PARROQUIA PURISIMA CONCEPCION
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DIALOGO CON LA PALABRA

Una homilia debe ser un diálogo con la Palabra. Dios con su Palabra dialoga con nosotros. Los signos de los tiempos hacen que la Palabra resplandezca ante nuestros ojos y nuestros oidos. El Espíritu de Dios lo hace. No escuchar esta Palabra es privarse de un enorme caudal de Sabiduría y Gracia. 

  A parte de la homilia, los jueves por la noche a las 21horas, se va leyendo de manera explicativa la Biblia de manera progresiva desde hace año y medio.

XXVIII ORDINARIO

    La Palabra de Dios hoy nos enseña que la Sabiduría es más valiosa que la abundancia del dinero. Esto nos resulta extraño a los que vivimos en una sociedad capitalista como la nuestra que adora la posesión del dinero por encima de todo. Sin embargo la Escritura insiste en que sólo con la Sabiduría de Dios hallaremos la verdadera prosperidad. Prosperidad y Sabiduría al parecer van juntas de la mano.

    ¿Pero esto es verdad? Mira el mundo y descubre que hoy vivimos en la sociedad de la información. Es decir, poseer determinada información hace que una inversión sea un éxito o un fracaso. Además no es la primera vez que vemos como una gran fortuna construida por personas sabias, es destrozada por unos herederos necios. Por desgracia la historia está llena de ejemplos de estos. No basta la posesión del dinero, hay que saber gestionarlo. Como para conducir un automóvil es necesario aprender a hacerlo, no basta con tenerlo. Incluso a veces vemos casos de personas que sin disponer de capital, por su sabiduría, son capaces de levantar verdaderos imperios económicos. De modo que sí es cierto: la sabiduría hace crecer la economía y la necedad es capaz de dilapidar el mayor de los imperios. La Sagrada Escritura no miente.

    El Evangelio da un paso más. Si quieres obtener grandes ganancias, actúa con generosidad con el dinero. Curiosamente un empresario hace años me hizo ver que esto era cierto. Cosa que confieso en aquel tiempo me extrañó debido a mi inexperiencia. El joven rico es un avaro. Jesús le invita a poner su dinero en movimiento. Acumular riqueza sin moverla no hace crecer la economía. En cambio según Jesús la generosidad sí, aunque a veces conlleve asumir riesgos y sufrimientos. Es lo que les enseña a los apóstoles. Prefiero apelar a la inversión inteligente más que a la limosna como podréis ver. La inversión erradica la necesidad de la limosna, ¿por qué?, porque la inversión sabia crea entornos de riqueza para muchos. Un tejido empresarial serio, solvente, que respeta la legalidad y la dignidad humana, se hace fiable para muchos y crea riqueza para los que con él se implican. De modo que esto activa la vida económica de un país, de una región o de un pueblo. O de todos a la vez. El dinero es como la sangre. Si se para, el cuerpo se muere. Una crisis económica en gran medida consiste en eso: el dinero se para, se deja quieto. Siempre que esto ocurre el Bien común social sale muy dañado. Contrariamente a lo que muchos pueden pensar equivocadamente, Jesús es muy sabio, hasta en economía. Y sobre todo en humanidad. El planteamiento de Jesús pivota sobre el amor. Y lo llamativo es que al parecer, según lo expuesto, el amor resulta rentable. Cuando no se crea un entorno inteligente en la economía, que esté transido de valores que brotan del amor, la confianza para invertir se quiebra. Nadie invierte si tiene dudas, si tiene miedo, si cree que lo van a engañar o que van a faltar a los compromisos y tratos establecidos. Eso hace que el dinero se quede quieto. El amor inteligente da confianza. Y por eso crea riqueza, no sólo para quien invierte, sino también para quien trabaja y negocia con quien invierte. Y al final un gran colectivo humano se beneficia y es capaz de vivir con dignidad.

     ¿No Reina Dios cuando el ser humano vive en plenitud?. Por eso dice Jesús que a esa suerte de ricos avaros que no invierten con amor e inteligencia les va a ser muy difícil entrar en el Reino de Dios. Porque no crean Bien Común. Y lo que es más a larga, aunque no lo sepan por su necedad, están perdiendo ellos mismos dinero. Parece imposible para la lógica torcida de un avaro, pero para Dios, Amor Sabio donde los haya, esto es posible. Ojalá y que nosotros nos convenzamos de lo mismo.

    ¿Veis? Lleva razón la carta a los Hebreos. La Palabra de Dios es viva porque habla de la vida. Es eficaz porque ofrece soluciones. Y es tajante como espada de doble filo porque es sabia y conoce bien el mundo y al ser humano. Y sabe lo que hay en el corazón de todas las cosas. Todo está patente para ella. Todo queda descubierto ante sus ojos. Ojalá y que hagamos caso a su sabiduría pues entonces al presentarle las cuentas de lo que hemos hecho con nuestro dinero seremos capaces de ofrecerle el hermoso caudal de prosperidad que gestamos para todos con nuestro dinero, construyendo a nuestro paso con inteligencia y amor, el hermoso milagro del Bien Común.

 

XXVII ORDINARIO

    Varias cuestiones aborda la Palabra de Dios para nosotros en esta jornada dominical. Y todas ellas vinculadas con nuestro cotidiano modo de vida como católicos del siglo XXI.

    La primera nos lo muestra la carta a los Hebreos. Todos los hijos de Dios son igualmente sagrados. Los Laicos por el hecho de no ser clérigos no son ciudadanos de segunda división. Son Hermanos de Jesús. Son sus amigos. No son siervos. Cristo ha derramado su sangre por todos. Ha sufrido para el bien de todos. No hay clasismos ni exclusiones en el corazón de Dios. No debe haberlos en la Iglesia. Todos somos igualmente amados por Dios en Cristo. Ahí radica nuestra dignidad y nuestra igualdad en el seno del Pueblo de Dios. Quienes pretenden crear una suerte de “castas superiores dentro de la Iglesia” desconocen por completo la verdadera naturaleza de la Iglesia. Pues si en la Iglesia existen los clérigos es para servir a todos los fieles laicos. Nunca deberíamos olvidar esto.

     La segunda nos la muestra el libro del Génesis. El machismo que discrimina a la mujer, queda totalmente excluido del proyecto de Dios. El simbolismo de ser creada a partir de una costilla del hombre, encierra una hermosa enseñanza para todos. La mujer es carne de su carne y sangre de su sangre. No es creada del pie para ser pisoteada. Ni de la cabeza para que se la considere superior. Es creada del costado, para que sea considerada igual. Es creada del lado bajo el brazo para ser protegida. Es creada en definitiva del lado junto al corazón para ser amada. Precioso simbolismo extraído por una interpretación hebrea que manifiesta a las claras que la discriminación por el hecho de ser mujer, es totalmente a ajeno a la voluntad de Dios y quien así lo mantiene sea quien sea podrá ser fariseo, pero de acuerdo con el Dios de Jesucristo no está bajo ningún concepto.

    La tercera nos la muestra el Evangelio. El divorcio es fruto de que los esposos no se unen verdaderamente hasta formar una sola carne. Eso no sucede cuando uno de ellos o ambos se dejan separar por multitud de cosas, eventos o personas, porque los leños ardientes si son separados se apagan. Eso no sucede cuando uno de ellos o ambos pretenden cambiarse el uno al otro de modo que puedan asimilarse abortando la diversidad y la idiosincrasia que opera el que ambos hayan llegado a enamorarse. Eso no sucede cuando uno de ellos o ambos declara al otro invisible y lo deja de lado como si no existiese. A tu pareja debes verla, olerla, oírla, saborearla y tocarla. Tus sentidos son para amar. Pues cuando se dan estas tres cosas los esposos dejan de ser compatibles, el deseo sexual se agua y el afecto se agria. En ese instante, el amor deja de durar en el tiempo. Y aparentemente muere. Pero realmente nunca fue verdadero, porque los esposos no eran una sola carne. Una sola carne no se separa, no se asimila, no es invisible, y siempre es compatible. Cuando es así una relación, ni el deseo sexual ni el afecto correspondido se agotan en el tiempo. Ese amor es más fuerte que la muerte. Y es sagrado porque nace de Dios. Ese es el amor que ningún hombre debe separar ni romper. Si hoy parece que la familia está en crisis no es por solo por la familia, sino por las personas que la integran. Si un ser humano no es capaz de amar sin incurrir en estos errores, jamás un matrimonio será una realidad consistente y creadora de entornos familiares. El problema de la familia hoy es que las personas que las fundan no siempre están verdaderamente maduras para amar, y como Jesús afirma de sus paisanos, son “tercas para el amor”. 

    La cuarta cuestión nos la muestra igualmente el Evangelio. Los niños no deben ser reprendidos por ser niños. A algunos católicos los niños les molestan en las Iglesias. Incluso algunos que asistan a misas especiales para ellos les parece que eso es convertir la Iglesia en una especie de tablado flamenco o de circo. No es así. Las misas infantiles son la prolongación de los abrazos y las bendiciones que Jesús les ofrece hoy a los niños. Pues su inquietud infantil muchas veces pone en tela de juicio la seriedad y la circunspección, y a veces incluso, la complicación de nuestras liturgias, enrevesadas hasta extremos inusitados y que dejan por completo de expresar el verdadero ser de Dios en aras de ritualismos excesivos. Una vez más si los niños nos estorban es porque filtramos el mosquito y nos tragamos el camello. 

    Así que hermanos dejemos que hoy, los Sagrados Textos nos hagan pensar a todos. Pues sin duda meditarlos provocará en nuestras vidas y hermosa renovación de nuestra mente, nuestro corazón y nuestra conducta. 

 

XXVI ORDINARIO

    Tres son las advertencias que se nos hacen hoy a los cristianos que formamos parte de la Iglesia católica. 

    La primera emana del libro de los números y del Evangelio. No tenemos el monopolio de Dios. Pues muchas veces creemos que fuera de nuestra Iglesia no hay Salvación. Y no es así. Sin Dios no hay Salvación. Pero Dios es mucho más grande que nuestra Iglesia. De modo que no nos extrañe ver gente buena, y hasta santa, fuera de los nuestros. Porque Dios hace maravillas donde le dejan. Y ojalá y que todos fuésemos inhabitados por el Espíritu de Dios. Así que no lo olvidemos: Quien no está contra el amor está a favor nuestro. 

    La segunda brota de la carta de Santiago. Si no supiésemos que es una carta apostólica o una homilía como piensan algunos, creeríamos que es una suerte de manifiesto revolucionario. La Iglesia no puede permanecer muda ante la injusticia o ser solidaria de la opresión. Pues eso la convertiría en una suerte de opio del pueblo. Usar la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro para recomendar a los pobres conformarse con su miseria en espera de los premios del cielo, es macabro. Porque la intención de Jesús con ella es motivar a la solidaridad y a la capacidad de compartir. Cuando un miembro de la Iglesia ha hablado de temas socioeconómicos se la ha tachado de “rojo” o “comunista”. Pero Dios ni es comunista ni es capitalista. Nuestros sistemas de organización social le son indiferentes siempre que no atenten contra la dignidad humana y el Bien común. Siempre que nos permitan a todos vivir en plenitud. Y no solo a algunos. No somos unos antisistema. Los cristianos somos buscadores de que la miseria no exista como fruto de la injusticia y la insolidaridad de algunos. Lo que no podemos desear nunca como católicos es que la injusticia y la opresión sean nuestro sistema habitual de vida. Por eso no debemos tener miedo a discursos comprometidos como los de Francisco, Pablo VI, Juan XXIII o Juan Pablo II. Ni a teologías comprometidas que denuncian las duras condiciones de vida de muchos seres humanos. Tildar de “jesuita” a un sacerdote en CentroAmérica era algo así como considerarlo marxista. Pero la injusticia y su denuncia no son necesariamente “marxismo”. Pues muchas veces hubo que denunciar las injusticias que los sistemas marxistas (y no solo los capitalistas) provocaron.  Si la Iglesia no grita “Justicia”, lo gritará Dios, y si no es por nuestra boca, será por otras. Quien es injusto es anti divino.

    La tercera surge del Evangelio de Marcos. Quien escandaliza o abusa de un pequeño es basura. La Gehenna es el basurero de Jerusalén. Por eso no se apaga el fuego y siempre hay gusanos vivos. Porque un basurero se regeneraba incendiándolo y normalmente en la podredumbre de los desechos orgánicos se encontraban gusanos. Pues bien quien abusa sexualmente de un niño sea profesional, cura o familiar, quien trafica con órganos de niño, quien manda a los niños a la guerra, quien los convierte en bombas explosivas para atentados terroristas, quien tortura o asesina a un niño, quien usa a los niños como armas arrojadizas contra su ex pareja en medio de un divorcio, quien no respeta el carácter sagrado de la vida de un niño, sea quien sea, es basura. De ahí que Jesús nos diga antes de dañar a un niño córtate la mano o el pie, o sácate un ojo. O átate una piedra al cuello y tírate al mar. Una Iglesia que maltrata a los niños es BASURA y cualquier actitud que hubiese en ella en ese sentido debería ser cortada de raíz. A los niños hay que amarlos y educarlos, pero nunca atropellarlos. Una cultura que hace eso es  basura y además es suicida. 

    Las tres enseñanzas que se nos ofrecen hoy clarifican muchas situaciones y nos interpelan para que posibles errores que pudimos cometer en el pasado, como colectivo, no vuelvan a repetirse nunca en el futuro. De nosotros depende.

 

XXV ORDINARIO

    Santiago nos enseña que la sabiduría que viene de Dios es comprensiva. Por eso quizás es amante de la paz y construye la justicia.

    La incomprensión es el camino a la necedad y al sufrimiento. Toda la Palabra de Dios hoy nos ilustra sobre ello. 

    El libro de la Sabiduría nos permite entender que cuando somos incomprensivos crucificamos a los demás. Este poema se anticipa a los hechos que transcurrirán camino del Calvario. Son una suerte de profecía de lo que pasaría después. Las autoridades religiosas de Jerusalén y los fariseos no comprendieron a Jesús. Y lo creyeron una amenaza, por eso lo mataron, crucificándolo. Si convertimos al otro en una amenaza no esperemos nunca tratarlo con simpatía ni afecto. Pues vera la peor de nuestras caras. Eso ocurre por la incomprensión.

    Santiago nos descubre que cuando no comprendemos, cuando no estamos bajo el influjo de la sabiduría del cielo, solemos sumergirnos en envidias, rivalidades, desorden, guerras, contiendas y codicias. La razón es simple: no comprender que los bienes han sido creados por Dios con una vocación universal da lugar a enormes desigualdades e injusticias. La ambición no comprende lo que significa el Bien Común. La mayoría de los conflictos han surgido por falta de comprender que unos y otros formamos parte de la misma familia: la gran familia humana, la familia de los hijos de Dios. Si comprendiésemos esta gran verdad, nuestros esfuerzos irían dirigidos a remediar muchos de los males que nos afligen. Quizás entonces sabríamos que egoísmo y oración son incompatibles. De ahí que el Padre Nuestro nos ayude a levantar los ojos al cielo pidiendo no solo por nosotros sino por todos.

    Marcos nos revela que cuando nos pasa como a los apóstoles, cuando no comprendemos a Jesús, nos llenamos de miedos. Porque cuando no controlamos la realidad nos sentimos inseguros, y los temores se apoderan de nosotros. Fíjate en un conductor novel, en un anciano con un móvil de última generación. Eso mismo ocurre con los temas más importantes de la vida. Y por ello, cuando no comprendemos tratamos de evadirlos. Justo como ellos hacen pero sin resolverlos.

    Cuando hacemos como los apóstoles, además nos imposibilitamos para servir a los demás o para acoger a los pequeños. Servir y acoger son muestras de amor. Sin comprender que el amor es lo mejor de la vida, difícilmente venceremos nuestras soberbias y nuestro egoísmo. Sin comprender que el amor es lo mejor que nos puede pasar, es imposible comprender a Jesús. ¿Como vivir entonces en Plenitud?.

    Así que ahora la Palabra de Dios nos interpela a todos. ¿Somos comprensivos o la incomprensión es nuestra dueña? De ello depende cual sea el rostro de la Iglesia. Una Iglesia que no comprende crucifica. Una Iglesia que no comprende desata guerras. Una Iglesia que no comprende infunde miedos, no es servicial y no acoge a los pequeños.  Seamos pues sabios, personas llenas de la verdadera sabiduría que es la que nace de Dios, ello hará que nuestra vida sea apacible y llena de misericordia.  

 

XXIV ORDINARIO

    Una cosa es el texto y otra muy distinta el mensaje.  Un texto lo podemos entender dedicándole nuestra atención durante un tiempo. Recibir un mensaje tras escuchar un texto exige mirar el mundo, el presente, y abrir la mente para que el mensaje fluya. Los cristianos sabemos que no estamos solos, Jesús está con nosotros, y si escuchamos su voz con calma, Él ilumina los signos de los tiempos con su sabiduría. 

    Apliquemos hoy este método. Muchos me habéis preguntado estos días por Francisco. Los medios de comunicación han mostrado las amargas noticias de que un sector eclesial no se cansa de atacarlo, porque su pontificado les asusta. Así que escuchemos la Palabra de Dios y veamos si hay algún mensaje para nosotros.

    Isaias nos presenta al siervo de Dios sufriente. Es fiel a Dios aunque muchos lo maltraten por eso. Pero a él no le importa. Se mantiene fiel porque sabe que Dios está con él. Francisco es el siervo de Dios hoy. Sabe lo que Dios le pide. Sabe a que se expone. Y no ceja en su empeño. Ni responde con la misma mala fe. Con el Papa Juan XXIII pasó algo parecido. Y aún así convocó un concilio que ha cambiado muchas cosas en la Iglesia de Dios. Y el Espíritu Santo alentó su propósito. Así que Cristo Jesús hoy nos lo dice con claridad su siervo está entre nosotros y calza las sandalias de Pedro.

    El Salmo nos presenta al orante en medio de la adversidad. Nuestro Francisco no para de pedir a todos que oremos por él. Sabe lo difícil de su misión y cuenta con nuestra plegaria, así que no le defraudemos. El orante sufriente necesita de nuestra plegaria.

    Santiago nos dice que la fe se muestra por sus obras. No sé si el magisterio de Francisco será tan profundo teológicamente como el de otros. A mi juicio sí. Pero sus gestos son inconfundibles. Sus hechos marcan un antes y un después. Y creo que debemos estar muy atentos a ellos. Su fe habla por sus gestos. Sus convicciones son incuestionables si ponemos nuestros ojos en sus acciones. Ahí radica su verdadero magisterio.

    Marcos nos muestra a Jesús del que muchos ofrecen versiones incompletas. Con Francisco ocurre lo mismo. Solo Pedro sabe ver en Jesús al Mesías. Yo a veo a Jesús en Francisco. Y como yo la inmensa mayoría del pueblo. Pero hay ancianos, sumos sacerdotes y escribas que rechazaron a Jesús. Significados curiales, aunque no todos y ni siquiera la mayoría, claman contra Francisco. Y hallan coro en algunos clérigos. Muchos de ellos jóvenes formados para ser buenos sacristanes o para hacer carrera en una institución enferma. Gentes a las que no les importa nada más que ser miembros de un carnaval, donde les gusta ir vestidos por ahí con vestiduras anacrónicas como si eso les permitiese retrotraerse a un pasado que ya no existe y que además no conocieron. La Iglesia no puede ser una feria medieval. Porque además la Edad Media no fue tan oscura como ellos pretenden en todos los ordenes. Suelen ser integristas e ignorantes porque transforman el ayer en lo que nunca fue. y adoran su macabro sueño como una tradición inmutable. También como ayer, estos Ottaviani pretenden silenciar al nuevo Juan, porque su Concilio y su Pacem in Terris les causa pavor. Pero les falta la humildad de aquel Cardenal que supo pedir perdón a San Juan XXIII, porque al final entendió que el Papa, al que él combatió equivocadamente, simplemente se dejaba conducir por el Espíritu de Dios. Y como Pedro, merecen que Jesús les llame al orden y les haga ver que piensan como los hombres y no como Dios. 

    La Iglesia se queda vacía cuando se mira a sí misma y piensa como humana, y se aparta de la voluntad de Dios. En cambio cuando la Iglesia pone sus ojos en Dios, entonces su sal no se vuelve sosa, y su luz ilumina a los hombres. Eso es lo que Francisco busca. Que miremos a Dios. Francisco busca que el Evangelio nos penetre a todos para que aprendamos a dar la vida. Para que seamos capaces de amar hasta el extremo como Cristo crucificado. Pues solo ese amor nos glorifica. Sin mirar a Cristo y su Evangelio la Iglesia es como la luna cuando el sol no la alumbra, una piedra muerta, fría, oscura y polvorienta.

    ¿Veis? Me habéis preguntado muchas veces por Francisco estos días, y hoy Jesús con sus Palabra nos ha respondido, transformando el texto en mensaje cuando lo confrontamos con los signos de los tiempos que vivimos. No es tan difícil. Basta confrontar sus palabras con los signos de los tiempos. Creo haberos respondido a todos. Puedo decíroslo más alto, pero no más claro. Ojalá y que al leer hoy esta Palabra Francisco pueda oír la voz del Señor y escuchar de sus labios su precioso mensaje. Para que no se desanime ni ceje en su empeño. Francisco, tú eres Pedro, no lo olvides nunca. Yo estoy con Pedro el enamorado de Jesús y su Evangelio ¿y vosotros?.

 

XXIII ORDINARIO

    Una sociedad puede estar humanamente desarrollada o no estarlo. Igual da que sea una comunidad local, regional o nacional. Pero hoy la Palabra de Dios nos permite preguntarnos si nuestra sociedad global es una sociedad humanamente desarrollada, y para responder a esta pregunta se nos ofrece que la consideremos bajo cinco indicadores presentes en los textos que acabamos de escuchar. 

    Si ponemos nuestra atención en el Salmo y en Santiago podemos preguntarnos ¿como tratamos a los pobres en sus diversas circunstancias en nuestro mundo?. Porque una sociedad que permite que la pobreza con todas sus injusticias exista, no puede considerarse humanamente desarrollada. Pues la injusticia social no es nunca expresión de desarrollo humano. 

    Si ponemos nuestra atención en el Evangelio podemos preguntarnos ¿como tratamos a los enfermos?¿qué hacemos por curarlos siempre que nos es posible? Una sociedad humanamente desarrollada atiende a los enfermos con las mejores instalaciones, los mejores profesionales y las mejores terapias. Sin un buen sistema sanitario al alcance de todos por igual, no podemos hablar de una sociedad desarrollada humanamente hablando. Pues sin este sistema estaríamos apartando al enfermo de las manos de Cristo que pueden curarlo. Esa es la maravilla de este milagro: aprender a tratar al enfermo hasta dejarlo sano. Sacándolo de sus enfermedades y dolencias. 

    Si ponemos nuestra atención en el profeta podemos preguntarnos ¿Qué hacemos para que las mentes de los seres humanos abran sus ojos y sus oídos, de modo que sean verdaderamente libres para poder hablar con sus lenguas?. Cuando cercenas la información o cuando impides el conocimiento privas al ser humano de su autonomía, en tanto que lo haces susceptible de ser manipulado, convirtiéndolo en una sombra. Educar y formar es liberar y constituir al ser humano para que pueda ser un sujeto dueño de su destino. El concilio Vaticano II nos explica muy bien esto en varios de sus documentos. Así que sin una educación integral del ser humano con profesionales y medios suficientes y excelentes impedimos que las sociedades lleguen a ser comunidades humanamente desarrolladas. 

    Si volvemos a poner la atención en el profeta podemos preguntarnos ¿cual es el acceso de todos a los bienes básicos para la vida, como por ejemplo, el agua potable?. Que los desiertos se vuelvan jardines gracias a que las aguas se derramen sobre el yermo. Las metáforas proféticas nos sirven a nosotros para preguntarnos sobre este aspecto. De esto en Murcia sabemos mucho, quizás demasiado, porque el agua nos llega a regañadientes, carísima y siempre escasa, pues nuestra nación que presume de solidaria, lo permite, y prefiere verterla al mar antes que repartirla con quien no la tiene. Pero es que en nuestro mundo pasa más de lo mismo. ¿Como podemos llamar desarrollada una sociedad cuando los niños en America, tienen que beber agua de los charcos? Y de esto fui testigo en Bolivia, hace unos años. Una sociedad que no defiende el acceso de todos a estos bienes necesarios, no puede considerarse desarrollada humanamente bajo ningún punto de vista.

    Por último si ponemos los ojos en Santiago podemos cuestionarnos ¿existen favoritismos en nuestras sociedades?¿hacemos acepción de personas por su clase social, por su raza, por su condición sexual, por su cultura o religión, por su condición corporal o por cualquiera otra etiqueta?¿Movimientos integristas religiosos, filosóficos o políticos se permiten estas inmoralidades aún hoy? Una sociedad no puede llamarse humanamente desarrollada si desprecia a una persona por ser zurda en vez de diestra. Demonizar al que es diferente no nos desarrolla humanamente nunca. 

    Así que amigos nuestra sociedad global ¿es o no es una comunidad humanamente desarrollada? Creo con el Papa Francisco, a quien me honro de tener como Sumo Pontífice, que aún le falta mucho. Si la consideramos a la luz de los indicadores de las Escrituras que se han proclamado hoy no es tiempo de dormirse en los laureles. Aunque alguno lo proclame no hemos llegado al fin de la historia, ni al mejor de los sistemas posibles. Del plano local, regional o nacional no me pronuncio, con lo que habéis escuchado sacad vuestras propias conclusiones. El mundo no se arregla diciendo “los míos primero”, el mundo solo mejora cuando buscamos todos el bien común. Ante Dios solo hay una misma familia humana no lo olvidemos, las demás diferencias, son cosa nuestra.

 

XXII ORDINARIO

    La experiencia cristiana es dramática. Pues siempre tiene que afrontar el drama que supone la posibilidad de dejar de dar culto al Padre en espíritu y en verdad. Hoy se nos ofrecen tres caras de ese drama a nuestra consideración.  

    La primera nos la muestra el libro del Deuteronomio. Siempre existe la posibilidad de que añadamos a la Palabra de Dios cosas que ésta no dice, o de que, dejemos de lado cosas que ésta sí dice. Cada vez que hacemos algo de esto, perdemos la sabiduría y la inteligencia de Dios. Y la necedad ocupa su lugar. Cuantas veces hemos declarado guerras en nombre de Dios, o condenado a personas por motivos religiosos. ¿Qué tiene eso que ver con Jesucristo? ¡Nada!. Y sin embargo hemos manipulado la fe en aras de intereses ideológicos ajenos a ella. Ya desde los primitivos gnósticos se inició este camino equivocado. Y la resultante de esta andadura suele ser una caricatura o un monstruo que lejos de hacer vivir en plenitud, frustra esta expectativa. 

    La segunda nos la ofrece Santiago. Es posible oír la Palabra de Dios y no ponerla en práctica. Oírla y olvidarla, sin permitir que nos afecte en nada. Ese modo de recibir la Palabra no nos salva. La parábola del sembrador nos lo recuerda. Esa religiosidad no es auténtica. Porque no permite que la palabra engendre en nosotros el hombre nuevo y la mujer nueva, verdaderos ciudadanos del Reino de Dios. 

    La tercera y última nos la presenta el Evangelio. Y tiene un cierto parecido a la anterior, pero resalta un nuevo matiz. “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí”. El culto vacío. Cuantas veces podemos recibir sacramentos por pura tradición, costumbrismo, convencionalismo social, y sin implicarnos personalmente de ninguna manera. Como si fueran meros preceptos humanos. ¿Acaso la gracia no nos visita? Indudablemente sí. Pero ¿la recibimos con las puertas de nuestro corazón abiertas o cerradas?. La gracia está a la puerta llamando. El amor de Dios nos envuelve, pero si nuestro corazón está cerrado: ¿qué puede hacer si como sabemos siempre respeta con exquisitez nuestra libertad?. Sabemos que el culto ofrecido es verdadero cuando cambia nuestro corazón. Y nos reviste de la pureza del amor: donde no cabe dejarnos dominar por malos propósitos, por el uso de las personas cual si fueren objetos al servicio de mi placer, por los robos y los homicidios, por la traición de las personas a las que se ama y que confían en ti, por la codicia, la injusticia y el fraude, por el desenfreno que cree que el egoísmo y el odio valen lo mismo que el amor, por la envidia y la difamación, por el orgullo que te hace pensar que eres más que los demás cuando ni eres más ni menos que nadie sino igual a todos, por la frivolidad que te endurece ante el sufrimiento ajeno. No amar te hace impuro. Solo amar nos purifica. Si el culto no nos lleva a amar así, es un culto vacío.

    El drama está históricamente demostrado. Así que no lo ignores. Sino quieres dejar de dar al Padre un culto en espíritu y en verdad, no eches hoy en saco roto, lo que la Palabra de Dios nos enseña a todos.

 

XXI ORDINARIO

    La Eucaristía no es magia, no manipula lo divino y lo pone a nuestro servicio. Es “Dios con nosotros”. La comunión con Él es el fin de la misma. Y esta comunión nos diviniza. Transforma nuestra vida. La transfigura. 

    Josué nos explica el primer fruto que produce en nuestra vida. Nos hace vivir unidos al Señor. Hace posible que Dios sea “nuestro Dios”. Nos sumerge por medio del memorial en la experiencia del Dios verdadero que nos libera de nuestras esclavitudes, que hace grandes signos a nuestra vista, que nos protege, nos permite disfrutar de que Dios sea un Dios con nosotros y además lo convierte en nuestro. La Eucaristía es la fuente primaria de la espiritualidad cristiana. El Salmo completa esta verdad que exponemos. Dios nos escucha, está cerca, nos salva, nos cuida, nos redime y nos excluye de todo castigo. He aquí la grandeza de la Eucaristía.

    Pablo nos enseña el segundo fruto que produce la Eucaristía en nuestra vida. La Eucaristía nos descubre que solo estamos sometidos al amor hasta el extremo. Nos enseña a amar como Cristo amó a su Iglesia. Nos enseña a entregarnos por los demás. Pues ese amor consagra todo, nos purifica, nos glorifica, nos hace santos e inmaculados. Amar a los demás es amarse a sí mismo. Pues odiar a los demás es odiarnos a nosotros mismos. Por el amor hemos de abandonarlo todo, para que podamos unirnos y descubrir que nosotros y el mundo que habitamos somos una sola carne. El amor es el camino para vivir el misterio de la vida, y solo en él, alcanza todo, la plenitud para la que ha sido creado. La moral verdadera es hija de la Eucaristía y fruto suyo. En ella se derrama la gracia que nos convierte en personas nuevas que viven para amar como Dios nos ama. Eso y no otra cosa es divinizarse.

    Juan nos muestra el tercer fruto que produce la Eucaristía en nuestra vida. Nos abre a la sabiduría que la Palabra de Dios hecha carne en Cristo se derrama sobre nosotros si la acogemos con fe. Porque esa Palabra viva y eficaz por el Espíritu nos da vida. Muchos no la aceptan, pero a los que si lo hacen les permite descubrir que esta Palabra nos da Vida Eterna, pues nos pone en contacto directo con el Santo consagrado por Dios. Gracias a eso comprendemos y sabemos que no merece la pena acudir a otras instancias para alcanzar el verdadero vitalismo que tanto anhela nuestra generación, como antes lo hicieron otras, cada cual desde sus propias circunstancias. 

    La Eucaristía no es un precepto a cumplir para el que la celebra, sino la necesidad sin la que el cristiano no sabe vivir, como el ser humano es incapaz de vivir sin respirar. Toma en serio la Eucaristía cristiano y sabrás lo que es vivir que Dios está con nosotros, sirviéndole en espíritu y en verdad. 

 

XX ORDINARIO

    Hoy me reafirmo en lo que ya introduje anteriormente. La comunión no es para los perfectos. No es eso lo que se desprende de las Escrituras. El puritanismo fariseo no debe cegarnos. La comunión es medicina para los que como yo estamos enfermos por nuestros pecados. Y si la Iglesia no es un hospital, sino una congregación pietista, mal vamos. Pues de los Evangelios nos alejamos.

    Mirad hoy he sentido un gran consuelo, porque yo soy un inexperto y he oído como me decían “Ven”. Hoy he sentido un gran consuelo porque yo soy un hombre falto de juicio y me han invitado alimentarme del pan y del vino de la sabiduría. Yo que soy un imprudente, he sido invitado a seguir la senda de la prudencia. 

    Hoy he sentido un gran consuelo porque el mal combate contra mí y muchas veces se apodera de mi, y me han invitado a amar la vida y a vivir días de prosperidad, y me han prometido fuerzas para vencer al mal y ser capaz de obrar el bien. 

    Hoy he sentido un gran consuelo porque soy insensato y me han invitado a fijarme bien en como ando. A mi que estoy aturdido me han invitado a darme cuenta de lo que el Señor quiere. A mi me han invitado a dejarme llenar por el Espíritu Santo. A mi me han convocado a recitar y a cantar con toda el alma al Dios que me ama, dándole gracias por todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

    Hoy he sentido un gran consuelo porque a mi que soy mortal y que amo la vida, incluso cuando esta muere, y en ese momento con especial intensidad, me han invitado a comer del Pan que me hará vivir para siempre. Un pan que es su carne. A mi que estoy muerto en vida en algunas ocasiones, me han invitado comer esa carne y a beber su sangre para poder tener vida en mí. Y no cualquier vida, sino la vida eterna. Él me resucitará. ¿Qué invitación mas hermosa se le puede hacer a alguien que ama la vida y se ve morir?. Hoy he sentido un gran consuelo porque me han invitado gratuitamente a comer de este pan y a beber de este vino, que nunca seré capaz de merecer, de modo que yo, este pecador, pueda vivir en Él, y Él en mí. 

    Hoy puedo deciros que oigo las campanas que convocan a la Eucaristía y en su tañido solemne descubro la voz de Dios que proclama que me ama. Hoy sé que Jesús pide a Dios por mí y lo hace incansablemente. Por mí, oveja perdida.

    Así que si no eres perfecto, si no eres puro, si estas enfermo moralmente hablando, si no das la talla, si eres barro, como yo: ¡No temas!. Acércate a la mesa del Banquete y vístete de fiesta, báñate en la misericordia de Dios y alimenta tu espíritu para que libre de la oscuridad vivas para la luz.

 

XIX ORDINARIO

    Como San Marcos es muy corto, los evangelios de Juan sobre el Pan de Vida nos acompañarán prácticamente todo el mes de agosto. Así que sin caer en una repetición de lo dicho anteriormente ¿qué podemos descubrir hoy?.

    En el Evangelio de Juan dos cosas quedan muy claras. Escucha al Padre y come el Pan de Vida. Si quieres vivir en plenitud, eso es lo que debes hacer. La comunión con Jesús resucitado, mediante su palabra y su carne hecha Pan, te cambiarán por dentro, ya que como a los discípulos de Emaus te harán arder el corazón. 

    Y aquí es donde Efesios aporta el siguiente mensaje. Si comulgas el cambio que se operará en ti será el siguiente: no pondrás triste al Espíritu Santo. Desterrarás la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Te convertirás en alguien bueno, comprensivo, capaz de perdonar a los otros como Dios nos ha perdonado a todos en Cristo. Imitarás a Dios, pues vivirás en el amor como Cristo nos amó, y entonces tu vida será una oblación, una víctima de suave olor. Pues es el amor el que nos salva, y no el dolor, como algunos equivocadamente piensan. La grandeza del amor no es otra que transformar el horror en AMOR. 

    Por último el primer libro de los Reyes nos aporta la última lección hoy. La torpeza lleva a Elias el profeta a alejarse de Dios, por miedo a lo que le puedan hacer los que le persiguen. Se siente morir. Siente que no vale nada. La culpa lo agobia. Lo envenena el escrúpulo. Pero Dios le dice: ¡Levántate y come!. Cuantas veces los clérigos hemos insistido en que para comulgar debíamos ser poco menos que santos. Sin embargo en esa presentación del mensaje evangélico hemos errado cual si fuésemos fariseos. No ha venido Jesús para salvar a los sanos sino a los enfermos. Jesús no se ha asustado de cenar con Zaqueo, con Mateo, o de dejarse tocar por mujeres pecadoras. Alguna de ellas prostituta. Sí se han escandalizado de que hiciese tales cosas los fariseos. El pesebre en que Jesús fue acostado al nacer no era una tacita de plata pulcra. Quien haya entrado a un cebadero o a una cuadra sabe que aquello no está impoluto. Así que basándome en los Evangelios afirmo que Rhaner, el gran teólogo alemán del siglo XX, no estaba equivocado. No es que debamos ser santos para poder recibir la gracia. Sino que por recibir la gracia (el amor de Cristo resucitado hoy que nos cambia), podemos llegar a ser Santos. No comulgar por sentirse pecador es signo de torpeza farisea. De modo que Pueblo de Dios, cuando algún clérigo, os insista en esto, no hagáis caso, y con todo el respeto del mundo, mandadlo a paseo. Porque no comulgar por ser un pecador es como negarse a tomar la medicina que te cura cuando estás enfermo. La torpeza de Elias se remedia cuando obedece a Dios y se levanta y come. Y es el alimento del cielo el que lo llena de fuerza para caminar hacia su meta. Donde se encontrará con el Dios verdadero en el Horeb, que le curará su espíritu. Levántate Pueblo y come. Y te curarás y serás fuerte. El pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. No te prives de la medicina que te santifica. Hazlo siempre de manera constante, pues así es como el mar, con su balanceo suave o fragoroso, pule las aristas de las piedras y los transforma en guijarros suaves.

    Ya veis, hasta de textos que se repiten, siempre podemos aprender nuevas lecciones. Si hoy tras escuchar este mensaje sigues pensando que se puede ser cristiano sin participar en la Misa Dominical, simplemente eres tonto. Sólo si te es imposible participar en ella, tendrás excusa. Y en ese caso, añorarás la mesa de la Palabra y del Pan de Vida. Y estarás incompleto aunque sigas siendo cristiano. Razona y descubra cristiano hoy, cual es la verdad de nuestra vida y nunca vivas tu fe de manera equivocada.  

 

XVIII ORDINARIO

    Queridos amigos. Amigos, como así le gustaba llamarnos a nuestro Señor. Que no solía llamarnos siervos, ni esclavos, ni todos esos nombres que a veces nos ponemos nosotros sumisos a nuestros necios teísmos. La Palabra de Dios hoy nos ofrece tres lecciones que nos orientan para ser personas que no juegan a ser cristianos, sino que buscan ser cristianos en Espíritu y en Verdad. 

    La primera la ofrece el Exodo. Fíjate que este texto es la fuente que provocó la composición de ese canto tan conocido en nuestra tierra: “No podemos caminar con hambre bajo el sol”. Y mas con estos soles y rigores veraniegos nuestros. Sin Eucaristía dominical no es posible ser cristiano en espíritu y en verdad. Es nuestro maná y nuestra carne. Es el Pan que da vida a los cristianos. Sin su presencia la vida cristiana se debilita enormemente. Hacer memoria de su amor, nos alienta siempre. Mesa de la Palabra y Mesa del Altar. Cristo nos alimenta. Pero no nos engañemos. La Eucaristía hoy se encuentra en horas bajas. Muchos prescinden de ella. Quizás por desconocimiento, quizás por comodidad, o por hastío con quien le ha tocado en suerte tener que celebrarla. Que no siempre el celebrante está a la altura del misterio celebrado. Y se le exige al que participa hacer actos de fe desmesurados ante lo que está viendo que sucede ante sus ojos. Además hoy, si prescindimos de los ancianos descubriremos que el contingente joven es tan exiguo que en unos años, salvo sorpresas, muchas asambleas eucarísticas desaparecerán. ¿Eramos ayer más cristianos que hoy o fue ese cristianismo deficiente de ayer el que ha generado esta abulia eucarística de hoy? Es opinable. Pero tanto ayer como hoy, sin hacer memoria del amor de Dios en Cristo, nos desvanecemos en el olvido. No solo nos alimenta la comunión sino el memorial que lleva anejo, que le otorga al Pan de vida todo su significado. Tampoco justifica esto un “consumo permanente de misas” (del Señor cuanto más mejor), esto banaliza lo sagrado, y al celebrante lo convierten en una suerte de robot, que repite como un bobo mecánico lo sacro, vaciándolo de significado existencial, aunque no esencial. Pero no basta la esencia, sino que en la búsqueda de lo sagrado es clave la existencia, pues sin ella, no hay culto en espíritu y en verdad. El compromiso es dominical. No conviene tampoco que los cristianos crean que su vida consiste en consumir acciones sacras, la sobrealimentación, produce obesidad. Y la obesidad eucarística no es recomendable porque deforma la vida litúrgica. Pero lo contrario: la anorexia eucarística mata la fe. Alimentación correcta para poder caminar bajo el sol. 

    La segunda la ofrece el Evangelio. ¿Qué demos hacer para agradar a Dios?. Jesús responde: Creer en el que el Padre os ha enviado. Y ¿quién es ese?. Jesús responderá: YO SOY el Pan de Vida que sacia el hambre y quita la sed para siempre. Hambre y sed de esperanza, de paz, de alegría y de amor. No seguimos al cura de turno, ni al obispo fulano, ni siquiera al Papa tal o cual. No es la “papolatría” lo nuestro. Me uno a Francisco cuando pide que gritemos ¡Viva Jesucristo! y  no tanto: ¡Viva el Papa!. A veces se producen cambios en las parroquias, bien porque el pueblo lo solicita, bien porque el párroco lo pide. Si la fe está puesta en Cristo  no se derrumba. Otras veces, algunos obispos trasladan por su propio gusto o por razones que solo ellos comprenden y destrozan corazones y labores en marcha. Entonces no es que se conmueva la fe, es que el obispo con su torpeza o su soberbia escandaliza a los pequeños. No es la primera vez (y ya he perdido la cuenta), en que veo a un obispo cambiar a un párroco con un solo año de presencia en su parroquia. Y conste que en la mayoría de los casos nada lo hacia necesario, más allá de los intríngulis cortesanos. Que poco beneficia a la Iglesia el absolutismo. Porque está mal basado. Con la excusa de representar a Cristo, en su nombre, nos erigimos en entes plenipotenciarios capaces si es necesario de quemar a algunos en la plaza pública. Lo cual no es representar a Cristo. Por eso os digo hermanos: ¡Cristo el de los Evangelios!. Y lo demás en tanto en cuanto nos ayuda a seguirlo a Él. Eso es lo que el Padre quiere. No vivamos con la cabeza llena de “catecismos” vacuos, sino con los que basados en los Evangelios nos cuentan de verdad quien es Jesucristo, sin deformaciones ni manipulaciones.

    La tercera la ofrece Efesios. Renovad vuestra mente. Sin renovación mental difícilmente podremos renovar nuestros espíritus. Imposible será que nazca el hombre nuevo. Nuestra mente nos lleva a valorar los hechos. Y son estas ideas las que mueven nuestros sentimientos. Y éstos, movilizan nuestra conducta. Si yo te valoro positivamente, mis sentimientos hacia ti serán afectuosos, y mi conducta, mis hechos mis palabras manifestaran mi cariño por ti. En cambio una valoración negativa provoca sentimientos de rechazo, que provocaran conductas agresivas o antipáticas. Por ello es fundamental, llenar de Cristo nuestra mente. La fe entra por los oídos y por los ojos. Escucha y lee a Cristo. Y deja que te colme. Si sus valoraciones, sus ideas, se adueñan de tu mente, programarán tu corazón en la senda del bien, y con tu conducta amarás. Es psicología, lo que os digo. Pero es que el Espíritu de Dios usa de ella para transfigurarnos. Pero la fuente ha de ser siempre la misma: Cristo y no otra. Pues hasta los textos que elaboramos muchos creyentes han de ser contrastados con los Evangelios para discernir si la voz de Jesús resuena en nuestras palabras. Ese es el criterio. Llenar la mente de palabras de creyentes ajenas al Cristo verdadero, conduce a integrismos inquisitoriales y a libertinajes ciegos. Si el amor es el principio rector de cuanto dices y haces, difícilmente vivirás fuera de Cristo. 

    Como verás si repasas con calma la Palabra de Dios hoy, te será más fácil comprender que significa aquello de ser cristiano en Espíritu y en Verdad.  

 

XVII ORDINARIO

    ¿Qué aprendemos de Jesús oyendo las Sagradas Escrituras este domingo?

  1. Aprendemos que Jesús es el Mesías. Y como tal más grande que los profetas y los patriarcas. Y que el mismo Moisés. Ni Eliseo con su milagro puede equipararse a la multiplicación de los panes y los peces realizada por Jesús. De igual modo que Jesús ha dado pan y peces a su pueblo hambriento como un nuevo Moises. Pero han sido sus manos creadoras las que de la nada han creado pan para todos. Cosa que Moisés nunca pudo hacer por sí mismo. Ya nos lo advirtió San Juan al inicio de su Evangelio. Jesús no es un testigo de la luz como Moisés y los profetas. Jesús es la luz del mundo. Él es el Mesías esperado. Y esto en nuestro actual relativismo ambiental no deja de ser una interpelación magnífica para descubrir la verdadera naturaleza de la verdad que se revela a través del poder del amor.
  2. Aprendemos que Jesús es el maestro de la unidad y la solidaridad. Efesios nos lo enseña. La unidad es fruto de la humildad, de la amabilidad, de la comprensión, del amor y de la paz. Jesús nos enseña a vivir así. Y a la vez Él con sus gestos eucarísticos manifiestos en la multiplicación de los panes, nos enseña que hacer con nuestra vida y nuestros dones: tomarlos en las manos, dar gracias por ellos y repartirlos a los demás para que las necesidades de todos puedan verse atendidas. Nuestro mundo hoy necesita la unidad y la solidaridad si quiere resolver los grandes problemas que lo aquejan. Y hoy son muchos los enemigos de ellas, y algunos muy poderosos. La voz de Francisco resuena en sus mensajes y gestos, propagando la voz de Jesús en nuestro mundo de hoy. He ahí un testigo de Cristo a tener en cuenta. 
  3. Aprendemos que Jesús además nos revela el rostro de Dios. Es el Padre que por medio de su Espíritu está en todos, sobre todos y actúa por todos. Porque todo lo trasciende, todo lo invade y todo lo penetra. Dios es el Padre de todos. Atentar contra los demás es atentar contra Dios. Porque Dios está en ellos. Ahí es donde Jesús se revela como el mayor anti intregrista que ha existido jamás. Y este mensaje en la actualidad reviste un enorme significado clarificador, pues hoy prosperan de cuando en cuando, los que en nombre de dios matan a los demás. 
  4. Aprendemos que Jesús alimenta la fe de sus seguidores con su Pan. El Pan de su Palabra y el Pan de Vida de la Eucaristía. Basta no tener los oídos y los ojos cerrados para no ver ni escuchar. Basta no tener el corazón amurallado para evitar la conversión. En nuestro tiempo son muchos, los que no quieren nada con Jesucristo. Y por eso la espiritualidad languidece hoy. Cosa que vemos con particular fuerza entre los más jóvenes, que se apartan de la fuente de agua viva, para guardar sus ilusiones en aljibes rotas que por sus grietas desangran su vitalismo. La fe, la esperanza y el amor, motores de la vida del Hombre nuevo, necesitan alimentarse. Y este domingo nos lo recuerda. 
  5. Aprendemos además que Jesús es un incomprendido por todos. Porque lo ven como un profeta, y no como al Mesías. Y desean convertirlo en Rey, en un político más de los muchos. Pero Jesús no se deja atrapar por ellos. Por sus expectativas. Y reafirma su Misterio caminando hacia el Retiro. Nuestro tiempo también no acaba de comprender a Jesús, porque o lo ignora o lo usa para someterlo a sus propias ideologías teístas o ateas. Quizás también nosotros necesitamos retirarnos más adentrándonos en la comprensión de su misterio y dejando de lado nuestras pobres expectativas.

    Jesús sigue siendo actual. Estas enseñanzas lo ponen de manifiesto. Bien nos dijo Él que sus palabras no pasarían. No olvidemos nunca su Evangelio, de lo contrario, nuestra afán de vivir en plenitud morirá de hambre.

 

VIERNES DE DOLORES (ALJUCER)

    La Madre Dolorosa nos ofrece hoy varias lecciones de vida a todos los que la veneráis como vuestra amada patrona. 

    1. ¿Qué hacer con el Sufrimiento? La Carta a los Hebreos y el Salmo nos instan a no perder la esperanza en medio del sufrimiento. El dolor es propio de un mundo que no es Dios. El mundo no es perfecto. Carece de la plenitud divina. Por ello no posee el ser para siempre. Solo Dios puede decir que verdad: Yo soy el que Soy, Yo soy el que existe en plenitud. El ser no pleno, sometido a la imperfección, igual que nace y crece se desvanece. El sufrimiento y la muerte le son anejas. El mal además se convierte en una opción posible para un ser que si ha sido creado fuera de Dios es para que pudiera ser verdaderamente libre. Pues si no fuésemos verdaderamente libres no podríamos amar. Y entre Dios y nosotros no se podría establecer una relación de amor. Y lo que Dios desea es desposarse con nosotros. Así que la Madre Dolorosa nos enseña que sufrir y morir no tienen porqué destruirnos si la fe se adueña de nuestra vida y nos hace mantener viva la esperanza. Esa esperanza nos hace fuertes. Sin fortaleza es imposible vivir esta vida, eso nos enseña hoy en primer lugar la Madre Dolorosa: ¡Hijo mío sé fuerte!.

    2. ¿Como se ha convertido ella en nuestra Madre? ¿Que le ha costado? Fíjate en el Evangelio de San Juan. María tuvo que asumir para sí el mismo lugar que nuestro Padre Dios. El Padre aceptó que su Hijo muriese por salvarnos con tal prueba de amor. Y a María su Hijo le pidió que hiciese lo mismo. “Madre acepta como hijos tuyos a los que me matan”. Menuda petición. Los dolores de su parto, fueron los que supusieron ver como matábamos a su Hijo poco a poco. Con toda suerte de detalles y refinamientos. Nuestra crueldad fue su matrona. Así nos dió a luz como a sus Hijos. Los dolores que provocan el encuentro del amor con la crueldad y la muerte. Ese ha sido su parto. Ese ha sido su coste por ser Madre de la Iglesia. Así que nunca olvides lo que está preciosa imagen de Gonzalez Moreno representa. Pasar ante ella sin conmoverte es ignorar por completo el amor que de ella emana. Pues amarte le ha costado ver a su Hijo morir en la cruz. Eso te enseña hoy la Madre Dolorosa: ¡Hijo no estás solo al pie de tu cruz yo estoy contigo, mi amor por ti me ha costado mucho, como para olvidarme de ti!.

    3. ¿Perduran hoy los dolores de su parto entre nosotros?  Y si es que sí ¿que debemos hacer? Los siete dolores nos guiarán en este camino.

   I. La profecía de Simeón o la circuncisión de Cristo, nos enseña que aún hoy son muchos los Padres y Madres que sufren porque les anuncian una desgracia irremediable para su hijos. 

     II. La Huida a Egipto nos enseña que aún hoy son muchos los Padres y Madres que huyen de lo que amenaza la vida de  sus hijos. 

     III. La Perdida del Niño Jesús en el Templo nos enseña que aún hoy son muchos los Padres y Madres que han perdido a sus hijos porque ellos han tomado caminos o simplemente porque se los han robado. 

        IV. El encuentro de María con Jesús en el Via Crucis nos enseña que aún hoy son muchos los Padres y Madres que miran a sus hijos sufrir y se dicen constantemente “tendría que ser yo antes que tú mil veces”.

    V. La crucifixión de Jesús nos enseña que aún son muchos los Padres y las Madres que sufren al ver a sus hijos tratados con crueldad por los demás.

    VI. El descendimiento de la Cruz nos enseña que aún son muchos los Padres y las Madres que ven a sus hijos existiendo como muertos en vida. 

      VII. El entierro de Jesús nos enseña que aún son muchos los Padres y las Madres que tienen que enterrar a sus hijos, con su corazón roto para siempre.

    Así que ¿qué hacer?. Imitar a San Juan con ellos. San Juan la protege. La ama. Le da amor, fe y esperanza. Y así la fortalece. Nunca pasemos junto al dolor de nadie con indiferencia. Nunca dejemos sola a María Dolorosa en ninguno de nuestros hermanos que sufren. Combate el dolor con amor. Eso es lo que la Madre Dolorosa, vuestra venerada patrona, nos enseña a todos hoy. Que el tesoro de esta sabiduría hecha con amor y dolor, nunca caiga en vuestro olvido. A mi solo me resta Madre mirarte y decirte desde lo más hondo de mi alma: te ruego por ellos ¡Son tu pueblo de Aljucer! ¡Guárdalos siempre en tu amor!. 

 

SANTIAGO

    Celebrar al que es patrón de España siempre nos permite revisar cuatro aspectos básicos de nuestra Iglesia. 

    El primero: nuestras relaciones con el poder establecido sea económico, político, social, cultural o incluso religioso. Cuando los apóstoles actuaron con libertad frente a las autoridades del templo fueron duramente perseguidos. Ello le costó la vida a nuestro Patrón. El primer apóstol en morir como mártir. Es un clásico hispano asistir a situaciones en las que cuando un cura de turno no se pliega a los deseos de un personaje público, normalmente, suelen realizarse presiones para que el cura A o B, sea trasladado. En cambio cuando el sacerdote, aplaude o repiquetea, al político de turno, éste es capaz hasta de hacerlo hijo adoptivo del pueblo o incluso, dedicarle una calle o una plaza. En España ha sido costumbre que los gobernantes nombraran a los obispos hasta el reinado de Juan Carlos I. En America latina, aún algunos gobernantes vetan el episcopado o el cardenalato de uno de sus nacionales. Es una herencia de nuestro pasado “regalismo”. Fue un hispano quien desposo la cruz con la espada. Y en nuestra tierra la religión ha sido utilizada muchas veces para promover determinadas iniciativas políticas. Desde Recaredo en adelante, pasando por los Reyes Católicos, sin olvidar a Carlos I y sus descendientes, hasta el mismo siglo XX. De ahí que haya sido tan importante  el sometimiento de la Iglesia a las iniciativas de los que ostentaban el poder en nuestra patria. Incluso no en pocas ocasiones cuando se han provocado revueltas los ataques a las Iglesias han sido justificados por los que los hicieron, diciendo que, la Iglesia y el Estado eran una sola cosa. Nuestro patrón nunca aceptó ser súbdito de un estado a costa de su conciencia. Así que pregúntate católico español hoy: ¿pretenden nuestros entornos de poder condicionar hoy nuestro discurso y nuestras formas de actuar?¿Se nos impone hoy o se nos quiere imponer un discurso único por parte de los que ostentan el poder?¿pasa esto dentro y fuera de nuestra Iglesia?. Esta coordenada sigue estando viva para todos nosotros y el relato de los Hechos que hemos escuchado sigue siendo de gran actualidad.

    El segundo aspecto es el misionero. Que todos los pueblos alaben al Señor como canta el Salmo. Siempre hemos tenido misioneros impresionantes. Como españoles hemos extendido el Evangelio más allá de nuestras fronteras: en América, Asia y África, incluso en Oceanía. Aún hay en muchos lugares misioneros admirables. Hombres y mujeres que son un verdadero ejemplo de fe, esperanza y caridad. Y ojalá que nunca dejen de existir. Pero es momento de preguntarnos si mantenemos hoy o no ese ardor misionero. ¿Es España hoy una Iglesia empeñada en evangelizar? Cierto que en el ayer, la evangelización fue usada también como arma de construcción imperial. Pero no es menos cierto que no pudo apagar a los que movidos por el Espíritu Santo, llevaron con pasión el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra conocida. Incluso gran parte de aquellas culturas no se perdieron gracias a que los misioneros lucharon para que los “salvajes” fueran reconocidos por todos como ciudadanos del imperio, incorporando incluso elementos propios de sus culturas a las nuevas edificaciones. Si una Iglesia deja de ser misionera deja de ser Iglesia. ¿Seguimos los católicos hispanos hoy teniendo clara esta llamada?.

    El tercer aspecto es el que los místicos han llamado la Fe desnuda. Vivimos tiempos nihilistas donde muchas veces los estados emocionales que afrontamos son los que Pablo nos enumera en esta preciosa lectura. Es más comprobamos frecuentemente que somos vasos de barro. Es una época donde la decepción parece haberse apoderado del concepto que tenemos de nosotros mismos. La novedad está en que el apóstol emerge de una manera sorprendente, como un ave fenix, superando sus estados emocionales negativos, para renacer teniendo como única fuente de ese renacimiento esa fe desnuda en Cristo muerto y resucitado, que le lleva a retomar con vigor las riendas de su vida apostólica. Los místicos españoles tienen fama mundial, pues a su saber espiritual unieron el arte poético, llegando en muchos casos a ser sublimes. Superar la noche de los sentidos por la fe desnuda, que es la fuente de la verdadera paz. Ser más fuertes que los estados emocionales gracias a la fe que nos otorga un enorme dominio de sí. No ceder a la desolación a sabiendas de que la consolación también existe. La fe y la esperanza en medio del sufrimiento, sin perderlas nunca, como el amor.  ¿Esta mística sigue viva en nuestros espíritus? Hoy es momento de volvérnoslo a preguntar como católicos de España.

    El cuarto y último aspecto, tiene que ver con que nos lleva a formar parte de la Iglesia: un interés mezquino o amar y servir en nombre de Cristo a los Hermanos. En la postguerra ser produjo un “bum” de vocaciones. Mientras que en los años 70 el efecto fue el contrario: fueron muchas las secularizaciones. ¿Qué había pasado? En gran medida que durante la postguerra la Iglesia se convirtió en un lugar donde poder sobrevivir. Ser cura era un salvoconducto para ti y para toda tu familia. Una inversión segura. Muchos buscaban colocarse. Es lo que buscaban Santiago y Juan según nos narra el Evangelio, y lo que también buscaban los demás apóstoles. De ahí sus peleas por los primeros puestos. En este Evangelio se anticipa el sistema de las oposiciones, que son, sistemas de colocación. Así que no atribuiría la sangre de los mártires, las vocaciones de aquel tiempo, porque entonces, habría también que atribuirles las secularizaciones y la doble vida que algunos llevaron, una vez alcanzada su colocación. Por ello desconfío siempre de que se produzcan muchas vocaciones en entornos socioeconómicos pobres, porque muchas veces lo que se busca no es tanto el Evangelio como la posibilidad de optar a una vida mejor.  Hoy es difícil que sea ese el problema porque las vocaciones no son numerosas. Quizás asistamos a problemas más de tipo psicológico: egolatrías, narcisismos, comodidades, travestismos (porque algunos creen que lo más definitivo de ser cura consiste en ponerse ropas ampulosas o totalmente anacrónicas con respecto a los nuevos tiempos). Algunos también quieren usar el ministerio como una tapadera, lo que no deja de sorprender dado que vivimos en tiempos de liberalismo salvaje, para algunos, cercano al libertinaje.  Lo cierto es que el poder siempre ha sido una tentación para el eclesiástico. En el ayer los papas asumieron el vacío imperial, tras la caída de la Roma Occidental. Si bien, cuando se acostumbraron más a ser príncipes que pastores, les ha costado mucho, devolver el poder a la esfera pública. Y hasta ahora, siguen renunciando a su vida principesca, abandonando el Papa Francisco, el Palacio pontificio, como residencia habitual del Papa.  Lo nuestro no es mandar, es servir. Lo nuestro no es poder sino amar. La Iglesia española también ha ejercido mucho poder en el pasado llegando incluso a elegir reyes en los concilios de Toledo, durante el periodo visigótico. ¿Hoy hemos comprendido nuestro lugar evangélico?¿Nuestras vocaciones buscan a Cristo o se buscan a sí mismos usando a Cristo de tapadera?. 

    Como veréis Santiago nos revisa en profundidad. Así que si eres un católico español hoy, escucha, medita y actúa.  

 

XVI ORDINARIO

    La Escritura este domingo nos permite detectar varias conductas que desdibujan el verdadero rostro de la Iglesia. Concretamente se nos ofrecen cuatro correcciones.

    Jeremías nos muestra a los Pastores que dañan al Pueblo de Dios, dispersando a la ovejas, y dejándolas morir sin ocuparse de ellas. No faltan sacerdotes a los que por desgracia solo les interesa decir la misa y punto. Sin mayores aspiraciones ministeriales y sin vida pastoral alguna. Pastores que no aceptan los grupos que otros han formado y que ellos encuentran, y los echan de la parroquia. Pastores egocéntricos que buscan su gusto y otros, que muchas veces, usan sus cargos pastorales como trampolines para saltar a otros puestos. Los hay saltimbanquis que van de pueblo en pueblo en busca de experiencias nuevas. Las parroquias no son un juguete para divertirse con ellas durante un tiempo. Un buen Pastor se siente esposo de su parroquia y padre de sus feligreses. Hay un vínculo esponsal con ella, ese es el sentido verdadero del Celibato sacerdotal. Por eso el pastor antes que pensar en su bien, debe pensar en el bien de su feligresía. Pues eso es lo que aprende cuando celebra la Eucaristía. No en vano, el sacerdocio cristiano nace de la palabra de Jesús en ese contexto: “Haced esto en conmemoración mía”.

    Jeremías también nos permite comprender que Dios nos dará un Pastor según su gusto. Es el Buen Pastor Jesús. Que ha elegido nuevos colaboradores de su misión que lo representan. También ocurre que muchas veces los pueblos no siempre reciben bien a sus nuevos pastores. A veces lo hacen de uñas. Y el cura que va a un sitio normalmente no tiene culpa alguna. Va donde lo mandan. No va a robarle  nada a nadie. Los pueblos a veces se enamoran de un cura. Hasta tal extremo que este se hace insustituible. Los enamorados del anterior se suelen cerrar en banda frente al nuevo, y muchas veces se pierden por ese motivo para la Iglesia. Porque al final, terminan abandonando el barco, ya que su “enamorado” no está en Él. Nosotros seguimos a Cristo no a Pedro, ni a Pablo, ni a Apolo. Una vez recuerdo que un grupo me impidió ver a sus jóvenes porque no estaban preparados para recibir al clero católico. Entendí lo que pasaba: yo no era el anterior, que además había pedido marcharse. Al final ese grupo se fue deshaciendo y terminaron yéndose. Cristo es el Buen Pastor y no el cura de turno, que si no lo trasladan, terminará muriéndose.

    Efesios nos ofrece una preciosa reflexión para evitar levantar muros que impidan a muchos encontrarse con Cristo, en base a leyes y reglas que hemos construido nosotros. Dios no excluye a nadie por su condición. Dios nos ama por lo que somos, no por lo que hacemos. Nos ama por gracia, porque le place. Así que cualquiera que quiera sinceramente buscar a Dios, aunque haya vivido a su manera, tiene derecho a acercarse a Jesús porque Dios se lo otorga. No construir muros que aparten a la gente de Dios es una obligación para la Iglesia que se llama católica, y que por tanto, debe tener vocación de universalidad. Ser una oveja perdida que no tiene pastor nunca debería ser pretexto para excluir a nadie de la Iglesia.

    El Evangelio de Marcos muestra a un pueblo hambriento de la enseñanza de Jesús. Y nos muestra a Jesús alimentando a su pueblo. Cuantas veces prescindimos de profundizar en la Palabra de Dios con excusas tan superficiales como que hace calor o que hace frío. Conozco curas que hacen misas de 10 o 15 minutos. Algunos deberían quizás decir: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Podéis ir en Paz”. Porque tratan la misa como una especie de payasada. Pero la misa es un misterio donde Dios está con nosotros, y eso no se ha de tomar con frivolidad. La profundidad tampoco significa complicación ni una acción litúrgica inacabable. Sino sintonizar la voz de Dios, aprender de Él y permitir que su Verbo transfigure nuestro corazón, como ocurrió con los caminantes hacia Emaús. La enseñanza de la Palabra de Jesús nos hace arder el corazón y nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor se alimentan. ¿O es que en verano o invierno, no necesitamos, creer, esperar y amar?. Un sacerdote frívolo condena a Jesucristo al Silencio, y al Pueblo, al hambre de su Palabra. 

    Cuatro conductas que desdibujan el verdadero rostro de la Iglesia, porque no lo hacen coincidir con el rostro de Cristo. Así que si queremos ser “su Iglesia” escuchemos hoy su voz. 

 

XV ORDINARIO

    Hace unos días oí a un creador de opinión publica hablar sobre la Iglesia Católica. Y este señor que se tiene por muy culto, exponía que lo peor que le había pasado a la Iglesia era el concilio Vaticano II, Pablo VI, y por ende el Papa Francisco. Y lo único bueno en los tiempos recientes, eran Juan Pablo II y sobre todo, Benedicto XVI.

    Así que he interpretado las Escrituras de este Domingo a la luz de este signo de nuestro tiempo, consistente en que el ultramontanismo católico se vuelve a reactivar. 

    A mi juicio hoy la Palabra de Dios nos enseña que debemos evitar tres vicios que envenenan el alma de nuestra Iglesia. Y curiosamente esta triple enseñanza es asumida y defendida plenamente por el concilio Vaticano II.

    Amos nos relata el desencuentro entre la clase sacerdotal y el profeta que es de procedencia seglar, dado que es agricultor y pastor. Pero el profeta habla en nombre del Señor, porque por ese “seglar” también puede hablar Dios. El Concilio Vaticano II nos previno contra el clericalismo, y revalorizo la figura del Seglar puesto que también en él y por él, actúa y habla el mismo Espíritu de Dios. Conceptos como el Sensus Fidei, esto es, el Sentido de la fe, nos permitirían caminar hacia una democratización de la Iglesia en toda regla si esta verdad fuese debidamente desarrollada. Pues todo el Pueblo de Dios podría expresar su sentir sobre determinados temas candentes que tanto nos preocupan hoy, y quizás su respuesta ante ellos, no fuese la misma, que durante años vienen dando los miembros del Alto Clero de nuestra Iglesia. Curiosamente Benedicto XVI cuando era teólogo del Concilio, en el que se empleó a fondo, según parece ignorar el líder de opinión pública citado anteriormente, escribió unos artículos curiosos publicados con el título “La democracia en la Iglesia” y que abundan en esta perspectiva que se nos sugiere hoy por boca del profeta. La conciencia seglar es tan sagrada y está tan abierta a la voz del Espíritu como la conciencia clerical. Y ninguna debería ser ignorada porque todas forman parte del mismo cuerpo místico de Cristo.

    Pablo nos habla no de maldición, ni de condenación, ni de miedo, y menos aún de Pesimismo. Nos habla de Evangelio, esto es, de Buena Noticia, de Bendición, de Redención y Gloria, de Plenitud, de amor y de Alabanza.  El oscurantismo nos es propio del Evangelio, y curiosamente, el Concilio Vaticano II QUE NO CONDENA A NADIE, nos habla de lo mismo. De gozo y esperanza, de luz, y por todo como fruto de escuchar al Verbo de Dios y de vivir inmerso en el mar precioso de la divina liturgia. El concilio busca salvar no juzgar y condenar. Y eso es lo que rebosa hoy de las letras que Pablo nos regala en la carta a los Efesios. 

    Marcos por último nos enseña que no es la imposición ni la coacción el modo de llevar la fe a los demás, revestidos de lujo y poder, y del brazo del Estado. La alianza de la cruz y la espada, no trajo nada bueno a nuestro Iglesia. Pues conocido es que cuando el cristianismo se convirtió por decreto de Teodosio en religión del estado, se transformó en otra cosa. La gente ya no se jugaba la vida por ser cristianos, ahora jugaban a serlo. Y claro una cosa es ser cristiano y otra jugar a serlo. Curiosamente la expansión de la fe se produjo cuando la Iglesia estaba siendo perseguida, llegando a padecer 10 persecuciones brutales en Roma. Si Constantino dio carta de ciudadanía al cristianismo en el Imperio, no fue porque él fuese cristiano, sino porque se percató de que atacar al cristianismo empezaba a ser como atacar a la misma Roma. Dado que ya eran muchos los que profesaban esta religión a pesar de las persecuciones. Y en un contexto de guerra civil, supo utilizar sus artes para procurarse un amplio partido de población que le fuese favorable. Política. El Concilio vuelve al Evangelio. Pues a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar. La libertad religiosa es sagrada. Así lo afirma el Vaticano II. La fe no se impone, se propone. La coacción es innecesaria porque la verdad se impone por sí misma. Nuestro poder es nuestro amor. Amor hecho palabra, amor hecho conducta. Así es como se expande el cristianismo primitivo por varios medios, y ese es hoy nuestro camino. Hacen más 10 sonrisas que mil hogueras inquisitoriales. Si de lo que hablamos es de convencer y no de vencer claro. Si vencer es nuestro camino, y no convencer, nada tenemos en común con Cristo.

    Así que hermanos, os prevengo. Si escucháis a estos gestores de la opinión pública, o algún clérigo de más o menos rango, bramar contra el Concilio Vaticano II, sabed que el Espíritu Santo que habla por las Sagradas Escrituras no está con ellos. En cambio lo que el Concilio Vaticano II nos enseña sí está en comunión en las Sagradas Escrituras como queda demostrado hoy. No es ningún error histórico cuanto allí aconteció sino la hermosa visita del Espíritu de Dios que nos renovó para milenios venideros. Que estos dueños de la opinión pública no os confundan ni os engañen. 

 

XIV ORDINARIO

    Cuantas veces los cristianos nos quejamos y nos desanimamos porque consideramos que el ambiente está difícil para los creyentes.  Así que os invito a repasar los textos que hoy hemos proclamado.

    Ezequiel está en Babilonia, ante un pueblo rebelde que puede que le haga caso o puede que no. Pero no por eso deja de proclamar a su pueblo el mensaje que se le ofrece: Escucha Pueblo lo que dice el Señor. No habla porque le escuchen o no, les habla porque el Señor se lo pide. Su ánimo por tanto le viene del Señor. No de las circunstancias.

    El Salmista nos testimonia que está expuesto al sarcasmo de los satisfechos y al desprecio de los orgullosos. Y si no se desanima es porque confía en la misericordia de Dios. Cuantas veces nos desprecian por ser creyentes o cuantas veces se ríen de nosotros por el mismo motivo. Pero la Oración le impide al salmista quebrarse. Tomemos nota de eso.

    Pablo tiene que afrontar las dudas que le nacen de sí mismo. Sus debilidades son el motivo de su desánimo y de su queja. Pero sus miserias no son nada frente a la gracia de Dios. El amor de Dios es lo que le basta. El amor eterno de Jesús resucitado, es su consuelo, frente a sus debilidades. Y este amor lo recrea a cada paso. Y lleno de este amor es capaz además de hacer frente a insultos, penurias, persecuciones, y múltiples dificultades sufridas por causa de seguir los pasos de Cristo. La queja y el desánimo no lo detienen. Si Él está bien, el ambiente no importa.

    Jesús en el Evangelio nos muestra que tus familiares y amigos muchas veces son los más descreídos respecto de tu fe. Son incapaces de mirar más allá de sus ojos, y de ver el misterio de Dios que late en ti. Es lo que tiene ser conocido. Y normalmente tus palabras y gestos no suelen encontrar eco. Jesús en su ambiente convive con la falta de fe. ¿Se desanima o se queja? Se admira de lo torpes que podemos llegar a ser. Y sigue anunciando el Reino de Dios en otros pueblos donde haya gente dispuesta a escucharlo. 

    En todos los tiempos hubo, hay y habrá dificultades para la fe. Y si en algún momento parecía que todos eran creyentes, piensa que quizás, eso ocurría porque la cruz y la espada se daban la mano, y muchos, simulaban una fe que realmente no tenían. La fe es un regalo de Dios que se acepta personalmente y no por decreto ley. Así que no añores pasados mejores, vive tu presente. Dios no se muda ni se va. Si Ezequiel, el salmista, Pablo y el mismo Jesús, hallaron en Él fortaleza, tú puedes hacer los mismo. No te dejes dominar por el desánimo ni conviertas tu vida en una queja permanente. El profeta, el orante, el apóstol y el Mesías, no son unos quejicas. Así que espabila cristiano. No te canses. No te desanimes. No te quejes. Camina. Si la cosa está difícil pon un pie delante de otro y sigue caminando. Y no renuncies a ser lo que eres o quien eres, o no dejes de hacer lo que tienes que hacer, porque el ambiente sea de un modo o de otro. Vive para Dios y amarás como Él ama, sin cansancios.     

 

DOMINGO SAN PEDRO Y SAN PABLO

    Tres son las palabras que me llaman la atención de estas lecturas: Cadenas, combate y profesión. Porque estas tres palabras nos permiten descubrir cual ha de ser nuestra linea de actuación en el mundo como cristianos del Siglo XXI. 

    La primera que analizaremos es “profesión” de fe. Pedro no es perfecto. Pero ha confesado su fe en Cristo delante de sus hermanos. Pedro negará a Jesús, lo abandonará, tendrá que oír aquellas duras palabras: “apártate de mi Satanás”, echará mano de la espada… Pedro es débil, pero sus palabras hoy, como sus lágrimas cuando Jesús lo mire en su Pasión, manifiestan que él cree. Por eso profesa su fe, porque ama a Jesús. Nadie tiene palabras de vida eterna como Él. Según la tradición tratará de huir de Roma cuando Nerón la emprenda contra los cristianos, y aún entonces, tendrá que oír a Jesús decir aquellas palabras “Quo vadis Petrus”, y solo entonces volverá para ser ceñido por el que lo llevará donde no quiera ir. Se puede ser creyente sin ser perfecto. La perfección que se nos reclama tiene que ver con la misericordia y esa hay que empezar por aplicársela uno mismo, si es necesario hasta 70 veces 7. Así comprenderemos que los demás creyentes estarán en nuestra misma situación.

    La segunda que consideraré es “Cadenas”. La fe rompe las cadenas que nos impiden la dicha. Estas cadenas son la tristeza, el pesimismo, la angustia, el miedo, el egoísmo y el odio. Estas cadenas nos encarcelan y torturan. La fe cuando es verdadera rompe nuestras cadenas y nos libera de cárceles donde nunca deberíamos estar.

    La tercera que analizaré es “Combate”. La fe nos enseña a combatir como Pablo nos muestra. Combatir urgido por la fuerza de Dios. Combatir movidos por el Espíritu Santo. Combatir la tristeza con alegría. Combatir el pesimismo con esperanza. Combatir el miedo con fortaleza. Combatir la angustia con la paz. Combatir el egoísmo y el odio con el amor. Combatir la infelicidad con Dicha. Por eso la Palabra de Jesús lo deja claro si crees en mí, si combates en el combate de la fe, serás dichoso: Bienaventurado como Pedro, y la oscuridad de Satán nada podrá contra ti. 

    Así que cristiano descubre que en tus manos están las “llaves” que abren o cierran las puertas del Reino de Dios al mundo. Si profesas la fe, si rompes cadenas y si combates contra la oscuridad, abres esa puerta. Si no lo haces, las cierras. Dios te da la fuerza necesaria, ahora depende de ti. Si amas a Jesús de corazón, apacienta sus Corderos.

 

DOMINGO SAN jUAN BAUTISTA

    Ser Cristiano en el Siglo XXI, supone un reto como cada época ha supuesto el suyo. De ahí que hoy la Palabra nos permita a todos, descubrir cuales son las pistas a tener en cuenta en el tiempo que vivimos para afrontar nuestra existencia.

    Lo primero a considerar es que el cristiano del siglo XXI ha de ser una persona capaz de hacer frente a los miedos. Un cristiano tendrá que arrancar y arrasar, destruir y demoler. ¿El qué? Lo que nazca del egoísmo y del odio en el plano personal o social. Y para eso hace falta valor. Porque para amar hace mucha falta ser valiente. La fortaleza y el amor son parejos. Pues sin fortaleza el odio y el egoísmo con sus miedos nos comen. 

    Lo segundo a considerar es que el cristiano del siglo XXI ha de ser una persona que ame a Jesucristo, aunque no lo vea. Lo ama, cree en Él, y se alegra con la esperanza gozosa que Jesús insufla en su corazón. El cristiano del siglo XXI no está puesto para mandar gente al infierno sino para anunciar a todos la Salvación que Jesucristo supone. La Salvación de todo lo verdadero, todo lo bueno y todo lo bello, que hay en nuestro mundo. Ser un hombre del Espíritu de Dios es esto, como ayer significó ser profetas. 

    Lo tercero a considerar es que el cristiano del Siglo XXI  ha de ser una persona hecha a convivir con el misterio como Zacarías. Porque Dios interviene en nuestras vidas. Y eso hay que saber verlo, aunque uno no sepa controlarlo. No podemos dejarnos llevar por la mentalidad de algunos que quieren arrinconar el misterio, encerrando lo sagrado en un campo de concentración, con los hornos crematorios como única salida. 

    Lo cuarto a considerar es que el cristiano del siglo XXI ha de ser una persona llamada a ser luz de las naciones. No ha de ser una luz privada. Sino una luz global, abierta a todos y para todos. Y aunque ello le conduzca a sentirse fracasado, su fuerza que brota del Señor ha de llevarlo a volver a encenderse. Porque de lo contrario la oscuridad se apoderará de todo y de todos. 

    Lo quinto a considerar es que el cristiano del siglo XXI ha de ser una persona que no va de santo en vida por el mundo. Normalmente los que hacen esto, sean clérigos o seglares, son pozos repletos de soberbia. Un cristiano prepara los caminos al Señor, pero sabe que, no merece desatar la correa de las sandalias de Jesús, porque siempre está expuesto a cometer errores. Cuando deja de amar. Aún así se sabe vaso de barro, pero lleno del agua fresca de la Gracia de Dios. El cristiano de este siglo está llamado a ser un vaso de barro lleno de agua fresca para el sediento que soporta el calor agobiante del estío. 

    Lo sexto a considerar es que el cristiano del siglo XXI ha de ser una persona que no está muda. Que abre su boca para cantar ante todos los que lo quieran escuchar, las bendiciones y maravillas que Dios ha hecho y hace en Cristo, en aquellos que le abren el corazón. 

    En definitiva, Cristiano del siglo XXI es una persona que no se encierra en un castillo porque el mundo le ha dado la espalda o incluso lo combate. Cristiano del siglo XXI es el que mira al mundo como un pastor, que lo mima, lo cuida, y cuando se pierde lo busca, aún a riesgo de poner en peligro su misma vida. Porque el mundo merece ser salvado, pero eso sólo se entiende cuando es amado. Entonces no te da igual lo que le pase, y si es preciso derramas tu sangre por él, Juan Bautista, como Jesús, lo hizo. Ahora nos toca a nosotros. 

 

XI ORDINARIO

    Queridos Hermanos: Hoy la Palabra de Dios nos enseña como podemos reconstruir una parroquia. Porque nos muestra como el Reino de Dios se instala en nuestras vidas.

    Por eso no echéis en saco roto los consejos que se nos regalan este Domingo. Pues una parroquia siempre ha de estar en estado de permanente reconstrucción.

    Ezequiel y el Evangelio, nos enseñan a no despreciar nunca lo pequeño, a saber valorar lo humilde. Jesús era un solo hombre en un rincón del imperio romano, y muchos siglos después aquí seguimos. Y hoy, extendidos por todos los rincones del planeta. El mismo Espíritu de Dios que alentaba en Jesús, porque Él nos lo ha regalado, alienta hoy en nosotros. Lo pequeño hay que cuidarlo y mimarlo, pues de algo humilde, surgió la grandeza. Dios lo quiere y Dios lo puede.

    Pablo en la segunda a los Corintios nos enseña que en medio de la misión nunca hay que dejar de confiar. Nunca hay que dejar de trabajar porque consideremos que no veamos los frutos. Nuestro trabajo nace de la fe y en la fe se desarrolla. No ver, nunca tiene que desanimarnos. Creer y confiar en Dios que está en lo que hacemos es lo que debe guiarnos. Jesús siempre confió en el Padre y no se guió por sus ojos. Lo último que vio aquí con sus ojos de carne fue el fracaso y que todos lo abandonamos. Pero su fe, su confianza en el amor del Padre, le llevó a poner su espíritu en sus manos. 

    Además el apóstol en su segunda parte nos enseña que si queremos que una parroquia crezca hemos de agradar al Señor con nuestra vida. Y es que una parroquia donde la gente no se ama, donde la gente se odia, se apuñala y se critica no es atractiva y espanta. Cuando nos amamos sonreímos, pero cuando no lo hacemos sufrimos. Un infierno no llama. Vivir en la Gloria, cautiva. Este es el aroma que nuestra comunidad tiene que desprender. El punto de partida. Por el amor dice Jesús conocerán que sois discípulos míos y creerán. La miel atrae mas que el vinagre. Jesús amo hasta el extremo, por eso quizás tantos le seguimos a pesar de nuestras debilidades y miserias. Su amor no se asusta de nuestra imperfección. Y el nos dice amaos unos a otros como yo os he amado. Así lo agradamos. 

    El Evangelio nos ofrece dos consejos más. No perder nunca las ganas de trabajar y plantar, pero a la vez, saber tener paciencia. Ambas cosas son necesarias. Sin esfuerzo y trabajo, nada esperes. Pero sin paciencia, lo único que lograrás será arrancar las raíces de la semilla, de tanto hurgar a ver si ha germinado. Trabajo Paciente. El siguiente consejo es hablar de manera que la gente te pueda entender y ofrecer explicaciones a los discípulos sobre el Reino de Dios y su justicia. Algunos se empeñan en hablar a la gente en “latín” o en categorías que nadie entiende salvo ellos. Error. Jesús se explicó con paciencia, se hizo entender, y no se canso nunca de trabajar por el Reino. Supo ser paciente con Pedro, que a veces creía y otras no, a veces se confundía y muchas menos, acertaba. A veces decía quererlo y luego lo traicionaba, para volver a amarlo después. Y aunque no lo entendía la mayoría de las veces, aún así, Jesús le explicaba, y trataba de lograr que pudiese comprenderlo. Pedro somos todos nosotros. Y para nosotros, los cristianos, los que no lo son o están en camino de serlo, deben ser Pedro. 

    Parece que a Dios hoy no le es ajena la vida de nuestra parroquia y por ello, expresa su opinión, que si somos sabios escucharemos con fruto. Dios en Cristo habla hoy en nuestra asamblea para que todos tomemos el pulso de nuestra comunidad, y con estos consejos que se nos han dado, analicemos como está nuestro corazón de cara a la misión de anunciar el Reino de Dios y su Justicia. 

 

X ORDINARIO
    Queridos amigos. Una vez oída la Palabra descubrimos gracias a ella cuales son los efectos del Pecado sobre nosotros. 
    El primero nos lo muestra el Génesis. El pecado nos hace tenerle miedo a Dios. Adán y Eva lo corroboran. El tenerle miedo a Dios nos arroja del paraíso que es la vida, cuando la relación con Dios pivota sobre el amor. Muchos cultos politeístas y monoteístas han vivido como paganos, esto es, como si Dios no nos amara. Teniendo miedo a lo Sagrado, lo poderoso, de quien hay que defenderse por medio de ritos religiosos. Lo que nos ha conducido al ateísmo tan actual en que vivimos, pues mantener vivo el mundo de lo religioso supone vivir toda la vida bajo la angustiosa sombra del miedo, un sentimiento profundamente destructivo. El grito del Vitalismo ateo de nuestro tiempo va por aquí. Pero he de decir que su proceder está equivocado. Porque negar un teísmo determinado no supone tener que excluir de la vida al Dios verdadero. El pecado nos hace ver el rostro del Dios verdadero deformado, sin ser capaces de mirarlo con amor. Sólo con miedo. 
    El segundo nos lo muestra Pablo en la segunda carta a los Corintios. El pecado nos hace creer que la vida se destruye, que se descompone, que se acaba con este mundo que nuestros ojos contemplan. El pecado nos lleva a pensar que todo es para nada. Y eso es así porque nos lleva a negar a Dios. Cuando excluimos a Dios de nuestra vida para deshacernos del miedo que nos hace sentir, perdemos cualquier referencia de eternidad. El paganismo politeísta y monoteísta, muchas veces, aspiraba a ser religioso para tener contento a lo Sagrado de modo que su vida aquí se desarrollase sin tribulaciones. La vida del más allá, era un asunto, discutido y no obligatorio para todos, aunque en muchos latía ese afán de lo eterno (como demuestra la cultura Egipcia). Pablo cree y por eso habla, y dice alto y claro que Jesucristo ha resucitado y nos resucitará a nosotros, y que nuestro destino no es la nada sino la gloria. Que nos aguarda lo eterno. Esta esperanza nos la roba el pecado, cuando nos dejamos cautivar por él. Destruyendo en nosotros cualquier atisbo de eternidad.
    El tercero aparece en la parte central del Evangelio de Marcos. El pecado nos lleva a pensar que Jesús está desquiciado, que es un loco, o nos induce a considerar que está poseído por Satanás. El pecado nos lleva a creer que Jesús es lo peor que le ha pasado a la humanidad; como afirman tantos partidarios de la cristianofobia hoy, que estiman que el cristianismo ha envenenado a la cultura occidental, sin aportarle nada bueno. Son los lectores del "anticristo", no del mitológico, sino del texto que ha convertido a muchos hoy en una nueva suerte de "Celsos". Que cada vez que toman la palabra es para atacar al cristianismo: su mensaje, sus instituciones o las personas que lo integran. 
    El cuarto y último efecto aparece al final del Evangelio. El pecado nos lleva a considerar que el mundo se divide entre los míos y los otros. Jesús está amenazado por los "otros", que lo tienen por loco y endemoniado, y los "suyos" con su madre a la cabeza a van a salvarlo de los "otros". Pero Jesús les hace ver que para el que vive en la voluntad del Padre no existen los extraños. Porque todos pueden ser familia si se deciden a vivir inmersos en el amor. El amor excede la familia, el clan, el pueblo, la región y la nación. El amor universaliza. El pecado divide y enfrenta. Bien decía un sabio que el concepto nación es hijo de la mitología que un grupo admite como verdadera, porque quiere pelearse con sus vecinos. Jesús no es de esos. Por eso no derrama su sangre solo por "vosotros" (los judíos que son "pocos"), sino también por "muchos" (todos los demás que no somos basura como aquellos judíos pensaban, ya que ellos eran el pueblo elegido, olvidándose de la enseñanza de los profetas que les dijeron que eran elegidos para salvar a los demás). Esto nos ha de servir también de advertencia a nosotros los cristianos, para que no caigamos en aquel error judío y llegamos a pensar que fuera de nosotros no habrá salvación. Dejemos a Dios ser Dios.
    Así que cuando el pecado nos visite, ya sabemos que hacer. El Génesis nos lo enseña al final, y la imagen de la Purísima también: písale la cabeza a la serpiente. Si ves que tienes miedo de Dios, písale la cabeza siendo amigo de tu Dios. Si ves que la desesperación se apodera de ti, písale la cabeza con una esperanza contra toda esperanza. Si ves que la cristianofobia te cerca, písale la cabeza haciendo de Jesús tu camino, tu verdad y tu vida. Si ves que la división quiere imponerse en tu entorno, písale la cabeza amando como Jesús nos ha amado. Pisa siempre la cabeza de la serpiente. No lo olvides jamás. De ella sólo sacarás veneno.  

 

CORPUS 

    Queridos amigos (como nos diría Jesús el Señor), la Sagrada Escritura hoy nos explica por qué la Eucaristía es el tesoro de la Iglesia.

    El Exodo nos enseña que la Eucaristía es nuestro tesoro porque es la prueba que Jesús nos ha dejado para que nunca olvidemos que Dios es nuestro aliado. La Eucaristía es el signo vivo de la Alianza de Dios con los hombres. Nunca estamos solos. Sólo lo estaremos si queremos. Pero Dios está con nosotros. La Eucaristía lo proclama real y misteriosamente. Si quieres descubrir que no estás solo celebra la Eucaristía. Y verás que Dios y tus hermanos están contigo.

    El Salmo nos enseña que la Eucaristía es nuestro tesoro porque es el Banquete de acción de gracias a Dios por estar con nosotros. La Iglesia nace en torno a la Eucaristía ella es su cimiento. Es la Pascua del Señor que pasa por nuestro lado salvándonos. Sin Eucaristía no hay Iglesia. Porque ella es su cimiento. La Iglesia es el Banquete que Cristo Jesús convoca para celebrar que Dios está con nosotros y pasa salvándonos. 

    Hebreos nos enseña que la Eucaristía es el tesoro de la Iglesia porque nos pone en contacto directo con el que derrama su Sangre por nosotros. Los paganos politeístas y los monoteístas filo paganos, ofrecen sacrificios sangrientos para aplacar la Ira de sus dioses. El miedo los mueve a ello. El temor es el fundamento de su relación con Dios. Pero lo que nos salva no es la sangre de animales sacrificados. Lo que nos salva es el amor de Dios manifestado en Jesús que se ha sacrificado por nosotros, con tal de hacernos comprender que nos ama hasta el extremo. Jesús transforma el horror del sacrificio en el amor eterno que como una fuente brota de sus sagradas llagas en la cruz. Hacemos memorial, actualizamos su amor por nosotros. Comprendemos que en Jesús Dios solo sabe amar. Y dejamos de ser paganos al descubrir que con Dios tratamos desde el amor y nunca desde el temor. Donde hay amor no hay temor nos dirá Juan el Evangelista. Y la Eucaristía nos enseña eso. Si quieres aprender como Dios te ama en Jesús el Nazareno, siéntate a su mesa, la de su palabra y el pan de vida, y disfruta de su Banquete, en el que su amor nos alimenta. Un amor como ningún otro. Un amor que llega hasta dar la vida por ti, seas su amigo o su enemigo. No hay mayor amor que llega hasta el sacrificio de la Cruz por salvarte. Ante tal amor, el pecado se esfuma, se desvanece. 

    Marcos nos descubre que la Eucaristía es un tesoro porque nos transmite una gran sabiduría para vivir. El desamor nos crucifica, nos hace vivir en el infierno. El amor nos glorifica porque nos lleva a entregarnos y derramar nuestra sangre por amor. Los mártires aprendieron esta lección amando a los demás a este ese extremo. No son mártires los que mueren matando como nos pretenden enseñar personas que se figuran ser religiosas declarando sagrado el odio a los demás. La religión no es terrorismo. Quien vive eso, nada sabe del Dios verdadero. Si quieres saber que es el Cielo, si quieres convertir la vida en un paraíso, ama. El amor nos convierte en ciudadanos del cielo, el desamor nos hace esclavos del infierno. El amor glorifica a los demás, el desamor los crucifica. Caritas, que es la parroquia amando a los demás, aprende de Cristo esta lección. Por eso ama como Dios nos ha amado en Cristo Jesús. “Amaos unos a otros como yo os he amado” y seréis glorificados como Jesús. Esa sabiduría nutre a Caritas. Y por eso hoy es el día de la Caridad. Amar es orar. Y orar es amar.  Vivir inmersos en el amor de Jesús nos impulsa a amar a los demás. El pecado es dejar de amar. Porque quien echa al amor de su vida, echa a Dios de su alma. Porque Dios es amor y el amor es Dios. Quien ama aunque no lo sepa arde en el fuego sagrado del Espíritu Santo y se hace con Él, una hermosa llama de amor viva. Por eso en Cáritas la Iglesia te enseña a tomar tu vida en tus manos, a dar gracias por ella a Dios y a continuación, te lleva a partirla para darla a los demás con alegría. Donde hay amor hay alegría y vida, y donde hay desamor solo hay dolor y muerte. El amor y solo el amor, es la fuente de la dicha. Si no amas eres pecado. Si amas eres santo. La Eucaristía borra el pecado porque te lleva a sintonizar con el amor. 

    Así que la enseñanza que nos transmite el Evangelio hoy nos lleva a descubrir por qué hay que prepararse bien para participar en la Eucaristía o en la Fracción del Pan, como también la llamamos durante un tiempo. No podemos acceder a ella con desconocimiento o por rutina. Uno no disfruta del amor de otra persona así. Los enamorados preparan sus encuentros, los miman, se predisponen, incluso podríamos decir que se sugestionan. Debemos implicarnos hasta las “trancas” para que broten de nuestra alma sinceros  cantos e himnos. Para dar culto en espíritu y en verdad. Esa participación plena, nos santifica. Esa es la clave de la liturgia verdadera. Así nos lo enseña el Concilio y así debemos vivirlo. 

    Ojalá y que descubramos todos por qué la Eucaristía es nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, un tesoro que Dios nos ha regalado. Ojalá y que niños, jóvenes y adultos nunca dejemos de lado este tesoro. Porque nada es más triste que tener un tesoro a nuestro alcance y no saber aprovecharlo. Este es el mensaje que esta solemnidad nos transmite hoy. La Sangre de Jesús se ha vertido porque su divino amor se ha derramado para siempre sobre nosotros. Él murió desangrado porque vertió sobre el mundo hasta la última gota de su amor. La cruz de Jesús es la mayor prueba de amor que existe, nada más puede hacer para hacerte descubrir que te ama, y que amar es lo máximo a lo que puedes aspirar para poder vivir en plenitud. Su Sangre derramada lo significa. Católico nunca olvides esto. Si hoy tienes oídos para oír: ¡Escucha!.

 

SANTISIMA TRINIDAD

    Amigos hoy la Palabra nos coloca ante el misterio de Dios.  

    En el Deuteronomio se nos ofrecen cuatro verdades acerca del Dios verdadero. 

    La primera es que es el CREADOR del universo. Esta algunos hoy la ponen en duda porque dicen que no necesitamos apelar a Dios para entender como empezó todo. Pero aunque hoy podamos llegar a la explosión primigenia con nuestra ciencia, nos resulta imposible entender que hubo antes, dado que no existía ni espacio ni tiempo, ni materia como la conocemos hoy. Y por tanto sin eso, la ciencia resulta imposible. Si es que hubo fuerzas estructurantes del universo como afirman otros, ya había algo, y es algo, si existe, ¿de donde viene?. Ya lo dijo Parmenides de la Nada no sale Nada. La nada no es algo, es nada. Si fuese algo, ya no sería nada. Así que para responder a la pregunta de ¿por qué existe todo y no más bien la nada? La Palabra nos responde hoy porque Dios es CREADOR. Eso sí al parecer de un universo que se auto organiza, según nos enseña la ciencia, pues si nosotros, creyentes, sabemos quien y qué hizo, la ciencia nos va mostrando poco a poco, como lo hizo. Sobre todo esto los que me conocéis sabéis que he escrito en diversas ocasiones, y es hermoso descubrir que Dios ha puesto en marcha un universo capaz de presentarle con el tiempo, un ser inteligente y libre, con el que Dios pueda dialogar en nombre del todo, como un tú verdadero ante Él. 

    La segunda enseñanza es que Dios no está mudo sino que se comunica. Y de hecho nos ha dicho que nos ama hasta el extremo, muriendo por nosotros en una Cruz. Dios no es silencio, es COMUNICACIÓN.

    La tercera enseñanza es que Dios nos quiere libres de injusticias y de esclavitudes. Algunos se han puesto muy dramáticos diciendo que mientras mueran los niños por la injusticia nunca creerán en Dios. ¿Sabes porque Dios no corrige eso? Porque si lo hiciera Tu y yo no seríamos libres. Las injusticias ocurridas en el mundo son obra nuestra. No de Dios. Es muy fácil jugar a realizar una traslación de la culpa. De hecho nos gusta mucho hacerlo. Por ejemplo los terroristas dicen que los responsables de sus monstruosos actos somos nosotros que les obligamos a actuar de esa forma. Cualquier persona sensata descubrirá que eso es mentira. Nos gusta ser marionetas de otros, para no hacernos responsables de que con nuestras decisiones equivocadas nos convertimos en monstruos. Y por eso Dios es un fácil escape para culparle de todos los males que muchas veces engendran nuestro odios y nuestros egoísmos, frutos de nuestra libertad y nuestra inteligencia pervertidas. Dios te hace libre para que lo seas, si quieres agradarle, no uses tu libertad para ser injusto con los demás. Dios es LIBERADOR.

    La cuarta enseñanza es que Dios nos quiere felices. No infelices. Porque hay muchos que piensan que servir a Dios consiste en vivir en un estado de perpetua mortificación.

    El Salmo además nos muestra que Dios es misericordioso y no un puritano fariseo, justiciero e inmisericorde. Dios en Cristo se sienta a comer con pecadores, con publicanos y prostitutas. Pero algunos en la Iglesia se empeñan en que Jesús, hecho comunión, no pueda entrar nunca en el corazón del pecador para sanarlo. El fariseismo de Simón, se reedita en ellos.

    Pablo en Romanos nos revela que Dios es un Espíritu que nos hace llamar a Dios “papá”. Es decir que nos libera de relacionarnos con lo divino desde el temor y el miedo. El Espíritu de Dios no viene a aterrarnos sino a glorificarnos. Dios es vitalismo en movimiento. El vitalismo que nos infunde esperanza a cada paso que damos en la vida. Y ganas de vivir gozosos e ilusionados.

    Dios es en definitiva según nos enseña el Evangelio de Mateo: El Amor Eterno que se derrama en Cristo sobre todos nosotros. En el Bautismo se derrama sobre nuestra cabeza agua. Esa agua hoy es signo del amor de Dios que nos visita. Que se vierte sobre todo aquel que no lo rechaza, y que lo solicita. Dios nos ama a todos sí, pero, no se impone a nadie. Si tu no le das permiso, Él nunca viola tu libertad. Debes darle permiso. Entonces y solo entonces, entrará. 

    Así que su misterio trinitario se ajusta a estos simples ejemplos: un sistema de riego. Un sistema de riego tiene tres elementos necesarios: el pantano, el canal y el agua. El pantano es el Padre. El canal es el Hijo. Y el agua es el Espíritu. La Trinidad es un sistema con tres partes independientes a la vez que entrañablemente unidas porque si no el sistema no podría existir. Otro ejemplo es nuestro modo humano de amar. Yo pienso con amor de ti, y eso activa mis sentimientos amorosos por ti, que luego te expreso por hechos y palabras a ti, contagiándote en ese instante mis sentimientos de afecto y provocando una respuesta en ti. Pensamiento, sentimientos y conducta. El Padre es el amor que piensa. El Hijo es el amor que se expresa con hechos y palabras. Y el Espíritu es el sentimiento amoroso que al expresarse se contagia. Ya ves como eres Imagen y Semejanza de Dios: por tu forma de amar con sencillez. La Trinidad es Dios amando. Y este amor nunca se apartará de nuestro lado, estará siempre ahí todos los días junto a nosotros hasta el fin del mundo. Esto es lo magnífico de esta historia.

    Así que ahora piensa: Dios me ama, pero ¿me amo yo como Dios me ama a mí? Porque a veces ahí radica el verdadero problema. Aunque Dios me ama hasta dar la vida por mí, yo me odio. Y su amor que está y es real, no lo percibo, porque no me miro a mi mismo con los ojos que Él me mira. Aprendamos a hacer eso, ese el misterio de Dios, aprender a amarme a mí y a amar a los demás. Entonces sabrás lo que es disfrutar de la gloria de Dios. 

 

PENTECOSTES

    Queridos hermanos la Pascua culmina enseñándonos como es posible convivir con el AMIGO que dulcemente nos enamora porque está resucitado. La respuesta es el Espíritu Santo. Ese es el que hoy nos hará conectar con Jesús. Ese es el que nos meterá en el corazón de Dios cuando haga vivir en nosotros al Hijo de Dios para que podamos llamar a Dios: ¡ABBA!. Cuando rezamos el Padre Nuestro, el Espíritu de Dios hace que Jesús lo pronuncie por nuestra boca, y en esos instantes, entramos en el corazón del Padre, donde Jesucristo intercede por todos nosotros. La Pascua nos enseña pues que el camino hacia Dios hoy es el Espíritu Santo. El encuentro con Dios hoy es gracias al Espíritu porque sin Él es imposible hoy acceder a Jesús y al Padre. EL ESPIRITU DE DIOS ES LA VOZ DE DIOS QUE NOS HABLA HOY EN EL MISTERIO QUE SOMOS.

    Así que es fundamental aprender a desentrañar la voz del Espíritu Santo. Saber identificarlo para seguir sus susurros. Discernir su presencia. La riqueza de la Escritura en esta jornada las coordenadas básicas para aprender a descubrirlo.

    El Génesis nos enseña que el Espíritu de Dios no es amigo de la uniformidad. Sino de la diversidad porque esta es riqueza, y la uniformidad nos empobrece.

    El Exodo nos enseña que el Espíritu Santo es amigo de la alianza entre Dios y el hombre, y no lo es de que el hombre y Dios sean enemigos. Porque la plenitud del hombre depende de su amistad con Dios, pues sin ella, se convierte en una mera pasión inútil. 

    Ezequiel nos enseña que el Espíritu de Dios es amigo de que los sepulcros se queden vacíos. Es enemigo de la muerte y su descomposición. Es amigo de que todos resuciten y vivan en plenitud. El Espíritu Santo es amigo de la vida porque como nos enseñan hoy los Salmos es creador de la Vida. 

    Joel nos enseña que el Espíritu Santo es amigo de que nos salvemos todos, no solos, cada uno por su lado, sino en común, como un pueblo unido, como una familia. El Espíritu Santo promueve entre todos nosotros la familiaridad, la creación de  lazos familiares, porque sin ellos la salvación es imposible.

    Romanos nos enseña que el Espíritu de Jesús es amigo de la oración. Porque aunque no sepamos que decir, aunque solo estemos en silencio Él pone ante el Padre nuestras agonías e inquietudes. Y sabe que ese silencio acompañado, a nosotros, nos infunde esperanza y fortaleza.

    Juan 7 nos enseña que el Espíritu de Jesús es amigo de que nuestro corazón esté saciado de agua viva. Es imposible tener al Espíritu Santo contigo y no estar lleno de vitalismo: de alegría, de paz, de esperanza, de fortaleza y de mucho, mucho amor. Los que arden en el fuego del amor, aunque no lo sepan, están llenos del Espíritu de Dios.

    Hechos de los apóstoles nos enseña que el Espíritu de Dios es amigo de la unidad en la diversidad. Es partidario de una globalización del amor donde nadie quede al margen ni descolgado. Y donde cada cual pueda seguir siendo quien es. 

    Corintios nos enseña que el Espíritu Santo es amigo de que todos busquemos el Bien Común y no cada uno nuestro interés particular. La avaricia, en tanto que egoísmo, es cancerígena. Es destructiva. Solo podemos lograr la verdadera unidad en la diversidad cuando el Bien Común se convierte en una aspiración irrenunciable. Y en la construcción del mismo se requiere de todos y de las capacidades que cada cual pueda aportar.

    Juan 20 nos enseña que el Espíritu de Jesús es amigo de visitarnos cada Domingo, de hablarnos al corazón ese día, de ponernos en marcha, para que llenemos el mundo de misericordia, convirtiéndonos en la oferta de paz de Dios al mundo. 

    Gálatas nos enseña que el Espíritu de Dios es amigo del amor, la alegría, la paz, la comprensión, la servicialidad, la bondad, la lealtad, la amabilidad y el dominio de sí. Porque todo esto nos hace felices y no nos destruye.

    Juan 15 nos enseña que el Espíritu de Jesús es nuestro defensor. Es amigo de la Verdad. Procede el Padre y da testimonio de Jesús. El Espíritu es amigo de guiarnos a la verdad plena, porque aún nos queda mucho que saber, y mucho que evolucionar, que descubrir y que madurar. Aún resta mucho primitivismo en nuestros juicios y demasiada necedad guía nuestros pasos. La voz que resuena por la boca del Espíritu de Dios es la voz de Jesús y está se oye en nuestra conciencias y en el consenso con nuestros hermanos. 

    En definitiva el Espíritu Santo es amigo del Amor. Porque Dios es amor. Por eso quien ama vive en el Espíritu Santo y quien no ama no lo hace. Si oyes la voz del Espíritu de Dios amarás porque descubrirás que:

  1. El amor te hace sabio.
  2. El amor te permite entender a todos.
  3. El amor es tu mejor consejero y te transforma para los demás en el consejero que necesitan.
  4. El amor te hace fuerte, y te descubre que si no queremos que todo se destruya, el amor debe hacerse fuerte como la muerte.
  5. El amor te inunda de la ciencia que entiende a la perfección el corazón del hombre y como éste puede relacionarse consigo mismo, con los demás, con el mundo y con Dios, con total acierto.
  6. El amor te vuelve piadoso porque te hace misericordioso con el otro que sufre a tu lado.
  7. El amor te descubre que lo peor que te puede pasar es perderlo, porque sin amor, nada bueno, verdadero y bello, cabe esperarse. El amor te infunde el temor de caminar fuera de su senda. Igual que el enamorado temer perder la compañía de su amada, del mismo modo, el amor te hace temer perder su sagrada compañía, porque el Espíritu de Dios, te enseña que el amor es Dios y Dios es amor. Y sin amor no hay plenitud.

 

    Los famosos siete dones del Espíritu Santo son las virtudes que el amor despliega en nosotros cuando permanecemos en Él. 

    Así que de este modo concluye la Pascua para todos nosotros. Enseñándonos a descubrir el camino de Jesús resucitado hoy, adquiriendo la capacidad de discernir sus huellas, bajo la guía del Espíritu Santo. Así es como podremos gozar la preciosa experiencia que nos fue prometida en el Santo Sepulcro: “lo veréis”. Ojalá y que el Santo Espíritu de Dios os conceda a todos poder gozar siempre de la gloriosa presencia del Resucitado, que tan “dulcemente nos enamora hoy, como una llama de amor viva”. 

 

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HOMILIA 2º ADVIENTO (400 ANIVERSARIO) AÑO 2015 CICLO C

    La Palabra de Dios nos descubre quienes somos 400 años después de existir como una comunidad cristiana.

    1º. Nuestra comunidad es una fiesta pues nuestra meta es la gloria. Y nuestro futuro el mismo que el de nuestra patrona querida. Del mismo modo que su ser se ha revestido de la gloria de Dios, nosotros estamos destinados a alcanzar dicha plenitud. Todos los hijos de esta comunidad de ayer, de hoy y de mañana están convocados a ese hermoso destino. Nuestra comunidad es la reunión de todos ellos para alcanzar ese nuevo ser maravilloso, que nos lleve a participar de la vida divina, cuando Dios lo sea todo en todos. Por eso hacemos bien en hacer fiesta en este “cuatroccento” de nuestra comunidad parroquial. 

    2º. Nuestra comunidad parroquial es un trabajo constante que consigue hermosos frutos, aunque eso nos suponga sacrificios enormes. Cuatro mártires nos acompañan en nuestro caminar y nos muestran que el sacrificio da fruto. También lo muestra la vida de San Roque nuestro copatrono. Y la Vida de María Purísima también lo muestra. Sus siete dolores muestran a toda la Iglesia, que tanto amor termina en Gloria. Pues la Purísima es asunta a los cielos, y ella, como nueva Eva del género humano, alcanza lo que estamos llamados a disfrutar todos aquellos que aceptándola como Madre, nos abrimos al futuro de gloria que ella ya disfruta. Trabajar la fe, la esperanza y el amor, con esfuerzo y sacrificio produce en nosotros la hermosa cosecha de la Vida en Plenitud. 

    3º. Nuestra comunidad es la oración que no cesa y el amor que sigue creciendo sin cesar. Oramos y amamos ayer. Oramos y amamos hoy. Y es importante que oremos y amemos mañana. Este hermoso aniversario debe incentivar en nosotros el espíritu de oración y el amor fraterno. Para que las generaciones futuras puedan recibir la misma hermosa herencia que nosotros hemos recibido. María Purísima ha congregado a innumerables personas a su alrededor convocándolos a la oración y al amor verdadero. Y hoy lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo mañana. Formamos parte de los que llegan a quererse muchísimo en Cristo Jesús. Por ello este aniversario debe despertarnos a todos para que nunca cesemos en permitir a Dios que siga con nosotros esta buena obra que El quiso iniciar con nosotros en Cristo. 

    4º. Nuestra comunidad que comienza su andadura en este lugar sagrado en 1615, como otros la comenzaron en otros tiempos, está llamada a ser una comunidad bautismal abierta a todos. Preparando caminos para que todos puedan conocer y gozar la salvación de Dios. Es una comunidad que debe enderezar sendas, rellenar barrancos, rebajar montañas, enderezar lo tortuoso, y allanar las asperezas para que todos puedan ver la salvación de Dios. Francisco nuestro Papa actual así lo enseña. Y este es el signo de los tiempos. El kairos que nos convoca en nuestro aniversario. María se ha empeñado en hacerlo, cambiando hasta la hora de su Hijo con tal de que unos novios en Caná puedan experimentar el sabor del buen vino de la Nueva Alianza. No podemos cerrar las puertas de la salvación a los demás convirtiendo nuestra comunidad en el reducto exclusivo de unos pocos, como si se tratara de un club clasista de unos pocos selectos. Eso no ha sido nuestra comunidad y tampoco debe serlo ahora. Los libros bautismales lo prueban. 

    Así que feliz aniversario hermanos. Y que tras estos cuatrocientos años Dios nos permita seguir siendo la fiesta que somos, nos permita seguir trabajando para alcanzar la mejor de las cosechas. Que Dios nos permita seguir orando y amando más y más. Seguir abriendo puertas para que todos los que hoy viven y los que vendrán mañana puedan disfrutar la Salvación que Cristo nos regala. Si es así la celebración de este hermoso aniversario habrá merecido la pena. Y ahora marchemos hacia nuestra Iglesia madre, Santa María, la Catedral, acompañando a la Purísima, a San Roque y al Beato Fortunato y sus compañeros mártires, y que Dios nos permita seguir hoy y mañana dando gracias como María por Dios nos llena de Gracia y del mismo modo nos conceda poder hacer lo que Cristo nos enseña, diciendo con María: Hágase en mí según tu Palabra. 

    

 

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