta época ha puesto de manifiesto que necesitamos saber por qué y para qué vivimos. Y eso no se encuentra en el estante de un comercio. 

    Pedro sale al paso de otra cosa que en este tiempo nos ha acompañado cada día: la soledad forzosa. La soledad es una sensación constante. Nacemos y morimos solos. Pero podemos reaccionar frente a ella. He ahí la clave para vencer su imperio. Es importante empeñarse en que yo soy parte de algo. La lucha contra el vacío solitario se demuestra empeñándose en vencerlo. Es preciso trabajar para destronar a la soledad. Y eso se logra sabiendo que uno forma parte de un pueblo, no uno cualquiera, sino del Pueblo Santo de Dios. Uno es en él, una piedra fundamental que lo construye y desarrolla. El Espíritu Santo es quien despierta en el corazón humano dicha conciencia. Y cuando preferimos escuchar su voz, frente a otras voces funestas, nos sabemos miembros de una gran comunidad, con nuestro lugar, que nadie puede ocupar, pues ese sitio tiene para ti y para mí, nombre y apellidos. Nunca estaremos solos si escuchamos su voz y la creemos.

    El Evangelio nos ofrece tres lecciones más. La primera es que no debemos ceder nunca al miedo y sus temblores. Sentir miedo, no es ser cobarde. Cobarde es el que se deja dominar por él. Contra el miedo se lucha. Y esto se hace cuando se tiene una fe más allá de todo miedo. “Que no se turbe vuestro corazón, creed en el Padre, creed en mí”. Cuando creemos en Jesús, nunca tendremos la sensación aneja a la que brota de pensar que caminamos hacia la nada. Con Jesús siempre caminaremos hacia la Vida en Plenitud. Esa es nuestra verdad, y ahí los miedos no deben anidar nunca. Aunque alguna vez se paren en una de nuestras cornisas.

    La segunda es que aunque creamos conocer el Evangelio, nunca lo conocemos lo suficiente. De ahí que insistir en su conocimiento, nos descubre siempre nuevas facetas del gran misterio que vivimos. Cuantas cosas hemos aprendido en este tiempo porque escuchamos su voz maravillosa. Sin esa voz, este tiempo hubiese sido terriblemente oscuro. Por eso es importante tener siempre un oído puesto en el Evangelio. Porque una sorpresa nos aguarda siempre, en cada rincón, y en cada momento de la vida. Y esas sorpresas, a veces, son definitivas a la hora de superar múltiples baches y quebrantos.

    La tercera es preciosa. Qué lejano nos parece Dios en muchas ocasiones. Y qué equivocados estamos por nuestra ignorancia. ¿Tú sabes que estás inmerso en el mismo corazón del Padre Dios cada uno de los días de tu vida estés triste o alegre, estés sano o enfermo, estés sufriendo o seas feliz, vivas o estés en trance de morir?. ¿Y por qué? Muy sencillo porque estás unido a Jesús el Cristo. ¿Como es eso posible dirás? Porque el Espíritu Santo lo hace posible. Tú y Jesús Vivo y Resucitado sois uno. Si crees en Él, si esperas en Él, si lo amas, eres uno con Él. Y eso es así porque el Espíritu que es como el aire, está en todos a la misma vez y en múltiples lugares. Si respiras el aire está dentro de ti, dándote vida, si no lo haces, aunque no lo respires, te envuelve a la espera de que decidas respirarlo. Nunca te abandona. La analogía nos permite comprender este misterio desbordante. Así que nunca estás lejos de Dios, sólo si tú quieres lograrás que no entre en ti, más aún así, está siempre a tu lado. Porque no goza con ver como vives tu vida asfixiándote pudiendo respirar. Esa es su grandeza y su generosidad. La Trinidad es para nosotros la historia de como el ser humano se ha metido por puro regalo de Dios en el seno mismo de su vida divina. Ni la noche más oscura puede nunca separarte de su lado, como la cruz no pudo alejar al Padre de su Hijo, templo del Espíritu Santo. Y tú formas parte de ese templo, no olvides nunca la enseñanza de Pedro.

    ¿Merece o no la pena tener un oído puesto en Dios en medio de esta noche oscura? Lo que sientas aquí poco importa, porque si sabes lo que Dios te dice y enseña en medio de esta hora tenebrosa, siempre podrás hacer frente a los mil retos que esta situación te plantea. 

    Ánimo pues hermanos que ya falta menos que cuando empezamos, que no se quiebre vuestro temple ni se debilite nunca vuestra fortaleza. Os quiero siempre amigos. Bien sabe Dios lo mucho que os quiero a todos en Cristo Jesús.  Y en esta hora tenebrosa mucho más. Ánimo pues. 

 

IV PASCUA

    Las expresiones contenidas en las Escrituras que se nos proponen hoy, guían nuestros pasos para escuchar la voz de Jesús resucitado en esta Jornada, el domingo del Buen Pastor. 

    En los Hechos oímos: “escapad de esta generación perversa”. En el Salmo escuchamos: “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. En la carta de Pedro se nos indica: “Cristo…nos ha dejado un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Y por último en el Evangelio resuena alto y claro: “los ladrones y los bandidos  entran para robar y matar y hacer estrago,.., pero yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”. 

    No es fácil vivir en plenitud. Y la razón es sencilla, hay formas de pensar, de sentir y de actuar que lo impiden. Si llamamos “paradigma” a ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas, podemos afirmar que hay paradigmas perversos. Porque nos hacen caminar por cañadas oscuras. Esos paradigmas se comportan en nuestro interior como ladrones y bandidos, y cuando se adueñan de nosotros nos roban, nos matan y hacen estragos con nuestra felicidad. 

    Da igual de qué se vistan. Da igual de qué se disfracen, cuando te impiden ser feliz, o sea, vivir en plenitud, ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas deben ser evitados y rechazados, para seguir el ejemplo de Jesús. Porque Jesús no destruye, sino construye. No roba, da. No mata, resucita. No es perverso, sino amor hasta el extremo. No hace estragos, te hace vivir en plenitud. 

    Por eso cuando alguien te diga: “Dios hace o dice o quiere esto”, párate y pregúntate: ¿eso que esta persona me dice me hace pensar, sentir y actuar de una forma que mi vida sea una vida abundante, o sea, una existencia plena? Y si en tu conciencia oyes un ¡No!, no lo disfraces. Simplemente no hagas caso del que te destruye. En cambio si en tu conciencia oyes un ¡Sí! No lo niegues, escúchalo y actúa en consecuencia.

    Así que ahora vuelve tu mirada al momento vital que nos aflige. Oímos muchas voces. De todo tipo. Considera todos esos paradigmas, todos esos conjuntos de ideas, de sentimientos y de actitudes, y escucha la voz de tu conciencia, cuando los oyes. ¿Oyes plenitud o destrucción?. Hay ideas destructivas, sentimientos tóxicos y actitudes equivocadas. En ellas no está el Santo Espíritu de Jesús. Escapa de esos paradigmas perversos.     

    El ejemplo de Jesús no te lleva tras ellos. Así que si en medio de esta cañada oscura, llamada pandemia, no quieres ser presa de infinidad de temores, vive acompañado de lo que te hace vivir tranquilo, come en la mesa con paz enfrente de tus enemigos, agárrate con tu mente, tu corazón y tu conducta de aquel cuya vara y cuyo cayado te sosiegan. No te dejes guiar por cualquiera. Pues no todos llevan por el sendero justo. Buen pastor de tu mente y de tu corazón, será aquel que te haga recostar en verdes praderas, que te conduzca a fuentes tranquilas y que repare tus fuerzas.

    Os mentiría si no os dijera a todos que a quien yo oigo y a quien yo sigo, tiene nombre y rostro, y se llama Jesús el Cristo. Él es mi Señor y mi Dios. Él es mi buen pastor. Él me enseña a vivir en plenitud. Y en medio de esta pandemia su bondad y su misericordia me acompañan en los días de mi vida, por eso quiero habitar en la casa de su corazón por años sin término. 

    Así que cuidado a quien designáis como pastor de vuestra vida, aunque no tenga nombre porque simplemente pueda ser: o tu egoísmo o tu odio personal. No todos los pastores lo son, algunos simplemente son bandidos y ladrones que te impiden a ti y a los demás a vivir en plenitud. Evita todo aquello que no permite vivir en plenitud a todos. La vida en plenitud es un bien común. He ahí la clave de todo. Ahora y siempre. 

    Ánimo pues amigos. El Buen Pastor ha vencido al mundo para que nosotros también podamos vencer con Él ¡Aleluya!.

 

III PASCUA

    Qué cuesta arriba se nos hace caminar por el mundo, en circunstancias traumáticas como ésta. Con sensación de estar abandonados, solos, vacíos, sin ganas de nada, decepcionados, sintiéndonos engañados, errantes. Incluso enfadados hasta el extremo de encararnos con el que se atreva a preguntarnos qué nos pasa. La desesperación es lo que tiene. Y ella va unida de la mano de la impaciencia. Pues ésta no es otra cosa que “no saber esperar”. 

    Así marchaban hacia Emaús aquellos dos cuando Jesús se les unió en el camino. El corazón ciego, a oscuras, sin fuego, frío. Muertos en vida. Zoombies. ¿A quien le gusta una vida así? Sin ilusión, sólo vivimos por vivir. 

    Es posible que en medio de esta traumática situación que vivimos, en la que se conjugan sentimientos destructivos a borbotones, hijos del miedo, de la decepción y hasta del enfado y de la rabia (porque ir contando los muertos de mil en mil y llevar mucho tiempo haciéndolo conlleva ese desgaste), nos incapacite para ver la salida de este oscuro túnel. Y aunque encontremos testigos de la esperanza, nuestros oídos se endurecen para escucharlos.  

    Pero Pedro, en su carta, nos enseña que esta forma de  proceder es inútil y que debemos combatirla, ejercitando contra ella nuestra fe y nuestra esperanza en Dios. No hacerlo supondría vivir de espaldas a Jesucristo que ha derramado su sangre para salvarnos. No luchar significaría tirar su preciosa sangre derramada a la basura. La historia, podrá ser difícil, trágica, dramática, dolorosa, y todo lo que se desee añadir, pero terminará bien. Dios está. Este enfoque esperanzado que nos fortalece es el propio de los cristianos. Como diría Pascal hay que jugarse la vida a favor de la carta de la esperanza, porque sólo con ella tenemos posibilidad de ganar algo, pues con la carta de la desesperación, nada ganaremos. Y ese juego sería inútil y absurdo.

    En los Hechos y en el salmo 15, se explica el porqué.  La injusticia se ha impuesto a la vida del Buen Jesús, ha muerto en una cruz, pero al tercer día ha resucitado y hoy es para nosotros fuente del Espíritu que nos resucita a nosotros. Y las palabras de David en el Salmo 15 se han cumplido en él. Y estás palabras son un reclamo hoy para nosotros católicos en estas horas amargas: “Tendré siempre presente al Señor, y con Él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte eterna, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida eterna, y sé que me saciarás de gozo en tu presencia”

    ¿Veis? por muy dura que se haga la ruta , si caminamos la senda con Jesús vivo y resucitado, si nos alimentamos con el pan de su palabra que parte para nosotros al caer la tarde, nuestro corazón iluminado arderá. Y el desaliento mortecino cesará y como fruto de la esperanza, la alegría y sus alientos renacerán. Nuestro destino es el Renacimiento. Tras la oscuridad renacerá la luz. Ese es el significado de la Pascua cristiana. Ese es el fruto del Espíritu de Cristo Jesús resucitado. Así que amigos y hermanos venzamos al llanto con la fuerza de nuestra esperanza y de nuestra fe inquebrantable. ¡Ánimo pues Pueblo Santo de Dios! Una tierra prometida nos espera. La Pascua dominical nos lo anticipa. 

 

II PASCUA

    Escuchar hoy la voz de Dios en la Escrituras me lleva a descubrir varios mensajes contenidos en ellas y que son un verdadero lujo para todos nosotros.

    En los Hechos de los Apóstoles se nos sugiere que en los tiempos que vivimos es fundamental no romper los lazos comunitarios. El confinamiento que se alargará en el tiempo puede aislarnos. Hoy disponemos de múltiples medios para que eso no pase. Podemos estar unidos en el amor, con mensajes constantes. Podemos escuchar las Escrituras, meditarlas y transmitirlas, a muchas personas que quizás precisen satisfacer su sed de aguas vivas oyéndolas. Los medios a nuestro alcance lo permiten. De hecho hemos renovado planteamientos catequéticos que en el futuro podrán cambiar nuestro modo de llevar nuestras reuniones. Algo insospechado hasta ahora. Podemos partir el pan con alegría, con el Papa o el Obispo diocesano a diario (menudo lujo) y escuchar la voz de nuestro cura a diario, cosa que quizás antes no hacíamos nunca. No era tan necesario como ahora, pero eso también nos acompaña. Oramos incluso en común, cada cual en su cubículo, pero a una hora y con una misma intención. Quizás no habíamos orado tanto juntos desde hacía mucho tiempo. Y podemos compartir, de hecho lo hacemos, apoyando a gente que lo necesita. Cáritas sigue funcionando de una manera distinta pero igual de efectiva según sus fuerzas, y eso es admirable. La comunión espiritual y la contricción como modo de perdón de los pecados, que eran enseñanzas arrinconadas en el catecismo, en este momento presente han despertado y se han puesto a funcionar, y las experimentamos y nos mantienen en la fe. Si estaban ahí era por ocasiones como esta que hasta ahora gracias a Dios no han sido frecuentes, aunque si se han dado. Pensad en los años de la guerra, y lo entenderéis. Las iglesias no solo fueron cerradas sino en muchos casos destruidas. Los japoneses durante siglos vivieron su fe sin clero: esto es sin Misa, sin confesar, sin unción de enfermos, sin orden sacerdotal, sin Confirmación y los misioneros en el siglo XIX los encontraron allí, incólumes, se habían mantenido con el bautismo y el matrimonio, y poco más. Este tiempo nos hace comprender que la comunidad cristiana es mucho más que el clero. Es una época de privaciones sí, pero también de liberaciones. Liberación del clericalismo. Sin clérigos omnipresentes la Iglesia sigue viva, y el laicado, puede hacer maravillas. Después de todo, ese era el principal objetivo de este curso pastoral, hasta que el caos como me gusta decir, ha puesto patas arriba todo este universo de trabajo diocesano en el que estábamos inmersos. La intercomunicación es básica en momentos así, y la capacidad de reacción también, y en eso estamos reaccionando bastante bien. La comunidad no ha muerto, solo está dispersa en sus hogares, pero unida en Cristo Jesús, quizás más que nunca.

    Pablo y el Salmo, nos vuelven a destacar la importancia de la esperanza, más allá de lo que vemos y tocamos. A Jesucristo lo amamos, aunque no lo hemos visto. Nuestra fe se está acrisolando como el oro en medio del fuego. Y el fuego es la pandemia cruel y sus efectos. La incertidumbre constante que genera en nosotros. Y las emociones que eso conlleva. Que muchas veces son tenebrosas, no hay por qué ocultarlo. Es lo que tiene ser acosado por una realidad desconocida que pone en jaque la normalidad total de nuestra existencia. ¿Como pretender pasar por esto y no padecer?. Es imposible. Pero ahogarse en el sufrimiento ¿es la respuesta? Para un cristiano no. Pues la cruz y el sepulcro no tienen la última palabra en la vida. Sino la Resurrección de Cristo. De ahí que la esperanza sea nuestro camino, no una esperanza cualquiera, sino una esperanza contra toda esperanza, y su fundamento es claro: el amor a Jesucristo a quien no vemos ni tocamos. Y en una crisis como esta, la fe muchas veces se queda desnuda en medio de la desolación. Conocer a Juan de la Cruz y a Ignacio de Loyola pueden ayudarnos mucho en esto.

    Por último el Evangelio nos muestra el camino para encontrar la paz. Creer en Jesús sin ver. Si no renunciamos a ver el final del túnel en esta situación no sabremos lo que es ser dichosos. Si queremos tocar el fin de esta crisis a cada paso, nos privaremos de hallar la paz del corazón. Renunciar a tocar el fin de esta pandemia constantemente, supone luchar contra la incredulidad que nos roba la paz. Jesús nos enseña que hay futuro, aunque no lo vemos. Jesús nos dice que ha vencido y que también venceremos, nos lo dice con palabras hermosas: “En el mundo tendréis sufrimientos terribles  pero ¡Ánimo Yo he vencido al mundo!”. Pero no lo vemos ni lo tocamos. Como cuando en el vientre materno no veíamos el mundo que nos aguardaba, pero el mundo estaba ahí: esperándonos. Eso es la fe. Ser Tomás en estas circunstancias ayuda muy poco a encontrar la paz. Y esto es válido para un ateo. Porque después de todo, Tomás, se negaba a ser creyente. 

    Paciencia y paz van unidas. No existe la una sin la otra. Por eso la dureza del momento que vivimos que nos impacienta constantemente, de ahí, nuestra constante inquietud. Si no somos capaces de pretender constantemente ver el final de esta reclusión. ¿Si dura nueve meses un embarazo, y en él estuvimos confinados, porque no vamos a ser capaces de superar esto?. Así que invoquemos al Espíritu constantemente en este tiempo, Jesús “lo soplará sobre nosotros”, si se lo permitimos y nos fortalecerá. Y gracias a eso, seremos capaces de superar este duro tiempo de gestación. Vamos a nacer de nuevo, después de esto, no lo olvidéis, bien aquí o bien más allá. Y gestarse requiere su tiempo. Así que puedes vivir en un lamento constante o empeñarte en alumbrar tu nuevo ser. De ti depende. ¿Mi consejo? Escúchalo a Él constantemente y Él te llenará de su Espíritu, lo demás se te dará por añadidura. Al menos así me pasa a mí, ojalá y que también pueda ocurrir también contigo.

 

DOMINGO DE PASCUA

    Hermanos, esta pandemia pavorosa que nos está crucificando no tendrá la última palabra en la vida. Esta pandemia macabra que nos ha sumergido en un silencio ensordecedor no es el final del camino. El Viernes Santo y el Sábado Santo han pasado. Ahora es Domingo de Pascua.

    Por eso: Hoy resuena alta y clara en nuestras mentes la palabra de aquel que estuvo muerto y ahora vive por los siglos. Y Él nos dice a todos, ya por fin libre de cruces y sepulcros: “¡YO HE VENCIDO, Y VOSOTROS TAMBIÉN VENCERÉIS, NO TEMÁIS! ¡ALELUYA!”. 

    Es la Pascua Sagrada hermanos. Y Pascua significa “pasar de la esclavitud a la libertad”. Por eso en estos tiempos en los que un virus nos tiene esclavizados y nos oprime es importante oír la voz del Resucitado que resuena con inmenso amor esta noche y este día sin par en todo el año litúrgico, pues ni siquiera la noche santa de la Navidad se le iguala. 

    ¿Y qué nos enseñan las Escrituras hoy? Que la vida vence a la nada porque el universo brota del caos. Nos enseñan que la vida vence al integrismo religioso que destruye la vida humana en nombre de “dios”, porque Dios desea lo contrario. La gloria de Dios está en que el hombre viva. Nos enseñan que la vida vence a la esclavitud y a los esclavistas, porque en la tierra prometida no tienen derecho a existir. No hay lugar para ellos. Nos enseñan que la vida vence al terror y a la opresión, porque ha sido hecha para ser libre. Nos enseñan que la vida vence a la ansiedad perpetua y al sinsentido porque existe para ser satisfecha en su anhelo de plenitud. Nos enseñan que la vida vence al necio desamor que la destruye y que llamamos pecado, porque ha sido hecha para ser respetada, promovida y amada. Nos ensañan que la vida vence a la dispersión pues su futuro radica en hacer que todos descubramos que somos uno, nosotros, el planeta, todos los seres vivos, y el mismo universo. Nos enseñan que la vida vence los corazones de piedra y los convierte en corazones de carne. Hasta aquí el Antiguo Testamento. 

    El Nuevo Testamento va “hasta el infinito y más allá”. El Evangelio nos enseña que la vida vence el poderío eterno de la muerte y le hace perder su dominio. ¿La vida vence a la muerte? ¡Sí! En Cristo Jesús resucitado. Por eso en medio de esta hora tenebrosa al adorar a Jesucristo resucitado la vida vence al miedo con el vigor y la fortaleza, la vida vence a la tristeza y su llanto desconsolado con la alegría, la vida vence al desaliento con la esperanza, la vida vence a la duda y sus inquietudes con la fe, la vida vence a la nada y su vacío con la plenitud, la vida vence a la incredulidad con la sabiduría, la vida vence a la angustia malhumorada con la paz. La vida se hace más fuerte porque se convierte en amor hasta el extremo, y como Dios es amor, al divinizarse por amar, la vida se torna eterna. Y cuando se ve libre de las coordenadas del espacio y del tiempo, del mundo que no es Dios, se glorifica al revestirse del ser divino. 

    La palabra clave hoy mirando a Jesús resucitado es: ¡VICTORIA!. Así que mi consejo es que nunca dejéis de acordaros y de adorar a Jesús vivo y resucitado. Y menos ahora que luchamos contra este fiero enemigo que está arrancando de nuestro lado a miles de hermanos. Pero tranquilos. Porque es Jesús, el que estuvo muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, el que nos dice: “Ánimo pues hermanos, yo he vencido al mundo y sus muertes, esta peste, puede matar los cuerpos, pero nada puede contra vosotros, vuestro espíritu está a salvo”. 

    Si Cristo ha muerto y ha resucitado, nosotros que podemos morir en cualquier momento y por la causa que sea, también resucitaremos. Después de todo esta dura pandemia lo único que puede hacer es matarnos. Y eso aunque nos aterra como le ocurrió a Jesús en Getsemaní y en algún momento en la cruz, no es definitivo. La Resurrección de Jesús lo prueba. Por eso hoy más que nunca cree en su amor, espera en su amor y ámale como Él te ha amado a ti y a los demás.

    Por eso prosigue el Nuevo Testamento diciéndonos más cosas en este tiempo tan aciago. Nos dice sed testigos de la Resurrección y de su significado para los demás en este momento tenebroso. Nos dice dad gracias a Dios por su amor eterno manifestado en Cristo Jesús resucitado, y que esta tiniebla no aborte vuestros cantos alegres. Nos dice eliminad todos los “virus” que no os dejan vivir en plenitud. Eliminadlos de vuestra mente, de vuestros sentimientos, y de vuestro hablar y actuar. Desintoxicaos de lo que os mata, porque la gloria de Dios está en que viváis en plenitud, en abundancia. Y el virus nos vence si dejamos que envenene no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros espíritus. Nos dice que entendamos bien a Dios pues Él quiere la glorificación de la vida y no su destrucción o su mera provisionalidad precaria. Y para hacerte eterno quiere que como un esposo o una esposa, respondas enamorado que sí a su propuesta de esponsales para ser uno con él sin dejar nunca de ser tú mismo. El Nuevo Testamento nos dice que no tiremos la toalla en medio de estas dificultades o cualquiera otras. El Nuevo Testamento te dice que si desesperas, si caminas sin rumbo, si pierdes el norte, te indica que escuches a Jesús, pues el hará arder tu corazón, y con el fuego de su Espíritu recuperarás todas tus energías. 

    Así que hermano, en medio de esta tiniebla, esta es una Noche Santa, la noche de la Pascua, no te acuestes hoy acongojado, mira a Cristo resucitado y esboza la mejor de tus sonrisas. ¡Venceremos!¡Lo haremos! “El sudor, la sangre y las lágrimas” no serán nuestro destino último. Con ánimo y firmeza sigamos luchando sin echarnos atrás, amando a cada instante que es lo contrario que hacen los virus destructivos, eso es lo que nos ha enseñado Jesús estos días santos.  ¡No seas un virus que destruye vidas! ¡Ayuda a la vida y lucha por ella contra cualquier virus que quiera destruirla, cogido de la mano de Jesús! Pues para eso ha venido Él para sanar y salvar. Nunca lo olvides. ¡Feliz Pascua a todos! ¡Aleluya!. Que nunca decaiga el aliento, a pesar de los nervios, seamos más fuertes que ellos. ¡Ánimo pues amigos!.

 

VIERNES SANTO

    Hermanos hoy nuestros ojos se ponen en la Cruz y en la sepultura. En este segundo capítulo del triduo pascual, las Escrituras dirigen nuestra atención a esas dos realidades. Duras, muy duras, para los que hoy las vivimos en carne propia. Así que escuchemos la voz del Señor que nos habla por las palabras de las Escrituras.

    Isaias afronta un tema espinoso. De difícil comprensión para muchos. ¿Por qué el Padre quiere que su Hijo sufra ese amargo tormento? ¿tan cruel es necesita ver la sangre de su Hijo para sentirse satisfecho por el daño que le ocasionan nuestros pecados? Visto así Dios parece un monstruo. Alguien inmaduro a quien podemos herir con nuestras torpezas. Pero el problema no está en Dios sino en nosotros. En nuestra comprensión equivocada de los hechos. En nuestra interpretación. Tenemos con Él un serio problema de percepción. El evangelio proclama siempre de manera rotunda que Dios es amor y misericordia. ¿Como es esto compatible con la pasión de Cristo al parecer querida por el Padre?. Por una sencilla razón: si Dios nos amara y su amor consistiese en cerrar sus ojos para no ver nuestro mal, y las injusticias que con nuestros males hemos perpetrado, Dios sería terriblemente injusto. Injusto con las víctimas de la injusticia humana. ¿Quien daría satisfacción a las víctimas de la injusticia?¿Acaso tendrían que padecer sin más esos atropellos sin que los que los han perpetrado sufriesen castigo alguno? Los injustos se irían con las manos limpias de polvo y paja. Muy felices y orondos. Los sumos sacerdotes, Pilatos, la soldadesca, el populacho, el mismo Judas, quedarían impunes. Y todos los que han seguido sus pasos y hecho lo mismo con los demás, gozarían del mismo destino: la total impunidad. Pero la injusticia no puede quedar impune. ¿Ese amor sería verdadero? No lo sería. Por ello el Padre Dios ha decidido que su Hijo pague el precio de nuestras injusticias. Ya nadie podrá decir que el injusto no ha sido castigado. Lo ha sido pero en las espaldas de Jesús. O sea: Dios hecho hombre ha querido pagar el precio de toda la injusticia humana y sin merecerlo: sólo por pura generosidad. Dios nos ama con exceso. Para poder así salvar a los que no merecen ser salvados. Sólo pone una condición: acepta tu injusticia, llórala viendo el martirio que le ha supuesto a Cristo Jesús pagar por ella, y cambia de vida. Si lo haces de veras, sabrás lo que es la misericordia gratuita de Dios. Dios ha pagado por ti. Su amor no ignora tu injusticia, no te deja impune, carga tu castigo sobre Él, y así te muestra que te ama hasta ese extremo. Por eso el Siervo de Dios de Isaias, muestra a las claras, que el amor de Dios, no tiene parangón. Pues asume el castigo de mi injusticia para que yo no tenga que pagar por ella, y así, pueda salvarme. Amor como este no hay otro. Yo por ti para que tú puedas vivir. 

    Y ahora es cuando mis ojos se van a los sanitarios, a los servicios civiles, a los servicios que prestan tantas y tantas personas para sacarnos adelante en medio de esta atroz pandemia en la que nos han sumergido diciéndonos que era una gripe más, cuando este virus multiplica por diez la capacidad que la gripe tiene de contagiar y de matar. Esas personas, aunque nos han engañado, arriesgan su vida por mí y por ti, por todos, y son la viva expresión de Cristo sufriente, cargando sobre sí nuestra cruz, para intentar salvarnos a todos, a riesgo de su propia vida. Pues muchos de ellos se contagian y hasta mueren, y todo, porque están dispuestos a ocupar nuestro destino, si pueden salvarnos. Son Cristo. Son Dios hecho hombre. Y eso me maravilla, porque sin darnos cuenta, es Cristo quien nos socorre en cada uno de ellos, y eso los convierte en gente sagrada para mí. 

    Pablo y el salmo además me hacen ver a los ancianos que tanto están sufriendo esta pandemia. Porque son dejados de lado muchas veces, para poder salvar a otros. Y el criterio es simple: son ancianos, tienen menos posibilidades de salir adelante, y son rechazados con mucho dolor, pero dejados de lado, y caminan en medio de la pandemia, como ovejas destinadas al matadero. No hay medios suficientes para atenderlos a todos, ningún sistema sanitario está preparado para algo tan monstruoso como esto. Porque esto no es lo que sucede a diario. Cierto que algunos ancianos se escapan. Pero son muy pocos. La mayoría, se van. Un 40% de las víctimas son ellos. Pero ¿sabéis qué? Cristo está en ellos. Sufriendo su destino, y a gritos y con lágrimas habla al Padre en sus nombres, para que no se pierdan en un océano de indiferencia. Cristo los comprende como nadie, porque Él, paso por su situación. Fue despreciado, rechazado, ninguneado, condenado a muerte atroz. Esta es otra razón de que Dios hiciese pasar a su Hijo por el calvario: que nadie que sufra la injusticia del mundo o de los hombres, se quede sólo e incomprendido. Que nadie se quede abandonado. Así es como Dios interactúa con nuestro universo caótico sin vulnerar sus coordenadas para salvar en todo momento la verdad de nuestra libertad. Por eso Jesús no prometió que no sufriríamos ni tampoco que no moriríamos. Eso forma parte de existir fuera de la plenitud de Dios, en este marco de existencia que llamamos mundo. Lo que si hizo y dijo fue que nadie se quedaría solo de Dios ni en el sufrimiento ni en la muerte. Y que igual que Él resucitaría, los que como Él, sufriesen y muriesen y creyeran en su amor, vivirían para siempre. Así que dejemos de pensar en el “dios pagano” que salva de las plagas a unos sí y a otros no, llevado de sus caprichos. Dios no es injusto. Si fuese así de caprichoso, lo sería sin duda alguna. Nuestros torpes modos de hablar de Dios, crean ateos a cada paso. Y no permiten a los demás encontrar al Dios verdadero que nos llena de luz en medio de esta oscuridad.

    Por último de la pasión de Juan sólo resaltaré un detalle. La conversación con Pilatos. “Quien escucha mi voz encuentra la verdad”. Y es que en medio de esta pandemia sin escuchar la voz de Jesús es muy difícil, sino harto improbable, no sucumbir ante la tentación de pensar que todo es para nada, y que este universo nuestro, con nuestras vidas incluidas son una pura manifestación del absurdo. Dile tú a un padre o a una madre que la vida de su hijo o de su hija es absurda y fíjate bien en la mirada que te dedicarán sus ojos. Y entenderás que cuando se ama de veras, esa opción nunca es aceptable. Por eso Jesús crucificado, sufriente, muerto y sepultado, pero que ahora resucitado, vive por los siglos, es la verdad que el amor que profesamos a muchos, reclama desde el mismo día en que dejamos de ser simples brutos para convertirnos en personas. Su verdad nos permite ser rebeldes contra esta brutal pandemia y sus efectos. Y es esa verdad la que no nos permite lavarnos las manos como Pilatos, frente al dolor de los demás, sólo porque a mí o a los míos, no les esté pasando lo peor que en esta situación puede sucedernos, y que de hecho les está sucediendo a muchos otros. La verdad de Jesús es que la vida y el amor son más fuertes que la muerte y esa es la madre de todas las esperanzas, porque en mayor o menor grado, la esperanza supone eso. Saber que la vida es más importante que nada, y que conviene hacer cualquier cosa por arriesgada y costosa que esta sea con tal de salvarla. Incluso la de entregar la mía propia por salvar la de todos los demás. Eso es la cruz y no otro cosa. Cristo crucificado es una memoria subversiva en medio de esta pandemia y todas sus injusticias y crueldades, que nos impele a sacar lo mejor de nuestra humanidad para construir un mundo diferente en el que las injusticias no campen a sus anchas. Ocultar la verdad de una pandemia para defender la economía capitalista a costa del bien común, o para, no ser tildado de ser un régimen incapaz de controlar con eficiencia que este tipo de catástrofes humanitarias se produzcan, son actitudes hijas del Sanedrín, de Pilatos, de Judas, del populacho o de la soldadesca, pero nunca de Cristo crucificado, víctima de ellas. Y por ello memoria subversiva frente a ellas.

    Decidme: ¿es o no la Cruz una realidad que merece ser mirada con detenimiento en esta jornada de Viernes Santo que acontece en medio de esta catástrofe sanitaria? ¿Quién se atreve ahora a decir que los que adoramos a Cristo crucificado estamos poniendo nuestra atención cordial en una tortura macabra? Amigos Cristo crucificado es la proclamación subversiva de que las víctimas de esta injusta y macabra pandemia vencerán. Como bien dice el mensaje que nos ha enviado a todos mi querida Maruja: no hay ningún coronavirus que pueda vencer esta CORONA. La corona de espinas que ciñe la frente de Cristo Jesús nuestro rey victorioso y resucitado. No es nuestro destino final la sepultura o la hurna de cenizas. Jesús el Rey de reyes jamás lo permitirá. Así que cuando hoy grito ¡Viva Cristo Rey! quiero decir que todas las víctimas de esta macabra pandemia jamás serán olvidadas ni abandonadas, quizás sí por los hombres, pero jamás por Dios, y ese amigos es hoy el fundamento de mi esperanza contra toda esperanza. Ánimo pues hermanos. 

 

JUEVES SANTO

     Hoy nuestra atención se desplaza a un momento curioso al par que dramático: una Cena. Las Escrituras nos ayudarán a entender lo que os digo y el significado de este hecho, y como se cumple hoy en nuestra vida.

    Una cena dice el Éxodo. Una cena frugal: panes ázimos porque no hay tiempo para dejarlos fermentar, cordero asado a fuego,  hiervas amargas por ensalada, y vino. La muerte recorre las calles. Somos esclavos. Y nos disponemos a realizar un duro viaje. Así estamos nosotros, esclavizados, alimentados de aquella manera, rodeados por la muerte que se nos mete en casa sin cesar a través de teléfonos, internet, radio y televisión. Por eso es importante hoy, hacer fiesta, para soñar en el transcurso de nuestra cena, con la libertad que nos espera. La provisional y la definitiva. Soñar y esperar, animarnos para el duro camino, he ahí el cometido de nuestra Cena Eucarística. El Señor está con nosotros, y nada ni nadie nos podrá separar de su amor: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”. Porque su amor por nosotros es un amor hasta el extremo. Estamos cercados por la muerte hoy, y necesitamos este aliento, he aquí una razón por la que es importante no abandonar nunca esta sagrada cena y celebrar siempre la Eucaristía.

    Porque su amor alimenta nuestra esperanza contra toda esperanza, damos gracias en medio de un presente lleno de desgracias que hielan el alma. Y alzamos unidos la copa de la Salvación. Eso significa Eucaristía, acción de gracias, en medio de la oscuridad. Sí. Acción de gracias cuando nos vemos cercados por la muerte. El Salmo nos lo dice. Brindamos cuando la muerte traidora, se sienta entre nosotros, con el nombre funesto de Judas. Y lo hacemos porque no vamos a permitir que su feo rostro nos hiele el alma. Porque Dios está de nuestro lado. Y el que pudo sacar todo de la nada nos auxiliará. Su amor eterno, revelado en su disposición a dar la vida, nos lo revela y por eso le damos gracias. He aquí la razón básica para acercarse a celebrar la Eucaristía. Adoramos un amor como pocos. 

    Por eso Pablo nos da la clave de todo: cuando la muerte nos amenaza, nos acosa y fustiga, hacemos memoria de Jesús de su amor hasta dar la vida por nosotros, derramando hasta la última gota de su sangre preciosa: Sangre enamorada. Pues hacer memoria de su amor que fue más fuerte que la muerte, es lo que nutre nuestra esperanza, nuestra fortaleza, y nuestra paciencia frente a la tribulación. He ahí una razón importante para acercarse a celebrar la Eucaristía. 

    Así que mientras nos cerca la muerte, y habita entre nosotros, no tenemos más que un cometido en esta vida. Jesús lo enseña de manera preciosa en el Evangelio. Lavar los pies, es decir, servir. O sea amar y también dejarse amar. No sólo amar a los demás. Dejarse amar por los demás es importante. No seamos cabezotas como Pedro. Y mientras nos amamos, a “don Judas” que le den dos duros. El cometido de la vida es amarse y si es posible o necesario, hacerlo hasta el extremo. Y esto es válido para todo ser humano. En amar y ser amado consiste existir si es que quieres ser feliz. Si ríes hazlo por amor. Si lloras hazlo por amor. Del amor, decía mi Maruja, nunca sacarás nada malo. Ser un amor, y no un amo, eso es lo que Jesús nos enseña siempre. He aquí otra gran razón para celebrar la cena eucarística, entender la magnitud de su sacrificio enamorado por nosotros para alimentar nuestra capacidad de amar con su palabra y su persona hecha pan y vino, y posibilitar que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Llenarnos de su gracia. Dejarnos visitar por su Santo Espíritu. Pues que Jesús sea nuestro Señor, sólo significa, que convertimos al Amor con mayúsculas, en el Señor de nuestra existencia.

    Así que centrar nuestra atención en una Cena hoy, merece la pena. Porque es nutrirse de amor esperanzado mientras caminamos por este desierto en el que la muerte nos acecha. Por eso, no te hagas remolón como el maleducado al que hay que estar diciéndole constantemente: ¡Nene come que te hagas grande!. La vida no es una broma, es una aventura difícil y no podemos afrontarla de cualquier manera. Nutridos de amor pleno de esperanza sí. Ánimo pues Hermanos míos: ¡AMADOS!.

 

DOMINGO DE RAMOS

    Qué importante resulta, en estos tiempos, tener el oído espabilado que sepa escuchar como el de un iniciado una palabra de aliento. Los oídos abiertos a su Palabra (que se hace nueva cada día por acción del Espíritu de Jesús resucitado) nos ayudan sobremanera, no sólo a nosotros, sino a los demás. Pues lo que escuchamos para nosotros también beneficiará a otros, que incluso pueden ser muchos. Pues no sólo estamos abatidos nosotros sino también muchas más personas. Las palabras de Jesús resucitado hoy nos endurecen. Nos hacen fuertes como piedras, y nos inundan de una esperanza sin par para no sentirnos defraudados ni siquiera ante las puertas de la muerte misma. Resistencia y capacidad de aguante. Fortaleza. Eso infunde en nosotros su palabra si la oímos sabiendo que no es un texto muerto, sino la voz del Jesús vivo que por medio de su Espíritu, resuena en nuestros corazones con un vigor y una actualidad inusitados. Como una vez resucitado experimentaron los discípulos en el cenáculo o caminando hacia Emaús.

    Por ejemplo: ¿como nos sentimos hoy muchos seres humanos? Miremos a Jesús en su pasión y veremos que nos sentimos como Él, se sintió en aquellos amargos momentos. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando lo vendió un supuesto amigo suyo por 30 monedas de plata? Ahora lo que les preocupa mucho a los poderosos más que las personas es como va a afectar esto a la economía. De hecho no se decretó antes el confinamiento para no dañar la buena marcha del dinero, aunque eso supusiese el contagio y la muerte de miles de personas por todo el mundo.  Y los famosos ERTES han venido a reforzar aún más esta sensación de que las “perras” lo son todo. El que debe cuidar de ti te vende. Así que tu enfado es el suyo. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús teniendo que compartir mesa y mantel con quien lo ha vendido y encima hacerle partícipe de su amor hasta dar la vida y derramar su sangre por él? Beber vinagre es poco. Quizás te toque este tiempo convivir con alguien a quien no te resulta nada fácil poder tragar, y con quien sólo eres capaz de vivir a su lado, porque tenéis tiempo sobrado para descansar uno de otro. Pues si te sientes así que sepas que Jesús, también pasó por eso. Y es capaz de entenderte.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando sus amigos lo dejaron solo a las puertas de su cruz? Se entristeció y se angustió. Así lo dice el texto. Una soledad opresiva, inquietante, demoledora. Porque estaban sí, pero dormidos. Incluso después lo negarían, como si no le conocieran. O  imagínate si te ves teniendo que afrontar situaciones muy duras y difíciles en completa soledad, sí o sí, sin poder cambiar nada. A veces se nos olvida que Jesús camino de la cruz, no fue defendido ni auxiliado por el falso “dios” milagrero, que viene a romper la independencia del universo con su intervenciones caprichosas (para unos sí y para otros no). ¿Te oprime tu soledad? Pues alguien que pasó por ello es capaz de comprenderte.

    ¿Como se sentiría el que vino para amar y para enseñarnos a amar, al ver, que a la primera de cambio, sus amigos lo primero que hicieron fue sacar la espada para atacar?. ¿Es frustración y fracaso lo que sientes. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se sintiese juzgado y condenado siendo inocente? ¿Has pasado por eso? y si los demás no lo han hecho, ¿lo hace tu mente? Porque mira que a veces nuestra mente es farisea y saducea. Y sólo la soportamos saliendo a la calle y poniendo nuestra atención en otras cosas. Pero ahora, eso, es imposible. Y hay que estar con ella a diario. Minuto a minuto. Y a veces, por obsesiva, se puede llegar a atragantar hasta el extremo. Si te ves así aprende de Jesús que paso por ello, y decidió no hablarle ni responderle. Porque no pretende corregirte ni ayudarte, sino acosarte y destruirte. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando fue torturado, apaleado, maltratado con brutalidad y sufrió burlas?. El salmo de hoy es para leerlo con calma y entender que pasó por esa alma. Pero ahora piensa en los que están en los hospitales o en sus casas solos pasando esta enfermedad. ¿No sentirán que la vida los tortura, los apalea, los maltrata con brutalidad y que se burla de ellos?. Si eres uno de ellos, tu que lees estas palabras hoy, que sepas que Jesús pasó por eso, y sabe bien lo mucho que este duro cáliz puede llegar a atragantársete. Cógete de su mano, porque a Él si puedes tocarlo sin temor a contagiarlo de nada. Se le toca, por medio de la fe en él. Desahoga ante Él tu corazón pues le importas. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando Pedro y Judas se arrepintieron tarde de lo que habían hecho, cuando ya era imposible cambiar nada? Al menos Pedro no se ahorcó. Su cobardía le brindó una nueva oportunidad. No como a Judas, cuyo exceso de valentía, lo sumergió en la  nada más fría y oscura. Pensamos bien muchas veces, pero tarde. ¿Sientes tú que con esta pandemia ha ocurrido lo mismo? ¿Qué nuestros líderes mundiales ahora se arrepienten de tanto tiempo perdido en bobadas? Pues amigo o amiga, no eres el único. Jesús también pasó por eso. Y no por ello, dejó de lado su lucha por lograr el bien de sus hermanos, aunque estos le estuviesen demostrando con sus actos, que no parecían merecer mucho la pena. Pienso en responsables civiles, servicios básicos o sanitarios. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando viese que Pilatos sólo lo usaba como una posibilidad política de ser capaz de controlar una situación y salir así airoso y reforzado, sin importarle la justicia lo más mínimo? ¿No es así como nos sentimos nosotros cuando vemos a los que gobiernan y a los que quieren gobernar hacer lo mismo? ¿Ver a ver como mueven sus hilos para mantenerse en el poder o para hacerse con él?. ¿Que vergüenza verdad? Pues Jesús paso por el mundo, de nuestro lado, y no del lado de ellos.

    ¿Como se sentiría Jesús preso de la burla o la tortura, siendo totalmente desnudado? ¿O como se sentiría cuando fue clavado en la cruz después de haberlo azotado hasta provocarle un desangramiento lento pero mortal de necesidad por debilitamiento progresivo? ¿Se sentirán así los que se ven morir como Jesús en medio de esta pandemia? Los que mueren solos, los que mueren a las puertas de las UCI porque no hay sitio para ellos. Seguro que se sienten como Jesús abandonados hasta por Dios. Por el Dios amo del antiguo testamento, no por el Padre Dios que Él nos reveló, ese lo resucitaría. Hoy lo que vivimos como ayer, es un horror que estamos volviendo a ver y a vivir, y por desgracia muchos, demasiados, en primera persona.

    ¿Como se sentiría Jesús al morir entre bandidos? Quizás como se sienten muchos que al morir hoy, sabiendo que mañana solo serán un número más en las listas de los miles que ya van muertos porque la incompetencia de nuestros gobiernos no se ha sabido organizar con tiempo y mucha previsión, globalmente hablando. Y las razones ya os las he dicho. Poderoso caballero es don Dinero. Pues eso mismo creo le pasó a Jesús por la cabeza y el corazón en esa hora triste. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se dedicaron a decirle si estás ahí es porque te lo has buscado? Pues supongo que como al que fue a un lugar, al que podía haber evitado ir, y se contagió de la plaga que nos devora. Como si eso fuese culpa suya. No hablo aquí de los que van buscándola temerariamente tentando a Dios por un exceso de confianza en la providencia. Eso es otra cosa. Pero aún así. Que mal se siente uno cuando encima parece que la culpa de lo que le pasa la tiene él, cuando solamente es responsable, porque nunca tuvo intención de causar mal alguno ni a él ni a los demás. 

    ¿En fin como se sentiría Jesús al ver que a su propuesta de amor lo único que le dio la vida fue vinagre? Pues creo que como los que en estas oscuras horas, reciben de la vida el mismo trato, y solo por amar y vivir, sin hacerle daño irreparable a nadie. 

    ¿Como se sentiría la madre de Jesús María cuando no pudo ni estar en el entierro de su Hijo, porque hubo que enterrarlo de prisa y corriendo en total anonimato y por la acción de tres o cuatro personas entre las que ella no se pudo contar? Pues como se sienten hoy muchos que ni siquiera pueden ir a despedirse de los suyos porque están sujetos a una cuarentena que no pueden romper como algunos si se permiten el lujo de hacer. Y es que como siempre, hay quien tiene vergüenza y responsabilidad social, y quien carece de ella. Nada nuevo bajo el sol. ¿O como se sentiría María cuando su hijo fue hasta custodiado tras la muerte sin poder acercarse a la tumba para nada? Pues creo que como los que pierden de vista los cuerpos de sus familiares porque las autoridades estiman que hay que deshacerse pronto de ellos para evitar contagios, o recluirlos en espacios vedados para los demás. 

Ella pasó por ahí.

    ¿Veis? Jesús y su Madre, como nosotros, pasaron por estas horas amargas. Cada uno de una manera, cada cual desde una posición distinta, pero todos solidarios en el mismo sufrimiento. Nunca estamos solos si no queremos, pues ellos, María y Jesús, nos acompañan porque pasaron por lo mismo que nosotros.

    Que se haya rasgado el traje del sumo sacerdote y el velo del templo, es una expresión viva de que el Dios amo del antiguo testamento, se ha ido al garete. Y en Cristo se ha revelado el Dios amor. La letra “r” lo cambia todo. Antes el ser humano cuando sufría creía que tenía a Dios enfrente castigándole. Ahora el ser humano cuando sufre, sabe que Dios está con él, más que nunca, pues en esta su hora amarga es cuando con más fuerza lo ama, para que si la muerte lo destruye que no se pierda el tesoro precioso que cada uno es. 

    El Dios de Jesús es un hombre cualquiera, ni siquiera se viste de forma distinta a como visten los demás, hay que darle un beso falso, para poder reconocerle y así apresarle. Dios no nos es ajeno. Pues El que se puso a nuestro lado, hasta el dolor y la muerte, fue resucitado. Y eso mismo ocurrirá con nosotros, como Mateo preanuncia hacia el final de su pasión. Basta unirse a Él, a Jesús con fe, con esperanza y con amor, por medio de la vida sacramental y la oración. Si respondes que sí a su amor, enamorado, te regalará todo lo que es suyo. Pero ni quiere, ni puede imponerte su amor. Tenlo presente. El Dios que te ha creado sin ti, no puede ni quiere salvarte sin ti. San Agustín lo tiene muy claro. Y yo con él. 

    ¿Largo Eh? Tenemos tiempo. Por eso me he explayado. No suelo hacer minifaldas de mis predicaciones: cortas y que enseñen mucho. Lo mío es hacer refajos, faldas largas, multicolores, muy bordadas y llenas de muchos detalles y adornos. Debe ser que Lorca y sus bordados me gustan mucho. Pero escuchar en esta hora amarga se hace básico y fundamental si queremos encontrar fuerzas. Así que amigos: oídos bien abiertos. Que  para vivir los tiempos duros, hay que endurecerse como las mismas piedras, el corazón que ama la vida, debe ser defendido contra viento y marea. ¡Escuchad! y ¡Ánimo pues!.   

 

V CUARESMA

     Hermanos que duro se hace convivir con la cifra de muertos que no cesa de subir. Cuanto deseamos todos ver llegar el día en que en vez de subir, estas cifras desciendan. Son horas oscuras y amargas. 

    Son horas de reproches. Como Marta y María parece que echamos en falta a Jesús. Y vemos como la muerte se impone. Y languidecemos. Nos falta el aliento. Muchos lloran sin consuelo. Voy a hacer un entierro ahora en breve. Y tendré que hacerlo como se hizo el de Jesús, en la entrada del cementerio, de prisa y corriendo, y serán pocos familiares y cercanos los que puedan estar presentes. Qué horror. Qué desconsuelo. Pero así fue el funeral de Jesús, pocas personas, en el lugar donde murió, y deprisa y corriendo, aquel Viernes Santo poco antes de que cayese el sol. 

    ¿Donde está Jesús? En esos difuntos hoy. Jesús que lloró dos veces en el funeral de Lázaro está hoy en todos los que lloran las pérdidas humanas: familiares, amigos, sanitarios y población en general, en todos los seres humanos de buena voluntad, que no asisten indiferentes ante esta horrible tragedia, en la que los muertos se cuentan ya por miles.

    Y Jesús está en su palabra. El apóstol Pablo nos lo ha mostrado. La carne morirá lo sabemos todos. Pero si nos unimos a Jesús por la fe, el amor, la esperanza y los sacramentos, el Espíritu de Jesús resucitado, nos glorificará como Él ha sido glorificado tras la cruz y el sepulcro. El Espíritu sólo sabe vivificar. Su oficio es aletear sobre el caos informe para contribuir con su obra a sacar universos nuevos de la nada. En esta circunstancia la carne no puede ser nuestra apoyatura última. Necesitamos mirar más allá. Y la palabra de Jesús es la que nos permite hacerlo. Eso es lo que Jesús ha respondido a Marta y a María, que somos hoy, todos nosotros. 

    Amigos, Ezequiel nos lo dice con tanta rotundidad, con su verbo poético apasionante, que con cada verso enciende en nosotros el fuego de la esperanza en medio de este clamoroso sufrimiento. Nuestros sepulcros serán abiertos. Saldremos de estos oscuros sepulcros y seremos llevados a una nueva tierra, ese día sabremos que Él es el Señor y viviremos para siempre. Y colocados en esa nueva tierra sabremos que el Señor lo dijo y lo hará.

    Así que sólo nos cabe hoy, creer esto. Él es la Resurrección y la vida y el que crea en Él aunque haya muerto vivirá, no morirá para siempre. La cultura de la muerte no tendrá la última palabra en la vida. Y si es que eres pecador, no temas, el salmo enseña que Dios sabrá tener misericordia de todos, y si lo recibes ese regalo, será tuyo. 

    De modo que si lloramos hoy porque queremos a los que mueren, si los amamos, decid con todo vuestro corazón las palabras de Marta: “Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Y si aún no puedes decirlo, al menos desea poder decirlo. Que Jesús sabrá estar a tu altura, para salvarte, porque aunque no creas en Él, le importas, como tú ni siquiera eres capaz de pensar hoy. 

    Que la muerte y su trágico dramatismo no os envenene el alma, en la Palabra de Dios de este día tenéis a vuestro alcance el antídoto que todos necesitamos. Ánimo pues hermanos.

 

IV CUARESMA LETARE

    No hace falta repetir que estamos inmersos en la oscuridad. Basta poner las noticias un rato o leer algún periódico o tabloide, y se hiela el alma. La pandemia crece y las cifras de víctimas mortales también, y eso parece que no nos deja percatarnos de que también se producen altas hospitalarias. El dolor eclipsa la luz. Por eso contemplar hoy las escrituras es importante. Para comprender lo que nos pasa y no asustarnos de nosotros mismos.

    Samuel no ve quien es el elegido de Dios para ocupar el puesto de rey de su pueblo. Sus ojos no son capaces de ir más allá de lo que tiene delante en este instante. Sin embargo en la voz del Señor encuentra luz para acertar en el momento oportuno. La voz del Señor lo guía en medio de la oscuridad a la iluminación.

    Pablo nos invita a no ser tinieblas en estos momentos oscuros, sino a ser luz. Buscando lo bueno, lo justo y lo verdadero. Porque algunos da vergüenza ver lo que hacen lanzando noticias falsas, adoptando actitudes irresponsables con ellos y los demás, buscando el mayor rédito para su propio grupito o partido sin preocuparles en absoluto el bien común de todos que ahora es lo único importante, o  intentando estafar a la gente en medio de una pandemia como ésta.  Y que merecen ser denunciados por su inhumanidad. Merecen ser puestos ante la luz para que sus patrañas, su inconsciencia, su necio partidismo y su mala fe queden en evidencia. 

    También Pablo nos insta a levantar nuestra atención de la muerte que la pandemia genera en nuestro entorno. Estar mirando a la muerte constantemente es como mirar al sol sin cesar y sin protección alguna. La muerte con su espesura sensorial quema los ojos del alma. Mirad a Cristo y no a la muerte. Y en medio de tanta oscuridad encontraréis la luz que no hallaréis en otros lugares. Cristo es sinónimo inmediato de que la muerte no tiene la última palabra en su vida. 

    El Evangelio nos hace comprender que somos ese ciego. Todos somos ese ciego en estos momentos. Incluso no faltan puritanos moralistas que dicen que nos merecemos lo que nos pasa por ser pecadores. Despreciables fariseos nunca faltarán según parece. Incluso abra quien cuestione la luz que Jesús haga resplandecer en nuestros corazones con el poder de su palabra. Y nos acusará de mil cosas distintas. Los expertos de la duda que nunca cesan y que vienen a intentar privarnos de las fuentes de nuestra esperanza para dejarnos inmersos en el oscuro abismo del sinsentido. Y en ese grupo hasta nuestra familia puede estar incluida. Los miedos nos lleva a todos a decir muchos disparates y tonterías.

    No desoigamos el Evangelio que en este sentido es enormemente claro. Incluso nosotros como el ciego no entenderemos todo el tiempo quien es Jesús, donde está o que quiere de nosotros, sólo sabremos que su presencia en nuestra alma, cambia las cosas. Y hace que nuestra oscuridad tenebrosa, levante. La niebla interior se desvanece cuando Él está presente en nuestra mente. Y esto no sabremos explicarlo del todo a los que nos discutan, pero esta verdad interior nos resultará incuestionable, aunque ello nos condene a la incomprensión y la soledad en medio de los demás. Tendremos miedos, nos sentiremos como expulsados del grupo de los sensatos. Pero Él nos volverá a salir al paso, nos solicitará la fe, sólo veremos ante nosotros al hijo de un hombre, pero que no es un testigo de la luz más, sino que Él es la LUZ. 

    Cuanto necesitamos en estos momentos oscuros decir con toda el alma: Creo, Señor. Para que como ciegos podamos ver con la luz de sus ojos. 

    Envía tu Espíritu sobre nosotros Jesús, como fue derramado sobre David. Tu Espíritu hoy es el viento que mueve nuestra mente que es la veleta. Lo necesitamos más que nunca, para que en medio de este valle tenebroso, sintamos a nuestro lado tu paso firme de buen pastor que con tu bondad y tu misericordia nos acompañan todos los días de nuestras vidas y que siempre nos guía por el camino justo. 

    Señor Jesús no nos dejes ahora defiéndenos de nuestros enemigos. Mantente a nuestro lado porque él enemigo nos cerca. Guarda Buen Pastor a tus ovejas perdidas en medio de estas cañadas oscuras. Llegada la hora, recuéstanos a todos en verdes praderas y condúcenos hacia fuentes tranquilas. Y mientras tanto Señor, repara constantemente nuestras fuerzas.

 

SAN JOSÉ

    Envueltos en la oscuridad así nos encontramos. Horas como ésta que estamos viviendo nos lo hacen comprender. Una hora tenebrosa, sin duda alguna. Por eso las lecturas hoy vienen en nuestro socorro.

    David en la primera lectura recibe una promesa de bendición para su progenie. Una bendición que no vera. Y solo puede creerla. Mantener la fe en medio de la oscuridad incierta del futuro, es caminar en parte, a tientas. Y la firmeza, en esa situación es muy prudente, porque no sabes bien donde pisas y tienes que ir con muchísimo cuidado. Pero una cosa es cierta, sin fe, no sales de la caverna. Lo sé porque durante un tiempo en mi juventud me encantó la espeleología, y por tanto, meterme en todas las cuevas habidas y por haber. La vida es muchas veces como caminar por una caverna. Y se necesita mucha fe, para recorrerla. Y decir fe, significa, decir no verlo todo claro. En una noche oscura, se camina con esta fe. Juan de la Cruz y Teresita de Lisieux, lo experimentaron muy bien. Y lo pusieron por escrito en varias ocasiones.

    Abraham da un paso más en la epístola. Él cree en que Dios lo ama, y ello le lleva a mantener viva la esperanza contra toda esperanza. Cuantos ratos tendremos de perder la esperanza, sobre todo cuando vemos las noticias, que no cesan de helarnos el alma. Creer contra toda esperanza. Es la clave. Mantener viva la esperanza a toda costa. Y cuando el mundo y sus circunstancias fallan, sólo Dios queda. Y eso es lo que descubrió Abraham a confiar en Dios, aunque todo a su alrededor no le resultaba agradable. Y así es como pasado un tiempo largo pudo encontrar su lugar, desarrollar su misión y ser el padre de pueblos. La fe, lo llenó de esperanza, y la esperanza lo hizo fuerte y paciente. Eso necesitamos: el corazón de Abraham.

    El Evangelio nos pone ante una hora nueva. La hora de los que no dejan de soñar en medio de situaciones contradictorias y difíciles. José es ese hombre. El sueño le lleva a moverse. Y en sus sueños encuentra la voz de Dios que le abre senderos insospechados por él, e infinitos. Soñar en medio de esta reclusión es lo que no podemos dejar de hacer. Acordaros de aquella gran película: cadena perpetua, que no se mueran ahora vuestros sueños. Y no os olvidéis de que todos estuvimos en el vientre materno nueve meses o un poco menos. Y estábamos encerrados y solos. Y todo terminó bien. Tras esta gestación nos aguardará un futuro nuevo.

    No dejéis de leer los textos bíblicos del día porque vienen llenos de guiños que fortalecen nuestra fe. Así que ánimo pues. Esta expresión tan mía, es el nombre de un canto de la fiestas de San Fermín. Y se toca el primer día para tomar conciencia de que se harán largas las fiestas y necesitaremos aguante. Que la Biblia sea ahora vuestra música.

    Y si es que tu fe se quiebra, agárrate de mi mano amiga, y dile al Señor, conmigo: Jesús en medio esta oscuridad, te digo que tengo fe, pero aumenta mi fe. Y recordad, lo importante, no es salir pronto hermanos, es salir bien. Ánimo.

 

III CUARESMA

    Hermanos podría comentaros hoy lo hermoso que es el carácter bautismal de estos densos y bellos textos. Sin embargo dada la especial situación que todos estamos pasando, pues nos ha tocado vivir una cuaresma como al Señor en Getsemaní: aislados, encerrados en casa, solos de nuestro entorno natural, ansiosos y angustiados por una amenaza real que no vemos, y que puede resultar letal para gente a la que queremos con toda el alma, sudando casi sangre, con las ansiedades a tope, y los ansiolíticos junto a la cabecera, en una espera tensa, con datos que no paran de crecer acerca de nuevos contagios, teniendo que luchar a veces con personas de nuestro entorno que no se percatan de lo peligroso del momento, porque un estado de alarma prácticamente internacional no se declara porque sí, (algunos parecen dormidos a nuestro lado poniendo en riesgo a muchos y a ellos mismos). En fin, caminamos hacia el calvario, cogidos de la mano de Jesús, y estas horas se harán largas, pesadas, y enervantes. Y aguardamos con impaciencia la salida de este oscuro sepulcro, pero eso aún tardará. Anhelamos una resurrección que todavía no despuntará. Tardará pero vendrá. Aún así, mientras, podemos sufrir momentos de enorme desaliento y oscuridad. Y ver como nuestros planes sujetos al impacto del caos se vienen abajo por completo.

    Por eso ante este panorama, en la Iglesia parroquial, solo, celebrando la Eucaristía, acompañado de los hijos de Dios que están revestidos de luz en la casa del Padre y que por medio de la comunión de los santos me han sugerido su presencia, en esta hora de las tinieblas para nosotros y de la luz para ellos, las lecturas han resonado con voz propia.

    Números me ha hecho descubrir que en medio de la ansiedad y el desaliento nunca debemos dudar de que el Señor está en medio de nosotros. El salmo nos ha advertido que no endurezcamos el corazón. Porque en la dificultad es muy fácil salir corriendo, dudar de Dios, eso hizo el pueblo de Israel. No sigamos nosotros su ejemplo, el Señor hoy lo deja claro, está y estará entre nosotros, tanto en la vida como en la muerte, en la alegría como en el sufrimiento.

    Y el motivo de su actitud, nos lo demuestra Pablo: nos ama. Dios nos ama hasta el extremo. Dios nos ama por encima de todas las cosas. Y ahí radica una esperanza que va más allá de todo, incluso de la misma muerte. Somos hijos de Dios Padre, y aunque suframos o muramos como Jesús, nunca nos olvidará. La humanidad que sufre pandemia hoy, es Cristo crucificado, y por eso, está misma humanidad puede esperar ser Cristo resucitado. Con esta fe no perderemos la esperanza en medio del sufrimiento. El miedo, la ansiedad, la angustia, son nuestros peores enemigos. Ellos y sus ruidos. No desalentemos la esperanza con los reveses del mal. Alentemos al que cae. Aunque también a nosotros nos tiemble el corazón por dentro.

    Por último el largo Evangelio de Juan nos da la clave: lo importante no es el monte donde demos culto a Dios, lo importante es dar culto al Padre en Espíritu y en Verdad. Y eso aislados, recluidos, sin poder celebrar la Eucaristía en la comunidad tiene un enorme valor. Tiene un infinito mensaje para todos. El Padre está con todos aunque cada uno estemos en casa. Y en él todos estamos unidos. Recordad el refrán español: cada uno en su casa y Dios en la de todos. Y añade tú:  el Dios que está con todos, hace que todos estemos unidos en él. El Espíritu nos une de verdad, aunque estemos recluidos en pequeños conventículos cada uno en su hogar. Hemos vuelto a las catacumbas, pero ellas nos hacen auténticos, aunque en esas lúgubres estancias se está de todo menos feliz, tranquilo y a gusto. 

    Cuarenta años, tardaron los israelitas en cruzar el desierto, esperemos no tardar tanto nosotros en salir de ésta. Así que ánimo hermanos y escuchada esta palabra recordemos las palabras de una querida santa hispana bajo cuya intercesión os pongo a todos, la gran Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa,….” Lo que falta añádelo tú con tu corazón.

 

II CUARESMA

    Dios siempre lleva la iniciativa. Dios es creador. De la nada hace brotar mundos y universos. Y eso hoy queda puesto de relieve en la Palabra que hemos escuchado. 

    Abraham no hubiera podido salir de su tierra y cumplir con su misión si la bendición de Dios no hubiera estado de su parte. Dios lleva la iniciativa y el ser humano responde.

    El orante del Salmo no podría superar el efecto destructivo de su propio pecado si la misericordia de Dios no lo amparase. Dios lleva la iniciativa y la persona humana responde.

    Timoteo no podría cumplir con su misión apostólica si el Espíritu de Dios no lo hubiera llenado de Gracia. Sólo así puede ser para los demás un testigo de Jesucristo resucitado y vivo. 

    Santiago, Juan y Pedro son capaces de escuchar la Palabra de Jesús, reconociendo en Él al Hijo de Dios, gracias a la visión del Tabor, que no terminan de entender, y cuyo sentido, sólo descubren plenamente, tras la resurrección. Es Dios quien les hace ver lo que ellos no son capaces de entender, es Dios quien les anticipa el momento en que comprenderán, es Dios en Cristo quien lleva la iniciativa. Y además es Dios en Cristo quien los hace levantarse y liberarse de los miedos que los atenazan.

    Esto es la espiritualidad verdadera. Dejar que Dios sea Dios, y responder a la acción de su gracia que no es otra cosa que la sombra benefactora del Espíritu Santo que se posa sobre cada uno de nosotros. Pero no lo olvides: hay que aceptar esa gracia y dejarse transformar. No es tiempo para renuncias pietistas hijas de devocionalismos trasnochados. Es tiempo para dejarse transfigurar por el Dios creador que hace nuevas todas la cosas. No se trata de mortificaciones sino de aprender a vivir en plenitud, dejando de lado todo aquello que nos envenena. Ponte a la escucha y deja al Espíritu de Dios que por medio de su sagrada voz ilumine tu conciencia y guíe tu vida. Y también te revestirás de luz porque serás transfigurado. 

 

I CUARESMA

    La centralidad del Espíritu de Dios define por completo el alma de estos días. El Evangelio lo afirma desde el principio. Es el Espíritu Santo el que desencadena el proceso de conversión. Es quien lo tutela y lo dirige. Si no comprendemos esto no entendemos lo que es la conversión.

    El Espíritu es como el aire. Gracias a Él, todos podemos vernos afectados por la Salvación que Jesús nos ha regalado. Sin el Espíritu su obra sólo le hubiese afectado a Él. Pero nosotros no nos podríamos contagiar de ella y sus efectos regeneradores. Pero el Espíritu aunque nos envuelve sólo lo podemos recibir si decidimos abrirle la puerta de nuestra mente, de nuestro corazón y por ende, de nuestra conducta. Aunque vivimos envueltos en aire, si nos negamos a respirar podemos asfixiarnos. 

    El Espíritu es quien nos invita hoy a superar tres grandes errores en nuestra vida, en los que ya fracasaron los hebreos caminando por el desierto. 

     El materialismo que afirma que el ser humano para ser feliz sólo necesita de cosas materiales. Este error es muy propio de nuestra cultura consumista. La manipulación de Dios y de los demás para conseguir nuestros objetivos, sin importarnos para nada ni Dios ni lo demás. Convertir a Dios y a los demás en objetos, en medios para lograr nuestros fines, también es un vicio que nos acompaña desde siempre. Y por último la idolatría de la avaricia que sólo rinde culto a la riqueza y al poder como único logro importante en la vida. Estos tres errores nos visitan como voces mentales, y no como seres de rabo, cuernos y piel carmesí. 

    Tenemos al demonio metido en nuestro mundo interior. Y eso no debe darnos miedo. Así podemos imitar a Jesús, que es fiel hijo de su madre, y por eso, usa su cercanía para pisarle la cabeza, a cada paso. El Espíritu vivo de Jesús es el que nos da fuerzas para hacer eso posible. No estamos solos. El Espíritu y sus ángeles nos acompañan en el combate. 

    Por eso no desperdiciemos el Espíritu que se ha derramado por el mundo para llenarlo de vida. Sin el Espíritu de Dios sólo seríamos polvo de estrellas, pero sin estructura personal. Es una pena que llevados por el texto del mito creacional yavhista y de una superficialidad literalista, nos perdamos el mensaje que encierra: cuando no escuchamos ni recibimos al Espíritu de Dios perdemos la senda del paraíso y emprendemos el camino al infierno al construir un mundo materialista, que manipula personas sin cuento y que sacrifica a millones en el altar idolátrico de la avaricia del poder y las riquezas. La espiritualidad, la vida con el Espíritu de Jesús es el camino firme hacia el paraíso donde la persona es lo primero y el bien común su medio ambiente habitual, y Dios, el que nos ama  hasta el extremo, y no la maquina tragaperras que nos da premios en ocasiones, y nos decepciona la mayoría de las veces. 

    Hoy es tiempo de gracia, por ello, imploremos con fuerza a Dios unidos al salmo, para que no nos quite su santo Espíritu porque sin el Espíritu de Dios no hay vida en plenitud. No lo olvides. 

 

CENIZA

    La llamada a la conversión siempre es global. Porque el mundo necesita respuestas globales. Joel es claro. Los problemas de hoy son hijos de la globalización: calentamiento del planeta, el terrorismo internacional, la pobreza endémica que provoca los flujos migratorios constantes en manos de mafias, con sus peligros anejos para todas las personas inocentes que tratan de encontrar un futuro mejor, las epidemias que nada saben de fronteras superadas, la economía de todos sujeta a los bandazos de un mercado imposible de controlar con estados nación totalmente obsoletos. Son graves los problemas que nos afligen, con estructuras de pecado tan asentadas, que un sólo ser humano no podrá contra ellas. Por eso la convocatoria es para todos. El Evangelio no va de salvación de almas sino de salvación de mundos, de crear universos nuevos. 

    Reconciliarnos con el Padre es una invitación para todos porque el mundo necesita más que nunca reencontrar la senda de la fraternidad. Pablo lo tiene muy claro.

    Por eso el Evangelio es tan claro: La limosna es la invitación a la solidaridad y a la construcción del bien común. El Padre nos lo pide y la limosna pomposa que nutre el propio ego no es lo que nos solicita. 

    La oración es el camino para descubrir que somos Hijos de Dios y por tanto: hermanos los unos de los otros. El Padre nos alienta y nos ayuda a construir la fraternidad si se lo pedimos de corazón y no por simulación en busca de otras cosas.

    El ayuno es la auto privación. No es una mortificación. Es la elección del amor frente al desamor. Así de simple. Sin esta opción definitiva es imposible construir la civilización del amor que nuestro mundo necesita. Y para eso hay que renunciar a muchos egocentrismos hechos política, sociedad, cultura, y economía, incluso religión, filosofía, ciencia, tecnología o ideología. Sin un ayuno global de desamor la sociedad del bien común siempre será un imposible.

    La cuaresma como una reedición de un periodo de mortificación individual para cultivar un pietismo narcisista y devocionalista es pura basura. Reducir a eso, la enseñanza de Cristo es una blasfemia. Así que hagamos de esta invitación algo serio: pidamos un Espíritu nuevo que nos dé un corazón nuevo. Y dejemos de lado las patrañas caducas que tanto daño han hecho a nuestra fe, y tantos enemigos del cristianismo han generado. Ya nos lo advirtió el concilio hace muchos años, no echemos en saco roto su enseñanza, construyendo teísmos que nada tienen que ver con Cristo, para eso, hermanos no murió el Señor en una cruz. Si no reinventamos este tiempo litúrgico desde claves verdaderamente bautismales dudo que realmente estos cuarenta días sirvan para algo que sea fiel al Espíritu de Cristo.

 

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PURISIMA (HOMILIA EN EL PALMAR 8-12-2018)

 

    El Palmar no se entiende sin la Purísima. Este pueblo que fue una finca de un canónigo que legó su herencia a sus sobrinos, con las condiciones de salvaguardar las viviendas de sus aparceros y la de construirles una iglesia, fue una bandera discutida, que supuso un duro pleito de los Verástegui contra los Velez. Al final D.Juan de Verástegui se alzó con la propiedad y pudo salvaguardar los anhelos de su difunto tío Antonio presbítero canónigo de la Catedral. Gracias pues a D. Juan y a su primera esposa, El Palmar sigue estando donde está y sigue siendo como es. Sin ese matrimonio nuestro pueblo sería distinto y no tendría explicación, si es que no hubiese llegado a desaparecer presa de los intereses del Velez que quería apropiarse del lugar. De ahí, que El Palmar adquiriese el sobrenombre del “Lugar de D. Juan”. Y ello con toda la razón del mundo. Bien caro le costó a su linaje que durante dos generaciones fueron ninguneados por el poderoso Marqués de los Velez. 

    La vinculación de la familia Verástegui a los franciscanos les otorgó una enorme devoción por la advocación de la Purísima, que en aquellos años se encontraba en alza, como la labor diocesana, nacional e incluso ante la Santa Sede, de nuestro Obispo Trejo, puso de manifiesto. De ahí que por voluntad de D. Juan la Purísima ocupase el lugar que ocupa como Patrona de nuestro pueblo, y no solo como titular de esta parroquia. Su primera esposa Lucrecia, original de Montpellier, manifestó su deseo de que el copatrón fuese un paisano suyo: San Roque. Y bajo estas dos advocaciones devocionales de dicho matrimonio, quedó El Palmar amparado desde sus mismos inicios hasta hoy. 

    Es inexplicable que a día de hoy no exista en este lugar un monumento que conmemore a ese matrimonio sin el cual El Palmar no sería lo que es y como es. Ojalá y que alguna vez se subsane dicha deficiencia. 

    Con el tiempo aquella aldea singular por tener esta Iglesia aneja a la Catedral de Murcia desde 1615, se convirtió primero en Madre de todas las iglesias de alrededor: La Alberca, Santo Angel, Aljucer, Sangonera la Verde y la Seca, la voz Negra y San Ginés, que progresivamente se independizaron. Después se erigió en un centro industrial de primera magnitud y por tanto en un núcleo obrero muy importante anejo a Murcia. Por último pasados los años se ha transformado en sede de grandes instituciones sanitarias, múltiples servicios y en una ciudad dormitorio del cinturón metropolitano de Murcia.

    Si bien por este motivo hoy, esta población se ve expuesta a los problemas que una entidad urbana de estas características conlleva: masificación, despersonalización, desidia por lo propio porque solo la ciudad cuenta y mucho individualismo. Eso es mortal para El Palmar, porque con el tiempo corre el peligro de que solo le quede como propio el nombre. Pues sus costumbres, su carácter, sus tradiciones y hasta sus fiestas acabarán diluidas en un mar de anonimato donde solo nos preocupa salvaguardar nuestra intimidad, nuestra tranquilidad y poco más. Por ello no me cansaré de animar a los colectivos que trabajáis por impedir que esto ocurra. Pero os digo más: no caminéis por libre. Uniros todos por El Palmar. Pues como bien dijo una chica de entre vosotros: en la unión está la fuerza. 

    Además la ciudad dormitorio supone la mayoría de las veces la implantación del secularismo, debido al desarraigo de la población que la habita, procedente de otros lugares que nada tienen que ver con éste, y que vive fuera de aquí, la mayor parte de su tiempo profesional incluso de ocio y cultura. Si el mundo religioso ocupó un espacio en sus vidas, quedó atrás con la patria chica que abandonaron para venir a vivir aquí. Pues en la mayoría de los casos no es una experiencia religiosa profunda, la que ha caracterizado la vida de estos “nómadas” católicos por herencia cultural que no por convicción personal. Así que a todo lo que hemos apuntado anteriormente estas entidades urbanas aportan a las personas una desacralización de sus vidas. En estos entornos se existe, se trabaja para vivir y acaso para divertirse algo de cuando en cuando. Pensar resulta molesto. Porque nos cuestiona los motivos que tenemos para vivir. Por eso en estos entornos se suele optar por la frivolidad y la distracción pues así la ausencia de respuestas para las preguntas difíciles no duelen tanto. 

    Pero no por ello cesan las situaciones límite (los males físicos, personales, sociales, morales; los sufrimientos de toda especie y la muerte propia o de los seres amados), y estás siempre nos conducen a una encrucijada que Hegel definió de esta sencilla manera: “¿O Dios o la Nada?”. 

    Hoy que es la Purísima, celebramos a nuestra patrona que nos legó D. Juan de Verastegui allá por el siglo XVII. En esta fiesta ¿podemos encontrar una respuesta para esta pregunta difícil que el filósofo alemán nos dirige a los que habitamos esta ciudad dormitorio? La respuesta es afirmativa.

    María es la nueva Eva. Si Eva es madre de los hombres (Gen 3). María es madre de los hijos de Dios. Y su existencia proclama a gritos que el “Hecho humano y su universo acaban en Gloría”. Su Concepción Inmaculada es la puerta a su Asunción. La carta a los Efesios (1, 3-12) que hemos oído se cumple plenamente en ella. María está inserta en Dios y no en la nada. Totalmente inserta en el misterio de Dios. Nunca estaré de acuerdo con los que se empeñan en oponer a la Nazarena sencilla con la Theotokos. Porque una y otra son la misma. Pues la segunda incluye a la primera en el misterio de Dios y así nos incluye en él a todos. Este proceso de “divinización” de la Nazarena se produjo a lo largo de toda su vida humilde pero no por ello irrelevante.

    María cuando acepta ser nuestra madre porque su Hijo se lo pide al píe de la cruz se convierte en un Reflejo de Dios Padre. Porque está dispuesta como Él a perdonar a aquellos que matan a su Hijo porque no saben lo que hacen. Con este amor propio de Dios es con el que ella pisa la cabeza de la serpiente como en el Génesis se ha profetizado. Al mundo hay que salvarlo porque si vivimos como ovejas sin pastor solo encontraremos frustración, y no es ese el destino que el Dios que nos ama hasta el extremo quiere entregarnos si decidimos desposarnos con Él. María en nuestro nombre ha dicho “Hágase como dices” en el Evangelio de Lucas (1), lo acabamos de escuchar.

    María por estar llena de la Gracia de Dios y por aceptar convertirse en una Fuente Santa de Gracia para todos es Reflejo de Dios Hijo. Pues en su sí no ha quedado excluido nadie. “Todas las generaciones sin fin” cantarán sus maravillas si quieren. El canto del Magnificat proclama a las claras que María no excluya a nadie de la Gracia de Dios y de nuevo la Carta a los Efesios vuelve a cumplirse por ello en su persona. María no escatima de manera miserable al derramar su gracia, la derrocha. Pues los que la invocan no se tienen por perfectos. Basta rezar un Ave María para darse cuenta. Somos los pecadores los que necesitamos su auxilio, pues son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. 

    María cuando nos gesta en la Iglesia con su intercesión para hacer de nosotros “otros Cristos” llenos de Fe, Esperanza y Caridad es reflejo de Dios Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo (la Ruaj) es la alfarera que nos gesta en esta alfarería que es la Iglesia para nacer a la Vida Eterna aprendiendo antes a Vivir en Plenitud. Porque para vivir la Vida Eterna no valen los que desconocen las verdaderas fuentes del Vitalismo. No os remováis en vuestros asientos porque he llamado alfarera al Espíritu Santo. En hebreo su nombre es femenino: La Ruáj. El lado femenino de Dios que obra maravillas sin concurso de varón se percibe en la acción de la “Ruáj” en María y en la Iglesia. Aunque para algunos machistas la mujer sea un ser inferior, para Dios es uno más de los divinos perfiles de su sagrado rostro. Si bien si alguno quiere encontrar en esto un fundamento para crear con los sexos una supuesta lucha de clases anda muy errado. Porque en Dios lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios. De hecho en el mito del Génesis la ruptura de esta complementariedad es la causa de que el paraíso deje de serlo para pasar a ser mundo camino del infierno. Así que igual que María veló por los novios de Caná, hoy vela por nosotros, para que nunca se nos agüe o se nos agrie el vino de la ilusión por vivir. Y para que no vivimos desalentados pensando y sintiendo que “Todo es para nada”. Pues “Todo es para la gloria y la nada es pura apariencia”. 

    Si os dais cuenta María se convierte en un reto hoy para nuestra Parroquia que la tiene por Patrona. Porque si la llamamos nuestra Patrona es para que seamos cortados de acuerdo con su patrón. Pues eso es lo que han hecho desde siempre las costureras para realizar hermosos vestidos: ajustarse a patrones exactos. Así nos lo hizo ver un sacerdote hijo de este pueblo a muchos, tal día como éste, en la misa de la mañana y desde entonces no lo he olvidado. 

    Así que tenerla por Patrona significa que nuestra Parroquia debe estar inserta en Dios hoy, en medio de nuestro pueblo que  si ayer fue otras cosas, hoy es una ciudad dormitorio. En El Palmar actual nuestra Parroquia debe mirar a su pueblo con entrañas compasivas porque está integrado por ovejas sin pastor, y a este mundo hay que salvarlo porque hay que amarlo. Sin amarlo no se le puede salvar. En el Palmar del Siglo XXI nuestra Parroquia no debe excluir a nadie del encuentro con la Gracia de Dios, pues no es la Santidad la causa del acceso a la Gracia, sino el acceso a la Gracia lo que produce la Santidad. Sea pues nuestra Parroquia  para esta ciudad dormitorio, una Fuente Santa de Gracia para quien demande beber de las aguas vivas que de ella brotan. En éste nuestro Palmar de hoy, sea nuestra Parroquia un colectivo despierto al inmenso papel que la mujer desempaña sin el cual nada en ella funcionaría. Nuestra Iglesia mirando hoy a María Purísima, debe despertar en medio de esta ciudad dormitorio para invitar a todos a salir de su vida a medio gas. Esto supone hoy celebrar a nuestra Patrona.

    Así que tú Palmareño de hoy ¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser nada? ¿O quieres ser hijo de María Purísima como Jesús el Cristo? ¿Dios o la Nada? ¿Qué quieres?. Roque lo tuvo claro. Fortunato también, y con ellos, muchos más. Quisieron ser hijos de María como Jesús. ¿Y tú qué quieres ser? ¿Quieres dormir o despertar?. Si miras esos ojos y te dejas traspasar por ellos te encenderás de Fe, Esperanza y Caridad, y serás divinizado, y la nada no podrá alcanzarte para siempre. 

    Para terminar ya solo me queda pediros a todos cuantos estáis aquí que os pongáis en pie para orar, vueltos a la imagen hermosa y antigua de nuestra patrona, ésta plasmación perfecta de la visión de la mujer vestida de sol que Juan el apóstol describe en su libro del Apocalipsis (12, 1-17). Uníos con el corazón a mi plegaría humilde:

“María, Purísima Concepción. 

Tú que engendraste y pudiste engendrar,

al mismo que te engendró:

¡No te olvides de El Palmar!

¡Pues desde 1615 te tiene por Patrona!

¡Te pido por ellos Señora!

¡Guárdalos en tu amor!

No dejes nunca que este pueblo tuyo

se transforme de ciudad dormitorio 

en cementerio, donde tus hijos caminen

perdidos como muertos en vida. 

Un día este lugar fue rico 

en olivares y en Palmerales.

Pues que todos sus hijos de aquí

puedan salir ese Domingo de Ramos sin ocaso,

que será la Jerusalén del Cielo,

con ramos y palmas en sus manos.

Para cantar todos juntos como una sola familia

las alegrías del Reino de Dios.

Que no falte ninguno Madre.

Ni siquiera el alejado, el agnóstico o el ateo.

Que todos puedan compartir tu gozo. 

¡Sálvanos María con tu intercesión misericordiosa!

¡Haznos eternos a todos en Dios, María!

¡Y que tu pie aplaste la cabeza de la nada 

Para que nunca pueda adueñarse de ninguno de nosotros!

AMÉN

 

¡VIVA LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN!

¡VIVA LA MADRE DE EL PALMAR!

¡VIVA NUESTRA PATRONA!

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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