PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

XXVIII ORDINARIO

    Hermanos, la sabiduría de Dios sigue destilando sin cesar, enseñándonos el camino para vivir en Plenitud. Cuatro son los principios de actuación que hoy se nos ofrecen:

    Nunca creas que la muerte es la roca donde se estrellan todas nuestras esperanzas. Isaias lo desmiente. La muerte será aniquilada. La fe cristiana nos lleva a mantener la esperanza más allá de la muerte. Celebraremos y gozaremos en la Jerusalén del Cielo. La muerte, por voluntad de Dios, nada puede contra nosotros una vez que estemos resucitados. Porque ya no seremos de este mundo. Y la muerte es una realidad mundana. Nuestra esperanza va más allá de este vida y este mundo. Sin esta esperanza trascendente vivir en plenitud se torna imposible, porque nos reducimos a ser seres para la muerte.

    Nunca creas que estás solo. Porque eso no es cierto. El Salmo lo desmiente. Aunque camines por cañadas oscuras, Dios va contigo, su bondad y su misericordia te acompañan todos los días de tu vida. Nada debes temer. Jesús vivió según este Espíritu. Y cuando comprendió que sus discípulos lo abandonarían solía decirles: “llega el momento en que me dejaréis solo, pero yo no estoy solo, el Padre está siempre conmigo”.  La soledad para un cristiano no existe. Puedes no ver a Dios en tu vida, pero Él está. Tampoco ves el aire y respiras. No ves a Dios, pero en Él vives, te mueves y existes. Nada ni nadie puede separarte de su amor. El amor de Dios como tu sombra siempre estará sobre ti. Si crees equivocadamente que estas sólo, no serás capaz de vivir en plenitud.

    Nunca creas que lo material lo es todo. Pablo te enseña otra visión de las cosas. Lo material es cambiante. No siempre permanece intacto el dinero, ni la salud, ni siquiera los demás duran para siempre. Lo material es cambiante. Solo el Espíritu permanece. Lo material es limitado. Lo espiritual es infinito. No se ve afectado por el tiempo ni el espacio. Si Dios lo es todo en ti, todo lo podrás en aquel que te conforta. Si tu única aspiración en la vida tiene que ver con su componente material, tu felicidad se esfumará tarde o temprano. Según el caos mundano te afecte en tu vida. Sin hacer del Espíritu el valor principal de tu vida, no vivirás nunca en plenitud.

    Nunca creas que no tienes salvación. Si este pesimismo se adueña de ti, estás equivocado. El Evangelio de Mateo lo proclama. La Salvación no depende de ti. Es un regalo de Dios. Solo tienes que aceptarlo. Y hacerlo con la humildad del que sabe que es un regalo suyo. Seas bueno o no lo seas. El malhechor que muere junto a Jesús, se vistió de humildad en el último instante de su vida. No te salvarás si tú no quieres salvarte. Y esto es así de sencillo: acepta el regalo vestido de humildad y no tendrás nada que temer. No creas que tu salvación es obra tuya, esa soberbia engañosa no te salvará. Es un regalo que se recibe humildemente, como aquel que con el último suspiro de su vida, robó el cielo. Si Dios te escucha entonces vestido de humildad te sentará en la mesa de su Reino y disfrutarás eternamente de su banquete. Si el pesimismo te hace pensar que tu vida no conocerá salvación alguna, entonces hermano, no sabrás nunca lo que es vivir en plenitud.

    Menudos principios para conducirte en tu vida. Si está sabiduría la haces tuya, no lo dudes, sabrás lo que es vivir en plenitud. Así que Pueblo de Dios, escucha lo que tu Dios tiene que decirte hoy y vivirás en abundancia.

 

XXVII ORDINARIO

    Vivir en Plenitud, ese siempre será nuestro deseo más profundo. Cada cual normalmente en su proceso de búsqueda personal, caminará por una u otra senda. Los cristianos buscamos la sabiduría para vivir en Plenitud escuchando la voz de Dios. Hoy nos ofrece de nuevo tres pistas importantes para poder lograrlo.

    Isaias nos indica que si quieres vivir en plenitud, has de dar fruto y no agrazones. ¿Soy miel o soy vinagre para los demás?. Si soy miel tengo más capacidad para vivir en plenitud que si soy vinagre. ¿Causo problemas o doy soluciones? Si soy problemático y solo quejica sin aportar soluciones normalmente será difícil lograr una vida plena. Solo una vida fructífera es una vida plena. 

    Pablo en Filipenses nos enseña que una vida plena es una vida en paz. Ocuparse de los problemas serena, preocuparse por ellos no. La preocupación solo causa ansiedad y no resuelve nada. Confiar en Dios una vez que hemos hecho lo posible por resolver las cuestiones, también serena mucho el corazón. Teresa de Jesús con su famoso “nada te turbe”, nos ayuda a comprender la confianza en Dios que Pablo nos describe. La búsqueda de lo bueno, lo noble, lo justo, lo virtuoso, etc.., inundan de paz la propia conciencia. El amor a Dios y al prójimo nos hace vivir en paz. Y esa paz nos permite encontrar la plenitud. Sin paz no hay plenitud alguna.

    El Evangelio nos descubre que solo podremos vivir en plenitud si somos fuertes para afrontar el desprecio de los demás o que estos nos desechen. Eso hicieron con Jesús los sumos sacerdotes, los maestros de la ley, los escribas y los fariseos. Pero Él fue quien fue, vivió según sus propios valores, realizó su misión, no tuvo miedo a su libertad. La ejerció de manera sublime. Aunque lo llamarán embustero y lo considerasen una amenaza, un loco, un blasfemo, y tantos otros “calificativos” que aquellas gentes le dedicaron, y que algunos que han venido después le han seguido dando. El fue, es y será la piedra angular y los que lo rechazan se quedan sin cimiento. Cuando te marginan por salirte de una “tribu” concreta, no tienes por qué quebrantarte por ello, ya basta de ser “Vicente que va donde va la gente”. Porque probablemente los que estén equivocados sean ellos. Sin creer en ti mismo es imposible dar un paso firme. Sin esta fe en nosotros mismos, en lo que creemos y valoramos, solo caminaremos inseguros, y así es imposible vivir en plenitud. Vivamos como piedras angulares aunque otros nos desprecien por ello. Allá ellos. Reine Dios en nosotros que el sacará de nosotros lo mejor que llevamos dentro y no los demás con sus opiniones equivocadas pretendiendo convertirnos en sus marionetas. Vive en plenitud siendo tú mismo.

    Desconozco si para vosotros estos tres consejos os ayudarán a vivir en plenitud. Incluso me atrevería a decir que tenerlos en cuenta en el conflicto de marras que tanto nos preocupa a todos estos días, seguro,nos daría luz para saber que hacer. A mi que no hace mucho me han acusado en falso en un grupo del que hasta no hace mucho fui uno de sus miembros, sin duda, me ha iluminado bastante. 

    Bien decía un amigo mío, psicólogo, que si era creyente y sacerdote, por amor a Jesús lo era. Ya que para él, nunca nadie había alcanzado la plenitud mental y existencial de aquel Nazareno. Maestro de psicólogos sabios lo llamaba él en confianza. La sabiduría de Jesús, es fuente de estimulación constante para una psicología de perfil humanista. Más allá de prejuicios filosóficos e ideológicos tan presentes a veces en notables profesionales de dicho campo.

    Si quieres vivir en plenitud es muy sencillo: cristiano, imita a María, hoy, Señora del Rosario. Escucha su voz. Ella nos dice: “Haced lo que El os diga”. Ella lo hizo y la felicitan todas las generaciones desde entonces. Mujer santa, mujer de gozo, de luz, de dolores y de Gloria, mujer de vida Plena. Si quieres vivir en plenitud: “Vete y haz tu lo mismo”.   

 

XXVI ORDINARIO

    Amigos, este domingo la sabiduría rezuma por los cuatro costados de estos textos sagrados. Tres principios de vida se nos ofrecen hoy.    

    Ezequiel nos muestra que cuando la libertad es utilizada para efectuar el mal, se vuelve destructiva. Porque el mal siempre provoca la muerte moral de quien lo práctica. Y muchas veces le afecta en todas las dimensiones de su vida. Practicar el mal no exige castigo de ninguna instancia trascendente para acabar con quien lo hace. El mal es destructivo en sí mismo. Quien libremente le abre las puertas al odio, no puede esperar nada bueno de su decisión.

    Pablo nos enseña que la soberbia genera conflictos. En cambio nos muestra que la humildad construye la paz. El conflicto en la comunidad de Filipos procede del orgullo. Por eso el apóstol los exhorta a tener los sentimientos propios de Cristo que brotan de la humildad y del amor.

    El Evangelio nos descubre que lo importante en la vida no es tanto lo que hayas hecho ayer, sino lo que harás hoy y mañana. Si fuiste prostituta o publicano, si te vuelves a la misericordia infinita de Dios, una nueva oportunidad tendrás. Están equivocados los que creen que el ayer debe condicionar para siempre el hoy. Eso solo ocurre si nosotros lo deseamos y permitimos. Podemos cambiar. El pasado no es una losa inamovible. 

    Los tres principios rebosan verdad sin cesar que nos es muy útil en la vida diaria. Más alguno hoy podría decirme que miro para otro lado, con la que nos está cayendo, por los problemas que afectan a nuestra tierra. Nos enfrentamos al secesionismo lo sé. Así que permitidme que inspirado por estos tres principios analice la cuestión. Lo haré con tres preguntas. Oigamos a Ezequiel: ¿En el conflicto que nos aflige es posible que hayamos usado para el mal nuestra libertad? Si es que sí no podemos esperar otra cosa que sufrir, pues el odio no deja otro rastro tras de sí. Oigamos a Pablo: ¿En el conflicto que nos aflige la soberbia está presente? Si la respuesta es que sí, entonces no nos extrañemos de que la paz no se haga presente. Oigamos ahora el Evangelio de Mateo: ¿En el conflicto que nos aflige recurrimos al pasado como una losa inamovible que nos condiciona a vivir obligatoriamente del modo que lo hacemos, sin que nada podamos hacer ni decir para que el bien común de todos impere? Si la respuesta es afirmativa, no nos sorprendamos de que seamos capaces de repetir una y otra vez nuestros errores.

    La Palabra de Dios no está ausente del mundo. El Evangelio no te aliena. Al contrario abre tu mente para alcanzar una mayor comprensión de la realidad y nos fecunda para darnos cuenta de como podemos cambiar los problemas. Probablemente estos eclesiásticos que han cambiado a Cristo por sus nuevos ídolos de raigambre política, han olvidado el Evangelio, para vergüenza ajena del Pueblo Santo de Dios. Dar importancia al pasado para encontrar razones para el odio, y conducirnos inspirados por él, como esclavos de de ese funesto pasado, henchidos de soberbia, no es algo que pueda inspirarse en Dios. Pues Dios mira el mundo y solo ve una familia humana. 

    No hace mucho un eclesiástico polaco de alto rango, ha insistido tanto en la bondad del nacionalismo,  que ha olvidado que para el Dios del Amor solo hay un pueblo, que Él no distingue entre hombre y mujer, judío y pagano, libre o esclavo. Dios ama a todos. Porque para Él todos somos sus Hijos. En su corazón no hay ni habrán muros y fronteras. Dios solo quiere la globalización del amor, el nacimiento de la civilización del amor que el último Concilio amparó y nos alentó a construir. 

    No necesitamos nuevas fronteras sino derruir las que hay, los problemas globales que hoy nos afectan (cito 3: problemas medioambientales, flujos migratorios inhumanos, terrorismo internacional integrista, hay muchos más), reclaman que una familia humana unida, tome las riendas del mundo o éste no encontrará solución para ellos. Así que oír la voz de Dios nos ayudaría mucho a todos para salir de estos cenagales pantanosos en los que nos metemos. Ya basta de apelar al nacionalismo mediaval para querer afrontar el futuro. El pasado no puede condicionar el futuro, que no pasa por repetir la miopía feudal en la algunos se siguen inspirando en Europa. Lástima que hayamos matado a Dios, y que seamos sordos a su voz, porque esto es lo que provoca que así nos luzca el pelo.   

    ¡NADA DE SEGUIR OYENDO A LOS NECIOS Y A SUS PALMEROS MEDIÁTICOS! ¡NECESITAMOS  OÍR LA SABIDURÍA DE DIOS! Sus principios nos colman de luz. Conduce tu libertad sin mal, renuncia a la soberbia que te empuja al conflicto y deja de envenenarte con una lectura del pasado que te llena de odio. ¿Es o no actual la Palabra de Dios? No miro para otro lado, me inspiro escuchando esta Palabra enamorada que saca de mi lo mejor que llevo dentro Amigos.

 

XXV ORDINARIO

    La Sagrada Escritura nos exhorta hoy a ser como Dios es. Recordad las palabras de Jesús cuando nos dice: ¡Sed perfectos como Dios es perfecto!. Se nos ofrecen tres caminos para lograrlo. 

    Isaias nos enseña que el malvado debe abandonar sus caminos porque los caminos de Dios no son sus caminos, y los planes del malvado no son los planes de Dios. Los planes de Dios nunca pasan por el recurso al egoísmo y al odio. Porque el Salmo nos muestra que Dios es bueno. Dios es amor. Su plan es amar. Ni siquiera cuando en nombre de Dios se recurre al egoísmo y al odio se agrada a Dios. Ya que algunas veces ha ocurrido que apelamos a la religión para atacar a los que no son de “los nuestros”, precisamente porque nos sentimos impelidos de manera equivocada a atacar a los que no son miembros de nuestra “tribu litúrgica”. Los integrismos y los nacionalismos se construyen normalmente sobre el odio y el egoísmo. Y ambos modos necios de proceder, muchas veces, apelan al nombre de Dios para hacer lo que hacen.

    Pablo en la carta a los Filipenses nos descubre que si queremos ser como Dios es, necesitamos descubrir que los primero en nuestra vida no debe ser lo que es mejor para nosotros, sino la búsqueda del Bien de los Demás. El Bien común es nuestra meta final. El altruismo. El testimonio paulino es una muestra clara de vida profundamente Eucarística. “Por vosotros estoy dispuesto a postergar lo que para mí es lo mejor”. Porque vosotros sois lo primero. Como se percibe en su actitud que la Iglesia es una comunidad Eucarística. Es una asamblea que se organiza en torno a la maravillosa memoria de como Dios nos ama hasta el extremo en Cristo, para que también nosotros nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. La Iglesia es eso: El Pueblo de Dios que celebra el amor de Dios y así, recibe el aliento necesario para amar también, de esa misma manera.

    El Evangelio nos indica una última consideración. La igualdad no se construye recurriendo al derecho natural. Porque de cuna no nos viene dada. No lo tiene igual un ser humano nacido en un lugar que en otro. Ni tiene las mismas circunstancias ni las mismas capacidades. De modo que la igualdad es hija no de la libertad salvaje, como enseña esta sociedad liberal y capitalista en la que vivimos. La igualdad es hija de la generosidad. Juan el apóstol disfruta de la gloria de Dios. Habiéndole entregado a Jesús toda su vida, desde su juventud temprana. Sin embargo, Dimas, el buen ladrón, solo conoció a Jesús el último instante de su vida. Y sin embargo disfruta de la misma gloria de Dios. Sin menoscabo. El mundo no sabe de razones, de justicias, de igualdades, y de nada que se le parezca. Es imperfecto. Por eso es nuestra voluntad amante la que puede trabajar para construir la igualdad entre todos. Puesto que de cuna, como he dicho, no nos viene dada. Una cosa es la igualdad en la dignidad y los derechos, y otra es la Igualdad a la hora de poder disfrutar de esa dignidad y de esos derechos. No es lo mismo serlo que poder serlo. La generosidad es lo que remedia ese desfase. No nos engañemos: la igualdad solo será hija de la libertad, si la libertad antes se convierte en hija de la Fraternidad. Es la Fraternidad la que educa a la libertad para construir y posibilitar la igualdad. Por eso nuestro mundo camina ciego en este asunto: Ha matado a Dios, y desconoce la fraternidad, porque sin un Padre común, el otro no es un hermano sino un extraño. Por eso nos cuesta tanto hoy encontrar el equilibrio entre la igualdad y la libertad. 

    Menudo mensaje nos pone ante los ojos la Palabra del Dios vivo, escuchemos su voz, no endurezcamos el corazón y pongámonos manos a la obra, y sabremos poco a poco, lo que es vivir en plenitud.

 

XXIV ORDINARIO

    El perdón es el mensaje sobre el que la Palabra de Dios nos habla este Domingo. Pero antes de escuchar su voz es preciso desbrozarle el camino. Siempre que hablamos del perdón inmediatamente nos vamos a los extremos: agresiones de terroristas, agresiones militares, robos y corruptelas, maltratadores, etc. Y cuando hacemos esto, parece que el perdón es la puerta de atrás por la que escapan siempre los “malos”, y para los “buenos”, el perdón es la escupidera desde la que los no inocentes nos escupen. 

    El perdón no afecta a la agresión en sí. Ante la agresión lo primero es frenar al agresor e impedirle que haga daño a los inocentes. No hacerlo es ser Pilatos y lavarnos las manos, mientras que un inocente sufre. Si Jesús pide a Pedro que guarde la espada es porque ponía en peligro a sus hermanos, y Jesús quería salvarlos a todos, y por eso se entregó Él. Para que ellos pudieran verse libres de su tortura. Ya sabéis que Dios había decidido darnos a conocer su amor. Y por eso Jesús no hizo intervenir legiones de ángeles. Para que en la cruz se manifestase, como en ningún otro lugar y de ninguna otra manera, la grandeza del amor de Dios. Pues aunque le hagamos lo peor que se le puede hacer a un ser humano, Él no dejará de amarnos nunca. Dios en Cristo no se deja cazar por nuestro necio odio. Y su amor permanece así imperturbable. Visto así se comprende que no debemos convertir la cruz de Cristo en la justificación para no hacer nada ante los agresivos que crucifican a los demás. Esta visión de la cruz es errónea por completo. 

    Aclarado que cuando el agresor ataca hay que detenerlo para defender al inocente, ya podemos hablar del perdón que es lo que viene después.

    La sabiduría sobre el perdón rezuma la Escritura. El Eclesiástico nos enseña que no hay que confundir dolor provocado por la ofensa, con rencor. Rencor es venganza, devolver el mal recibido. Es golpear con la mano herida, y así no se cura nada, al contrario, empeora todo. Perdonar no es hacer desaparecer el dolor, esa es una pretensión de idiotas. Es saber gestionar el dolor. No metiendo la mano en la herida permanentemente. Dejando curarse las heridas y permitiendo que baje la inflamación correspondiente. Solo así será posible restablecer el trato. Pero eso lleva tiempo. 

    El Evangelio en su primera parte, nos enseña que 70 veces 7, es una llamada a vivir con misericordia permanente. Nadie es perfecto. Ni tu, ni yo, ni nosotros, ni el mundo. Si no perdonamos a los demás nunca podremos vivir con ellos. Si no perdonas el mundo nunca podrás disfrutarlo con paz. Si no te perdonas a ti mismo, te harás sufrir mucho, y lo que aún es peor, harás sufrir a los demás porque en lo mismo que te apaleas a ti, apalearás a los otros. Sin misericordia constante la vida es “invivible”.

    Pablo y el Evangelio en su segunda parte, nos hace ver que sin la misericordia de Dios ninguno podríamos vivir. Todos pecamos. Por eso “somos del Señor”. Porque lo que somos es por pura misericordia suya. De ahí que condenar al otro, cuando yo soy un perdonado no tiene sentido. Cuando condenas a otro o no lo perdonas, te condenas tú y no te perdonas a ti. Nada mejor cuando vemos errar a otro, que pensar que nosotros también hemos errado y hemos sido perdonados. Confesar sin perdonar es implorar la magia, pero eso, no es vivir un sacramento con fruto.

    El Salmo por fin nos permite ver que si nuestro destino es el Cielo, o sea, que Dios lo sea todo en todos, si queremos prepararnos bien para el momento definitivo de nuestra vida, lo mejor es hacernos como Dios es. Es decir: Clementes, misericordiosos, tiernos, lentos a la Ira y ricos en piedad, buenos con todos, sin guardar rencores, sin acusar y condenar. Para conseguir esto nada mejor que vivir en un mundo como el nuestro donde todo es pura imperfección, maravillosa, pero no plena. Porque en este entorno o aprendes la misericordia o te rompes. 

    Ahora conocemos la sabiduría del perdón pero eso ha supuesto claro está no complicar el tema del perdón con visiones erróneas de la cruz, el Siervo de YHWH, y el amor a los enemigos, que simplemente indican, que nosotros nunca tenemos que ser los agresores y los aprovechados de nadie. Las malas interpretaciones de la Biblia, nos llevan a rechazar el Perdón como actitud necesaria en la vida, pero esto simplemente se produce por que el literalismo nos conduce a hacer lecturas de la Escritura, donde se confunden siempre las churras con las merinas. Cierto que esto es un campo abonado por Satanás, que al final, nos conduce a apartarnos de la senda que nos lleva a vivir en plenitud. Si quieres ser un buen cirujano, al leer las Escrituras, nunca confundas los nervios con las venas.

 

XXIII ORDINARIO

     Nunca seas como Caín. La Palabra hoy nos previene contra las actitudes equivocadas de este hijo de Adán. 

    El profeta y el Evangelio en su primera parte nos invitan a no caer en la INDIFERENCIA. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?. Es la voz de Caín. Implícate y complícate la vida con el otro, porque es algo tuyo.

    El Salmo nos invita a escuchar la voz de Dios, Caín NO LA ESCUCHÓ y por eso asesinó a su hermano. Si no oyes la voz del que con verdad te pide ayuda, desoyes la voz de Dios que habla por la boca de tu hermano necesitado.

    Pablo nos exhorta a amar. Quien ama cumple la ley de Dios y vive en plenitud. Nunca daña a nadie. Caín vivió el DESAMOR, y por eso fue un asesino. Ama y haz lo que quieras porque todo lo harás bien, y a todos le harás bien. 

    El Evangelio, en su segunda parte, nos previene frente a dos actitudes más. La primera la IRRESPONSABILIDAD, lo mismo da abrir una puerta que cerrar otra. Da igual amar que no hacerlo. Este enfoque está equivocado. Cuando no amas cierras puertas, haces daño. Le cierras por ello la puerta a Dios y dañas su corazón. No estamos por encima del bien y del mal. No da lo mismo amar que odiar o ser egoísta. La segunda es el INDIVIDUALISMO religioso. No nos salvamos solos. ¿Cada uno en su casa y Dios en la de todos? ¡No!. Reunidos y puestos de acuerdo, así es como Jesús se hace presente en medio de nosotros. Nos encontramos con Dios en comunión con los demás. No se trata de salvar mi alma, sino de salvarnos todos, cuantos más mejor. Caín fue un irresponsable y un individualista. 

    Estas actitudes son propias de todos los tiempos. Siempre tendremos que evitar que Caín se adueñe de nosotros. En la actualidad el integrismo y el nacionalismo vuelven a hacerse presentes. Ambas visiones del mundo son hijas de Caín. Ambos son indiferentes ante el resto de seres humanos, ambos no escuchan a los demás, ambos se construyen sobre el odio y el egoísmo, sobre el desamor, y ambos actúan con irresponsabilidad e individualismo. Para esas visiones equivocadas del mundo, las ideas políticas son más importantes que las personas. No es propio de los hijos de Dios matar sino amar, no es propio de los hijos de Dios levantar fronteras sino derribarlas. Porque en el corazón de Dios no hay fronteras. El amor de Dios es global: es para todos. Los que proceden en contra del corazón de Dios, nos ponen a los demás en la difícil postura de pararles los pies, porque se convierten en un cáncer social que amenaza el Bien Común de todos. Y no podemos lavarnos las manos como Pilatos (Nuevo Caín), si no queremos que los inocentes mueran o sufran a sus manos. Frente a estos no cabe indiferencia, ni tolerancia, sino implicación y beligerancia en defensa del Hermano tratado con injusticia. 

    Así que ojo al dato: ¡Que nunca gane Caín! Ni en nosotros ni en el mundo. 

 

XXII ORDINARIO

    La Crisis forma parte de la vida del Cristiano. Difícil será encontrar un creyente que alguna vez no haya tenido una en su vivencia religiosa. Y es extraño porque la crisis es el modo como el ser humano crece. De la infancia a la juventud se pasa por la crisis de la adolescencia. Así que con las crisis tenemos que acostumbrarnos a vivir. 

    Cuatro tipos de crisis describe hoy la Palabra de Dios en nuestra vida cristiana. La primera es la que expone Jeremías. El conflicto. La burla, la vergüenza, la contradicción, el oprobio por ser creyente. Estas situaciones nos llevan a querer desertar. ¿Qué falta tenemos de complicarnos la vida?. Pero es la seducción, el fuego que arde en el corazón por Cristo y sus cosas, la que nos lleva a seguirlo a pesar de todo. Aquí se encuentran los conflictos de los laicos con sus vecinos, o con el “curita” de turno, que no hay quien lo soporte y al que a veces te dan ganas de mandarle a paseo. Aquí se encuentran también los conflictos del seminarista que le gustaría vivir una vida donde baste la vida del dinero, de la salud y del amor, y no tener que aguantar que los demás le estén diciendo: qué desperdicio de vida.  Aquí caben, como no, los conflictos del cura con sus pueblos, a veces duros de cerviz, y con sus compañeros, por cuestiones de vestido talar, o con su obispo y sus ad lateres. En todos esos instantes debes plantarte y decir, por tu amor Señor, soy quien soy y me quedo donde estoy, aunque me duela.

    La Segunda la señala el Salmo. La noche oscura. Tener sed de Dios y solo ser capaz de vivir la fe, recordando aquel tiempo en que todo era de otra manera. En la desolación vives recordando las gracias de la consolación anterior. Israel profesaba su fe invitando a recordar como Dios había estado con ellos, cuando ya no vivía gozando. Es la grandeza del memorial. En la Eucaristía nosotros hacemos lo mismo. Recordar que el amor de Jesús manifestado en la cruz sigue vivo y presente hoy, para ti y para mi. Cuando la sed aprieta, el recuerdo del agua, alienta a buscar nuevas fuentes. A ahondar nuestros pozos. Muchas veces tras la ausencia de los sentidos en la vida creyente, se esconde la necesidad que tenemos de aprender a Creer sin ver. Porque si no lo hacemos, no sabremos lo que es la dicha de la paz que nace de la fe desnuda, aquella que cree sin sentir nada en lo recóndito del alma.

    Pablo en los romanos señala otra crisis. El cambio. Cambiar para ser una ofrenda mejor a los ojos del Padre. Cambiar renovando nuestra mente. Cuantas resistencias ofrecemos a veces a cambiar lo que hasta ahora han sido nuestros parámetros vitales. O a desmarcarnos de lo que piensa el común de la gente. Pero el bien nos exige cambiar. La misericordia también. Y ahí es donde se nos plantean las resistencias. Cuantos problemas podría haber resuelto nuestra Iglesia, sino hubiese dicho tantas veces que NO al cambio como Pedro. Cambiar para mejorar siempre es bueno. Cambiar para dejar atrás planteamientos equivocados que habíamos atribuido a Dios por nuestra necedad, es maravilloso. Pues al resplandecer mejor el rostro de Dios, nosotros mismos nos tornamos más luminosos.

    Mateo nos muestra el último tipo de crisis. La Cruz. No me refiero aquí a las enfermedades, que lógicamente podemos vivir desde la espiritualidad de la cruz, ofreciendo el dolor por los demás, dandole sentido en el marco del amor. Me quiero referir al amor hasta el extremo. Cruz y amor hasta el extremo son la misma cosa. Me has tratado inhumanamente pero yo no dejaré de amarte nunca. ¿Quien no siente vértigo como Pedro cuando le invitan a amar de esa manera? Amar hasta el extremo es cargar con la cruz, es negarse a sí mismo, es perder la vida, es ganar la vida y encontrarla. La lógica de la cruz, todo lo somete a crisis. Porque necesitamos ser como Dios es, y Dios ama hasta el extremo. Amaos como yo os he amado. Esta es la crisis de todos los días: con la familia, con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con la comunidad cristiana, con todos, hasta contigo mismo. Superarla supone aprender a amar. Esta es nuestra crisis constante, nuestro reto permanente. Si te niegas a amar así, te haces Satanás. Y dejas de pensar como Dios. 

    ¿Veis? Tener crisis es lo propio de personas vivas. No temáis a la crisis en la vida de la fe, cuando algo está en crisis en tu vida, la voz de Dios te está diciendo solo una cosa: ¡Necesitas crecer! Así que aprovecha la ocasión que se te brinda.

 

XVII ORDINARIO

    ¿Qué necesita hoy nuestra sociedad? La palabra de Dios nos responde. Pues contrariamente a lo que piensan algunos (incluso eclesiásticos de altísimo nivel), Dios no está en silencio. Más bien, lo que deberíamos plantearnos es si no vivimos en una sociedad sorda a la voz de Dios. 

    Según el libro de los Reyes, nuestra sociedad necesita la sabiduría y la inteligencia para que alumbren su corazón. Pues somos muchos y no es fácil hallar la senda de la justicia. Sin ese tesoro más precioso que el oro fino, como nos enseña el Salmo, nada podremos hacer con provecho.

    Si escuchamos a Pablo descubrimos que nuestro mundo necesita glorificarse. Pues todos aspiramos a vivir con la mayor plenitud posible. Soportar el mal, el sufrimiento y la muerte, no es plato de gusto para nadie. Pero para poder aspirar a vernos libres de semejantes faraones que nos esclavizan, necesitamos ser salvados. Por eso nuestra sociedad necesita de la justificación que Cristo ha logrado, pues ahí reside nuestra salvación. Si bien, para que eso pueda darse necesitamos escuchar la voz enamorada de Dios que nos habla en Cristo, necesita nuestra sociedad oír la llamada enamorada que Dios le hace. Pues solo así comprenderá que ha sido predestinada por Dios a disfrutar de su gloria. Nuestra sociedad necesita respirar la esperanza que nace de todo esto. Pues sin ella es una camino hacia ninguna parte que sucumbe bajo el imperio del mal, el sufrimiento y la muerte.

    El Evangelio de Mateo señala además tres necesidades para nuestra sociedad: aprender cual es el verdadero tesoro que hay que custodiar y adquirir, y que nada tiene que ver con el capitalismo salvaje sin rostro humano  que tantas veces pisotea los derechos de la persona y el bien común de todos. Nuestra sociedad necesita entender que el bien y el mal no valen lo mismo, como afirman los partidarios nihilistas que sostienen vivir por encima del bien y del mal. Lo que es una burda mentira que nos lleva a creer que igual da ser bueno que ser malo. Basta hacer una pequeña experiencia para no dejarnos apresar por ese enfoque equivocado. Imagina que te hacen un mal, y luego, imagina que te hacen un bien. Y si tienes sentido común, al oír a tus sentimientos, descubrirás lo que te agrada y lo que te duele. La necedad no es una necesidad de nuestra sociedad, de ahí que sea tan necesaria para nosotros la inteligencia. Por último, nuestra sociedad necesita según el Evangelio de Mateo, no caer en el error de considerar que solo es importante lo nuevo. Despreciando lo antiguo. Más antigua que es el agua, y sería imposible despreciarla pues sin ella no habría vida. Apreciar lo antiguo no te convierte en un recalcitrante conservador, sino en alguien que sabe que tan importante es innovar en lo necesario, como conservar los logros alcanzados a base de mucho esfuerzo. Por ello conviene no prestar atención a ciertos locos de mucho efectismo mediático, que pretenden acabar con grandes logros conseguidos después de tanto trabajo por parte de todos. Y conviene no hacerlo, no por miedo, sino por inteligencia. Y esto nos lleva de nuevo a la primera lección que las Sagradas Escrituras nos daban.

    Si evitamos la sordera a la palabra de Dios encontraremos solución para muchos de nuestros problemas y satisfacción para muchas de nuestras verdaderas necesidades.  Pidamos al Padre hoy por medio de Jesucristo que por la acción de su Espíritu veamos satisfechas todas estas necesidades.

 

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR ORDINARIO XVIII

    Vivimos tiempos donde abundan los visionarios. En todos los ámbitos de la vida humana. Y lo religioso es un espacio en el que también se nos presentan. Una visión es una experiencia profunda de lo divino. ¿Pero cuando es fiable ese tipo de vivencia?. La Palabra de Dios nos permite responder a esa pregunta.

    Daniel nos descubre que no hay visión auténtica de Dios sin que el Hijo del Hombre ocupe el lugar central. A Dios no lo ha visto nadie, solo Jesús su Hijo nos puede hablar de El. San Juan lo repite muchas veces. Así que cuidado con los  visionarios que hablan de lo divino como si fuese una especie de fuente de energía donde Cristo o estorba, o es indiferente, o simplemente desconocido. Pues verán el rostro divino, de manera incompleta, y eso les llevará a plantear el camino hacía Dios de manera equivocada. No es posible ver el rostro completo de Dios sin los ojos de Cristo.

    Pedro nos enseña además que si experimentas a Dios no es para sentirte tu bien y olvidarte de los demás. Ver a Dios te hace buscar a los demás, ya eso lo ocurrió a Moises. Huir del mundo para ver a Dios es una dinámica equivocada. Ver a Dios te convierte en lámpara, en luz, en llama para los demás en medio de la oscuridad. Ni el quietismo, ni la fuga mundi te conducen a ver el rostro verdadero de Dios. Cuando lo ves, buscas sin cesar el rostro de los demás. Pues Cristo se entrega por nosotros. Todo lo da por nosotros. Para encontrar a Dios hay que salir al encuentro de los demás, complicarse la vida con ellos.

    Mateo nos enseña que no hay verdadera visión de Dios sino escuchamos y vivimos  conforme a la Palabra del Hijo amado y predilecto del Padre en quien El se complace. Sin amar como El nos enseña no hay verdadera visión de Dios. El terrorismo, el integrismo, todo lo que supone odio y violencia  contra los demás, no es religión por muy fundados que digan estar en lo que han visto y oido. Son aquellos que dicen Señor, Señor, pero El no los conoce.

    El Salmo por último nos muestra que una verdadera visión de Dios conduce a la alegría y el gozo, y lo provoca en los demás. Aterrorizar, entristecer, culpar, avergonzar a los demás, es propio de aquellos que leen los profetas sin los ojos de Cristo. Pedro nos lo comentaba en su carta con anterioridad.

    Así que atentos y vigilantes ante los visionarios, pues si estas claves no se respetan, podemos caminar por sendas equivocadas. En Cristo hallamos el camino y la verdad que nos conducen a vivir en plenitud.

 

XIX ORDINARIO

    Son bastantes los que hoy se permiten el lujo de cuestionar el concilio Vaticano II. Y lo presentan como un error a olvidar y desterrar en la vida de la Iglesia. El fantasma de Lefebre vuelve a la carga.

    Pero la Palabra de Dios de este domingo nos permite descubrir porque dos santos papas acertaron al convocarlo uno y al desarrollarlo el otro. 

    El libro de los Reyes pone de manifiesto que ni la violencia ni la actitud incendiaria son vehículo de la manifestación de Dios, sino la suavidad y la frescura. En el pasado las cruzadas y la inquisición, hicieron mucho daño. El Concilio entre otras cosas destierra para siempre esta equivocada conducta en nuestra Iglesia, y la orienta a ser suave brisa amorosa que refresque el corazón humano, en medio de su camino por el desierto. No se equivocaba el concilio en esto.

    El Salmo nos muestra como la doctrina social de la Iglesia ha encontrado por fin su senda verdadera: No hay paz sin Justicia. Y ambas son hijas del amor, que en términos sociales se llama Bien Común. Era necesario desterrar la actitud equivocada de muchos que pretendiendo mantener la paz social, recomendaban la resignación ante la injusticia. Tal actitud promovió el rechazo al cristianismo de todos los movimientos que buscaban la Justicia Social. El concilio sancionó para siempre el matrimonio entre Justicia y Paz. Y desterró el pietismo católico que bendice la injusticia. Y así lo ha recogido con acierto el magisterio social de los papas postconciliares. Tampoco se equivocaba el Concilio en esto.

    Pablo a los Romanos nos enseña que el antisemitismo es totalmente injustificado. Y el Concilio sanciona su punto de vista. Pues hasta no hace mucho el discurso antijudío aún alentaba el corazón de muchos católicos. No hace falta citar las distintas expulsiones de este colectivo de diversas partes de Europa. Como tampoco es necesario insistir en la masacre del pueblo Judio bajo el dominio Nazi, muchas veces, con el asentimiento silente y cobarde de no pocos hijos de la Iglesia. Algunos muy destacados. Tal odio no está justificado en el Evangelio, y Pablo, más bien al contrario, aunque discute con su pueblo, aquí nos abre su corazón para mostrar su amor por su gente. El Concilio condena el antisemitismo sin paliativos. De nuevo el Concilio acierta.

    Por último el Evangelio de Mateo excluye el miedo como vía de encuentro con Dios, y nos invita a la fe en el Dios que nos ama, que nos hace vivir la vida con confianza. Esta fe nos hace caminar sobre el abismo oscuro del mal, el sufrimiento y la muerte, impidiendo que estos nos traguen. El Evangelio nos mueve a la confianza que nos llena de paz. Y nos pide renunciar al miedo que nos llena de inquietud. Cuantas veces en un pasado no muy lejano, los clérigos han predicado con el miedo, calavera en mano, aterrando el corazón de los fieles. Así no se evangeliza. Así se manipula. Y eso nada tiene que ver con el Evangelio ni con Jesucristo. Jesús nos enamora, no nos aterra. El Concilio también ha encaminado a la Iglesia por la senda del amor que salva, y ha desestimado el laberinto angustioso del miedo enfermizo y escrupuloso que envenena e impide vivir en plenitud. Una vez más, el Concilio acierta de pleno.

    Así que un unico consejo por hoy: Si oís algún clérigo o a cualquier falso profeta hablar contra el Concilio Vaticano II, aplicad la sabia defensa del católico de a pié y decid sin temor al error aquello de “prediqueme Padre que por un oído me entra y por otro me sale”. Pues a los tontos hay que oirlos pero nunca hay que hacerles caso. Pues bien dice el libro de los proverbios que es mejor encontrarse con una osa furiosa que con un tonto de remate. Amén.

 

ASUNCIÓN

    Tres vicios hispanos son corregidos hoy por la Sagrada Escritura en la vispera de la Asunción.

    El procesionismo sin consagración. Pues tanto en Semana Santa como en las fiestras patronales, muchos católicos del terreno patrio, se agarran a los tronos. Pero ¿su corazón está consagrado al Señor?. ¿Piensan, sienten y actúan con Cristo? ¿o lo desconocen por completo?. La primera lectura nos interpela.

    La muerte no tiene arreglo. Cuantas veces se escucha esta afirmación en nuestros velatorios. Y la mayoría se proclaman católicos. Pero como los Corintios muchos no creen en la resurrección de los muertos. La victoria de la muerte la creen absoluta. Y piensan y viven como Saduceos. Pero eso es impropio de los que seguimos a Jesús creyendo que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Pablo nos exhorta a creer en la victoria sobre la muerte.

    Los vivas y los aplausos son constantes en el catolicismo español. Pasate por un templo católico en la fiesta patronal de un pueblo, o vete al Rocío. Pero realmente los que vitoreamos y aplaudimos ¿Escuchamos la Palabra de Dios, la ponemos en práctica, partimos el pan con alegría en la Eucaristía, oramos constantemente, somos solidarios y fraternos con nuestros hermanos, vivimos unidos en el amor? El Evangelio aunque corto nos hace preguntas serias. 

    Así que la Asunción de María nos impulsa a repasar nuestra vida, revisándola, para convertirnos de todo aquello que necesitemos convertirnos si queremos como ella vivir la vida plena de los Hijos de Dios. 

 

XX ORDINARIO

    ¿Como es la fe verdadera? A esta pregunta responderemos hoy escuchando la Palabra de Dios. 

    La fe verdadera no conoce extranjeros, porque no nace de naciones. La fe verdadera es de personas. Cada cual la debe aceptar y adoptar por sí mismo. Nadie puede sustituirte en esa decisión. Por ello no importa a que clan o a que nación pertenezcas. Si crees en Jesús, eres bienvenido al Pueblo de Dios. Por nacer aquí o allá no soy creyente o incrédulo. Por lo que decido y como lo vivo sí. Isaias es claro en este sentido. 

    La fe verdadera nos llena de alegría y nos hace alabar a Dios sin cesar. La verdadera fe no causa tristeza. Ni te lleva jamás a maldecir la vida. Pues la fe en Jesús te revela que el mal, la muerte y el dolor, no venceran. Te enseña que la injusticia no tendrá la última palabra en la vida. La fe te llena de alegría porque antes te inunda de esperanza. El Salmo no deja lugar a dudas.

    La fe verdadera mueve a la misericordía pues todos somos pecadores. El puritanismo pietista por su rigorismo farisaíco nada sabe de la verdadera fe. La fe verdadera nos hace contemplar el rostro misericordioso del Padre Dios. Y nos impele a serlo, con la certeza de que seran dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. La fe verdadera nunca te lleva a lanzar piedrás a nadie por ser descubierto como un pecador. La carta a los Romanos lo proclama.

    La fe verdadera brota y conduce a la Humildad. Esta mujer no merece nada. Y sin embargo su fe es la más grande de cuantas se hayan visto, en muchos corazones judíos y eso, que ella, es extranjera. Y como el buen ladrón no teme pedir e insistir, y esa humildad, gana el corazón de Jesús y la escucha, y con esta ironía demuestra a los judíos que la raza no te hace creyente. Y que Dios siempre escucha a los pequeños. Y no a los que se enaltecen hechos fanfarrones. 

    La fe verdadera muchas veces también se encomienda los santos, para que por su intercesión ellos logren la atención de Jesús. Es maravilloso ver a los apóstoles intercediendo por esta humilde mujer que pide ayuda. También María intercedió por los novios en Caná, y hallaron respuesta a su necesidad. La fe verdadera sabe que los que nos han amado aquí, no dejarán de hacerlo allí, cuando vivan en Dios. Y siempre podremos contar con su ayuda. El Evangelio nos ofrece estas dos hermosas lecciones.

    Ya sabes como es la fe verdadera: personal, alegre, misericordiosa, humilde y solidaria. Como verás ya ves por qué es falsa la fe de los integristas. Porque desprecian al que no es de su clan, porque infunden tristeza, porque desconocen la misericordia, porque se creen superiores a todos, elegidos especialmente por Dios, y porque jamás escucharían a un impuro. Por eso, son aquellos que aunque siempre tienen el nombre de Dios en la boca, ante Jesús oirán su voz diciéndoles: “No os conozco”. 

    Si quieres ser verdaderamente creyente, no lo olvides: Nunca seas integrista.

 

XXI ORDINARIO

    Ser Cristiano. Este domingo la Palabra del Señor nos interpela sobre ello, con ánimo de que podamos revisar como es nuestra fe. De hecho es lo que Jesús hace hoy con sus discípulos, revisar su adhesión. 

    El profeta nos interpela acerca de nuestra coherencia. La simulación farisaica no salva. Aparentar no es ser. La clase sacerdotal judía de aquel tiempo era hipócrita. La doble vida no te hace madurar. No te hace evolucionar. No te permite alcanzar la vida en plenitud. Pues es como un frutal que aunque plantado y regado, no da fruto alguno. Sin duda será sustituido por otro que si los dé. Ser Cristiano supone ser coherente.

    El salmo nos interpela acerca de como recibimos la misericordia de Dios. Si yo soy un pecador que necesita la misericordia divina, he de percatarme que el otro también lo es, y también la necesita. Si no soy perfecto y encuentro misericordia, por coherencia, he de transigir que el otro tampoco lo sea, y por tanto que precise de la misma misericordia que yo. Ser Cristiano supone ser misericordioso.

    Pablo nos interpela acerca de nuestra capacidad de sorprendernos ante el excesivo amor de Dios que se derrama sobre nosotros con singular profusión. Quien no ser sorprende y alaba a Dios por su amor hasta el exceso, tiene una vida espiritual anodina o nula. No puedes aburrirte o cansarte de estar vivo, si el amor de Dios está ante tus ojos. Su contemplación convierte la vida en una Eucaristía constante, en una acción de gracias permanente. Ser Cristiano supone sorprenderse agradecido porque Dios nos ama con exceso.

    Mateo nos interpela acerca de nuestra comprensión del misterio mismo que es Cristo. No basta conocer a Jesús de oídas. Es necesario verlo con los ojos de la mente y el corazón. Sin conocerlo, no lo amarás, sin amarlo, no lo seguirás. Para que sea tu Mesías, debes vivir enamorado de tu Señor, dado que solo Él tiene para ti Palabras de Vida Eterna. 

    Además nos interpela acerca de nuestra pertenencia a la Iglesia. Nos pregunta si edificamos la Iglesia. Una cosecha no se recoge, mirando desde las lindes del bancal o hablando de como van los frutos. Hay que implicarse. Hay que trabajar en ella. Valorándola, sintiéndola algo propio. 

    Por último nos pregunta si abrimos o cerramos las puertas del Reino de los Cielos. Las abrimos cuando amamos, las cerramos cuando somos egoístas y odiamos. 

    De modo que Ser Cristiano supone Conocer y Amar a Jesús, Seguirlo. Edificar su Iglesia, abriendo las puertas del Reino de Dios amando a los demás. 

    Como veréis quizás muchos se llamen a sí mismos cristianos demasiado a la ligera. Y ahora no pienses en los demás, medita sobre ti mismo, porque hoy Jesús nos pregunta a cada uno, quien dices con tu vida que soy yo.

 

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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